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Vesícula biliar y vías biliares

Por Ali A. Siddiqui, MD, Thomas Jefferson University Hospital

La vesícula biliar es un pequeño saco muscular de almacenamiento, en forma de pera, que contiene la bilis. La bilis es un líquido espeso y viscoso, de color amarillo verdoso. Se compone de sales biliares, electrólitos (partículas cargadas disueltas, como el sodio y el bicarbonato), pigmentos biliares, colesterol y otras grasas (lípidos). La bilis tiene dos funciones principales: ayudar en la digestión y eliminar del organismo ciertos productos de desecho (principalmente hemoglobina y exceso de colesterol). Las sales biliares contribuyen a la digestión haciendo que el colesterol, las grasas y las vitaminas liposolubles sean más fáciles de absorber por el intestino. El pigmento principal en la bilis, la bilirrubina, es un producto de desecho que se forma a partir de la hemoglobina (la proteína que transporta oxígeno en la sangre) y que es excretado en la bilis. La hemoglobina se libera cuando se destruyen los glóbulos rojos (eritrocitos) viejos o dañados.

La bilis sale del hígado por los conductos hepáticos derecho e izquierdo, los cuales se unen para formar el conducto hepático común. Posteriormente, este conducto se une a otro que está conectado con la vesícula biliar, denominado conducto cístico, para formar el colédoco. Este desemboca en el intestino delgado a través del esfínter de Oddi (un músculo en forma de anillo), situado unos centímetros por debajo del estómago.

Aproximadamente la mitad de la bilis secretada entre las comidas fluye directamente a través del colédoco al intestino delgado. La bilis restante es desviada a través del conducto cístico a la vesícula biliar, donde es almacenada. En la vesícula biliar, hasta el 90% del agua de la bilis se absorbe hacia el torrente sanguíneo, por lo que la bilis restante se vuelve muy concentrada. Cuando entran alimentos en el intestino delgado, una serie de señales hormonales y nerviosas desencadenan la contracción de la vesícula biliar, y la relajación y la apertura del esfínter de Oddi. La bilis fluye entonces desde la vesícula biliar hasta el intestino delgado, donde se mezcla con el contenido alimenticio y lleva a cabo sus funciones digestivas.

Después de que la bilis ha recorrido el intestino delgado, alrededor del 90% de las sales biliares son reabsorbidas en el torrente sanguíneo a través de la pared de la porción distal del intestino delgado. El hígado extrae estas sales biliares de la sangre y las secreta de nuevo a la bilis. Las sales biliares pasan por este ciclo unas 10 o 12 veces al día. Cada vez, pequeñas cantidades de sales biliares escapan a la absorción y alcanzan el intestino grueso, donde son descompuestas por las bacterias. Algunas sales biliares son reabsorbidas en el intestino grueso y el resto se excreta en las heces.

Aunque la vesícula biliar cumple una función, no és un órgano imprescindible. Si se extirpa la vesícula biliar (por ejemplo, como tratamiento quirúrgico de la colecistitis), la bilis puede pasar directamente desde el hígado al interior del intestino delgado.

En la vesícula biliar o en las vías biliares pueden formarse masas endurecidas que constan principalmente de colesterol (cálculos biliares). Generalmente, los cálculos biliares no causan síntomas. No obstante, pueden obstruir el flujo de la bilis desde la vesícula biliar y causar dolor (cólico biliar) o inflamación. También pueden migrar desde la vesícula biliar hasta la vía biliar, donde pueden obstruir el flujo normal de la bilis hacia el intestino, causando ictericia (una coloración amarillenta de la piel y del blanco de los ojos) además de dolor e inflamación. El flujo de la bilis también puede ser obstruido por tumores. Otras causas de interrupción u obstrucción del flujo son menos frecuentes.

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