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Introducción a las arritmias

Por L. Brent Mitchell, MD, Professor of Medicine, Department of Cardiac Services, Libin Cardiovascular Institute of Alberta, University of Calgary

Las arritmias (alteraciones del ritmo cardíaco) son secuencias de latidos irregulares, demasiado rápidos, demasiado lentos o que circulan por el corazón por una vía eléctrica anómala.

  • Los trastornos del corazón son la causa más frecuente de arritmias.

  • A veces, se tiene conciencia de estas anomalías, pero en muchas ocasiones solo se sienten las consecuencias, tales como debilidad o desmayos.

  • El diagnóstico se basa en la electrocardiografía.

  • El tratamiento consiste en restaurar el ritmo normal del corazón y prevenir episodios posteriores.

El corazón es un órgano muscular con cuatro cavidades diseñadas para trabajar de manera eficiente, fiable y constante durante toda la vida. Las paredes musculares de cada cavidad se contraen con una secuencia determinada, bombeando la sangre que necesita el organismo y consumiendo la menor cantidad posible de energía en cada latido.

La contracción de las fibras musculares del corazón está controlada por una corriente eléctrica que recorre el corazón de forma precisa siguiendo distintas trayectorias a una velocidad controlada. La corriente eléctrica que da lugar a cada latido se origina en el nódulo sinusal (nódulo sinoauricular), situado en la parte más alta de la cavidad superior derecha del corazón (aurícula derecha). La velocidad a la que este nódulo descarga la corriente eléctrica determina la frecuencia cardíaca. Esta velocidad está influida por los impulsos nerviosos y por las concentraciones de ciertas hormonas en el torrente sanguíneo.

La frecuencia cardíaca está regulada de forma automática por el sistema nervioso autónomo (sistema neurovegetativo), compuesto por los sistemas simpático y parasimpático. El sistema nervioso simpático incrementa la frecuencia cardíaca mediante una red de nervios, denominada plexo simpático. El sistema nervioso parasimpático disminuye la frecuencia cardíaca mediante un único nervio, el nervio vago.

La frecuencia cardíaca también recibe la influencia de las hormonas que el sistema simpático libera a la circulación sanguínea:

  • La epinefrina (adrenalina)

  • La norepinefrina (noradrenalina)

La epinefrina (adrenalina) y la norepinefrina (noradrenalina) aumentan la frecuencia cardíaca. Al igual que la hormona tiroidea, liberada al torrente sanguíneo por la glándula tiroidea.

La frecuencia cardíaca normal de un adulto en reposo suele encontrarse entre los 60 y los 100 latidos por minuto. Sin embargo, se considera normal que los adultos jóvenes, sobre todo los que tienen buen estado físico, presenten frecuencias más bajas. La frecuencia cardíaca de un individuo suele variar al practicar ejercicio y al sentir estímulos tales como el dolor y la ira. Se considera que el ritmo cardíaco es anómalo solo cuando la frecuencia cardíaca es demasiado rápida (taquicardia), demasiado lenta (bradicardia) o irregular, o cuando los impulsos se desplazan por vías anómalas.

Vías normales de conducción eléctrica

La corriente eléctrica originada en el nódulo sinoauricular se desplaza primero por la aurícula derecha y luego por la aurícula izquierda, de modo que los músculos de estas cavidades se contraen y la sangre se bombea desde las aurículas a las cavidades inferiores del corazón (ventrículos). A continuación, la corriente eléctrica llega hasta el nódulo auriculoventricular, localizado en la parte inferior de la pared que separa las aurículas, cerca de los ventrículos. Este nódulo constituye la única conexión eléctrica entre las aurículas y los ventrículos; es decir, las aurículas están aisladas de los ventrículos por la presencia de tejido que no conduce electricidad. El nódulo auriculoventricular retrasa la transmisión de la corriente eléctrica para que las aurículas puedan contraerse por completo y los ventrículos puedan llenarse con la mayor cantidad de sangre posible antes de recibir señales eléctricas que los obliguen a contraerse.

Trayectoria de la corriente eléctrica del corazón

El nódulo (seno) sinoauricular (1) inicia un impulso eléctrico que fluye a través de las aurículas derecha e izquierda (2) y las contrae. Cuando el impulso eléctrico alcanza el nódulo auriculoventricular (3), este se retrasa ligeramente. El impulso desciende a través del haz de His (4), que se divide en el haz derecho para el ventrículo derecho (5) y el haz izquierdo para el ventrículo izquierdo (5). El impulso se propaga a continuación a través de los ventrículos y los contrae.

Después de pasar por el nódulo auriculoventricular, la corriente eléctrica baja hasta llegar al haz de His, un grupo de fibras que se dividen en una rama izquierda hacia el ventrículo izquierdo y en una rama derecha hacia el ventrículo derecho. A continuación, la corriente eléctrica se distribuye de forma regular sobre la superficie de los ventrículos, desde la parte inferior hasta la superior, e inicia su contracción, lo que causa que la sangre sea expulsada del corazón.

Causas

La causa más frecuente de arritmias es un trastorno cardíaco, en particular la arteriopatía coronaria, las valvulopatías y la insuficiencia cardíaca. Muchos fármacos, ya sea con o sin receta médica, incluidos los que se usan para tratar dolencias cardíacas, pueden ocasionar arritmias. Algunas son consecuencia de anomalías anatómicas presentes desde el nacimiento (defectos congénitos). Los cambios en el sistema eléctrico del corazón debidos a la edad aumentan la probabilidad de que se presenten ciertos tipos de arritmia.

A veces, no se puede identificar ninguna causa.

Arritmias rápidas

Las taquiarritmias (arritmias rápidas) se desencadenan con el ejercicio, el malestar psíquico, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo o la ingesta de fármacos que contienen estimulantes, como los medicamentos para el resfriado y para la alergia.

Una glándula tiroidea hiperactiva (hipertiroidismo), que produce concentraciones altas de hormona tiroidea, causa arritmias rápidas,

Arritmias lentas

Las bradiarritmias (arritmias lentas) se desencadenan con el dolor, el hambre, la fatiga, los trastornos digestivos (como la diarrea y los vómitos) o la deglución, la cual puede estimular el nervio vago en exceso. Con la estimulación suficiente (poco frecuente) el nervio vago puede hacer que el corazón se detenga. En la mayoría de estas circunstancias, la arritmia tiende a desaparecer de forma espontánea.

mientras que una glándula tiroidea hipoactiva (hipotiroidismo), que produce concentraciones bajas de hormona tiroidea, causa arritmias lentas.

Síntomas

En ocasiones, las personas son conscientes de las arritmias que padecen. Sin embargo, la percepción de los latidos (palpitaciones) varía mucho de una persona a otra. Algunas sienten los latidos cardíacos normales y la mayoría los perciben cuando se acuestan sobre el lado izquierdo.

Las consecuencias de las arritmias oscilan entre desde las más inocuas hasta las que ponen en peligro la vida. Puede que la gravedad de una arritmia no guarde una relación estrecha con la intensidad de los síntomas que produce. Algunas arritmias con riesgo de muerte no producen síntomas, mientras que otras sin ninguna trascendencia dan lugar a síntomas intensos. A menudo, la naturaleza y la gravedad de la cardiopatía subyacente son más importantes que la arritmia en sí misma.

Cuando las arritmias dificultan la capacidad del corazón para bombear sangre pueden producir debilidad, una menor capacidad para practicar ejercicio, dificultad respiratoria, mareos y fdesmayo (síncope) o incluso pueden llevar a la muerte. Los desmayos ocurren cuando el corazón bombea de forma tan poco eficiente que ya no puede mantener una presión arterial adecuada. Si dicha arritmia persiste, puede ocasionar la muerte. Las arritmias también empeoran los síntomas de la cardiopatía subyacente, como el dolor torácico y la dificultad respiratoria. Si producen síntomas, requieren atención inmediata.

¿Sabías que...?

  • Algunas arritmias sin mayores consecuencias pueden dar lugar a síntomas molestos, mientras que otras arritmias potencialmente letales pueden no provocar ningún síntoma previo.

Diagnóstico

  • Electrocardiografía

Por lo general, la descripción de los síntomas por parte del afectado permite realizar un diagnóstico preliminar y determinar la gravedad de la arritmia. Se debe tener en cuenta principalmente si las palpitaciones son rápidas o lentas, regulares o irregulares, breves o prolongadas y si hay algún síntoma. Es necesario saber también si las palpitaciones se presentan en reposo o únicamente al realizar una actividad inusual o enérgica, y si comienzan y desaparecen de manera repentina o de forma gradual. Sin embargo, a menudo deben efectuarse ciertos procedimientos diagnósticos que contribuyan a determinar con exactitud la naturaleza de la arritmia y su causa.

La electrocardiografía (ECG) es la principal técnica diagnóstica para detectar las arritmias y determinar su causa. Este procedimiento proporciona una representación gráfica de la corriente eléctrica que da lugar a cada latido cardíaco. Por lo general, el ECG solo registra el ritmo cardíaco durante un espacio de tiempo muy breve.

Dado que las arritmias suelen ser intermitentes, se puede utilizar un equipo de ECG portátil (monitor Holter) para registrar el ritmo cardíaco de manera continua o activarlo justo cuando la persona en cuestión percibe un ritmo cardíaco anómalo. Este monitor, que se suele llevar durante 24 o 48 horas, registra las arritmias que se presentan de forma esporádica mientras se prosigue con las actividades diarias habituales. Durante ese periodo, el paciente anota en un diario tanto los síntomas como las actividades que guardan relación con las arritmias.

Con el fin de detectar arritmias peligrosas que se producen con muy poca frecuencia, a veces se implanta un dispositivo de registro en la piel, por debajo de la clavícula izquierda. El dispositivo, denominado monitor de episodios, puede permanecer instalado durante periodos largos. A través de la piel, transmite de forma electrónica y sin dolor los registros almacenados de irregularidades en el ritmo cardíaco.

Cuando se sospecha la presencia de arritmias potencialmente mortales, se hospitaliza al paciente. Se registra su ritmo cardíaco de forma constante y se muestra en un monitor, parecido a un televisor, situado al lado de la cama o en el puesto de control de enfermería. Así, puede detectarse cualquier problema con rapidez.

Otros procedimientos diagnósticos son las pruebas de esfuerzo y la medición de la presión arterial durante el ejercicio, la ecocardiografía para detectar anomalías anatómicas y las pruebas electrofisiológicas. Estas últimas consisten en introducir por una vena catéteres con electrodos minúsculos en un extremo, que se empujan hasta el corazón. Los electrodos permiten estimular el corazón a la vez que se observa en un monitor la respuesta cardíaca, de modo que se pueda determinar el tipo de arritmia y las alternativas terapéuticas.

ECG: Lectura de las ondas

En un electrocardiograma (ECG) se representa gráficamente la actividad de la corriente eléctrica que recorre el corazón en un latido cardíaco. La actividad de la corriente eléctrica se divide en diferentes partes y a cada una se le asigna una letra en el ECG.

Cada latido comienza con un impulso originado en el nódulo sinusal (nódulo sinoauricular). Este impulso activa las cavidades superiores del corazón (aurículas). La onda P representa la activación de las aurículas.

A continuación, la corriente eléctrica se propaga hacia abajo hasta las cavidades inferiores del corazón (ventrículos). El complejo QRS representa la activación de los ventrículos.

Posteriormente, la corriente eléctrica se propaga a través de los ventrículos pero en dirección opuesta. Esta actividad se denomina onda de recuperación, y está representada por la onda T.

En un ECG pueden observarse diferentes tipos de anomalías. Estas anomalías son: un infarto de miocardio previo, un ritmo cardíaco anómalo (arritmia), un aporte inadecuado de sangre y de oxígeno al corazón (isquemia) y un engrosamiento excesivo (hipertrofia) de las pareces del músculo cardíaco.

Ciertas anomalías detectadas en un ECG pueden también sugerir la presencia de bultos (aneurismas) que se desarrollan en zonas frágiles de las paredes del corazón. Los aneurismas pueden ser consecuencia de un infarto de miocardio. Si el ritmo es anómalo (demasiado rápido, demasiado lento o irregular), el ECG también indica en qué parte del corazón se inicia dicho ritmo anómalo. Esta información ayuda a los médicos a determinar su causa.

Pronóstico

La mayoría de las arritmias no producen síntomas ni interfieren en la capacidad del corazón para bombear la sangre. Por lo tanto, implican poco o ningún riesgo, aunque pueden ocasionar una gran ansiedad cuando se toma conciencia de ellas. Sin embargo, algunas arritmias inofensivas en sí mismas pueden dar lugar a arritmias más graves. Cualquier arritmia que altere la capacidad del corazón para bombear la sangre de forma adecuada es grave. El pronóstico depende en parte de si la arritmia se origina en el nódulo sinoauricular, en las aurículas o en los ventrículos. En general, las arritmias que se originan en los ventrículos son más graves que las que se originan en las aurículas y estas, a su vez, son más graves que las que se originan en el nódulo sinusal. Pero existen muchas excepciones.

Tratamiento

  • fármacos antiarrítmicos

  • electroestimulación

  • Suministrar una descarga eléctrica

Si la arritmia es inofensiva, aunque molesta, puede ser suficiente con asegurar a la persona afectada que se trata de una arritmia sin trascendencia. A veces, al sustituir un fármaco por otro o al ajustar la dosis, las arritmias aparecen con menos frecuencia o incluso desaparecen. También es conveniente evitar el consumo de alcohol, la cafeína (en bebidas y en alimentos) o el tabaco. Si las palpitaciones aparecen solo durante la práctica de ejercicio, es conveniente evitar los ejercicios extenuantes. A veces, es necesario dejar de conducir hasta que se pueda determinar si el tratamiento es eficaz.

Fármacos

Los fármacos antiarrítmicos son muy eficaces a la hora de suprimir las taquiarritmias que producen síntomas intolerables o que suponen un riesgo. No existe un único fármaco que cure todas las arritmias. A veces, es preciso probar varios medicamentos hasta obtener una respuesta satisfactoria. En ocasiones, los fármacos antiarrítmicos empeoran las arritmias o incluso las desencadenan, lo que se denomina efecto proarrítmico. Los medicamentos antiarrítmicos también causan otros efectos secundarios.

Algunos fármacos utilizados para tratar arritmias

Ejemplos

Algunos efectos secundarios

Comentarios

Betabloqueantes

Acebutolol

Atenolol

Betaxolol

Bisoprolol

Carvedilol

Esmolol

Metoprolol

Nadolol

propranolol

Timolol

Frecuencia cardíaca demasiado lenta (bradicardia)

Fatiga

Depresión

Posible enmascaramiento de concentraciones bajas de azúcar en sangre

Insuficiencia circulatoria en el tronco, en los brazos y en las piernas

Insomnio

Síndrome de Raynaud

Disfunción sexual

Dificultad respiratoria

Espasmo de las vías respiratorias (broncoespasmo)

Con algunos betabloqueantes, aumento en la concentración de triglicéridos (grasas)

En personas con glaucoma, hipertensión ocular

Se usan para tratar extrasístoles ventriculares, taquicardia ventricular, fibrilación ventricular y taquicardia supraventricular paroxística. También permiten retrasar la frecuencia ventricular (la velocidad con que las cavidades cardíacas, los ventrículos, laten) en presencia de fibrilación auricular o de aleteo auricular.

Si se padece asma, debe consultarse con el médico antes de tomar dichos fármacos.

Bloqueantes de los canales del calcio

Diltiazem

Verapamilo

Estreñimiento

Diarrea

Hipotensión arterial

Pies hinchados

Solo son eficaces ciertos bloqueantes de los canales del calcio, como el diltiazem y el verapamilo. Se utilizan para ralentizar la frecuencia ventricular en presencia de fibrilación auricular o de aleteo auricular y para tratar la taquicardia supraventricular paroxística. El diltiazem y el verapamilo retrasan la conducción de los impulsos eléctricos por el nódulo auriculoventricular.

Algunas personas con el síndrome de Wolff-Parkinson-White no deben tomar verapamilo ni diltiazem.

Digoxina

Digoxina

Náuseas

Vómitos

Arritmias graves

Si la dosis es demasiado alta, distorsión de la visión cromática consistente en percibir los objetos de color amarillo verdoso

Retrasa la conducción de los impulsos eléctricos por el nódulo auriculoventricular. Permite disminuir la frecuencia ventricular en presencia de fibrilación auricular o de aleteo auricular y tratar la taquicardia supraventricular paroxística.

Se administra a los bebés y a los niños menores de 10 años que padecen el síndrome de Wolff-Parkinson-White, pero las personas mayores con este síndrome no deben tomarla.

Bloqueantes de los canales del calcio

Amiodarona

Bretilio

Dofetilida

Dronedarona

Ibutilida

Sotalol

Con todo los bloqueantes de los canales de potasio: arritmias e hipotensión

Con la amiodarona: cicatrices en los pulmones (fibrosis pulmonar) y anomalías en las tiroides, el hígado y los ojos.

Con el sotalol (otro betabloqueante): los mismos efectos secundarios que con los betabloqueantes

Se usan para tratar las extrasístoles ventriculares, la taquicardia ventricular, la fibrilación ventricular, la fibrilación y el aleteo auricular.

Dado que la amiodarona puede ser tóxica, se administra en tratamientos a largo plazo solo cuando las arritmias son graves o muy molestas.

El bretilio se usa únicamente en tratamientos a corto plazo de taquicardias ventriculares que ponen en riesgo la vida.

Nucleósido de purina

Adenosina

Espasmo de las vías respiratorias

Rubor (de corta duración)

Retrasa la conducción de los impulsos eléctricos por el nódulo auriculoventricular. Se utiliza para acabar con los episodios de taquicardia supraventricular paroxística.

En presencia de asma está contraindicada.

Bloqueantes de los canales de sodio

Disopiramida

Flecainida

Lidocaína

Mexiletina

Procainamida

Propafenona

Quinidina

Arritmias (que pueden ser mortales, sobre todo, en presencia de cardiopatías)

Malestar digestivo

Mareos

Sequedad de boca

Mareo leve

Retención de orina

Temblores

En presencia de glaucoma, hipertensión ocular

Retrasan la conducción de los impulsos eléctricos por el corazón.

Se emplean en el tratamiento de la extrasístole ventricular (contracción ventricular prematura), la taquicardia ventricular y la fibrilación ventricular, así como para recuperar el ritmo normal (cardioversión) en la fibrilación auricular o en el aleteo auricular.

A excepción de la lidocaína y la mexiletina, estos fármacos también pueden utilizarse para prevenir episodios de fibrilación auricular o de aleteo auricular, y con menor frecuencia de taquicardia supraventricular paroxística.

Marcapasos artificiales

Los marcapasos artificiales son dispositivos electrónicos que actúan en lugar del marcapasos natural del corazón, el nódulo sinoauricular. Estos dispositivos se implantan quirúrgicamente debajo de la piel, en general por debajo de la clavícula izquierda o de la derecha. Se conectan al corazón por medio de cables que se introducen por una vena. Los diseños de baterías y circuitos de baja energía que se implantan en la actualidad permiten que las unidades funcionen entre 10 y 15 años. Estos nuevos circuitos han eliminado casi por completo el riesgo de interferencias con los teléfonos móviles o celulares, los sistemas de encendido o de arranque de los automóviles, los radares, los microondas y los detectores de seguridad de los aeropuertos, pero algunos aparatos aún interfieren con los marcapasos. Ejemplos de ello son los dispositivos de electrocauterización que permiten detener el sangrado durante una cirugía, la diatermia (terapia física que utiliza ondas de radio para aplicar calor a los músculos) y, a veces, la resonancia magnética nuclear (RMN). No obstante, la RMN puede ser inocua con ciertos tipos de marcapasos, según cómo se hayan construido.

Mantener el ritmo: marcapasos artificiales

Los marcapasos artificiales son dispositivos electrónicos que reemplazan el nódulo sinusal (nódulo sinoauricular). Generan impulsos eléctricos que dan lugar a cada latido. Constan de un generador de impulsos (que incluye una batería) y de cables que conectan el marcapasos al corazón.

La implantación de un marcapasos artificial se realiza quirúrgicamente. Después de administrar un anestésico local para adormecer la zona de inserción, los cables, que se conectan al marcapasos, se suelen insertar en una vena cercana a la clavícula y se empujan hacia el corazón. Mediante una pequeña incisión, el generador de impulsos, que tiene un diámetro de unos 2 cm, se inserta exactamente debajo de la piel cercana a la clavícula y se conecta a los cables. La incisión se cierra con una sutura. Por lo general, el procedimiento dura entre 30 y 60 minutos. El paciente puede estar en condiciones de irse a casa poco tiempo después o permanecer durante un periodo breve en el hospital. Las baterías de un marcapasos suelen durar entre 10 y 15 años, aunque deben revisarse de forma periódica. La batería se reemplaza mediante la sustitución del generador de impulsos, que es un procedimiento rápido.

Existen distintos tipos de marcapasos; la mayoría son capaces de percibir la actividad eléctrica del corazón. Permiten que el corazón lata de forma natural y no participan a menos que el corazón se salte un latido o comience a latir a un ritmo inusual. El marcapasos se programa antes de su implantación. En esta programación se determinan los eventos que desencadenarán el funcionamiento del marcapasos y con qué frecuencia cardíaca. También se puede reprogramar el marcapasos una vez implantado, mediante un dispositivo que se coloca junto a la piel. Algunos marcapasos ajustan su frecuencia de acuerdo a la actividad del usuario, aumentando la frecuencia cardíaca durante el ejercicio y disminuyéndola durante el reposo.

Los marcapasos se utilizan sobre todo para tratar las bradiarritmias. Cuando el corazón se ralentiza más allá de un determinado límite establecido, el marcapasos comienza a generar impulsos eléctricos. Con menor frecuencia, se emplean para tratar taquiarritmias mediante una serie de impulsos que disminuyen la frecuencia cardíaca, convirtiendo así la taquiarritmia en un ritmo normal.

Los marcapasos también se usan en la terapia de resincronización cardíaca (TRC). En algunas personas con trastornos del corazón, ninguna de las cuatro cavidades cardíacas sigue la secuencia normal y ordenada de las contracciones. Los marcapasos especiales con tres conductores pueden restaurar la secuencia normal de las contracciones y mejorar el resultado en algunos casos de insuficiencia cardíaca.

Recuperar el ritmo normal

A veces, aplicar en el corazón una descarga eléctrica puede frenar una taquiarritmia y restablecer el ritmo normal. Este método se denomina cardioversión, desfibrilación o electroversión, según el tipo de alteración rítmica de que se trate. La cardioversión se utiliza en las arritmias que comienzan en las aurículas (como la fibrilación auricular) o en los ventrículos (como la fibrilación ventricular). Sin embargo, una descarga eléctrica no puede reiniciar un corazón que no tenga actividad eléctrica en absoluto (asistolia). El dispositivo que genera la descarga eléctrica (desfibrilador) lo maneja un equipo especializado de médicos, personal de enfermería, paramédicos o bomberos.

Se puede colocar un cardiodesfibrilador implantable (CDI), cuyo tamaño es alrededor de la mitad del de una baraja de cartas. La mayoría de los dispositivos se colocan a través de los vasos sanguíneos como se hace con un marcapasos, eliminando así la necesidad de cirugía a corazón abierto. Los CDI controlan de forma constante la frecuencia y el ritmo del corazón, detectan automáticamente las taquiarritmias y administran una descarga para que la arritmia vuelva a su ritmo normal. Por lo general, estos dispositivos se implantan en pacientes que de otro modo podrían morir debido a la arritmia. Un CDI también actúa como marcapasos, enviando impulsos eléctricos para superar una bradiarritmia. Cuando un CDI administra una descarga, se siente como un golpe leve en el pecho; si la descarga es mayor, se siente como una patada.

Cuando se tiene instalado este dispositivo, se puede permanecer con seguridad cerca de la mayoría de los electrodomésticos, incluidos los microondas, y de los detectores de seguridad de los aeropuertos. Sin embargo, algunos equipos con fuertes campos magnéticos pueden provocar interferencias. Ejemplos de ello son los dispositivos de electrocauterización que permiten detener el sangrado durante una cirugía, la diatermia (terapia física que utilizan ondas de radio para aplicar calor a los músculos) y, en ocasiones, la RMN.

Puesto que los CDI no previenen las arritmias, a menudo hay que tomar medicación. Estos dispositivos duran unos 5 años. Si, al tener implantado un CDI, se percibe una descarga única del dispositivo que provoca malestar, es preciso comunicarse en menos de una semana con el especialista o con la clínica donde se colocó el CDI. El dispositivo registra el ritmo cardíaco, por lo que puede llegar a saberse el motivo de la descarga. Si aparecen otros síntomas, como dificultad respiratoria, malestar torácico o palpitaciones, inmediatamente antes o después de la descarga, o si ha habido numerosas descargas, el problema puede ser más grave, por lo que debe acudirse al servicio de urgencias de inmediato.

Los desfibriladores externos automáticos (DEA) requieren una capacitación mínima para poder usarlos. Por ejemplo, pueden manejarlos personas que han recibido formación en primeros auxilios con este dispositivo (ver figura Desfibrilador externo automático: poner en marcha el corazón). Los DEA detectan la presencia de una arritmia, determinan si es aconsejable aplicar una descarga y la emiten de forma automática. Estos dispositivos se encuentran en muchos lugares públicos, como los aeropuertos, los complejos deportivos, los hoteles y los centros comerciales.

Destrucción de tejidos anómalos (ablación por radiofrecuencia)

Ciertos tipos de arritmias se corrigen mediante intervenciones quirúrgicas y otros procedimientos invasivos. Una arritmia debida a una zona anómala localizada en el sistema eléctrico del corazón puede controlarse destruyendo o extirpando dicha zona (ablación). En la mayoría de los casos, la zona anómala se destruye mediante ablación por radiofrecuencia (descarga de energía a una frecuencia específica a través de un catéter con un electrodo en el extremo, que se introduce en el corazón). El éxito del procedimiento varía según la arritmia y oscila entre el 60 y el 80% para las arritmias más complicadas (fibrilación auricular, taquicardia auricular y taquicardia ventricular) y entre el 90 y el 95% para las arritmias más sencillas (taquicardias supraventriculares). Este procedimiento dura de 2 a 4 horas y requiere tan solo 1 o 2 días de hospitalización. Con menor frecuencia, la zona se destruye o se extirpa mediante una cirugía a corazón abierto. A veces, es necesario intervenir quirúrgicamente después de haber realizado una ablación con catéter que no resultó eficaz. Otras veces, se realiza una intervención quirúrgica aprovechando que ya se ha previsto una cirugía cardíaca por otra razón, como, por ejemplo, reemplazar una válvula del corazón.

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