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Introducción a la hipotensión

Por George L. Bakris, MD, Professor of Medicine, Director, ASH Comprehensive Hypertension Center, University of Chicago School of Medicine

La tensión arterial baja (hipotensión) es una presión arterial lo suficientemente baja como para producir síntomas como el mareo y el síncope.

  • Varios medicamentos y trastornos pueden provocar que el sistema corporal que controla la tensión arterial no funcione adecuadamente.

  • Cuando la tensión arterial es demasiado baja, el cerebro ve afectado su funcionamiento y pueden producirse desmayos.

Normalmente el organismo mantiene la presión de la sangre en las arterias dentro de un margen estrecho. Si la tensión arterial es demasiado elevada, se pueden producir lesiones y hasta roturas en un vaso sanguíneo, lo que originaría una hemorragia u otras complicaciones. Si la tensión arterial es demasiado baja, no llega la suficiente cantidad de sangre a todas las zonas del organismo. Por consiguiente, las células no reciben suficiente oxígeno y nutrientes y los productos de desecho no son eliminados de forma adecuada. Una tensión arterial muy baja puede poner en riesgo la vida porque puede llevar a un choque (ver Choque (shock)). Las personas sanas con una tensión arterial baja pero dentro de los límites normales (cuando la medida se toma en reposo) tienden a vivir más tiempo que las personas con una tensión arterial en el nivel normal superior.

El organismo posee varios mecanismos compensatorios que controlan la presión arterial (ver Hipertensión arterial : Control de la presión arterial por parte del organismo). Entre estos se encuentran los cambios en el diámetro de venas y arteriolas, la cantidad de sangre bombeada por el corazón (gasto cardíaco) y el volumen de sangre en los vasos sanguíneos. Estos mecanismos retornan la tensión arterial a la normalidad después de que aumente o disminuya durante la realización de actividades normales, como el ejercicio o el sueño.

Las venas se pueden ensanchar (dilatar) y estrechar (constreñir) para modificar la cantidad de sangre que pueden contener (capacidad). Cuando las venas se constriñen, se reduce su capacidad de contener sangre, permitiendo que una mayor cantidad retorne al corazón y sea bombeada hacia las arterias. Como consecuencia, se produce un aumento de la presión arterial. Contrariamente, cuando las venas se dilatan, su capacidad de contener sangre se ve aumentada, por lo que la cantidad que retorna al corazón será menor. Como resultado, se produce un descenso de la presión arterial.

Las arteriolas también pueden dilatarse y constreñirse. Cuanto más constreñidas se encuentren, mayor será su resistencia al flujo de sangre y más elevada la tensión arterial. La constricción de las arteriolas aumenta la tensión arterial, puesto que se requiere una mayor presión para hacer que la sangre pase por un espacio más estrecho. Del mismo modo, la dilatación de las arteriolas disminuye la resistencia al flujo de sangre, con lo cual la tensión arterial desciende.

Cuanta más sangre salga del corazón por minuto (es decir, cuanto mayor sea el gasto cardíaco), más elevada será la tensión arterial, siempre que la resistencia al flujo sanguíneo en las arterias permanezca constante. El organismo puede modificar la cantidad de sangre bombeada durante cada latido cardíaco haciendo que cada contracción sea más débil o más fuerte.

Cuanto mayor sea el volumen de sangre en los vasos sanguíneos, más elevada será la presión arterial, siempre que la resistencia al flujo de sangre en las arterias permanezca constante. Los riñones pueden variar la cantidad de líquido excretado en la orina con el fin de aumentar o disminuir el volumen sanguíneo.

Los mecanismos de compensación se activan a través de células especializadas que actúan como sensores y se denominan barorreceptores. Estos sensores están localizados dentro de las arterias y controlan constantemente la presión arterial. Los que están en las grandes arterias del cuello y el tórax son especialmente importantes. Cuando los sensores detectan un cambio en la presión arterial, desencadenan un cambio en alguno de los mecanismos de compensación y consiguen mantener una presión arterial estable. Los nervios envían señales desde estos sensores y desde el cerebro hacia los diferentes órganos críticos, los cuales controlan los mecanismos de compensación:

  • El corazón recibe señales para que modifique la frecuencia y la fuerza de los latidos (se modifica así la cantidad de sangre bombeada). Este cambio es uno de los primeros y corrige rápidamente la tensión arterial baja.

  • Las arteriolas reciben señales para que se constriñan o se dilaten (se modifica así la resistencia de los vasos sanguíneos).

  • Las venas reciben señales para que se constriñan o se dilaten (de este modo se modifica su capacidad para retener sangre).

  • Los riñones reciben señales para que regulen la cantidad de líquido excretado (se modifica así el volumen de sangre en los vasos sanguíneos). Este cambio tarda mucho en producir resultados y, por lo tanto, es el mecanismo más lento para el control de la tensión arterial.

Por ejemplo, cuando una persona tiene una hemorragia, el volumen sanguíneo disminuye, por lo cual disminuye también la tensión arterial. En estos casos, los sensores activan los mecanismos compensatorios para evitar que descienda demasiado la tensión arterial: aumenta la frecuencia cardíaca, aumentando la cantidad de sangre bombeada; las venas se contraen, lo que reduce su capacidad para almacenar la sangre; y, a su vez, se contraen las arteriolas, aumentando su resistencia al flujo sanguíneo. Si la hemorragia se detiene, los líquidos del resto del organismo se trasladan a los vasos sanguíneos para que comience a restablecerse el volumen sanguíneo y de este modo, la tensión arterial. Los riñones disminuyen la producción de orina. Así, contribuyen a que el organismo retenga todo el líquido que sea posible para que retorne a los vasos sanguíneos. Finalmente, la médula ósea y el bazo producen células sanguíneas nuevas y el volumen sanguíneo se restablece totalmente.

Sin embargo, estos mecanismos de compensación tienen sus limitaciones. Por ejemplo, si una persona pierde una gran cantidad de sangre rápidamente, estos mecanismos no pueden compensar la presión arterial con la suficiente rapidez, de modo que desciende radicalmente y los órganos empiezan a funcionar de forma inadecuada (choque).

Causas

Diversos trastornos y medicamentos pueden producir una disfunción de los mecanismos de compensación, lo que puede ocasionar una presión arterial baja. Por ejemplo, el gasto cardíaco se puede reducir como consecuencia de una cardiopatía: un infarto de miocardio, una valvulopatía, latidos cardíacos extremadamente rápidos (taquicardia), latidos cardíacos muy lentos (bradicardia) u otros ritmos cardíacos anormales (arritmia). Estos trastornos afectan la capacidad de bombeo del corazón. Las toxinas producidas por las bacterias durante una infección bacteriana pueden ocasionar una dilatación de las arteriolas. El volumen sanguíneo se puede reducir como consecuencia de una deshidratación, una hemorragia o de enfermedades renales. Algunos trastornos renales afectan a la capacidad de los riñones para retornar líquido a los vasos sanguíneos, lo que provoca la pérdida de grandes cantidades de líquido a través de la orina. (A la inversa, la insuficiencia renal, en la que los riñones no pueden extraer suficiente líquido de la sangre, puede provocar la sobrehidratación que conduce a la hipertensión arterial). La capacidad de los nervios para transmitir señales entre los sensores y los órganos que controlan los mecanismos de compensación se puede deteriorar debido a problemas neurológicos (un trastorno denominado insuficiencia del sistema nervioso autónomo). Además, a medida que se envejece, los mecanismos de compensación responden de manera más lenta a las alteraciones que se producen en la tensión arterial.

Síntomas

Cuando la tensión arterial es demasiado baja, el primer órgano que ve afectado su funcionamiento suele ser el cerebro. Esto se debe a que está localizado en la parte superior del organismo y la sangre tiene que circular en sentido contrario a la gravedad para llegar hasta él. Por lo tanto, la mayoría de las personas con hipotensión arterial se sienten mareadas o aturdidas cuando están de pie y algunas hasta pueden desmayarse. Las personas que se desmayan caen al suelo, lo que generalmente hace que el cerebro quede al mismo nivel del corazón. Gracias a ello, la sangre puede fluir hacia el cerebro sin tener que contrarrestar la fuerza de la gravedad y el flujo de sangre hacia el cerebro aumenta, lo cual ayuda a protegerlo de las lesiones. Sin embargo, si la tensión arterial es muy baja, también puede producirse daño cerebral.

A veces, la hipotensión arterial produce ahogo o dolor torácico debido a una irrigación insuficiente del músculo cardíaco (angina de pecho).

Si la presión arterial llega a niveles lo suficientemente bajos y permanece baja, todos los órganos comienzan a funcionar de forma inadecuada. Esta situación se denomina choque (ver Choque (shock)).

El trastorno que causa la hipotensión puede originar muchos otros síntomas, que no son debidos a la propia hipotensión. Por ejemplo, una infección puede producir fiebre.

Algunos síntomas aparecen cuando los mecanismos compensatorios del organismo intentan incrementar la tensión arterial baja. Por ejemplo, cuando se constriñen las arteriolas, disminuye el flujo de sangre hacia la piel, los pies y las manos. Estas zonas se pueden enfriar y adquirir un color azulado. Cuando el corazón late de forma más rápida y más enérgica, el individuo puede notar palpitaciones (conciencia de los latidos cardíacos).

Algunas causas de la hipotensión

Alteración en el mecanismo de compensación

Causas

Disminución del gasto cardíaco

  • Arritmias cardíacas

  • Lesión o disfunción del músculo cardíaco (por ejemplo, debido a un infarto de miocardio o una infección viral)

  • Valvulopatías

  • Embolia pulmonar

Dilatación vascular

  • Alcohol

  • Algunas reacciones alérgicas

  • Algunos antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina y la imipramina

  • Fármacos antihipertensores que dilatan los vasos sanguíneos (como los bloqueadores de los canales de calcio, los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y los bloqueadores del receptor de angiotensina II)

  • Nitratos

  • Infecciones bacterianas

  • Exposición al calor

  • Daños neurológicos (como el debido a la diabetes, la amiloidosis o a lesiones de la médula espinal)

Disminución en el volumen sanguíneo

  • Diarrea

  • Diuréticos (como furosemida e hidroclorotiazida)

  • Hemorragia excesiva

  • Sudoración excesiva

  • Micción excesiva (un síntoma común de la diabetes sin tratamiento y la enfermedad de Addison)

Obstrucción del flujo sanguíneo de retorno al corazón

  • Durante el embarazo, la presión que ejerce el útero sobre la vena cava inferior (la vena principal que transporta la sangre desde las piernas) cuando la mujer se encuentra en determinadas posiciones

  • Aumento de la presión abdominal al hacer esfuerzos para evacuar u orinar o al levantar objetos pesados

Inhibición de los centros cerebrales que controlan la tensión arterial

  • Alcohol

  • Antidepresivos

  • Fármacos antihipertensores como metildopa y clonidina

  • Barbitúricos

Deterioro en el sistema nervioso autónomo

  • Amiloidosis

  • Diabetes

  • Atrofia multisistémica (síndrome de Shy-Drager)

  • Enfermedad de Parkinson

Recursos en este artículo