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Pericarditis crónica

Por Brian D. Hoit, MD, Professor of Medicine and Physiology and Biophysics;Director of Echocardiography, Harrington-McLaughlin Heart and Vascular Center, Case Western Reserve University;University Hospitals, Case Medical Center

La pericarditis crónica es una inflamación que se inicia de forma gradual, tiene larga duración y da lugar a una acumulación de líquido en la cavidad pericárdica o a un engrosamiento del pericardio.

  • Los síntomas pueden ser dificultad respiratoria, tos y fatiga.

  • El diagnóstico se confirma con una ecocardiografía y, en ocasiones, con otras pruebas.

  • Si se conoce la causa, se trata esta; en caso contrario, se recomiendan reposo, restricción de sal e ingesta de diuréticos para aliviar los síntomas.

  • En algunas ocasiones, es necesario extirpar el pericardio mediante intervención quirúrgica.

Una pericarditis se considera crónica si dura más de seis meses. Existen dos tipos principales de pericarditis crónica.

En la pericarditis exudativa crónica, el líquido se acumula lentamente en la cavidad pericárdica, entre las dos capas del pericardio.

La pericarditis constrictiva crónica, que es poco frecuente, aparece cuando se forma tejido cicatricial (fibroso) por todo el pericardio. Con el paso de los años el tejido fibroso tiende a contraerse, de manera que oprime el corazón. Esta presión evita que el corazón se llene normalmente y causa una forma de insuficiencia cardíaca. Sin embargo, debido a esta compresión, el corazón no se dilata como sucede en casi todos los tipos de insuficiencia cardíaca. Dado que se requiere una mayor presión para llenar el corazón comprimido, aumenta también la presión en las venas que llevan la sangre al corazón. Como consecuencia del aumento de la presión venosa, se escapa líquido de las venas, que se acumula en otras partes del cuerpo, como por ejemplo debajo de la piel. Ocasionalmente, la pericarditis constrictiva se produce más rápidamente (por ejemplo, en pocas semanas después de una cirugía cardíaca) y se considera subaguda.

Causas

Por lo general, se desconoce la causa de la pericarditis exudativa crónica; sin embargo, algunos motivos son el cáncer, la tuberculosis o una glándula tiroidea poco activa (hipotiroidismo).

Igualmente, tampoco suele conocerse la causa de la pericarditis constrictiva crónica, aunque algunas de las causas conocidas más frecuentes son las infecciones víricas y la radioterapia para el tratamiento del cáncer de mama o del linfoma pectoral.

La pericarditis constrictiva crónica también puede ser consecuencia de cualquier afección que produzca pericarditis aguda, como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico (lupus), una lesión previa, una intervención quirúrgica cardíaca o una infección bacteriana.

Tiempo atrás, la tuberculosis era la causa más frecuente de pericarditis crónica en los países desarrollados, pero en la actualidad es responsable de tan solo el 2% de los casos. En cambio, en otros lugares, como África e India, la tuberculosis todavía es la causa más frecuente de todas las formas de pericarditis.

Síntomas

Algunos síntomas son dificultad respiratoria, tos y fatiga. La tos se produce porque la presión elevada en las venas pulmonares hace que el líquido pase al interior de los alvéolos. La fatiga es consecuencia de que el pericardio afectado interfiera en la función de bombeo del corazón, de modo que este no puede bombear la cantidad de sangre suficiente para satisfacer las necesidades del organismo. A veces la inflamación ocurre sin síntomas.

Otros síntomas frecuentes son la acumulación de líquido en el abdomen (ascitis) y en las piernas (edema). A veces, el líquido se acumula en el espacio que se encuentra entre las dos capas de la pleura, las membranas que recubren los pulmones (esta afección se denomina derrame pleural, ver Derrame pleural). Sin embargo, la pericarditis crónica no suele causar dolor.

La pericarditis exudativa crónica causa pocos síntomas si el líquido se acumula lentamente, ya que el pericardio se puede estirar de forma gradual y así no se produce un taponamiento cardíaco. Pero si el líquido se acumula con rapidez, el corazón se comprime y se produce un taponamiento cardíaco.

Diagnóstico

Los síntomas son fundamentales para detectar la presencia de pericarditis crónica, sobre todo, cuando no existe otra razón que explique la ralentización del funcionamiento cardíaco (como hipertensión arterial, arteriopatía coronaria, miocardiopatía o valvulopatía).

El diagnóstico se confirma mediante una ecocardiografía (ver Ecocardiografía y otros procedimientos con ultrasonidos), que permite detectar la cantidad de líquido presente en la cavidad pericárdica y la formación de tejido fibroso alrededor del corazón. También permite detectar la presencia de un taponamiento cardíaco.

La radiografía de tórax permite identificar depósitos de calcio en el pericardio. Estos depósitos se observan en casi la mitad de los casos de pericarditis constrictiva crónica.

El diagnóstico puede confirmarse de dos maneras:

  • Cateterismo cardíaco

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen

El cateterismo cardíaco se utiliza para medir la presión de la sangre en las cavidades del corazón y en los vasos sanguíneos principales y, de esta forma, poder diferenciar la pericarditis de otros trastornos similares.

Se puede utilizar la resonancia magnética nuclear (RMN) o la tomografía computarizada (TC) para determinar el grosor del pericardio. En condiciones normales, el grosor del pericardio es inferior a 3 mm, pero en la pericarditis constrictiva crónica suele ser de unos 5 mm o más.

La biopsia ayuda a determinar la causa de la pericarditis crónica, por ejemplo, la tuberculosis. Esta consiste en una intervención quirúrgica exploratoria en la que se obtiene una pequeña muestra del pericardio para su examen al microscopio. Pero también se puede obtener una muestra insertando un pericardioscopio (un tubo de fibra óptica a través del cual se observa el pericardio y se extraen muestras de tejido) a través de una incisión en el tórax.

También se puede determinar la causa de la pericarditis analizando muestras de sangre y de líquido del pericardio.

¿Sabías que...?

  • Si fuese necesario, las personas podrían vivir sin pericardio, pero la intervención quirúrgica para extirparlo conlleva ciertos riesgos.

Tratamiento

En la medida de lo posible, se deben tratar las causas conocidas de la pericarditis exudativa crónica. Si la función cardíaca es normal, se adopta una actitud expectante, es decir, de observación. Cuando este trastorno ocasiona síntomas o si se sospecha una infección, se puede realizar una periocardiotomía con balón (ver Pronóstico y tratamiento) o un drenaje quirúrgico (ver Pronóstico y tratamiento).

En la pericarditis constrictiva crónica, los síntomas pueden aliviarse mediante la restricción de sal en la dieta y mediante la ingesta de diuréticos (fármacos que favorecen la eliminación de líquido). Sin embargo, el único tratamiento posible para curar la pericarditis constrictiva crónica es la extirpación quirúrgica del pericardio. La cirugía cura aproximadamente el 85% de los casos de pericarditis. No obstante, dado que el riesgo de muerte debida a esta intervención es del 5 al 15% (y es más elevada en personas con insuficiencia cardíaca grave), la mayoría de los pacientes no se someten a ella a menos que la enfermedad interfiera de forma considerable con su actividad diaria.

Los médicos suelen esperar para realizar la intervención quirúrgica hasta que los síntomas sean severos, pero antes de que éstos sean tan graves como para que ocurran mientras la persona está en reposo. El tratamiento médico puede controlar la enfermedad durante meses o incluso años y puede ser el único tratamiento necesario si la pericarditis constrictiva es subaguda (por ejemplo, después de una cirugía cardíaca).

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