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Corazón de atleta

Por Robert S. McKelvie, MD, PhD, MSc, McMaster University;Cardiac Health and Rehabilitation Center

El corazón de atleta (corazón de deportista) se refiere a los cambios fisiológicos normales que sufre el corazón en las personas que hacen regularmente ejercicio aeróbico vigoroso (por ejemplo, carreras o ciclismo de alta intensidad) y también en quienes realizan un entrenamiento físico intenso con pesas (levantamiento de pesas).

En una persona con corazón de atleta

  • El corazón es más grande.

  • Las paredes del corazón son más gruesas.

  • Las cámaras (cavidades) cardíacas son algo más grandes.

Este aumento de tamaño y grosor de las paredes permite al corazón bombear una cantidad de sangre sustancialmente mayor con cada latido. El mayor volumen de sangre con cada latido permite que el corazón bombee más despacio, lo que da lugar a un pulso más lento y más fuerte (que puede palparse en la muñeca y en cualquier otra parte del cuerpo) y en algunos casos a un soplo cardíaco. Estos soplos, que son los sonidos específicos que se generan al atravesar la sangre las válvulas del corazón, son totalmente normales en un deportista y no revisten peligro. El latido cardíaco de una persona con corazón de atleta puede ser irregular en reposo, pero se regulariza en cuanto inicia el ejercicio. La presión arterial es prácticamente igual a la de cualquier otra persona sana.

Las adaptaciones cardíacas que tienen lugar en el corazón de un atleta se asemejan a las que pueden ocurrir en ciertos trastornos cardíacos. Por ejemplo, el corazón puede estar aumentado de tamaño en la miocardiopatía y en la insuficiencia cardíaca. Los soplos pueden ocurrir en los trastornos de las válvulas del corazón, y un pulso irregular puede indicar un ritmo cardiaco anormal. Las principales diferencias entre el corazón de atleta y un corazón anormal es que en el corazón de atleta

  • El corazón y sus válvulas funcionan normalmente.

  • La persona no tiene un mayor riesgo de sufrir un ataque al corazón u otro transtorno cardíaco.

El sujeto no tiene síntomas. Generalmente, el médico sospecha que una persona tiene corazón de atleta durante un cribado sistemático o al evaluarla por otros síntomas no relacionados.

Diagnóstico

  • Electrocardiografía

La mayoría de los deportistas no necesitan extensas pruebas complementarias, pero suele hacerse una electrocardiografía (ECG), ya que es importante asegurarse de que no padece un trastorno cardíaco. El ECG permite detectar una gran variedad de alteraciones eléctricas del corazón. Estas pueden considerarse anómalas en una persona que no realiza ejercicio físico, pero son totalmente normales en un deportista.

Si la persona tiene dolor torácico o cualquier otro síntoma de un trastorno cardíaco, es necesario realizar pruebas complementarias, como la ecocardiografía y la ergometría (prueba de esfuerzo). Estas pruebas evalúan la estructura y función del corazón.

Tratamiento

  • No se precisa tratamiento

No se precisa tratamiento. Cuando un deportista deja de entrenar, el corazón de atleta desaparece lentamente, es decir, el tamaño del corazón y la frecuencia cardíaca tienden, gradualmente, a parecerse al patrón característico de una persona que no practica deporte. Dicho proceso puede tardar semanas o meses en ocurrir.

El corazón de atleta no parece afectar a la salud en modo alguno. Las poco frecuentes muertes súbitas de deportistas suelen deberse a una enfermedad cardíaca subyacente que no fue no detectada con anterioridad, más que a cualquier peligro resultante del corazón de atleta.