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Síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA)

Por Brian K. Gehlbach, MD, Assistant Professor of Medicine, Section of Pulmonary and Critical Care Medicine, University of Chicago ; Jesse B. Hall, MD, Professor Emeritus of Medicine and Anesthesia and Critical Care, University of Chicago School of Medicine

El síndrome de dificultad respiratoria aguda es un tipo de insuficiencia respiratoria (pulmonar) causada por diversos trastornos que provocan la acumulación de líquido en los pulmones y concentraciones de oxígeno sanguíneo demasiado bajas.

  • Los pacientes sufren disnea, por lo general con respiración rápida y superficial, la piel puede llegar a ser moteada o azul (cianosis) y otros órganos como el corazón y el cerebro pueden funcionar inadecuadamente.

  • Se toma una muestra de sangre de una arteria y se analiza para determinar los niveles de oxígeno en sangre y, también se realiza una radiografía de tórax.

  • Las personas afectadas se tratan en una unidad de cuidados intensivos, ya que pueden necesitar ventilación mecánica.

  • Se suministra oxígeno y se trata la causa de la insuficiencia respiratoria.

El síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) es una urgencia médica. Puede darse en personas que ya padecen una enfermedad pulmonar o en personas con los pulmones previamente normales. Este síndrome suele denominarse dificultad respiratoria del adulto, pero también puede presentarse en niños. La forma menos grave de este síndrome se denomina lesión pulmonar aguda (LPA).

Causas

Cualquier enfermedad o alteración que cause daño pulmonar puede producir un síndrome de dificultad respiratoria aguda. Más de la mitad de las personas con SDRA lo desarrollan a consecuencia de una grave y extensa infección (septicemia) o neumonía.

Cuando los pequeños sacos de aire (alvéolos) y los vasos capilares del pulmón resultan afectados, la sangre y los líquidos se filtran en los espacios que se encuentran entre los alvéolos y, finalmente, pasan a su interior. Puede producirse el colapso de una gran cantidad de alvéolos (trastorno denominado atelectasia, ver Atelectasia) como consecuencia de la reducción del surfactante, una sustancia líquida que recubre el interior de los alvéolos y ayuda a mantenerlos abiertos. Cuando los alvéolos se llenan de líquido y se colapsan, se interfiere la entrada del oxígeno del aire a la sangre, con lo que los niveles de oxígeno disminuyen bruscamente. La salida del dióxido de carbono de la sangre al aire que se exhala se ve menos afectada, de ahí que sus niveles sanguíneos cambien muy poco.

La disminución de los niveles de oxígeno en sangre causada por este síndrome, junto con la liberación a la sangre de ciertas proteínas (citocinas o citoquinas), producidas por las células del pulmón lesionado y los glóbulos blancos (leucocitos), pueden conllevar inflamación y complicaciones en otros órganos. También pueden ocasionar el fallo de varios órganos (insuficiencia multiorgánica). La insuficiencia multiorgánica puede comenzar poco después del inicio del SDRA o días o semanas después. Además, las personas con SDRA son menos capaces de luchar contra las infecciones pulmonares y tienden a desarrollar una neumonía bacteriana.

Síntomas

Por lo general, el síndrome de dificultad respiratoria aguda sucede al cabo de 24 o 48 horas de haberse producido la lesión o la enfermedad original, pero puede tardar hasta 4 o 5 días en aparecer. Al principio, la persona experimenta dificultad respiratoria, generalmente con una respiración rápida y superficial. Mediante un estetoscopio, el médico puede escuchar sonidos crepitantes o sibilantes en los pulmones. La piel puede aparecer moteada o azulada (cianosis) debido a la baja concentración de oxígeno en sangre, mientras que otros órganos, como el corazón y el cerebro, pueden sufrir alteraciones en su funcionamiento, con aparición de una frecuencia cardíaca rápida, irregularidades en el ritmo cardíaco (arritmias), confusión y sopor.

Diagnóstico

El análisis de gases en la sangre arterial pone de manifiesto la baja concentración de oxígeno, mientras que las radiografías de tórax revelan la presencia de líquido en espacios que deberían estar llenos de aire. Puede ser necesario realizar más pruebas complementarias para descartar la insuficiencia cardíaca como causa del problema (ver Insuficiencia cardíaca).

Pronóstico

Sin tratamiento oportuno, la falta de oxígeno provoca la muerte en el 90% de las personas con SDRA. Sin embargo, con tratamiento adecuado, alrededor de tres cuartas partes de las personas con dicho trastorno sobreviven.

Las personas que responden con rapidez al tratamiento suelen recuperarse completamente con pocas (o ninguna) anomalías pulmonares a largo plazo. Aquellas personas cuyo tratamiento requiere un periodo prolongado con un ventilador son más propensas a desarrollar fibrosis pulmonar. Esta fibrosis puede disminuir pocos meses después de la retirada del respirador. Si la fibrosis pulmonar es extensa puede deteriorar la función pulmonar de tal modo que dicho deterioro se manifieste durante ciertas actividades de la vida cotidiana. Una fibrosis menos extensa puede alterar la función pulmonar cuando los pulmones están bajo esfuerzo, como durante el ejercicio o en una enfermedad.

Muchas personas pierden mucho peso y masa muscular durante la enfermedad. La rehabilitación en el hospital puede ayudarles a recuperar su fuerza e independencia.

Tratamiento

Los pacientes con este síndrome son tratados en una unidad de cuidados intensivos. El éxito del tratamiento depende generalmente de tratar el trastorno subyacente (por ejemplo, neumonía). También se administra oxigenoterapia, que es vital para corregir los niveles bajos de oxígeno.

Si el oxígeno suministrado mediante mascarilla o cánulas nasales no corrige los niveles bajos de oxígeno en la sangre, o si se requieren dosis muy altas de oxígeno, debe emplearse ventilación mecánica. Por lo general, un ventilador suministra aire rico en oxígeno bajo presión a través de un tubo introducido por la boca hasta la tráquea. En personas con SDRA, la presión del ventilador se suministra durante la inhalación, y se utiliza una presión más baja durante la espiración (llamada presión positiva al final de la espiración), lo que ayuda a mantener los alvéolos abiertos al final de la espiración.

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