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Historia clínica y exploración física

Por Michael J. Shea, MD, University of Michigan Health Systems

El equipo médico pregunta en primer lugar por los síntomas. La presencia de dolor torácico, ahogo, palpitaciones y la hinchazón de piernas, tobillos, pies o abdomen sugieren la posibilidad de un trastorno cardíaco. La presencia de otros síntomas más generales, como fiebre, debilidad, cansancio, pérdida del apetito y una sensación de enfermedad o malestar general (indisposición), puede sugerir la existencia de un trastorno cardíaco. Si se producen dolor, hormigueo o calambres musculares en una pierna es posible que una arteriopatía periférica afecte las arterias de los brazos, las piernas y el tronco (excepto las que irrigan el corazón).

A continuación, el equipo médico pregunta por:

  • Infecciones anteriores

  • Exposición previa a productos químicos

  • El consumo de fármacos, productos naturistas sin receta, drogas, alcohol y tabaco

  • El ambiente familiar y laboral

  • Las actividades de ocio

  • Antecedentes familiares de trastornos cardiovasculares

Durante la exploración física el equipo médico registra el peso de la persona y su estado general. También se controlan la presión arterial y la temperatura corporal. Los médicos buscan signos de palidez, sudor o mareos, que pueden ser indicadores sutiles de trastornos cardíacos. Se debe registrar también el estado de ánimo y la sensación de bienestar de la persona en cuestión, que también pueden verse afectados cuando se sufre una dolencia cardíaca.

Se debe valorar el color de la piel, ya que la palidez o una coloración azulada o purpúrea (cianosis) pueden indicar anemia o mala circulación sanguínea. Estos signos indican que la piel recibe una cantidad insuficiente de oxígeno a través de la sangre a causa de un trastorno pulmonar, una insuficiencia cardíaca o problemas circulatorios de distinta índole.

Debe tomarse el pulso en las arterias del cuello, debajo de los brazos, en los codos y las muñecas, en el abdomen, en las ingles, detrás de las rodillas, en los tobillos y en los pies con el objeto de valorar si el flujo circulatorio es adecuado y simétrico en ambos lados del cuerpo. Una anomalía puede sugerir la presencia de un trastorno cardiovascular.

Las venas del cuello deben examinarse con la persona acostada con la parte superior del cuerpo elevada un ángulo de 45°. Estas venas se examinan porque están conectadas directamente a la aurícula derecha (la cavidad superior del corazón que recibe la sangre pobre en oxígeno que proviene del organismo), de modo que indican el volumen y la presión de la sangre al entrar en el lado derecho del corazón.

El médico presiona con el dedo la piel de los tobillos y las piernas y, a veces, la parte inferior de la espalda, con el fin de detectar una acumulación de líquidos (edema) en los tejidos situados debajo de la piel.

La retina, la membrana sensible a la luz situada en la superficie interna del ojo, es el único lugar donde el médico puede visualizar directamente las venas y arterias. El médico utiliza un oftalmoscopio (ver ¿Qué es un oftalmoscopio?) para ver los vasos sanguíneos de la retina. Las anomalías visibles en la retina son frecuentes en personas con hipertensión arterial, diabetes, arterioesclerosis e infecciones bacterianas de las válvulas cardíacas.

El médico explora el tórax para determinar si la frecuencia y los movimientos respiratorios son normales. Golpeando (percusión) el pecho con los dedos, el médico puede determinar si los pulmones están llenos de aire, como es normal, o bien si contienen líquido, lo cual no es normal. La percusión también permite determinar si la membrana que envuelve el corazón (pericardio) o las capas de membranas que recubren los pulmones (pleura) contienen líquido. El fonendoscopio (o estetoscopio) se emplea para auscultar los sonidos de la respiración y determinar si el flujo de aire es normal o si hay alguna obstrucción, y para comprobar si los pulmones contienen líquido debido a una insuficiencia cardíaca.

El médico, mediante la colocación de una mano sobre el tórax del afectado, puede sentir (palpar) la zona en que el latido cardíaco es más fuerte y así determinar el tamaño del corazón. También se puede determinar la calidad y la fuerza de las contracciones durante cada latido. A veces, un flujo sanguíneo anómalo y turbulento dentro de los vasos o entre las cavidades del corazón provoca una vibración que se percibe con las yemas de los dedos o con la palma de la mano (frémito).

También es posible identificar con un fonendoscopio (auscultación) los distintos sonidos originados por la apertura y cierre de las válvulas cardíacas. Las anomalías en las válvulas y otras partes del corazón crean turbulencias en la circulación sanguínea que generan sonidos característicos denominados soplos cardíacos valvulares. El flujo sanguíneo turbulento aparece generalmente cuando la sangre pasa por válvulas estrechas o que no cierran bien. Sin embargo, no todas las dolencias cardíacas provocan soplos cardíacos valvulares ni todos ellos indican la existencia de una dolencia cardíaca. Por ejemplo, las mujeres embarazadas generalmente tienen soplos cardíacos valvulares debido al aumento normal del flujo sanguíneo. Estos soplos inofensivos son también frecuentes en lactantes y niños debido a la rapidez con que la sangre fluye a través de las pequeñas estructuras de su corazón. A medida que las paredes de los vasos, las válvulas y otros tejidos se van endureciendo con el envejecimiento, el flujo sanguíneo puede volverse turbulento, aunque no exista una dolencia cardíaca grave previa. Además, el médico puede oír golpes secos (clics) y chasquidos cuando se abre una válvula de modo anómalo. En los afectados por insuficiencia cardíaca se ausculta con frecuencia un ritmo de galope (un sonido semejante al galope de un caballo), debido a la presencia de uno o dos ruidos cardíacos adicionales.

Cuando se escucha a través de un fonendoscopio, un flujo sanguíneo turbulento produce un soplo cardíaco valvular como si la sangre cayera de forma turbulenta sobre una válvula cardíaca disfuncional. También se oye un sonido similar llamado soplo, producido por el paso de la sangre a través de una arteria irregular o con estrechamientos. Un soplo indica que la ateroesclerosis, que es un gran factor de riesgo para un accidente isquémico transitorio, está presente.

Flujo sanguíneo turbulento

(Audio proporcionado por Morton Tavel, MD)

El médico puede escuchar el sonido del flujo sanguíneo turbulento (soplos periféricos) mediante la colocación del fonendoscopio sobre las arterias y las venas en cualquier lugar del cuerpo. Los soplos periféricos pueden ser consecuencia del estrechamiento de los vasos sanguíneos, el aumento de flujo sanguíneo o una conexión anómala entre una arteria y una vena (fístula arteriovenosa).

El médico palpa también el abdomen para determinar si el hígado presenta un aumento de tamaño. El crecimiento del hígado puede indicar que existe una acumulación de sangre en las principales venas que conducen al corazón. La hinchazón del abdomen debida a acumulación de líquido puede indicar insuficiencia cardíaca. Presionando suavemente en el abdomen, el médico examina el pulso y determina la amplitud de la aorta abdominal.

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