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Aneurismas de las arterias de los brazos, las piernas, el corazón y el cerebro

Por John W. Hallett, Jr., MD, Clinical Professor, Division of Vascular Surgery, Medical University of South Carolina

Un aneurisma es una protuberancia (dilatación) en la pared de una arteria.

Los aneurismas pueden ocurrir en cualquier arteria. Sin embargo, se producen más frecuentemente en la aorta, que es la arteria principal que transporta la sangre desde el corazón hacia el resto del cuerpo. La aorta se sitúa en el torso. También se pueden producir aneurismas en las arterias situadas fuera del torso, incluyendo aquellas ubicadas en:

  • Las piernas (arterias femorales en los muslos, arterias poplíteas detrás de las rodillas)

  • El corazón (arterias coronarias)

  • El cuello (arterias carótidas)

  • El cerebro (arterias cerebrales)

Los aneurismas de las arterias carótidas son inusuales. Las personas de edad avanzada tienen más tendencia a presentar aneurismas que las más jóvenes.

Causas

Muchos de estos aneurismas son el resultado de una debilidad de la pared arterial que existe desde el nacimiento (congénita), o de la ateroesclerosis (endurecimiento de las arterias). Otros son consecuencia de heridas por arma blanca o por armas de fuego, así como de infecciones bacterianas o fúngicas en la pared arterial que se desarrollan tras el uso de drogas intravenosas como la heroína. Estas infecciones suelen iniciarse en otras partes del cuerpo, normalmente en una válvula cardíaca, antes de propagarse hasta la pared arterial.

Aneurisma cerebral

También se pueden producir aneurismas en las arterias del cerebro. La rotura de un aneurisma cerebral puede producir una hemorragia en el tejido del cerebro (hemorragia intracerebral) y derivar en accidente cerebrovascular. Puesto que los aneurismas cerebrales están localizados cerca del cerebro y, por lo general, son pequeños, su diagnóstico y tratamiento difieren de los de otros aneurismas. Los aneurismas cerebrales de mayor tamaño que permanecen íntegros pueden causar dolor de cabeza, dilatación de las pupilas, y los síntomas de un accidente cerebrovascular, tales como debilidad o parálisis en un lado del cuerpo.

El diagnóstico de un aneurisma cerebral se realiza mediante una TC o una resonancia magnética nuclear (RMN) especializadas, que se denominan angiografía por TC o angiografía por resonancia magnética.

Los aneurismas infectados de las arterias cerebrales son particularmente peligrosos, por lo que es importante comenzar un tratamiento lo antes posible. El diagnóstico se realiza mediante angiografía por TC, análisis de sangre que muestran un aumento en los niveles de inflamación (como un nivel de proteína C-reactiva elevado o una velocidad de sedimentación globular elevada), y cultivos de sangre que muestran el crecimiento de microorganismos (tales como bacterias u hongos). Dicho tratamiento suele incluir una reparación quirúrgica. A veces se puede hacer un tratamiento menos invasivo (espiral endovascular). El espiral endovascular implica la inserción de un tubo de plástico flexible, pequeño pero largo (catéter), en una arteria en el muslo. El catéter se empuja a través de las arterias del cuerpo hasta el aneurisma de la arteria cerebral. A través del catéter se inyectan bobinas pequeñas de metal en la abertura del aneurisma para bloquear el flujo de sangre hacia su interior, permitiendo así que el aneurisma se contraiga. Cuando se infecta el aneurisma, se administran antibióticos o antifúngicos.

Síntomas

La mayoría de los aneurismas poplíteos y femorales son asintomáticos. Sin embargo, se pueden formar coágulos de sangre en el interior del aneurisma. Si dichos coágulos se liberan, se les denomina émbolos. Los émbolos pueden moverse con el flujo de sangre hasta que bloquean una arteria de la parte inferior de la pierna o del pie, provocando la aparición repentina de dolor severo, entumecimiento, y enfriamiento de los pies, que también pueden adquirir un aspecto pálido. Los émbolos procedentes de aneurismas de la carótida pueden obstruir una arteria del cerebro y causar un accidente cerebrovascular. Los émbolos procedentes de aneurismas de las arterias del corazón (arterias coronarias) pueden dar lugar a la aparición de los síntomas de un ataque cardíaco (como dolor en el pecho y dificultad para respirar). A diferencia de los aneurismas de la aorta o de las arterias cerebrales, los aneurismas de las arterias poplíteas, femorales, coronarias y carótidas rara vez se rompen.

Diagnóstico

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen

Los médicos pueden diagnosticar aneurismas en las piernas o en los brazos mediante la palpación de una masa pulsátil en la arteria afectada. La ecografía o la tomografía computarizada (TC) permiten confirmar el diagnóstico. Los aneurismas de las arterias del corazón o del cerebro requieren otras pruebas de diagnóstico por la imagen, como por ejemplo la angiografía convencional, la angiografía por TC o la angiografía por resonancia magnética.

Tratamiento

  • Cirugía o reparación mediante endoprótesis vascular

Por lo general, para la reparación de aneurismas poplíteos con un diámetro mayor de 2,5 cm se practica una intervención quirúrgica abierta o se implanta una endoprótesis vascular. Una endoprótesis vascular es un tubo hueco de material sintético con una malla elástica en la pared. La pared de malla, que es como una pajita plegable, permite que la endoprótesis vascular se comprima lo suficiente como para ser insertada en una arteria por un alambre largo y delgado. Los médicos pasan la endoprótesis vascular a través de la arteria hasta el aneurisma. A continuación, se abre la endoprótesis, con lo que se forma un conducto estable para el flujo sanguíneo. Las endoprótesis vasculares se pueden utilizar también para los aneurismas coronarios, aunque en estos casos a veces se requiere cirugía de revascularización de la arteria coronaria. Los aneurismas femorales y carotídeos se suelen reparar quirúrgicamente.

Los aneurismas infectados suelen requerir tratamiento con antibióticos o antifúngicos y pueden precisar cirugía, en función de su localización, de su tamaño, y del alcance de los daños provocados por la infección.