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Síndromes coronarios agudos (ataque al corazón, infarto de miocardio, angina inestable)

Por James Wayne Warnica, MD, FRCPC , Professor Emeritus of Cardiac Sciences and Medicine, The University of Calgary

Los síndromes coronarios agudos se deben a la oclusión súbita de una arteria coronaria. Esta oclusión puede causar una angina inestable o un infarto de miocardio (ataque cardíaco), según la ubicación y el grado de obstrucción.

  • Por lo general, cuando se padece un síndrome coronario agudo, se sienten dolor u opresión torácica, dificultad respiratoria y fatiga.

  • Si se piensa que se está padeciendo un síndrome coronario agudo, debe pedirse ayuda urgente y, además, masticar una aspirina (ácido acetilsalicílico).

  • La electrocardiografía y la medición de las sustancias presentes en la sangre permiten determinar si se está padeciendo un síndrome coronario agudo.

  • El tratamiento varía según el tipo de síndrome, pero, por lo general, consiste en intentar aumentar el flujo sanguíneo hacia las zonas afectadas del corazón.

Solo en Estados Unidos más de 1,5 millones de personas tienen un infarto de miocardio cada año. De ellos, cerca de 400 000 a 500 000 mueren, la mitad antes de llegar al hospital. Casi todos presentan una arteriopatía coronaria subyacente y alrededor de dos tercios son hombres.

Causas

Se produce un síndrome coronario agudo cuando una arteria coronaria se obstruye de forma repentina, lo que provoca una reducción considerable del riego sanguíneo a una determinada zona del miocardio o su interrupción. La falta de irrigación a los tejidos se denomina isquemia. Si la reducción del riego es considerable o si se interrumpe durante algunos minutos, el tejido cardíaco muere. El infarto de miocardio, también denominado ataque al corazón, es la muerte del tejido cardíaco debida a la isquemia.

La causa más frecuente de obstrucción de una arteria coronaria es un coágulo de sangre. Por lo general, la arteria ya presenta un estrechamiento causado por una acumulación de colesterol y de otras sustancias grasas en la pared de las arterias (ateroma). El ateroma puede romperse o desgarrarse y liberar sustancias que provocan la adherencia de las plaquetas, lo que intensifica aún más la formación de coágulos. En torno a dos tercios de las personas, los coágulos de sangre se disuelven por sí mismos, por lo general en el plazo de un día. No obstante, ese tiempo es suficiente para que se produzca un daño cardíaco.

En escasas ocasiones, el infarto de miocardio se produce al formarse un coágulo en el propio corazón que se desprende y se aloja en una arteria coronaria. Otra causa poco frecuente es el espasmo de una arteria coronaria que interrumpe el flujo sanguíneo. El consumo de drogas, como la cocaína, puede desencadenar un espasmo. A veces la causa es desconocida.

Clasificación

Los síndromes coronarios agudos se clasifican mediante electrocardiografía (ECG) y la presencia de sustancias en la sangre (marcadores séricos) que se liberan cuando existe daño cardíaco. Es importante clasificarlos porque el tratamiento difiere en función del tipo de síndrome específico. La clasificación consiste en angina inestable y en dos tipos de infarto de miocardio:

  • La angina inestable es un cambio en el patrón de síntomas de la angina de pecho (ver Angina de pecho : Síntomas), que incluye una prolongación o un empeoramiento de la angina previa y una nueva aparición de síntomas de angina grave. A pesar de existir angina inestable, puede no haber signos de infarto de miocardio en los ECG o en los análisis de sangre.

  • Un infarto de miocardio sin elevación del segmento ST es un ataque al corazón en el que se observan anomalías en los análisis de sangre, pero que no muestra cambios típicos (elevación del segmento ST) en el ECG.

  • Un infarto de miocardio con elevación del segmento ST es un infarto de miocardio que presenta signos tanto en los análisis de sangre como en los cambios típicos que se observan en el ECG.

¿Sabías que...?

  • En alrededor de un tercio de los casos de infarto de miocardio no se siente dolor torácico.

Síntomas

Los síntomas de los síndromes coronarios agudos son similares y, por lo general, es imposible distinguir unos de ellos basándose solo en los síntomas. Los síntomas de la angina inestable son los mismos que los de la angina de pecho: presión intermitente o dolor por debajo del esternón (ver Angina de pecho : Síntomas). Sin embargo, en la angina de pecho inestable, el patrón cambia. Se experimentan crisis anginosas más graves o más frecuentes, o bien las crisis se producen en reposo o después de realizar un pequeño esfuerzo. Alredor de 2 de cada 3 personas que sufren un infarto de miocardio sufren angina inestable, dificultad respiratoria o fatiga durante los días o las semanas anteriores. Un cambio semejante en el patrón de malestar por dolor torácico puede terminar en un infarto de miocardio.

Por lo general, el síntoma más reconocible de un infarto de miocardio es el dolor en el centro del tórax, que irradia a la espalda, a la mandíbula o al brazo izquierdo. En pocas ocasiones, el dolor se propaga hacia el brazo derecho. El dolor también se puede sentir en una o en varias de estas zonas y no en el pecho. El dolor del infarto de miocardio es similar al de la angina de pecho, pero suele ser más intenso, dura más tiempo y no remite con el reposo ni al administrar nitroglicerina. En escasas ocasiones, el dolor se percibe en el abdomen y puede confundirse con una indigestión, ya que se alivia de forma parcial o transitoria al eructar. Por alguna razón desconocida, las mujeres suelen presentar síntomas distintos y menos identificables.

En alrededor de un tercio de los casos de infarto de miocardio no se siente dolor torácico. Esto es más probable que ocurra en las mujeres, en personas de ascendencia no caucásica, en personas de más de 75 años, en las que padecen insuficiencia cardíaca o diabetes y en las que han tenido un accidente cerebrovascular.

Otros síntomas incluyen sensación de desvanecimiento o síncope, sudoración abundante de aparición súbita, náuseas, dificultad respiratoria y latidos cardíacos muy intensos (palpitaciones).

Durante un infarto de miocardio, se percibe inquietud, sudoración y ansiedad, y puede experimentarse una sensación de muerte inminente. Los labios, las manos o los pies adquieren una leve coloración azulada.

A edad avanzada, los síntomas no son los habituales; el principal suele ser disnea. Los síntomas pueden parecerse a los de un malestar gástrico o un accidente cerebrovascular. Puede haber desorientación. Sin embargo, alrededor de dos tercios de los individuos de edad avanzada sienten dolor torácico, como las personas jóvenes. Las personas mayores, sobre todo las mujeres, suelen tardar más tiempo que los jóvenes en aceptar que están enfermas o en solicitar asistencia médica.

A pesar de todos los síntomas posibles, 1 de cada 5 personas que sufre un infarto de miocardio tiene solo síntomas leves o ninguno en absoluto. El infarto de miocardio asintomático solo puede detectarse cuando se realiza un ECG de control al cabo de algún tiempo.

Durante las horas siguientes a un infarto de miocardio, se escuchan soplos y otros ruidos cardíacos anómalos con el fonendoscopio.

Complicaciones

Las complicaciones de los síndromes coronarios agudos dependen de la extensión, la duración y la ubicación de la obstrucción de la arteria coronaria. Cuando la obstrucción afecta a una gran cantidad de miocardio, el corazón no puede bombear con eficacia. Si la obstrucción interrumpe el flujo sanguíneo que irriga el sistema eléctrico del corazón, el ritmo cardíaco puede verse afectado.

Alteraciones en la función contráctil

En un infarto de miocardio, parte del miocardio muere; el tejido muerto y el tejido cicatricial que lo reemplaza no se contraen. En algunas ocasiones, el tejido cicatricial incluso se expande o protruye cuando el resto del corazón se contrae. Como consecuencia, hay menos cantidad de músculo para bombear sangre. Si la cantidad de tejido que muere es importante, la capacidad de bombeo del corazón se reduce tanto que no llega a abastecer las necesidades de oxígeno en la sangre del organismo. En este caso, aparece insuficiencia cardíaca, hipotensión arterial, o ambas. Por lo general, si se daña o si muere más de la mitad del tejido cardíaco, el corazón no puede funcionar y es probable que se produzca una insuficiencia grave o la muerte.

Algunos fármacos, como los betabloqueantes y, en particular, los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) reducen la extensión de las áreas dañadas disminuyendo la carga de trabajo y el estrés del corazón. De esta manera, contribuyen a que el corazón mantenga su forma y funcione con normalidad.

El corazón afectado puede llegar a agrandarse para compensar en parte la menor capacidad de bombeo (un corazón más grande late con más energía). El aumento de tamaño del corazón eleva la probabilidad de que se produzcan arritmias.

Arritmias

Las arritmias se producen en más del 90% de las personas que han tenido un infarto de miocardio. Se deben a que el infarto de miocardio daña parte del sistema eléctrico del corazón. En ocasiones, la alteración ocurre en la región del corazón que genera el latido, por lo que la frecuencia cardíaca se vuelve demasiado lenta, mientras que otros trastornos provocan que el corazón lata muy deprisa o de manera irregular. A veces, el impulso eléctrico no es conducido de una parte del corazón a otra, lo que causa que el latido cardíaco disminuya o se detenga.

Además, las zonas del miocardio que reciben un flujo sanguíneo escaso, pero que no han muerto, se irritan con facilidad. Esto da lugar a arritmias, como la taquicardia ventricular o la fibrilación ventricular. Estos trastornos del ritmo interfieren en gran medida con la capacidad de bombeo del corazón y pueden provocar que deje de latir (paro cardíaco). Como consecuencia, puede producirse un síncope o la muerte. Dichas alteraciones del ritmo ocurren con mayor frecuencia en presencia de un desequilibrio en determinadas sustancias sanguíneas, como una concentración baja de potasio en sangre.

Otros problemas

Puede presentarse una pericarditis (inflamación de las membranas que recubren el corazón) durante el primer o el segundo día después de un infarto de miocardio o aproximadamente de 10 días a 2 meses más tarde. La pericarditis es más frecuente cuando no se ha realizado una intervención coronaria percutánea (ICP) o un injerto de revascularización miocárdica (CABG, por sus siglas en inglés) en la arteria coronaria obstruida. Los síntomas de la pericarditis temprana no se suelen notar porque los del infarto de miocardio son más relevantes. Sin embargo, la pericarditis produce un ruido áspero rítmico que, algunas veces, puede escucharse con un fonendoscopio 2 o 3 días después de un infarto de miocardio. A veces, la inflamación provoca que una pequeña cantidad de líquido se acumule en el espacio que existe entre las dos capas del pericardio (derrame pericárdico). La pericarditis tardía suele denominarse síndrome de Dressler (síndrome postinfarto de miocardio). Este síndrome produce fiebre, derrame pericárdico, inflamación de las membranas que recubren los pulmones, derrame pleural (exceso de líquido en el espacio que se encuentra entre las dos capas de la pleura) y dolor articular.

Otras complicaciones que se presentan después de un infarto de miocardio incluyen la insuficiencia de la válvula mitral, la rotura del miocardio, una protuberancia en la pared del ventrículo (aneurisma ventricular), coágulos de sangre (émbolos) y descenso de la presión arterial (hipotensión). También suele haber nerviosismo y depresión, que puede ser significativa y persistente.

Diagnóstico

Por lo general, cuando un hombre mayor de 35 años o una mujer mayor de 40 se queja de dolor torácico, se considera la posibilidad de un síndrome coronario agudo. No obstante, otros cuadros diferentes causan un dolor similar: la neumonía, un coágulo de sangre en el pulmón (embolia pulmonar), la pericarditis, la fractura de una costilla, un espasmo del esófago, una indigestión o el dolor a la palpación en los músculos torácicos después de una lesión o de realizar un esfuerzo.

El ECG (ver Electrocardiografía) y ciertos análisis de sangre ayudan a confirmar el diagnóstico en unas pocas horas.

El ECG es el procedimiento diagnóstico inicial más importante cuando se sospecha un síndrome coronario agudo. Este procedimiento proporciona una representación gráfica de la corriente eléctrica que da lugar a cada latido cardíaco. En muchos casos, muestra de forma inmediata que una persona está sufriendo un infarto de miocardio. Las anomalías detectadas en el ECG permiten determinar el tipo de tratamiento necesario, así como el lugar en que el miocardio ha sufrido el daño. Si se tienen antecedentes de problemas cardíacos que puedan alterar el ECG, es más difícil detectar un daño más reciente. En este caso, debe llevarse consigo una pequeña copia del ECG para que, si aparecen síntomas de síndrome coronario agudo, se pueda comparar el ECG anterior con el actual. Si los distintos ECG registrados en el curso de varias horas son completamente normales, se considera que es poco probable que se trate de un infarto de miocardio.

Medir las concentraciones de ciertas sustancias (denominadas marcadores cardíacos) en la sangre también ayuda a diagnosticar un síndrome coronario agudo. Por lo general, estas sustancias se encuentran en el miocardio y se liberan en el torrente sanguíneo solo cuando el miocardio resulta dañado o muere. Las sustancias que se miden con mayor frecuencia son unas proteínas del miocardio denominadas troponina I y troponina T y una enzima denominada CK-MB (creatinina-cinasa o creatinina-quinasa, subunidades del músculo y del cerebro). Las concentraciones en sangre se elevan durante las 6 horas posteriores a un infarto de miocardio y se mantienen elevadas durante 36 a 48 horas. Las concentraciones de marcadores cardíacos suelen medirse cuando se ingresa al paciente en el hospital y, a intervalos de 6 a 8 horas, durante las 24 horas siguientes.

Cuando el ECG y las mediciones de los marcadores séricos no proporcionan suficiente información, se realiza una ecocardiografía o una gammagrafía. La ecocardiografía puede mostrar una disminución de la movilidad de un segmento de la pared del ventrículo izquierdo (la cavidad del corazón que bombea la sangre al organismo), lo que indica un daño debido a infarto de miocardio.

El síndrome de Dressler (pericarditis que se desarrolla entre 10 días y 2 meses después de un infarto de miocardio) se diagnostica a partir de los síntomas que produce y del momento en el que se presenta.

Otros pruebas complementarias

Se pueden realizar otras pruebas durante la hospitalización o poco después. Estas pruebas permiten determinar si la persona afectada necesita tratamiento adicional o si es probable que tenga otros problemas cardíacos. Por ejemplo, se puede usar un monitor Holter, que registra la actividad eléctrica cardíaca durante 24 horas (ver Monitor Holter: lectura continua del ECG). Este procedimiento permite detectar arritmias en el corazón o episodios de irrigación sanguínea insuficiente sin síntomas (isquemia asintomática). Una prueba de esfuerzo (la realización de una electrocardiografía mientras se hace ejercicio, ver Prueba de esfuerzo) antes del alta o poco después permite determinar cómo se encuentra el paciente tras el infarto de miocardio y si la isquemia persiste. Si estos procedimientos detectan arritmias o isquemia, puede que sea necesario administrar un tratamiento farmacológico. Si la isquemia persiste, se recomienda realizar una angiografía coronaria para valorar la posibilidad de practicar una intervención coronaria percutánea o un injerto de revascularización coronaria (bypass) con el fin de restaurar el flujo sanguíneo en el corazón.

Pronóstico

En la mayoría de los casos de angina inestable, se produce un infarto de miocardio en un plazo de 3 meses.

La mayoría de las personas que sobreviven los primeros días después de un infarto de miocardio se recuperan completamente, pero alrededor del 10% mueren en un plazo de 1 año. La mayor parte de las muertes se producen en los primeros 3 o 4 meses, especialmente si persisten la angina, las arritmias ventriculares o la insuficiencia cardíaca. Si el corazón ha aumentado de tamaño después del infarto de miocardio, el pronóstico es peor que si se mantiene normal. Después de un infarto de miocardio, hay más probabilidades de morir o de presentar complicaciones, como una insuficiencia cardíaca. El pronóstico es peor en las personas de poca corpulencia que en las que tienen una mayor envergadura. Este hallazgo podría explicar por qué el pronóstico en las mujeres que han tenido un infarto de miocardio es, en promedio, peor que en los hombres. Además, las mujeres suelen padecer el infarto de miocardio a edad más avanzada, y tienen una tendencia mayor a presentar complicaciones más graves. También tienden a dejar pasar más tiempo que los hombres, después de un infarto de miocardio, antes de acudir al hospital.

Prevención

Después de un infarto de miocardio, se recomienda tomar una aspirina (ácido acetilsalicílico) para niños, media aspirina (ácido acetilsalicílico) de adultos o una aspirina (ácido acetilsalicílico) de adultos entera. Esto se debe a que la aspirina (ácido acetilsalicílico), que evita que las plaquetas formen coágulos, reduce el riesgo de muerte y el riesgo de un segundo infarto de miocardio de un 15 a un 30%. También deben recibir aspirina (ácido acetilsalicílico) todos los días quienes no han sufrido un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular, pero tienen más de 50 años de edad y 2 o más factores de riesgo (ver Introducción a la arteriopatía coronaria (coronariopatía) : Factores de riesgo), con el fin de prevenir posibles infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares. Si existe alergia a la aspirina (ácido acetilsalicílico), se puede tomar clopidogrel en su lugar.

Por lo general, se recetan beta-bloqueantes (como el metoprolol), porque estos fármacos reducen en cerca de un 25% el riesgo de muerte. Cuanto más grave haya sido el infarto de miocardio, mayor es el beneficio que proporcionan los betabloqueantes. Sin embargo, en ocasiones estos medicamentos no se toleran por sus efectos secundarios (como sibilancias, cansancio y sensación de frío en las extremidades) y no siempre se obtiene alguna mejoría.

Tomar hipolipemiantes (medicamentos que reducen la concentración de lípidos) y cambiar de alimentación disminuye el riesgo de muerte después de un infarto de miocardio. Si existe un riesgo alto (sobre todo, en las personas obesas con diabetes), aunque no se hayan tenido infartos de miocardio ni accidentes cerebrovasculares con anterioridad, los hipolipemiantes pueden causar una mejoría.

Tras un infarto de miocardio se suelen recetar inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA), como el captopril, el enalapril, el lisinopril y el ramipril. Estos medicamentos ayudan a prevenir la muerte y la aparición de insuficiencia cardíaca, sobre todo si se ha sufrido un infarto de miocardio masivo o si se tiene insuficiencia cardíaca.

Es necesario introducir cambios en el estilo de vida. Se deben consumir alimentos que contengan pocas grasas y aumentar la cantidad de ejercicio que se practica. Si existe hipertensión o diabetes, estos trastornos deben mantenerse controlados. Es necesario dejar de fumar.

Tratamiento

Los síndromes coronarios agudos son urgencias médicas. La mitad de las muertes por infarto de miocardio se producen en las primeras 3 o 4 horas posteriores a la aparición de los síntomas. Cuanto antes se inicie el tratamiento, mayores serán las probabilidades de supervivencia. Si los síntomas indican un síndrome coronario agudo, debe recibirse atención médica inmediata. El traslado urgente al servicio de urgencias de un hospital en una ambulancia con personal preparado puede salvar la vida del paciente. Intentar ponerse en contacto con el médico que suele atender a esa persona, con los familiares, con los amigos o con los vecinos es una pérdida de tiempo peligrosa.

Por lo general, cuando se está sufriendo un infarto de miocardio, se ingresa en un hospital que dispone de una unidad coronaria. Se vigilan rigurosamente el ritmo cardíaco, la presión arterial y la concentración de oxígeno en sangre con el fin de evaluar el grado de daño cardíaco. El personal de enfermería de estas unidades ha recibido formación específica para atender a personas con problemas cardíacos y para tratar las urgencias cardíacas.

Si no se presentan complicaciones durante los primeros días, la mayoría de las personas pueden salir del hospital sin peligro en el espacio de pocos días más. Si surgen complicaciones, como arritmias, o si el corazón ya no puede bombear de forma adecuada, la hospitalización puede prolongarse.

¿Sabías que...?

  • La mitad de las muertes por infarto de miocardio se producen en las primeras 3 o 4 horas posteriores a la aparición de los síntomas.

Tratamiento farmacológico

Si se sospecha que se está sufriendo un infarto de miocardio, se debe llamar a una ambulancia y masticar inmediatamente una aspirina (ácido acetilsalicílico). Si no se ha tomado aspirina (ácido acetilsalicílico) en casa o no se la ha dado el personal del equipo de urgencias, se le administrará en cuanto llegue al hospital. Este tratamiento aumenta las probabilidades de supervivencia, ya que reduce el tamaño del coágulo, si está presente, en la arteria coronaria. Si existe alergia a la aspirina (ácido acetilsalicílico), se puede administrar clopidrogel en su lugar. En ocasiones, se toman los dos fármacos, la aspirina (ácido acetilsalicílico) y el clopidogrel.

Dado que disminuir la carga de trabajo del corazón también contribuye a limitar el daño en los tejidos, se suele administrar un beta-bloqueante para disminuir la frecuencia cardíaca. De esta forma, el corazón trabaja menos y el área de tejido dañada es menor.

En general, también está indicado el uso de un anticoagulante, como la heparina, para prevenir la formación de más coágulos de sangre.

A menudo, se suministra oxígeno con una cánula nasal o una mascarilla. Al proporcionar más oxígeno al corazón, se limita al mínimo posible el daño del tejido cardíaco.

Puesto que la mayoría de las personas que han sufrido un infarto de miocardio presentan una ansiedad y un malestar general grave, se suele administrar morfina. Este fármaco tiene un efecto calmante y disminuye la carga de trabajo del corazón. Por lo general, se administra nitroglicerina, que alivia el dolor al reducir la carga de trabajo del corazón y, probablemente, al dilatar las arterias. La nitroglicerina se suele administrar primero bajo la lengua y luego por vía intravenosa.

Los inhibidores de la ECA (ver Terapia con fármacos) ayudan a reducir la hipertrofia cardíaca, lo que aumenta la posibilidad de supervivencia en muchas personas. Por lo tanto, estos medicamentos se suelen administrar durante los primeros días después de un infarto de miocardio y se recetan por tiempo indefinido.

Las estatinas (ver Dislipidemia (dislipemia) : Tratamiento) se utilizan desde hace tiempo para prevenir la arteriopatía coronaria, pero recientemente se ha descubierto que también suponen un beneficio a corto plazo en los casos de síndrome coronario agudo. Se administrará una estatina, si no se está ya tomando una.

Apertura de las arterias

Decidir el momento y el método para abrir una arteria coronaria obstruida depende del tipo de síndrome coronario agudo y de la rapidez con la que se llegó al hospital.

Si existe infarto de miocardio con elevación del segmento ST, la apertura inmediata de la arteria coronaria ocluida salva tejido miocárdico y mejora la supervivencia. Se intenta abrir la arteria ocluida durante los 90 minutos posteriores a la llegada al hospital. Dado que cuanto antes se abra la arteria, mejor será el pronóstico, es mucho más importante el tiempo que transcurre hasta abrirla que el método que se elija para destaparla. Parece que las intervenciones percutáneas (ICP), como la angioplastia y la colocación de un stent (ver Introducción a la arteriopatía coronaria (coronariopatía) : Intervención coronaria percutánea (ICP)), son el mejor método para destapar arterias durante un infarto de miocardio con elevación del segmento ST, si se pueden realizar en un plazo de 90 minutos. Si este procedimiento no se puede llevar a cabo en ese margen de tiempo, se administran medicamentos por vía intravenosa que disuelven los coágulos (trombolíticos o fibrinolíticos) y abren las arterias. Algunos trombolíticos son la estreptocinasa (estreptoquinasa), la tenecteplasa (TNK-tPA), la alteplasa y la reteplasa. Aunque siempre es mejor si se administran de manera inmediata, estos fármacos son eficaces durante las primeras 3 horas y pueden tener cierta acción benéfica hasta 12 horas después de haber llegado al hospital. En algunas zonas, paramédicos con formación específica administran trombolíticos antes de llegar al hospital. En la mayoría de los casos en que se administran trombolíticos, suele ser necesario realizar una ICP antes de recibir el alta hospitalaria.

Puesto que los trombolíticos pueden provocar hemorragia, no suelen administrarse cuando existen hemorragias en el tubo digestivo o hipertensión arterial grave, cuando se ha sufrido un accidente cerebrovascular hace poco o cuando se ha sufrido una intervención quirúrgica durante el mes previo al infarto de miocardio. Las personas de edad avanzada que no pertenezcan a ninguno de los grupos anteriores pueden recibir un tratamiento con trombolíticos sin riesgo de que haya problemas.

Si se sufre una angina inestable o un infarto de miocardio sin elevación del segmento ST, no se suelen obtener beneficios tras someterse a una ICP o recibir trombolíticos. Sin embargo, por lo general, se realiza una ICP durante el primer o el segundo día de hospitalización. Si los síntomas empeoran o aparecen complicaciones, la ICP puede llevarse a cabo antes.

En ocasiones, se realizan injertos de revascularización coronaria (CABG, por sus siglas en inglés, ver Introducción a la arteriopatía coronaria (coronariopatía) : Injertos de revascularización coronaria (bypass coronario)) durante un síndrome coronario agudo, en lugar de utilizar como tratamiento la ICP o los trombolíticos. Por ejemplo, puede realizarse un CABG si no se pueden tomar trombolíticos (porque se tienen hemorragias, porque se ha sufrido un accidente cerebrovascular hace poco o porque se ha sufrido una intervención de cirugía mayor hace poco). El CABG también puede realizarse si la ICP está contraindicada por la gravedad de la arteriopatía (por ejemplo, porque existen muchas obstrucciones o porque el corazón no funciona de forma adecuada, sobre todo si también se padece diabetes).

Medidas generales

Dado que el esfuerzo físico, el malestar psíquico y la excitación someten al corazón a un estrés adicional y lo hacen trabajar con más intensidad, cuando se acaba de sufrir un infarto de miocardio debe permanecerse en cama en una habitación tranquila durante algunos días. Por lo general, las visitas se restringen a los miembros de la familia y a los amigos cercanos. Se permite ver la televisión siempre y cuando los programas no produzcan estrés.

Fumar (uno de los principales factores de riesgo de arteriopatía coronaria) está prohibido en los hospitales. Además, un síndrome coronario agudo es una razón indiscutible para dejar de fumar.

Se pueden utilizar emolientes intestinales y laxantes suaves para evitar el estreñimiento, de manera que no sea necesario realizar ningún esfuerzo. Si no se puede orinar o si los médicos o el personal de enfermería deben realizar un seguimiento de la cantidad exacta de orina producida, se utiliza una sonda urinaria.

Si existe nerviosismo intenso (que puede someter al corazón a un esfuerzo adicional), se receta un ansiolítico suave (por ejemplo, una benzodiazepina como el lorazepam). Para tratar la depresión leve y la negación de la enfermedad, que son frecuentes después de un síndrome coronario agudo, se aconseja a la persona afectada que exprese sus sentimientos a los médicos, al personal de enfermería, a los asistentes sociales y a sus familiares y amigos. En algunos casos, es necesario administrar un antidepresivo.

Alta hospitalaria

Después de 3 o 4 días en el hospital por un infarto de miocardio, si no ha habido complicaciones y la ICP ha tenido éxito, se da el alta; en otros casos la estancia hospitalaria es más larga.

Por lo general, se recetan nitroglicerina, aspirina (ácido acetilsalicílico) y a veces clopidogrel, un beta-bloqueante, un inhibidor de la ECA y un hipolipemiante (con frecuencia, una estatina, ver Hipolipemiantes).

Si se padece el síndrome de Dressler, suele recetarse aspirina (ácido acetilsalicílico). En general, la colquicina (frecuentemente denominada colchicina) causa efecto muy rápidamente. El síndrome puede recidivar incluso con el tratamiento adecuado. Si el síndrome de Dressler es grave, puede ser necesario administrar un corticoesteroide o un antiinflamatorio no esteroideo distinto del ácido acetilsalicílico (como el ibuprofeno) durante un periodo breve.

Rehabilitación

La rehabilitación cardíaca, que es un factor importante para la recuperación, comienza en el hospital. La permanencia en cama durante más de 2 o 3 días lleva a una pérdida del buen estado físico y, en ocasiones, a depresión y a sensación de impotencia. Salvo que se presenten complicaciones, suele ser posible sentarse en una silla, hacer ejercicios pasivos, utilizar sillas-inodoro y leer el primer día después de un infarto de miocardio. Hacia el segundo o el tercer día, se recomienda caminar hasta el baño y realizar actividades que no requieran esfuerzo, tras lo que se irán incorporando más actividades cada día que pasa (ver Rehabilitación en las enfermedades cardíacas). Si todo va bien, las actividades habituales se pueden retomar en unas 6 semanas. Es bueno participar con regularidad en un programa de ejercicio adecuado a la edad y a la salud cardíaca de la persona.

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