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Arteriopatía periférica funcional

Por John W. Hallett, Jr., MD, Clinical Professor of Surgery;Chief Innovation Officer, Medical University of South Carolina;Roper St Francis Healthcare

La arteriopatía periférica funcional es mucho menos frecuente que la arteriopatía periférica oclusiva. Por lo general, las arterias de los brazos y de las piernas se ensanchan (dilatan) y se estrechan (constriñen) en respuesta a los cambios del entorno, como, por ejemplo, a un cambio de temperatura. La arteriopatía periférica funcional suele aparecer cuando los mecanismos normales que dilatan y contraen estas arterias actúan en exceso. Las arterias afectadas se contraen con más fuerza y con mayor frecuencia. Estas alteraciones en la constricción pueden estar producidas por un defecto hereditario en los vasos sanguíneos, por trastornos de los nervios que controlan la dilatación y la constricción de las arterias (sistema nervioso simpático), por lesiones o por fármacos.

Síndrome de Raynaud

El síndrome de Raynaud es una enfermedad en que las arterias de pequeño calibre (arteriolas), en particular de los dedos de las manos o de los pies, se contraen con más fuerza en respuesta a la exposición al frío.

  • La constricción de las arterias de pequeño calibre provoca que los dedos se vuelvan pálidos o azulados, se entumezcan u hormigueen.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas.

  • Es conveniente mantenerse caliente, evitar el tabaco y, a veces, tomar medicamentos.

El término «síndrome de Raynaud primario» indica que no existe una causa aparente, mientras que el término «síndrome de Raynaud secundario» indica que sí existe una causa conocida. El síndrome de Raynaud primario es mucho más frecuente que el secundario. Entre un 60% y un 90% de los casos de síndrome de Raynaud primario se presentan en mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 40 años.

Cualquier factor que estimule el sistema nervioso simpático, sobre todo la exposición al frío aunque también una emoción fuerte, puede producir la constricción de las arterias y, así, desencadenar el síndrome de Raynaud primario.

El síndrome de Raynaud secundario puede estar producido por esclerodermia, artritis reumatoide, ateroesclerosis, crioglobulinemia, hipotiroidismo (glándula tiroidea hipoactiva), lesiones o reacciones a determinados fármacos, como los betabloqueantes, la clonidina y los antijaquecosos ergotamina y metisergida. La administración de estos medicamentos, que constriñen los vasos sanguíneos, también puede empeorar el síndrome de Raynaud secundario. Algunas personas afectadas por este síndrome presentan también otros trastornos que aparecen cuando las arterias muestran una tendencia a la constricción. Entre ellos se incluyen las jaquecas (migrañas), la angina variable y el aumento de la presión arterial en los pulmones (hipertensión pulmonar). La asociación del síndrome de Raynaud con estos trastornos indica que la causa de la constricción arterial es la misma en todos ellos.

Síntomas y diagnóstico

La constricción de las arterias de pequeño calibre de los dedos de las manos y de los pies comienza con rapidez y se suele desencadenar por la exposición al frío. Su duración oscila entre minutos y horas. Los dedos afectados se vuelven pálidos o azulados, por lo general, en forma de parches. Puede verse afectado únicamente un dedo de la mano o del pie, o segmentos de uno o más dedos. Por lo general, no se percibe dolor en los dedos, pero son frecuentes el entumecimiento, el hormigueo y la sensación de ardor. Cuando el episodio finaliza, las zonas afectadas se ven más rojas de lo normal o azuladas. Calentar las manos o los pies restablece el color y la sensibilidad normales. Sin embargo, cuando los episodios del síndrome de Raynaud se repiten y son prolongados (sobre todo, en presencia de esclerodermia), la piel de los dedos se vuelve lisa, brillante y tirante. Asimismo, pueden aparecer pequeñas llagas dolorosas en las yemas.

A menudo, no es necesario ningún procedimiento para establecer el diagnóstico. Si se sospecha que una arteria está obstruida, puede realizarse una ecografía Doppler en color (ver Ecocardiografía y otros procedimientos con ultrasonidos) antes y después de la exposición al frío. También se realizan análisis de sangre para detectar posibles enfermedades que puedan causar el síndrome de Raynaud.

Tratamiento

El síndrome de Raynaud leve puede controlarse protegiendo la cabeza, el tronco, los brazos y las piernas del frío. Si los síntomas se experimentan cuando se está alterado, puede ser útil administrar sedantes suaves o biorretroalimentación. Si se padece este trastorno, debe dejarse de fumar porque la nicotina constriñe los vasos sanguíneos.

Por lo general, el síndrome de Raynaud primario se trata administrando un bloqueante de los canales del calcio (ver Fármacos antihipertensores), como la nifedipina, el amlodipino, el diltiazem o el verapamilo, aunque la prazosina también es eficaz.

Si el trastorno se vuelve progresivamente incapacitante y otros tratamientos no funcionan, se pueden bloquear temporalmente o incluso cortar ciertos nervios simpáticos con el fin de aliviar los síntomas mediante un procedimiento denominado simpatectomía. Sin embargo, a pesar de que este procedimiento es eficaz, puede que el alivio solo dure de 1 a 2 años. Este procedimiento suele ser más efectivo para tratar el síndrome de Raynaud primario que para tratar el secundario. Si se padece el síndrome de Raynaud secundario, debe tratarse el trastorno que lo origina.

Acrocianosis

La acrocianosis se caracteriza por una coloración azulada, persistente e indolora de ambas manos y, con menor frecuencia, de ambos pies, provocada por un espasmo de los vasos sanguíneos de pequeño calibre de la piel, por lo general, como respuesta al frío.

Esta afección suele presentarse en mujeres. Los dedos de la mano, la mano o los dedos de los pies y los propios pies tienden a ponerse fríos y azulados. Estos, a veces, sudan profusamente y se hinchan. Por lo general, la exposición al frío intensifica la coloración azulada de la piel y el calor la reduce. No es un trastorno doloroso ni tampoco daña la piel.

El diagnóstico se basa en los síntomas, que deben estar limitados a las manos o a los pies y persistir aun cuando los pulsos son normales. Por lo general, no necesita tratamiento. Se recetan fármacos que dilatan las arterias (como los bloqueantes de los canales de calcio, ver ver Fármacos antihipertensores), pero estos medicamentos, por lo general, no son eficaces. Suele bastar con asegurar al paciente que la aparición de una coloración azulada de la piel no indica la presencia de una afección grave.

Eritromelalgia

La eritromelalgia es un síndrome infrecuente en el que las arteriolas de la piel se dilatan de forma periódica y producen un dolor urente, con lo que la piel se percibe caliente, y los pies, y con menor frecuencia las manos, enrojecen.

Por lo general, no se conoce la causa de este síndrome. En estos casos, la afección puede comenzar a partir de los 20 años de edad. Existe una forma rara de eritromelalgia hereditaria que comienza en el nacimiento o durante la infancia. Con menor frecuencia, el trastorno está relacionado con la administración de algunos fármacos, como la nifedipina (un antihipertensor) o la bromocriptina (un fármaco que se utiliza para tratar la enfermedad de Parkinson). También aparece con ciertos trastornos sanguíneos (trastornos mieloproliferativos), hipertensión arterial, insuficiencia venosa, diabetes mellitus, lupus eritematoso sistémico (lupus), artritis reumatoide, liquen escleroatrófico, gota, trastornos de la médula espinal o esclerosis múltiple. La eritromelalgia, por lo general, aparece de 2 a 3 años antes de que se diagnostique la enfermedad subyacente.

Los síntomas incluyen un dolor urente en los pies o en las manos, que se notan calientes y presentan color rojo. Las crisis suelen estar desencadenadas por temperaturas ambientales de más de 29 °C, aproximadamente. Los síntomas pueden continuar siendo leves durante años o evolucionar y volverse totalmente incapacitantes.

El diagnóstico de eritromelalgia se basa en los síntomas y en el aumento de la temperatura de la piel. Se suelen realizar pruebas, como el recuento de células sanguíneas (hemograma), con el fin de identificar la causa.

El tratamiento consiste en hacer reposo, con las piernas o los brazos elevados, y en colocar bolsas frías en las piernas o en los brazos o sumergirlos en agua fría. Estas medidas a veces alivian los síntomas o previenen las crisis. Si no se identifica ningún trastorno subyacente, la aspirina (ácido acetilsalicílico) o la gabapentina pueden aliviar los síntomas, aunque la aspirina (ácido acetilsalicílico) no alivia los síntomas en el tipo de trastorno que comienza en el nacimiento o durante la infancia. Tratar el trastorno subyacente una vez identificado también alivia los síntomas.