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Radiografías de tórax

Por Noah Lechtzin, MD, MHS, Johns Hopkins University School of Medicine

Las pruebas de diagnóstico por la imagen torácicas incluyen radiografías, tomografía computarizada (TC), resonancia magnética nuclear (RMN), gammagrafía, ecografía y tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). Casi siempre se realizan radiografías. En caso necesario se realizan otras pruebas de diagnóstico por la imagen para proporcionar a los médicos información específica que les permita hacer un diagnóstico.

De forma rutinaria, se realizan radiografías de tórax mediante proyecciones desde la espalda hacia la parte anterior del tórax. Por lo general también se complementa el estudio con una proyección lateral. Las radiografías de tórax proporcionan un perfil definido del corazón y de los grandes vasos sanguíneos, lo que permite, por lo general, detectar un trastorno grave en los pulmones, en los espacios adyacentes y en la pared torácica, incluyendo las costillas. Por ejemplo, con una radiografía de tórax se pueden visualizar la mayoría de las neumonías, los tumores pulmonares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el colapso pulmonar (atelectasia) y la acumulación de aire (neumotórax) o de líquido (derrame pleural) en la cavidad pleural. Aunque las radiografías de tórax rara vez proporcionan la información suficiente para determinar la causa exacta de la alteración, sí pueden ayudar a determinar si se necesitan pruebas complementarias y, en caso afirmativo, cuáles.

La tomografía computarizada (TC, ver Tomografía computarizada (TC)) del tórax proporciona más detalles que una radiografía simple. En la tomografía computarizada (TC) la computadora realiza un análisis de una serie de radiografías y obtiene varias proyecciones en distintos planos, como secciones longitudinales o transversales. Durante la tomografía computarizada (TC) puede inyectarse en la circulación sanguínea una sustancia detectable mediante radiografías (un contraste radiopaco), que también puede administrarse por vía oral, para ayudar a visualizar determinadas anomalías del tórax. La TC de alta resolución y la TC helicoidal (espiral) son procedimientos de TC más especializados. La TC de alta resolución puede revelar más detalles acerca de los trastornos pulmonares. La TC helicoidal puede proporcionar imágenes tridimensionales.

La angiografía por TC utiliza un medio de contraste radiopaco inyectado en una vena de un brazo para producir imágenes de los vasos sanguíneos, entre ellos la arteria que transporta la sangre del corazón a los pulmones (arterias pulmonares). En la actualidad, generalmente se realiza una angiografía por TC en lugar de la gammagrafía pulmonar para diagnosticar coágulos de sangre en la arteria pulmonar (embolia pulmonar).

Las exploraciones con resonancia magnética nuclear (RMN, ver Resonancia magnética nuclear (RMN)) también proporcionan imágenes muy detalladas, especialmente útiles cuando el médico considera que pueden existir alteraciones en los vasos sanguíneos del tórax, como un aneurisma aórtico. Sin embargo, la RMN tarda más tiempo en realizarse y es más cara que la TC. Asimismo, la resolución de la RMN es más baja que la TC a la hora de diagnosticar alteraciones en los pulmones, por lo que la RMN no se utiliza con frecuencia para obtener imágenes del tórax. A diferencia de la tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética nuclear (RMN) no utiliza radiación.

La ecografía (ver Ecografía) construye una imagen a partir de la reflexión de las ondas sonoras en el organismo. La ecografía se utiliza con frecuencia para detectar líquido en la cavidad pleural (espacio que se encuentra entre las dos capas de la pleura que recubren el pulmón). También se puede utilizar para guiarse a la hora de realizar una extracción del líquido con ayuda de una aguja.

La gammagrafía pulmonar (ver Gammagrafía) puede ser útil en la detección de coágulos de sangre en los pulmones (embolia pulmonar), pero ha sido sustituida en gran medida por la angiografía por TC para diagnosticar este trastorno. La gammagrafía pulmonar también se utiliza en la valoración preoperatoria de personas con cáncer de pulmón. La gammagrafía pulmonar utiliza cantidades minúsculas de materiales radiactivos de corta duración para mostrar el flujo de aire y de sangre en los pulmones. Generalmente, la prueba se realiza en dos etapas. En la primera (gammagrafía pulmonar de perfusión), se inyecta una sustancia radiactiva en una vena y el escáner produce una imagen de cómo se distribuye a través de los vasos sanguíneos del pulmón. Si el escáner de perfusión es anómalo, es necesaria una segunda fase (gammagrafía pulmonar de ventilacion); la persona inhala un gas radiactivo y el escáner produce una imagen de cómo se distribuye el gas por los pulmones.

La arteriografía de la arteria pulmonar (también denominada angiografía pulmonar) se lleva a cabo mediante la inyección de un contraste radiopaco directamente en la arteria pulmonar a través de un tubo de plástico largo y delgado (catéter) que se introduce por una vena hasta el corazón y desde allí hasta la arteria pulmonar. Después de inyectar el medio de contraste, los médicos utilizan rayos X convencionales para ver el contraste en los pulmones (ver Angiografía). Esta técnica se ha utilizado sobre todo cuando las imágenes obtenidas por gammagrafía pulmonar sugerían la existencia de una embolia pulmonar, y sigue considerándose la prueba más precisa para confirmar o descartar dicha patología. Sin embargo, actualmente, la angiografía de las arterias pulmonares se suele realizar mediante angiografía por TC porque la angiografía de la arteria pulmonar, que implica una inyección directa en la gran arteria pulmonar, es más invasiva.

La tomografía por emisión de positrones (PET, ver Tomografia por emision de positrones (PET)) se utiliza cuando se sospecha la existencia de una lesión cancerosa. Esta técnica de imagen radiológica se basa en la diferente actividad metabólica que presentan los tejidos malignos (cancerosos) en comparación con los benignos (no cancerosos). Consiste en la inyección intravenosa de moléculas de glucosa combinadas con un compuesto visible al realizar la tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). Una vez inyectadas, las moléculas se acumulan en tejidos con gran actividad metabólica (como por ejemplo los ganglios linfáticos cancerosos) haciéndolos visibles en la imagen de la tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). En las lesiones benignas no se suelen acumular suficientes moléculas como para hacerse visibles. La PET se combina a menudo con la TC y así se disponen de dos métodos diferentes para visualizar los tumores de pulmón.

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