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Vasos sanguíneos

Por Michael J. Shea, MD, University of Michigan Health Systems

Los vasos sanguíneos constituyen un sistema formado por arterias, arteriolas, capilares, vénulas y venas. Toda la sangre se transporta por el interior de estos vasos. Las arterias (que son fuertes, flexibles y elásticas) transportan la sangre desde el corazón y soportan las mayores presiones. Debido a su elasticidad, las arterias se contraen (retroceso) pasivamente cuando el corazón se relaja entre latidos y así ayudan a mantener la presión arterial. Las arterias se ramifican en vasos cada vez más estrechos, que finalmente llegan a ser diminutos y se denominan arteriolas. Las arterias y las arteriolas poseen paredes musculares cuyo diámetro puede ajustarse con el fin de aumentar o disminuir el flujo de sangre que va hacia una zona determinada del cuerpo.

Los capilares son vasos minúsculos, con paredes extremadamente finas, que actúan como puentes entre las arterias (que transportan la sangre que sale del corazón) y las venas (que la transportan de vuelta hacia él). Por un lado, las paredes delgadas de los capilares permiten que el oxígeno y las sustancias nutritivas pasen desde la sangre hacia los tejidos y por otro lado permiten que los productos de desecho pasen desde los tejidos hacia la sangre.

La sangre fluye desde los capilares hacia unas venas muy pequeñas denominadas vénulas y después pasa a las venas, que la conducen de vuelta hasta el corazón. Las venas tienen paredes mucho más delgadas que las arterias, principalmente porque la presión en las venas es mucho menor. Las venas se pueden ensanchar (dilatar) a medida que aumenta la cantidad de líquido que transportan. Algunas venas, especialmente las de las piernas, tienen válvulas para evitar que la sangre fluya hacia atrás. Cuando hay un escape en estas válvulas, el reflujo de sangre puede provocar que las venas se estiren y se vuelvan alargadas y serpenteantes (tortuosas). Las venas estiradas, tortuosas, cerca de la superficie del cuerpo se denominan varices o venas varicosas (ver Varices).

Vasos sanguíneos: circulación de la sangre

La sangre viaja desde el corazón a través de las arterias, que se ramifican en vasos cada vez más pequeños, que finalmente se transforman en arteriolas. Las arteriolas se conectan con vasos sanguíneos aún más pequeños, llamados capilares. A través de las delgadas paredes de los capilares, el oxígeno y los nutrientes pasan desde la sangre a los tejidos y los productos de desecho pasan desde los tejidos a la sangre. La sangre pasa desde los capilares a las vénulas y luego a las venas para volver después al corazón.

Las arterias y arteriolas tienen paredes musculares relativamente gruesas porque la presión arterial en ellas es alta y porque deben ajustar su diámetro para mantener la presión arterial y para controlar el flujo de sangre. Las venas y vénulas tienen paredes mucho más delgadas, menos musculosas que las arterias y arteriolas, en gran parte porque la presión en las venas y vénulas es mucho menor. Las venas pueden dilatarse para dar cabida a un mayor volumen de sangre.

Si un vaso sanguíneo se rompe, se desgarra o se corta, la sangre escapa, dando origen a una hemorragia. La sangre puede fluir fuera del cuerpo (hemorragia externa), o bien dentro de los espacios que están alrededor de los órganos o directamente en estos (hemorragia interna).

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