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Cánceres hepáticos primarios

Por Steven K. Herrine, MD, Thomas Jefferson University;Sidney Kimmel Medical College

Los cánceres hepáticos primarios son tumores malignos que se originan en el hígado. El más frecuente es el carcinoma hepatocelular (hepatoma, ver Carcinoma hepatocelular). Al principio, el cáncer de hígado normalmente produce solo síntomas vagos (tales como pérdida de peso, pérdida de apetito y cansancio). Debido a ello, el diagnóstico suele ser tardío y el pronóstico, por lo general, malo.

Otros cánceres primarios del hígado

Los otros tipos de cánceres hepáticos primarios son infrecuentes o raros. Normalmente es necesaria una biopsia para el diagnóstico. En la mayoría de las personas afectadas por un tumor maligno de este tipo el pronóstico es malo. Si el cáncer no se ha diseminado, a veces se puede extirpar. Si esto es posible, el paciente puede vivir varios años.

Colangiocarcinoma

Este cáncer de crecimiento relativamente lento se origina en el revestimiento de las vías biliares dentro o fuera del hígado. En China, la infestación por fasciola hepática (un parásito) contribuye al desarrollo de este cáncer. Las personas afectadas por colangitis (ver Colangitis esclerosante primaria) esclerosante primaria tienen mayor riesgo de desarrollar colangiocarcinomas.

A menudo, los síntomas del cáncer son vagos, pero pueden incluir un deterioro súbito del estado general, una masa en la parte superior derecha del abdomen, ictericia (coloración amarillenta de la piel y de las escleróticas, la parte blanca de los ojos), pérdida de peso y malestar abdominal.

Carcinoma fibrolamelar

Este tipo de carcinoma hepatocelular es poco frecuente. Por lo general, afecta a los adultos relativamente jóvenes. No está producido por una cirrosis o una hepatitis B o C preexistentes, y no se conocen otros factores de riesgo.

Las personas afectadas por carcinoma fibrolamelar generalmente tienen mejor pronóstico que aquellas con otros tipos de cáncer de hígado. En muchos casos se viven varios años después de extirpar el tumor.

Hepatoblastoma

Este cáncer es poco frecuente, pero es uno de los cánceres hepáticos primarios más frecuentes en los bebés. En algunos casos, aparece en niños mayores y puede producir hormonas (llamadas gonadotropinas), que provocan una pubertad temprana (precoz, ver Pubertad precoz). No se ha identificado la causa.

Generalmente se deteriora el estado general y se puede notar una masa en la parte superior derecha del abdomen.

Angiosarcoma

Este cáncer poco frecuente se origina en los vasos sanguíneos del hígado. Puede producirse un angiosarcoma por la exposición al cloruro de vinilo en el lugar de trabajo, como sucede en la fabricación del cloruro de polivinilo (PVC), o por la exposición a arsénico. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no se identifica la causa.

Diagnóstico y tratamiento

Generalmente se sospecha la existencia de un hepatoblastoma cuando el médico percibe una gran masa en la parte superior derecha del abdomen de un lactante que presenta un deterioro del estado general. La determinación de los niveles de alfa-fetoproteína en sangre y las pruebas de diagnóstico por la imagen pueden ayudar al diagnóstico; una proteína producida normalmente por las células hepáticas inmaduras de los fetos y que permite la detección de cáncer hepático ya que su nivel suele aumentar cuando existe dicho cáncer.

El colangiocarcinoma localizado en el hígado, el carcinoma fibrolamelar, el hepatoblastoma y el angiosarcoma se diagnostican mediante una biopsia hepática (se extrae con una aguja una muestra de tejido hepático para su examen al microscopio, ver Biopsia hepática).

El colangiocarcinoma de las vías biliares extrahepáticas generalmente se diagnostica mediante técnicas radiológicas especiales (como la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica o la colangiografía transhepática percutánea, ver Pruebas de diagnóstico por la imagen del hígado y de la vesícula biliar), o durante una intervención quirúrgica. Cuando se detecta este tipo de tumor, en dos tercios de los casos ya se ha propagado a los ganglios linfáticos cercanos.

En general, el tratamiento de este tipo de cáncer es poco efectivo y casi todas las personas mueren a los pocos meses de haber sido detectado. Sin embargo, si se descubre en una fase relativamente precoz, el tumor puede ser extirpado quirúrgicamente, ofreciendo una buena esperanza de vida a largo plazo.