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Intolerancia a la lactosa

Por Atenodoro R. Ruiz, Jr., MD, Consultant, Section of Gastroenterology, The Medical City, Pasig City, Metro-Manila, Philippines

La intolerancia a la lactosa es la incapacidad de digerir el azúcar lactosa debida a una carencia de la enzima lactasa, lo que provoca diarrea y retortijones abdominales.

  • La intolerancia a la lactosa está causada por una carencia de la enzima lactasa.

  • Los síntomas en los niños incluyen diarrea y aumento de peso insuficiente, mientras que los síntomas en adultos incluyen hinchazón abdominal, cólicos, diarrea, flatulencia y náuseas.

  • El diagnóstico se basa en la observación de los síntomas que se presentan después del consumo de productos lácteos y puede confirmarse mediante un test de hidrógeno espirado.

  • El tratamiento consiste en administrar suplementos de la enzima lactasa y evitar la lactosa, sobre todo en los productos lácteos.

La lactosa, el azúcar que predomina en la leche y otros productos lácteos, es descompuesta por la enzima lactasa, que producen las células del revestimiento interno del intestino delgado. La lactasa divide la lactosa, un azúcar complejo, en sus dos componentes: glucosa y galactosa. Luego estos azúcares simples son absorbidos por la pared intestinal y pasan al torrente sanguíneo. En ausencia de lactasa, la lactosa no puede digerirse ni absorberse. La alta concentración de lactosa resultante arrastra líquido hacia el intestino delgado, produciendo diarrea acuosa. La lactosa pasa posteriormente al intestino grueso, donde es fermentada por bacterias, produciendo gases que causan flatulencia, hinchazón y cólicos abdominales.

Los niveles de lactasa son altos en los lactantes, lo cual les permite digerir la leche. No obstante, en la mayoría de los grupos étnicos (80% de personas de ascendencias africana y latinoamericana y más del 90% de las de ascendencia asiática) los niveles de lactasa disminuyen después del destete. Esta disminución significa que los niños mayores y los adultos de esos grupos étnicos son incapaces de digerir mucha lactosa. Sin embargo, el 80 al 85% de las personas de ascendencia del noroeste de Europa producen lactasa a lo largo de toda la vida, y pueden, por consiguiente, digerir bien la leche y los productos lácteos en la edad adulta. Por lo tanto, en Estados Unidos, país con una notable diversidad en su composición étnica, entre 30 y 50 millones de personas tienen intolerancia a la lactosa. Es interesante señalar que esta «intolerancia» es realmente la situación normal de más del 75% de la población mundial.

Cuando un trastorno, como una infección intestinal (ver Introducción a la gastroenteritis), daña el revestimiento del intestino delgado se puede desarrollar una Intolerancia temporal a la lactosa. La persona puede volver a digerir la lactosa una vez se recupera del trastorno.

También existen intolerancias a otros azúcares, pero son relativamente raras. Por ejemplo, una falta de la enzima sacarasa impide que el azúcar sacarosa sea absorbido al torrente sanguíneo, lo mismo que le sucede al azúcar maltosa cuando faltan las enzimas maltasa e isomaltasa.

La alergia a la leche de vaca es diferente a la intolerancia a la lactosa. Al contrario de lo que ocurre en la intolerancia a la lactosa, las personas con alergia a la leche de vaca pueden digerir la leche correctamente, pero las proteínas de la leche desencadenan una respuesta del sistema inmunitario (ver Introducción a las reacciones alérgicas). La alergia a la leche de vaca por lo general afecta a niños.

¿Sabías que...?

  • A excepción de las personas con ascendencia norte europea, la mayoría de los adultos sanos no pueden digerir cantidades significativas de lactosa y, por lo tanto, normalmente son «intolerantes a la lactosa».

Síntomas

Las personas con intolerancia a la lactosa no suelen tolerar la leche ni otros productos lácteos, puesto que todos contienen lactosa. Los adultos, por lo general, solo desarrollan síntomas después de consumir más de 250 a 375 mL de leche. Algunas personas reconocen de forma temprana que la leche y otros productos lácteos les causan problemas gastrointestinales, y de manera consciente o inconsciente los evitan.

En un niño intolerante a la lactosa se produce diarrea y una falta de aumento de peso cuando la leche forma parte de su dieta.

En un adulto pueden producirse hinchazón abdominal y retortijones, diarrea acuosa, flatulencia, náuseas, ruidos intestinales (borborigmos) y una urgente necesidad de defecar entre 30 minutos y 2 horas después de ingerir una comida que contenga lactosa. En algunas personas, la diarrea grave impide una adecuada absorción de los nutrientes porque estos son eliminados del organismo con demasiada rapidez. Sin embargo, los síntomas que resultan de la intolerancia a la lactosa son generalmente leves. Por el contrario, los síntomas que resultan de la malabsorción, en trastornos tales como la enfermedad celíaca, el esprúe tropical y las infecciones intestinales, son más graves.

Alergia a la leche de vaca

Los niños con alergia a la leche de vaca también presentan síntomas después de consumir leche o productos lácteos. Sin embargo, estos síntomas, como picor, erupción cutánea y/o sibilancias, se parecen a los de otras reacciones alérgicas. A veces los niños tienen síntomas del tubo digestivo, como vómitos, dolor abdominal y raramente diarrea.

La alergia a la leche de vaca es muy poco frecuente en adultos y también puede causar vómitos y síntomas de reflujo esofágico.

Diagnóstico

  • Valoración médica de los síntomas que se producen después de consumir la lactosa

  • A veces, una prueba de hidrógeno en el aliento

El médico sospecha que existe una intolerancia a la lactosa cuando una persona tiene síntomas después de consumir productos lácteos. El diagnóstico se confirma si en un periodo de prueba de 3 a 4 semanas con una dieta sin productos lácteos desaparecen los síntomas, y si estos reaparecen cuando la persona consume productos lácteos.

Las pruebas específicas rara vez son necesarias, pero en algunas personas los médicos confirman el diagnóstico con una prueba de hidrógeno en el aliento. En esta prueba, que dura 4 horas, las personas consumen una pequeña cantidad de lactosa medida de antemano. Antes y después de ingerir la lactosa, se mide la cantidad de gas hidrógeno en el aliento de la persona, en intervalos de 1 hora, porque las bacterias intestinales producen hidrógeno cuando digieren la lactosa no absorbida. Si la cantidad de hidrógeno en el aliento aumenta significativamente, se considera que la persona es intolerante a la lactosa.

La prueba de tolerancia a la lactosa es una prueba alternativa, menos sensible, que actualmente rara vez se hace. Después de la ingestión de una cantidad determinada de lactosa, los médicos controlan los síntomas de las personas en cuestión y miden sus niveles de glucosa en sangre varias veces. Las personas que pueden digerir la lactosa no desarrollan síntomas y su nivel de azúcar en sangre aumenta. Las personas que no pueden digerir la lactosa desarrollan diarrea, distensión abdominal y malestar al cabo de 20 a 30 minutos como máximo y su nivel de glucosa en sangre no aumenta.

Tratamiento

  • Evitar la lactosa

  • Tomar complementos de lactasa

La intolerancia a la lactosa puede controlarse con dieta, evitando los alimentos que contienen lactosa, principalmente los productos lácteos. A menudo se tolera el yogur porque contiene lactasa producida por Lactobacilli de forma natural. El queso contiene cantidades más bajas de lactosa que la leche y a menudo se tolera, dependiendo de la cantidad ingerida. En muchos supermercados se encuentran a la venta leche y otros productos sin lactosa.

Las personas que deben evitar los productos lácteos deben tomar suplementos de calcio con el fin de prevenir el déficit de este elemento. Los complementos de enzimas de lactasa se comercializan sin receta y se pueden tomar al mismo tiempo que se comen o se beben productos que contienen lactosa.

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