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Efectos del envejecimiento sobre el corazón y los vasos sanguíneos

Por Michael J. Shea, MD, University of Michigan Health Systems

A medida que se envejece, el corazón tiende a agrandarse ligeramente, desarrolla unas paredes más gruesas y las cavidades se vuelven un poco más grandes. El aumento de tamaño es debido principalmente a un aumento en el tamaño de las propias células del músculo cardíaco.

Durante el reposo, un corazón más viejo funciona casi del mismo modo que un corazón más joven, pero la frecuencia cardíaca es ligeramente más baja. Sin embargo, durante el ejercicio, un corazón más viejo no puede incrementar la cantidad de sangre bombeada con la misma eficacia con la que lo hace un corazón más joven.

Las paredes de las arterias y las arteriolas se vuelven más gruesas, y el espacio dentro de las arterias se expande ligeramente. El tejido elástico en el interior de las paredes de las arterias y arteriolas se pierde. Conjuntamente, estos cambios hacen que los vasos se vuelvan más rígidos y menos elásticos.

Dado que las arterias y arteriolas se vuelven menos elásticas a medida que las personas envejecen, no pueden relajarse tan rápidamente durante el bombeo rítmico del corazón. Por consiguiente, cuando el corazón se contrae (durante la sístole) la presión arterial aumenta más (a veces por encima de los valores normales) de lo que lo hace en personas más jóvenes. En las personas de edad avanzada es muy frecuente la elevación anómala de la presión arterial durante la sístole, mientras que la presión arterial permanece normal durante la diástole. Este trastorno se denomina hipertensión sistólica aislada (ver Hipertensión arterial).

Muchos de los efectos del envejecimiento sobre el corazón y los vasos sanguíneos pueden reducirse mediante la práctica regular de ejercicio. El ejercicio ayuda a mantener la salud cardiovascular y muscular a medida que se va envejeciendo. El ejercicio siempre es beneficioso, con independencia de la edad en que se inicie.