Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita en lenguaje cotidiano.

Hipertensión arterial

Por George L. Bakris, MD, Professor of Medicine, Director, ASH Comprehensive Hypertension Center, University of Chicago School of Medicine

La hipertensión arterial se define como una elevación anómala de la presión en las arterias.

  • A menudo no es posible identificar la causa de la hipertensión, pero algunas veces se produce a consecuencia de una enfermedad renal subyacente o de un trastorno hormonal.

  • La obesidad, un estilo de vida sedentario, fumar, un consumo abusivo de alcohol o el exceso de sal en la dieta son factores que pueden desempeñar un papel activo en el desarrollo de la hipertensión en personas que tienen una tendencia hereditaria al desarrollo de dicha enfermedad.

  • En la mayoría de los afectados la hipertensión arterial no causa síntomas.

  • Los médicos establecen el diagnóstico después de medir la presión arterial dos o más veces.

  • Se aconseja a las personas hipertensas perder peso, dejar de fumar y seguir una dieta baja en sal y en grasas.

  • Se prescribe un tratamiento con medicamentos antihipertensores.

Mucha gente asocia la palabra hipertensión con tensión excesiva, nerviosismo o estrés. En términos médicos, la hipertensión se refiere a la presión arterial elevada, independientemente de la causa. Dado que por lo general no causa síntomas durante muchos años, hasta que se deteriora un órgano vital, se la ha denominado «el asesino silencioso». La hipertensión arterial no controlada aumenta el riesgo de trastornos como accidentes cerebrovasculares, aneurismas, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y lesiones renales.

Se estima que en EE.UU. hay alrededor de 72 millones de personas con hipertensión. En EE.UU., la hipertensión es más frecuente en personas de ascendencia africana (un 41% de los adultos de dicha ascendencia sufren hipertensión, en comparación con el 28% de los de otras ascendencias). También se presenta con mucha frecuencia en personas cuyos antepasados provienen de China, Japón y otras zonas del este de Asia o del Pacífico (como los coreanos, tailandeses, polinesios, micronesios, filipinos y maorís). Las consecuencias de la hipertensión son peores para las personas de ascendencia africana. Estudios estadísticos realizados en EE.UU. indican que la hipertensión es más frecuente en personas de edad avanzada, aproximadamente en las dos terceras partes de las personas de 65 años o más, mientras que tan solo afecta a aproximadamente una cuarta parte de las personas entre 20 y 74 años de edad. Las personas con presión arterial normal a los 55 años de edad tienen un riesgo del 90% de desarrollar hipertensión en algún momento de su vida. La hipertensión es dos veces más frecuente entre las personas obesas que entre las que no lo son.

El número de personas que padecen este trastorno es más elevado de lo que muestran las estadísticas, por ejemplo en EE.UU. se estima que solo el 81% de las personas afectadas reciben un diagnóstico de hipertensión. Entre las personas con diagnóstico de hipertensión, alrededor del 73% reciben tratamiento farmacológico y apenas el 51% de estas últimas reciben un tratamiento adecuado.

Cuando se toma la presión arterial, se registran dos valores: el valor más alto refleja la mayor presión en las arterias, que se alcanza cuando el corazón se contrae (durante la sístole). El valor más bajo refleja la menor presión en las arterias, que se alcanza justo antes de que el corazón comience a contraerse de nuevo (durante la diástole). La tensión arterial se expresa como presión sistólica/presión diastólica, por ejemplo 120/80 mm Hg (milímetros de mercurio). Este resultado se leería como « 120 y 80 ».

La hipertensión arterial se define cuando la presión sistólica en reposo es, en promedio, de 140 mm Hg o más o la presión diastólica en reposo es, en promedio, de 90 mm Hg o más, o ambos casos. Sin embargo, cuanto más elevada es la presión arterial, mayor es el riesgo de complicaciones, incluso dentro de niveles normales, de modo que estos límites son algo arbitrarios. En la mayoría de los jóvenes con hipertensión arterial, tanto la presión sistólica como la diastólica son elevadas. En contraste, muchas personas de edad avanzada que padecen hipertensión tienen una presión sistólica elevada (140 mm Hg o más) con una presión diastólica normal o baja (menos de 90 mm Hg). Este trastorno se denomina hipertensión sistólica aislada.

Una urgencia hipertensiva leve se produce cuando la tensión arterial supera los 180/120 mm Hg, pero aún no ha causado ningún daño orgánico evidente para el afectado o sus médicos. Una urgencia hipertensiva leve no suele dar síntomas.

Una urgencia hipertensiva grave es una forma de hipertensión especialmente peligrosa. La tensión arterial es como mínimo 180/120 mm Hg y existen signos de daño progresivo en uno o más órganos vitales (normalmente cerebro, corazón y riñones) acompañado, a menudo, por una diversidad de síntomas. Sin embargo, las urgencias hipertensivas graves son muy poco frecuentes, aunque se dan mucho más en personas de ascendencia africana que en personas de ascendencia caucásica, en hombres que en mujeres y en personas de bajo nivel socioeconómico que en personas de alto nivel socioeconómico. Si no se trata, una urgencia hipertensiva grave puede ser mortal.

Control de la presión arterial por parte del organismo

El cuerpo humano posee muchos mecanismos para controlar la presión arterial: puede modificar la cantidad de sangre que bombea el corazón, el diámetro de las arterias y el volumen de sangre en el torrente sanguíneo. El corazón puede bombear mayor cantidad de sangre al hacerlo de forma más enérgica o más rápida, con el fin de aumentar la presión arterial. Las arteriolas pueden estrecharse (constricción), forzando a la sangre que proviene de cada latido cardíaco a pasar por un espacio más estrecho de lo normal. Dado que el espacio en las arterias es más estrecho, el paso de la misma cantidad de sangre por ellas aumenta la presión arterial. Las venas se pueden contraer para reducir su capacidad de retener sangre, lo cual fuerza la entrada de mayor cantidad de sangre en las arterias. Como consecuencia, se produce un aumento de la presión arterial. También se puede agregar líquido al torrente sanguíneo para incrementar el volumen de sangre y aumentar así la presión arterial. Del mismo modo, para disminuir la presión arterial, el corazón puede bombear con menos potencia o rapidez, las arteriolas y las venas pueden ensancharse (dilatarse) y se puede eliminar líquido del torrente sanguíneo.

Estos mecanismos están regidos por la rama simpática del sistema nervioso autónomo (la parte del sistema nervioso que regula los procesos internos del organismo que no requieren esfuerzo consciente) y por los riñones. La rama simpática emplea diferentes medios para aumentar temporalmente la presión arterial durante la respuesta de lucha o huida (la reacción física del organismo frente a una amenaza). La rama simpática estimula las glándulas suprarrenales para que liberen las hormonas epinefrina (adrenalina) y norepinefrina (noradrenalina). Estas hormonas estimulan el corazón para que lata más rápido y más enérgicamente, además de estimular la contracción de la mayoría de las arteriolas y la dilatación de algunas de ellas. Las arteriolas que se dilatan son las que están situadas en las zonas donde se necesita una mayor irrigación sanguínea (como en los músculos esqueléticos, controlados por el esfuerzo consciente). La rama simpática también estimula los riñones para que disminuya la excreción de sal (sodio) y agua, de modo que aumente el volumen sanguíneo. El organismo controla la transferencia de sal entre el interior y el exterior de las células, para evitar un exceso de sal en el interior de estas. Una cantidad excesiva de sal en el interior de las células puede hacer que el organismo se vuelva demasiado sensible a la estimulación por la división simpática.

Los riñones también responden de forma directa a los cambios en la presión arterial. Si la presión arterial aumenta, los riñones incrementan la eliminación de sal y agua, de modo que el volumen sanguíneo disminuye y así la presión arterial retorna a sus valores normales. Del mismo modo, si la presión arterial disminuye, los riñones reducen la eliminación de sal y agua, de modo que el volumen sanguíneo aumenta y así la presión arterial retorna a sus valores normales. Los riñones pueden incrementar la presión arterial mediante la secreción de una enzima denominada renina, que finalmente estimula la producción de la hormona angiotensina II. La angiotensina II contribuye al aumento de la presión arterial produciendo la constricción de las arteriolas, activando la división simpática del sistema nervioso autónomo o vegetativo y desencadenando la liberación de otras dos hormonas, la aldosterona y la hormona antidiurética (también llamada vasopresina), que hacen que los riñones incrementen la retención de sal y de agua. Los riñones suelen producir sustancias que provocan la dilatación de las arteriolas que hay en su interior. Esto último contribuye a equilibrar los efectos de las hormonas que provocan la constricción de las arteriolas.

Regulación de la presión arterial: sistema renina-angiotensina-aldosterona

El sistema renina-angiotensina-aldosterona consiste en una secuencia de reacciones diseñadas para ayudar a regular la presión arterial.

  • Cuando la presión arterial disminuye (para la sistólica, a 100 mm Hg o menos), los riñones liberan la enzima renina en el torrente sanguíneo.

  • La renina escinde el angiotensinógeno, una proteína grande que circula por el torrente sanguíneo, en dos fragmentos. El primer fragmento es la angiotensina I.

  • La angiotensina I, que es relativamente inactiva, es dividida a su vez en fragmentos por la enzima convertidora de la angiotensina (ECA). El segundo fragmento es la angiotensina II, una hormona muy activa.

  • La angiotensina II provoca la constricción de las paredes musculares de las arteriolas, aumentando la presión arterial. La angiotensina II también desencadena la liberación de la hormona aldosterona por parte de las glándulas suprarrenales y de la hormona antidiurética por parte de la hipófisis (glándula pituitaria).

  • La aldosterona y la hormona antidiurética provocan la retención de sal (sodio) por parte de los riñones. La aldosterona también provoca que los riñones retengan potasio. El incremento de los niveles de sodio provoca retención de agua, aumentando así el volumen de sangre y la presión arterial.

Normalmente, si por cualquier cambio (por ejemplo, aumento de la actividad o una emoción fuerte), se produce una elevación transitoria de la presión arterial, se desencadena alguno de los mecanismos de compensación del organismo con el fin de neutralizar dicho cambio y mantener la presión arterial en niveles normales. Por ejemplo, un incremento del volumen de sangre bombeada por el corazón, que tiende a aumentar la presión arterial, provoca que los vasos sanguíneos se dilaten y que los riñones aumenten la eliminación de sal y agua, lo que tiende a reducir la presión arterial.

Causas

Hipertensión primaria

La hipertensión arterial de causa desconocida se denomina hipertensión primaria (anteriormente se denominaba hipertensión esencial). Entre el 85 y el 95% de las personas con hipertensión sufren hipertensión primaria. Probablemente, la elevación de la presión arterial se debe a una combinación de diversas alteraciones producidas en el corazón y en los vasos sanguíneos. Por ejemplo, la cantidad de sangre bombeada por minuto (gasto cardíaco) puede aumentar, y la resistencia al flujo sanguíneo también puede incrementarse porque los vasos sanguíneos estén contraídos. También puede aumentar el volumen sanguíneo. Las razones de estas alteraciones no se conocen por completo, pero al parecer implican una anomalía hereditaria que afecta a la constricción de las arteriolas, que ayudan a controlar la presión arterial. Otros cambios, como la acumulación excesiva de sal en el interior de las células y un descenso en la producción de sustancias que dilatan las arteriolas, pueden contribuir a aumentar la presión arterial.

Hipertensión secundaria

Cuando existe una causa conocida, la afección se denomina hipertensión secundaria. Entre el 5 y el 15% de las personas con hipertensión arterial tienen hipertensión secundaria. En muchas de estas personas, la hipertensión es consecuencia de un trastorno renal. Muchos trastornos renales pueden provocar hipertensión arterial, ya que el papel de los riñones es importante para controlar la presión arterial. Por ejemplo, una lesión renal por inflamación o por otros trastornos puede alterar la capacidad de los riñones para eliminar suficiente sal y agua del organismo, con lo que aumenta el volumen sanguíneo y la presión arterial. Otra de las dolencias renales que provocan hipertensión es la estenosis de la arteria renal (un angostamiento de la arteria que irriga uno de los riñones) que puede ser debida a ateroesclerosis, a una lesión o a otros trastornos.

En algunos pacientes, la hipertensión secundaria se debe a otro trastorno, como un trastorno hormonal, o bien al uso de ciertos fármacos, como píldoras para el control de la natalidad (anticonceptivos orales). Los trastornos hormonales que causan hipertensión arterial incluyen: el síndrome de Cushing (un trastorno caracterizado por altas concentraciones de cortisol), el hipertiroidismo (hiperactividad de la glándula tiroidea), el hiperaldosteronismo (hiperproducción de aldosterona, a menudo por un tumor en una de las glándulas suprarrenales) y, en raras ocasiones, un feocromocitoma (un tumor localizado en una glándula suprarrenal y que produce las hormonas epinefrina y norepinefrina). El hipertiroidismo grave también puede causar hipertensión sistólica.

La arterioesclerosis afecta al control corporal de la presión arterial y aumenta el riesgo de hipertensión. En la arterioesclerosis las arterias se vuelven rígidas, lo que impide su dilatación, que permitiría que la presión arterial volviera a niveles normales (ver ¿Qué es la arterioesclerosis?).

Factores agravantes

La obesidad, un estilo de vida sedentario, fumar, el abuso del alcohol o el exceso de sal en la dieta son factores que pueden desempeñar un papel activo en el desarrollo de la hipertensión en personas con tendencia hereditaria al desarrollo de dicha enfermedad. El estrés suele provocar el aumento temporal de la presión arterial pero, por lo general, esta vuelve a la normalidad cuando el estrés desaparece. Un ejemplo es la «hipertensión de bata blanca», en la cual el estrés ocasionado por la visita al médico produce un aumento suficiente de la presión arterial como para indicar un diagnóstico de hipertensión en alguien que, en otras circunstancias, tendría una presión arterial normal. En las personas susceptibles de padecer este tipo de hipertensión de bata blanca, se cree que estos aumentos ocasionales de la presión arterial pueden acabar dando lugar a una hipertensión permanente, incluso en el caso de que no haya estrés. Sin embargo, esta teoría no se ha demostrado.

Síntomas

En la mayoría de las personas, la hipertensión arterial es asintomática, a pesar de la coincidencia de ciertos síntomas que son amplia pero erróneamente atribuidos a la hipertensión arterial: dolor de cabeza, hemorragias nasales, mareo, rubor facial y cansancio. Aunque las personas con hipertensión pueden presentar estos síntomas, ocurren con la misma frecuencia en individuos con una presión arterial normal.

La hipertensión arterial grave o de larga duración no tratada puede producir síntomas porque puede causar daños en el cerebro, los ojos, el corazón y los riñones. Los síntomas son: dolor de cabeza, cansancio, náuseas, vómitos, ahogo e inquietud. A veces, una hipertensión arterial grave provoca la hinchazón del cerebro (edema), lo cual tiene como resultado náuseas, vómitos, empeoramiento del dolor de cabeza, sopor, confusión, convulsiones, somnolencia e incluso coma. Este trastorno se denomina encefalopatía hipertensiva. La hipertensión arterial grave aumenta la carga de trabajo del corazón y puede causar dolor torácico y/o ahogo. Una presión arterial muy alta puede provocar el desgarro de la gran arteria que transporta la sangre desde el corazón (la aorta), produciéndose dolor torácico o abdominal. Si una persona presenta estos síntomas sufre hipertensión grave y, por lo tanto, requiere tratamiento de urgencia.

Si la hipertensión es debida a un feocromocitoma, los síntomas pueden incluir cefalea intensa, ansiedad, sensación de pulso rápido o irregular (palpitaciones), sudor excesivo, temblor y palidez. Estos síntomas son consecuencia de las concentraciones elevadas de las hormonas epinefrina y norepinefrina, segregadas por el feocromocitoma.

¿Sabías que...?

  • Ciertos síntomas, como dolores de cabeza, hemorragias nasales, mareos, rubor facial y fatiga, se suelen atribuir a la hipertensión, pero en realidad se producen con la misma frecuencia en las personas que no tienen la presión arterial alta.

Complicaciones

La presión arterial que se mantiene alta durante mucho tiempo daña el corazón y los vasos sanguíneos.

Cuando la presión en las arterias aumenta por encima de 140/90 mm Hg, el corazón aumenta de tamaño y sus paredes se engrosan porque tiene que trabajar con más fuerza para bombear la sangre. Las paredes engrosadas son más rígidas que las normales. Consiguientemente, las cavidades del corazón no se expanden de forma normal y es más difícil que se llenen de sangre, lo que ocasiona un aumento adicional de la carga del corazón. Estas alteraciones del corazón pueden provocar arritmias (ver Bloqueo de rama) e insuficiencia cardíaca (ver Insuficiencia cardíaca).

La hipertensión provoca el aumento del grosor de las paredes de los vasos sanguíneos y también los hace más propensos a desarrollar endurecimiento de las arterias (ateroesclerosis). Cuando esto ocurre, la persona corre el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, un infarto de miocardio o una insuficiencia renal.

Diagnóstico

La presión arterial se mide después de que la persona haya permanecido sentada o acostada durante cinco minutos. Debe medirse de nuevo después de que la persona haya permanecido en pie durante unos minutos, especialmente si es mayor o si tiene diabetes. Una lectura de 140/90 mm Hg o más se considera alta, pero el diagnóstico no se puede basar en una sola medición. A veces, ni varias lecturas elevadas son suficientes para establecer el diagnóstico, debido a que, por ejemplo, las lecturas pueden variar demasiado entre ellas. Cuando se registra una lectura inicial elevada, la presión arterial debe determinarse de nuevo en la misma consulta y luego dos veces al día por lo menos durante dos días más, para asegurarse de que persiste la hipertensión.

Medición de la presión arterial

Varios instrumentos pueden medir la presión arterial rápidamente y con pocas molestias. Por regla general se utiliza un tensiómetro (o esfigmomanómetro). Este dispositivo consiste en un manguito hinchable de caucho blando conectado a una pera también de caucho que sirve para inflar el manguito y un medidor que registra la tensión del manguito. El medidor puede ser un dial o bien una columna de vidrio llena de mercurio. La tensión arterial se mide en milímetros de mercurio (mm Hg) dado que el primer instrumento que se utilizó para medirla fue una columna de mercurio.

Cuando se utiliza un tensiómetro, la persona está sentada sin cruzar las piernas y con la espalda reclinada en el respaldo. Tiene un brazo descubierto (si la camisa o la blusa está remangada, hay que cerciorarse de que no se oprime el brazo), que se mantiene doblado y descansado sobre una mesa de modo que esté más o menos al nivel del corazón. El manguito se coloca alrededor del brazo. Es importante utilizar un manguito que se adapte al tamaño del brazo. Si el manguito queda demasiado apretado, la lectura de la presión será demasiado alta. Si el manguito queda demasiado suelto, la lectura será demasiado baja.

El médico, mientras ausculta con el fonendoscopio (estetoscopio) colocado sobre la arteria por debajo del manguito, aprieta la perilla para hincharlo hasta que comprime la arteria lo suficiente como para detener temporalmente el flujo de sangre, por lo general hasta una presión que es unos 30 mm Hg más alta que la presión sistólica habitual de la persona (la presión ejercida cuando el corazón late). Luego se deshincha poco a poco el manguito. La presión a la cual el médico comienza a escuchar un pulso en la arteria es la tensión sistólica. El manguito continúa deshinchándose y, en un momento dado, deja de escucharse el sonido de la sangre que fluye. La presión en este punto es la presión diastólica (la presión ejercida cuando el corazón se relaja, entre dos latidos cardíacos).

Algunos instrumentos miden la presión automáticamente, sin utilizar un tensiómetro o una pera de caucho. Estos dispositivos se ajustan alrededor de la parte superior del brazo, del dedo o de la muñeca. En las personas de más de 50 años, la presión arterial medida en la parte superior del brazo es la más precisa. A veces es necesaria una medición exacta de la presión arterial, por ejemplo, para una persona hospitalizada en una unidad de cuidados intensivos. En estos casos, se introduce un catéter en una arteria para medir directamente la presión arterial.

Se comercializan instrumentos para que las personas con hipertensión arterial puedan controlarse su presión arterial en el propio domicilio.

Si todavía hay duda, se puede utilizar un monitor de la presión arterial durante 24 horas. Se trata de un dispositivo portátil que funciona con pilas y se lleva sobre la cadera, conectado a un manguito para el control de presión arterial, que se coloca en el brazo. Este monitor registra de forma continua la presión arterial a lo largo del día y la noche durante un periodo de 24 o 48 horas. Las lecturas no solo indican la presencia de hipertensión arterial, sino también su gravedad.

En personas con arterias muy rígidas (por lo general en personas de edad avanzada), pueden obtenerse lecturas de presión arterial alta aunque en realidad no lo sea. Este fenómeno se denomina pseudohipertensión. Se produce cuando la arteria del brazo es demasiado rígida para que la comprima el manguito y, por consiguiente, no puede medirse con precisión la presión arterial.

Cuando se ha diagnosticado hipertensión arterial, se suelen evaluar sus efectos sobre órganos vitales, en especial los vasos sanguíneos, el corazón, el cerebro y los riñones. El médico también debe investigar la causa de la hipertensión. El número y el tipo de pruebas que se practican para descubrir si hay lesiones en los órganos y para determinar la causa de la hipertensión arterial varían de una persona a otra.

En general, la valoración rutinaria de un paciente supone la elaboración del historial clínico, una exploración física, una electrocardiografía (ECG), un análisis de sangre (que incluya el nivel de hematócrito [el porcentaje de glóbulos rojos en el volumen sanguíneo total], los niveles de potasio y sodio y pruebas de la función renal), y análisis de orina.

La exploración física consiste en el examen de la zona abdominal por encima de los riñones para determinar si hay dolor a la palpación (hipersensibilidad) y la colocación de un fonendoscopio sobre el abdomen para auscultar la presencia de algún soplo periférico (ruido que produce el flujo sanguíneo turbulento en su paso por una arteria estrechada) en la arteria que irriga cada riñón.

Con un oftalmoscopio se examina la retina de cada ojo (ver ¿Qué es un oftalmoscopio?). La retina es el único lugar del organismo donde los médicos pueden observar directamente los efectos de la hipertensión arterial sobre las arteriolas. Se cree que las alteraciones en las arteriolas de la retina son similares a las de las arteriolas y otros vasos sanguíneos de cualquier otra parte del organismo, como los riñones. La determinación del grado de deterioro de la retina (retinopatía, ver Retinopatía hipertensiva) permite a los médicos clasificar la gravedad de la hipertensión arterial.

Se utiliza un fonendoscopio para auscultar los tonos (o ruidos) cardíacos. La auscultación de un tono cardíaco anómalo, denominado cuarto tono cardíaco, es una de las primeras alteraciones cardíacas causadas por la hipertensión. Este tono se produce porque la aurícula izquierda del corazón tiene que contraerse con más fuerza para llenar el ventrículo izquierdo agrandado y rígido, que bombea la sangre a todo el organismo con excepción de los pulmones.

La electrocardiografía (ECG, ver Electrocardiografía) se realiza generalmente para detectar alteraciones cardíacas, en particular un engrosamiento (hipertrofia) del músculo cardíaco o agrandamiento del corazón. Si se sospecha un agrandamiento, la persona puede someterse a una ecocardiografía (ver Ecocardiografía y otros procedimientos con ultrasonidos).

El daño renal puede detectarse mediante análisis de orina y sangre. En los análisis de orina se puede detectar una lesión renal en su etapa inicial. La presencia de células sanguíneas y albúmina (la proteína más abundante en la sangre) en la orina puede indicar tal daño. Los síntomas de lesión renal (como letargo, falta de apetito y cansancio) no suelen aparecer hasta haberse perdido del 70 al 80% de la función renal.

Diagnóstico de la causa

Cuanto más elevada sea la presión arterial y más joven sea la persona, más amplia debe ser la investigación de la posible causa, aun cuando esta se identifica en menos del 10% de las personas. Una valoración más completa incluye radiografía, ecografía y gammagrafía de los riñones y de su irrigación sanguínea, así como una radiografía de tórax. Los análisis de sangre y de orina se realizan para medir los niveles de ciertas hormonas, como la epinefrina, la aldosterona y el cortisol.

Las observaciones o los síntomas anómalos de la exploración física pueden sugerir la causa. Por ejemplo, un soplo periférico en la arteria que irriga uno de los riñones puede indicar estenosis (estrechamiento) de la arteria renal. Diferentes combinaciones de síntomas pueden indicar concentraciones elevadas de las hormonas epinefrina y norepinefrina, producidas por un feocromocitoma. La presencia de un feocromocitoma se confirma cuando se detectan en la orina productos de la degradación de estas hormonas. Otras causas poco frecuentes de hipertensión arterial se pueden detectar con ciertas pruebas habituales. Por ejemplo, la medición de la concentración de potasio en sangre facilita la detección del hiperaldosteronismo (ver Hiperaldosteronismo).

Clasificación de la presión arterial en adultos

La presión arterial se clasifica según su gravedad porque el tratamiento se basa, en parte, en esta. Cuando las presiones sistólica y diastólica de una persona entran en categorías diferentes, se adopta la categoría más alta para clasificar la presión arterial. Por ejemplo, 150/88 mm Hg se clasifica como hipertensión de grado 1 y 150/105 mm Hg se clasifica como hipertensión de grado 2.

La presión arterial óptima para minimizar el riesgo de enfermedades cardiovasculares (como un infarto de miocardio o una insuficiencia cardíaca) y de un accidente cerebrovascular es la inferior a 115/75 mm Hg.

Categoría

Presión arterial sistólica (mm Hg)

Presión arterial diastólica (mm Hg)

Seguimiento recomendado

Presión arterial normal

Por debajo de 120

Por debajo de 80

Control de la presión arterial al cabo de 2 años.

Prehipertensión

120-139

80-89

Control de la presión arterial al cabo de un año y se aconsejan cambios en el estilo de vida.

Hipertensión de grado 1

140-159

90-99

La hipertensión arterial se confirma al cabo de 2 meses y se aconsejan cambios en el estilo de vida.

Hipertensión de grado 2

Por encima de 160

Por encima de 100

Se valora el caso o se remite al afectado a un especialista para que lo valore antes de un mes. Para personas con valores muy altos de la tensión arterial (como 180/110 mm Hg o superiores), la valoración o el tratamiento son inmediatos o se hacen en el plazo máximo de una semana, según su estado general.

Tratamiento

La hipertensión primaria no tiene curación, pero se puede controlar para evitar las complicaciones. Dado que la hipertensión no produce síntomas por sí misma, el médico debe tratar de evitar los tratamientos que ocasionen efectos secundarios o que interfieran con los hábitos de vida del paciente. Antes de la prescripción de fármacos, es recomendable aplicar medidas alternativas. No obstante, la terapia farmacológica suele iniciarse al mismo tiempo que las medidas alternativas en las personas con una presión arterial de 160/100 mm Hg o superior y en las personas con una presión arterial de 120/80 mm Hg o superior pero que sufren diabetes, enfermedad renal, signos de daño en un órgano vital u otros factores de riesgo de arteriopatía coronaria.

El objetivo de la terapia antihipertensiva es disminuir la presión arterial por debajo de 140/90 mm Hg en todos los casos, incluyendo las personas que sufren diabetes y enfermedad renal. Para las personas mayores de 65 años, el objetivo es estar por debajo de 150/80 mm Hg. Los médicos tratan de evitar que la presión arterial diastólica disminuya por debajo de 60 mm Hg, especialmente en personas de edad avanzada y en personas con arteriopatía coronaria o angina de pecho.

A las personas con sobrepeso que padecen hipertensión arterial se les aconseja perder peso. Con una pérdida de apenas 4,5 kg de peso ya se puede disminuir la presión arterial. En las personas obesas, diabéticas o con colesterol elevado, los cambios en la dieta (incorporando una dieta más rica en frutas, verduras y productos lácteos descremados y con un bajo contenido total de grasas saturadas) son importantes para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los fumadores deben dejar de fumar.

Si se reduce la ingestión de alcohol y de sodio (manteniendo un consumo adecuado de calcio, magnesio y potasio) es posible que no sea necesario el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial. Se debe reducir la ingestión diaria de alcohol a no más de dos copas (un total diario de 1 L de cerveza, 240 mL de vino o 60 mL de whisky u otros licores) en varones y una copa en mujeres. El consumo diario de sodio debe reducirse a menos de 2,5 g, o la ingestión de cloruro de sodio (sal común), a 6 g.

El ejercicio aeróbico moderado es útil. Las personas con hipertensión primaria no tienen que restringir sus actividades si su hipertensión arterial está controlada. La práctica regular de ejercicio físico contribuye a reducir la presión arterial y el peso, y mejora el funcionamiento del corazón y la salud en general (ver Beneficios del ejercicio).

Los médicos recomiendan que las personas con hipertensión arterial se controlen ellas mismas la presión en su domicilio. El hecho de autocontrolarse la presión arterial probablemente contribuye a que las personas sigan las recomendaciones del médico respecto al tratamiento.

Terapia con fármacos

Los fármacos que se emplean en el tratamiento de la hipertensión se denominan antihipertensores. Con la amplia variedad de antihipertensores comercializados, casi siempre se puede controlar la hipertensión, pero el tratamiento debe ajustarse a cada caso particular. El tratamiento es más eficaz cuando existe una buena comunicación entre la persona y el médico y ambos colaboran en cuanto al programa de tratamiento.

Los distintos tipos de antihipertensores disminuyen la presión arterial mediante mecanismos diferentes, de modo que se pueden emplear distintas estrategias de tratamiento. En algunos casos, los médicos utilizan un plan de tratamiento farmacológico escalonado: inicialmente administran un único tipo de antihipertensor y añaden otros tipos solo si es necesario. En otros casos, los médicos prefieren una actuación secuencial: prescriben un único antihipertensor y, si este es ineficaz, suspenden su uso y administran otro tipo de fármaco. Para personas con presión arterial de 160/100 mm Hg o superior, suele iniciarse el tratamiento con dos fármacos a la vez. A la hora de elegir un antihipertensor, los médicos toman en consideración factores como los siguientes:

  • Edad, sexo y ascendencia

  • Gravedad de la hipertensión arterial

  • Presencia de otros trastornos como diabetes o colesterol elevado

  • Posibles reacciones adversas, que varían entre unos fármacos y otros

  • Precio de los fármacos o las pruebas necesarias para detectar la posibilidad de determinadas reacciones adversas

En la mayoría de casos (más del 74%) se acaban necesitando dos o más fármacos para conseguir reducir la presión a niveles óptimos.

La mayoría de las personas tolera los fármacos antihipertensores que se les han prescrito sin problemas. Sin embargo, cualquier fármaco antihipertensor puede provocar reacciones adversas. Así pues, cuando aparecen, el paciente debe informar al médico para que pueda ajustar la dosis o cambiar de fármaco. Por lo general, para controlar la presión arterial, es preciso tomar un antihipertensor de por vida.

Con frecuencia, los diuréticos tiacídicos, como la clortalidona o la indapamida son los primeros fármacos que se emplean para tratar la hipertensión. Los diuréticos producen dilatación de los vasos sanguíneos; ayudan también a los riñones a eliminar sal y agua y disminuyen el volumen de líquidos en todo el organismo, reduciendo así la presión arterial. Dado que los diuréticos tiacídicos producen excreción de potasio por la orina, en ocasiones se deben suministrar conjuntamente suplementos de potasio, diuréticos que no generen pérdida de potasio o que incrementen los niveles de potasio (diuréticos ahorradores de potasio). En general, los diuréticos ahorradores de potasio no se utilizan solos porque no controlan la presión arterial tan bien como los diuréticos tiacídicos. Sin embargo, la espironolactona, un diurético ahorrador de potasio, a veces se emplea como único fármaco. Los diuréticos son particularmente útiles en personas de ascendencia africana, personas de edad avanzada, personas obesas y personas que padecen insuficiencia cardíaca o enfermedad renal crónica (insuficiencia renal crónica).

Los bloqueantes adrenérgicos (antagonistas adrenérgicos) son los alfa-bloqueantes, los betabloqueantes, los alfa-betabloqueantes y los bloqueantes adrenérgicos de acción periférica. Estos fármacos bloquean los efectos del sistema nervioso simpático, la parte del sistema nervioso que puede responder al estrés de forma rápida aumentando la presión arterial. Los bloqueantes adrenérgicos más utilizados, los betabloqueantes, están especialmente indicados en personas de ascendencia caucásica, personas jóvenes y en personas que han sufrido un infarto de miocardio. También son útiles en personas con frecuencia cardíaca acelerada, angina de pecho (dolor torácico debido a un aporte inadecuado de sangre al músculo cardíaco) o migrañas. El riesgo de efectos adversos es mayor en las personas de edad avanzada. Los alfa-bloqueantes no se utilizan ya como terapia principal porque no reducen el riesgo de muerte. Los bloqueantes adrenérgicos de acción periférica se utilizan solo si se necesita un tercer o un cuarto tipo de fármaco para controlar la presión arterial.

Los alfa-agonistas de acción central disminuyen la presión arterial a través de un mecanismo que se asemeja al de los bloqueantes adrenérgicos. Estos agonistas inhiben los efectos de la rama simpática del sistema nervioso mediante la estimulación de ciertos receptores del tronco del encéfalo. En la actualidad, estos fármacos se utilizan solo en raras ocasiones.

Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) disminuyen la presión arterial dilatando las arteriolas. Estos fármacos dilatan las arteriolas al impedir la formación de angiotensina II, que provoca su constricción. Específicamente, estos inhibidores bloquean la acción de la enzima convertidora de angiotensina, que convierte la angiotensina I en angiotensina II (ver Regulación de la presión arterial: sistema renina-angiotensina-aldosterona). Están particularmente indicados en personas con arteriopatía coronaria o con insuficiencia cardíaca, personas de ascendencia caucásica, jóvenes, personas con proteínas en orina debido a enfermedad renal crónica o a enfermedad renal producida por diabetes y en los varones que desarrollan una disfunción sexual como efecto secundario de otros antihipertensores.

Los inhibidores del receptor de la angiotensina II (ARA) disminuyen la tensión arterial por medio de un mecanismo similar al de los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina: bloquean directamente la acción de la angiotensina II, que produce la constricción de arteriolas. Gracias a que el mecanismo es más directo, los bloqueantes del receptor de la angiotensina II pueden ocasionar menos efectos adversos.

Los antagonistas de los canales del calcio provocan la dilatación de los vasos sanguíneos a través de un mecanismo completamente diferente. Son útiles especialmente en las personas de edad avanzada o de ascendencia africana. Los antagonistas del calcio (bloqueantes de los canales del calcio) son también útiles para personas con angina de pecho, con ciertos tipos de frecuencia cardíaca acelerada o con migrañas. Pueden ser de acción inmediata o de acción prolongada. Los de acción inmediata no se utilizan para tratar la hipertensión. Informes recientes sugieren que la administración de antagonistas del calcio de acción inmediata aumenta el riesgo de muerte por infarto de miocardio, pero no hay estudios que sugieran dicho efecto en los antagonistas del calcio de acción prolongada.

Los vasodilatadores directos dilatan los vasos sanguíneos a través de otro mecanismo. Casi nunca se utiliza un fármaco de este tipo como único tratamiento. Por el contrario, suele utilizarse como un segundo fármaco cuando el primero no disminuye suficientemente la presión arterial al ser administrado en forma única.

Fármacos antihipertensores

Tipo

Ejemplos

Algunos efectos secundarios

Diuréticos

Diuréticos de asa

  • Bumetanida

  • Ácido etacrínico

  • Furosemida

  • Torasemida

Reducción de las concentraciones de potasio y magnesio, aumento transitorio de los niveles de glucosa y colesterol en sangre, incremento de la concentración de ácido úrico, trastornos digestivos y, en los varones, disfunción sexual

Diuréticos ahorradores de potasio

  • Amilorida

  • Eplerenona

  • Espironolactona

  • Triamtereno

Con todos, concentración elevada de potasio y trastornos digestivos

Con la espironolactona, aumento de tamaño de las glándulas mamarias en los varones (ginecomastia) y menstruaciones irregulares en las mujeres

Tiacidas y diuréticos tiacídicos

  • Bendroflumetiazida

  • Clorotiazida

  • Clortalidona

  • Hidroclorotiazida

  • Hidroflumetiazida

  • Indapamida

  • Meticlotiazida

  • Metolazona

Reducción de las concentraciones de potasio y magnesio, concentraciones elevadas de calcio y ácido úrico, trastornos digestivos y, en los varones, disfunción sexual

Bloqueantes adrenérgicos

Alfa-bloqueantes

  • Doxazosina

  • Prazosina

  • Terazosina

Desmayos (síncope) con la primera dosis, percepción de latidos cardíacos rápidos (palpitaciones), mareo, presión arterial baja cuando la persona se pone de pie (hipotensión ortostática) y retención de líquidos (edema)

Betabloqueantes

  • Acebutolol

  • Atenolol

  • Betaxolol

  • Bisoprolol

  • Carteolol

  • Metoprolol

  • Nadolol

    Nebivolol

  • Penbutolol

  • Pindolol

  • propranolol

  • Timolol

Espasmo de las vías aéreas (broncoespasmo), frecuencia cardíaca anormalmente lenta (bradicardia), insuficiencia cardíaca, posible enmascaramiento de los valores bajos de azúcar en sangre después de la aplicación de inyecciones de insulina, trastornos de la circulación periférica, insomnio, cansancio, ahogo, depresión, síndrome de Raynaud, sueños vívidos, alucinaciones y disfunción sexual

Con algunos betabloqueantes, un nivel aumentado de triglicéridos

Alfa-beta bloqueantes

  • Carvedilol

  • Labetalol

Baja presión arterial cuando la persona se pone de pie y espasmo de las vías aéreas

Alfa-agonistas de acción central

  • Clonidina

  • Guanabenzo

  • Guanfacina

  • Metildopa

Somnolencia, sequedad de boca, cansancio, frecuencia cardíaca anormalmente lenta (bradicardia), hipertensión arterial de rebote cuando se suprime el medicamento (excepto con metildopa) y disfunción sexual

Con metildopa, depresión, presión arterial baja cuando la persona se pone de pie y enfermedades autoinmunitarias y hepáticas

Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA)

  • Benazepril

  • Captopril

  • Enalapril

  • Fosinopril

  • Lisinopril

  • Perindopril

  • Quinapril

  • Ramipril

  • Trandolapril

Tos (hasta en el 20% de las personas), hipotensión arterial, elevación de la concentración de potasio, erupción, angioedema (hinchazón alérgica en la cara, los labios y la tráquea, que puede afectar a la respiración) y, en las mujeres embarazadas, graves perjuicios para el feto

Inhibidores de la angiotensina II

  • Azilsartán

    Candesartán

  • Eprosartán

  • Irbesartán

  • Losartán

  • Olmesartán

  • Telmisartán

  • Valsartán

Mareo, aumento del nivel de potasio, angioedema (excepcional) y, en las mujeres embarazadas, graves perjuicios para el feto

Bloqueantes de los canales del calcio

Dihidropiridinas

  • Amlodipina

  • Felodipino

  • Isradipina

  • Nicardipino

  • Nifedipino (solo de liberación prolongada)

  • Nisoldipino

Mareo, retención de líquidos en los tobillos, rubor, cefalea, pirosis, inflamación de encías y frecuencia cardíaca anormalmente acelerada (taquicardia)

No dihidropiridinas

  • Diltiazem (solo de liberación prolongada)

  • Verapamilo

Cefalea, mareo, rubor, retención de líquidos, trastornos del sistema de conducción eléctrica del corazón (incluido el bloqueo cardíaco), frecuencia cardíaca anormalmente lenta (bradicardia), insuficiencia cardíaca e inflamación de las encías

Con verapamilo, estreñimiento

Vasodilatadores directos

  • Hidralazina

  • Minoxidilo

Cefalea, frecuencia cardíaca anormalmente acelerada (taquicardia) y retención de líquidos

Tratamiento de la hipertensión secundaria

Si es posible, se debe tratar la causa de la hipertensión arterial. El tratamiento de la enfermedad renal a veces puede normalizar la presión arterial o por lo menos reducirla, de modo que el tratamiento con antihipertensores sea más eficaz. Una arteria renal estrechada se puede dilatar mediante la inserción de un catéter con un balón en la punta, que luego se infla (angioplastia, ver Qué es la intervención coronaria percutánea (ICP)). También se puede practicar una intervención quirúrgica de derivación (bypass) del segmento angosto de la arteria que irriga el riñón. Frecuentemente este tipo de cirugía cura la hipertensión. Los tumores que causan hipertensión arterial, como el feocromocitoma, por lo general se pueden extirpar quirúrgicamente (ver Feocromocitoma). Si el paciente todavía presenta hipertensión a pesar de tomar tres medicamentos diferentes, el médico inserta un catéter en cada arteria renal. El catéter produce ondas de radio que destruyen los nervios simpáticos a lo largo de las arterias renales, lo que a menudo reduce la presión arterial.

Tratamiento de las urgencias hipertensivas leves y graves

En las urgencias hipertensivas graves, la presión arterial debe disminuirse rápidamente. Este tipo de urgencias reciben tratamiento hospitalario en las unidades de cuidados intensivos. La mayoría de los fármacos que se utilizan para disminuir la presión arterial de forma rápida, como el fenoldopam, el nitroprusiato, la nicardipina o el labetalol, se administran por vía intravenosa.

Pronóstico

La hipertensión arterial no tratada aumenta el riesgo de que el paciente desarrolle una enfermedad cardíaca (como insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio o muerte súbita de origen cardíaco), insuficiencia renal o un accidente cerebrovascular a una edad temprana. La hipertensión arterial es el factor de riesgo más importante para desarrollar accidentes cerebrovasculares. También es uno de los tres factores de riesgo modificables más importantes para los infartos de miocardio (los otros dos son el tabaquismo y los niveles elevados de colesterol en sangre).

Los tratamientos que hacen descender la hipertensión arterial disminuyen de forma considerable el riesgo de accidente cerebrovascular y de insuficiencia cardíaca. También disminuyen el riesgo de infarto de miocardio, aunque no de una forma tan considerable.

Recursos en este artículo