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Taquicardia ventricular

Por L. Brent Mitchell, MD, Professor of Medicine, Department of Cardiac Services, Libin Cardiovascular Institute of Alberta, University of Calgary

(Véase también Introducción a las arritmias.)

La taquicardia ventricular consiste en un ritmo cardíaco que se origina en los ventrículos y produce una frecuencia cardíaca de al menos 120 latidos por minuto.

  • Las personas casi siempre tienen palpitaciones y otros síntomas de insuficiencia cardíaca (por ejemplo, falta de aliento, dolor en el pecho, y/o desmayo).

  • El diagnóstico se basa en la electrocardiografía.

  • Se pueden administrar fármacos y efectuar procedimientos que destruyen las zonas anómalas de los ventrículos, pero, por lo general, se recurre a un desfibrilador implantable automático.

La taquicardia ventricular se puede considerar como una serie de extrasístoles ventriculares consecutivas. A veces, aparecen juntos apenas unos pocos latidos de este tipo y luego el corazón recupera su ritmo normal. Si la taquicardia ventricular dura más de 30 segundos, se llama taquicardia ventricular sostenida.

Esta última suele aparecer cuando existe una cardiopatía estructural, como un infarto de miocardio o una miocardiopatía. Es más frecuente en las personas mayores, aunque, en contadas ocasiones, se presenta en individuos jóvenes que no padecen cardiopatías estructurales. Estos jóvenes pueden tener una cardiopatía llamada síndrome del QT largo, de origen hereditario o causada por ciertos medicamentos. También puede ser debido a otros trastornos hereditarios poco frecuentes, como el síndrome de Brugada.

Síntomas

En la taquicardia ventricular casi siempre se sienten palpitaciones, que pueden estar acompañadas de debilidad, mareo o malestar torácico. La taquicardia ventricular sostenida puede ser peligrosa porque los ventrículos no se llenan de forma adecuada ni bombean la sangre con normalidad. La presión arterial tiende a descender y se produce insuficiencia cardíaca. Además, la taquicardia ventricular sostenida también es peligrosa porque puede empeorar hasta convertirse en una fibrilación ventricular (una forma de paro cardíaco). Algunas veces, la taquicardia ventricular produce pocos síntomas, incluso con frecuencias de hasta 200 latidos por minuto, pero a pesar de ello puede ser extremadamente peligrosa.

Diagnóstico

  • Electrocardiografía

La electrocardiografía (ECG) permite diagnosticar la taquicardia ventricular y determinar si se requiere tratamiento.

Tratamiento

  • La conversión de los latidos del corazón a un ritmo normal

  • Prevención de episodios posteriores

Tratamiento inmediato

La taquicardia ventricular se trata cuando produce síntomas o cuando los episodios duran más de 30 segundos aunque no aparezcan síntomas.

Si existen síntomas, sobre todo si la presión arterial es demasiado baja, es necesario realizar una cardioversión inmediata (una descarga eléctrica que devuelve el corazón a su ritmo normal).

Si no hay síntomas, pero la taquicardia ventricular ha durado más de 30 segundos, se debe efectuar una cardioversión o administrar medicamentos por vía intravenosa. La cardioversión es dolorosa, por lo que es necesario administrar sedación, pero casi siempre es eficaz y, aparte de la incomodidad, tiene pocos efectos secundarios. Los medicamentos no son incómodos, pero no tienen tanta eficacia como la cardioversión y es más probable que causen efectos secundarios; los que se administran con más frecuencia son la amiodarona, la lidocaína y la procainamida.

Tratamiento a largo plazo

Lo que se pretende a largo plazo es evitar la muerte súbita y no solo detener el ritmo anómalo. En presencia de taquicardia ventricular con una cardiopatía subyacente, sobre todo si el corazón no bombea de forma adecuada, se suele implantar un cardiodesfibrilador implantable (CDI, un pequeño dispositivo capaz de detectar una arritmia y emitir una descarga para corregirla). Este procedimiento es similar al implante de un marcapasos artificial.

También se pueden utilizar otros procedimientos que destruyen la pequeña zona anómala en los ventrículos, identificada en el ECG, que suele ser la causa de la taquicardia ventricular sostenida. Entre estas técnicas se incluyen la ablación por radiofrecuencia (descarga de energía a una frecuencia específica a través de un catéter de electrodo que se introduce en el corazón) y la cirugía a corazón abierto.

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