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Regurgitación de la válvula aórtica

Por Guy P. Armstrong, MD, North Shore Hospital, Auckland

La regurgitación aórtica (insuficiencia aórtica o incompetencia aórtica) es el escape retrógrado de sangre a través de la válvula aórtica cada vez que el ventrículo izquierdo se relaja.

  • La regurgitación aórtica por lo general no tiene ninguna causa identificable, pero puede ser resultado de una infección bacteriana de la válvula o de una fiebre reumática.

  • La regurgitación aórtica no causa síntomas a menos que se desarrolle insuficiencia cardíaca.

  • Los médicos realizan el diagnóstico por los hallazgos de la exploración física, y utilizan la ecocardiografía para confirmarlo y determinar su gravedad.

  • La válvula cardíaca dañada debe ser reemplazada o reparada quirúrgicamente si la fuga es importante.

Cuando el ventrículo izquierdo se relaja para llenarse de sangre procedente de la aurícula izquierda, la sangre vuelve desde la aorta hacia el interior del ventrículo izquierdo, ya que la válvula aórtica no queda sellada por completo. El retroceso de flujo sanguíneo aumenta el volumen y la presión de la sangre en el ventrículo izquierdo. Por consiguiente, la cantidad de trabajo que debe realizar el corazón es mayor. Para compensarlo, se produce un engrosamiento de las paredes musculares de los ventrículos (hipertrofia) y un aumento de tamaño de las cavidades de los ventrículos (dilatación). Con el tiempo, a pesar de esta compensación, el corazón pierde la capacidad de satisfacer las necesidades de sangre del organismo, lo cual origina insuficiencia cardíaca con acumulación de líquido en los pulmones.

Causas

Años atrás, la fiebre reumática y la sífilis eran las causas más frecuentes de regurgitación aórtica en Norteamérica, Australia y Europa occidental, pero en la actualidad estas afecciones son infrecuentes en dichas regiones gracias al uso generalizado de los antibióticos. En los lugares donde los antibióticos no se utilizan tan ampliamente, la regurgitación aórtica debida a la fiebre reumática o a la sífilis aún es frecuente. Aparte de estas infecciones, las causas más habituales de insuficiencia aórtica grave son:

  • Un debilitamiento espontáneo de la válvula o de la aorta ascendente (la gran arteria que proviene del corazón)

  • Un defecto congénito en el cual la válvula aórtica tiene dos cúspides en vez de tres (válvula bicúspide)

  • Una infección bacteriana de la válvula (endocarditis infecciosa)

  • Un desgarro en el revestimiento de la aorta (disección aórtica, ver Disección aórtica)

Aproximadamente el 1% de los bebés tiene una válvula aórtica bicúspide, pero habitualmente no causa problemas hasta la edad adulta.

Síntomas y diagnóstico

La insuficiencia aórtica leve no causa más síntoma que el soplo cardíaco característico que puede escucharse con el fonendoscopio cada vez que el ventrículo izquierdo se relaja. Las personas con regurgitación grave desarrollan síntomas cuando se produce insuficiencia cardíaca.

La insuficiencia cardíaca produce dificultad respiratoria (disnea) durante el esfuerzo (ver Insuficiencia cardíaca). Cuando la persona está tumbada, en especial por la noche, tiene dificultades para respirar. Al sentarse se favorece el drenaje del líquido de la parte superior de los pulmones y se restablece la respiración normal. Alrededor del 5% de las personas con regurgitación aórtica tienen dolor torácico debido a un aporte inadecuado de sangre al músculo cardíaco (angina), sobre todo por la noche.

El pulso, que se denomina pulso saltón, al inicio es fuerte y luego desaparece rápidamente porque la sangre se escapa hacia atrás por la válvula aórtica, lo cual produce un descenso brusco de la presión arterial.

El diagnóstico se basa en las observaciones de la exploración física (como el pulso saltón y el soplo cardíaco característico) y se confirma con un ecocardiograma. La radiografía del tórax y la electrocardiografía (ECG) suelen mostrar signos de agrandamiento del corazón. Antes de intervenir con cirugía se realiza una angiografía coronaria, ya que aproximadamente el 20% de las personas con regurgitación aórtica grave también padecen una arteriopatía coronaria.

Tratamiento

A no ser que la regurgitación aórtica sea leve, al final casi siempre es necesaria una intervención quirúrgica. El tratamiento farmacológico no es muy eficaz en retrasar el progreso de la insuficiencia cardíaca y no elimina la necesidad de reemplazar o reparar la válvula de forma oportuna, pero hay algunos fármacos que pueden usarse eficazmente para controlar los síntomas antes de la intervención quirúrgica. La válvula afectada debe repararse o reemplazarse quirúrgicamente por una válvula de sustitución antes de que el ventrículo izquierdo se deteriore de forma irreversible y la insuficiencia cardíaca sea demasiado grave. Por lo general se realizan ecocardiografías periódicamente para establecer con qué rapidez está aumentando el tamaño del ventrículo izquierdo y así programar de manera oportuna la intervención.

Las personas sometidas a reemplazo valvular deben recibir antibióticos antes de someterse a procedimientos quirúrgicos, dentales o médicos (ver ¿Qué procedimientos requieren la administración preventiva de antibióticos*?) para reducir el riesgo de infección de la válvula cardíaca.

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