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Espasmo esofágico

(Pseudodiverticulosis espástica; esófago en cuenta de rosario o esófago en sacacorchos; espasmo esofágico difuso sintomático)

Por Michael C. DiMarino, MD, Clinical Assistant Professor, Sidney Kimmel Medical College at Thomas Jefferson University

El espasmo esofágico es un trastorno de los movimientos de propulsión (peristaltismo) del esófago.

En este trastorno, las contracciones normales que propulsan los alimentos a lo largo del esófago son reemplazadas periódicamente por contracciones no propulsivas o por contracciones musculares excesivas (hiperdinamia); también es posible que la presión del esfínter esofágico inferior aumente. En el 30% de las personas con este trastorno, el esfínter esofágico inferior se abre y se cierra de forma anómala. La causa exacta no se conoce, pero se sospecha un defecto de la inervación.

Síntomas

Normalmente, los espasmos musculares del esófago se perciben como dolor torácico, por debajo del esternón, coincidiendo con dificultad para tragar (disfagia, ver Dificultad para tragar) líquidos (especialmente los que están muy fríos o calientes) y sólidos. El dolor también se presenta por la noche y puede ser lo suficientemente intenso como para interrumpir el sueño. El espasmo esofágico también puede causar dolor intenso sin producir dificultad para la deglución. Este dolor, a menudo descrito como dolor opresivo detrás del esternón, puede aparecer con el ejercicio o el esfuerzo, lo que hace que sea difícil distinguirlo de la angina de pecho (dolor torácico originado por una enfermedad del corazón). Con los años, este trastorno puede evolucionar hacia una acalasia (ver Acalasia), un trastorno en el que las contracciones rítmicas del esófago resultan considerablemente reducidas. Algunas personas tienen síntomas que combinan los de la acalasia y los del espasmo esofágico. Esta combinación de síntomas recibe el nombre de acalasia vigorosa. Se caracteriza tanto por retención del alimento en el esófago, que puede provocar la inhalación de pequeñas cantidades de alimento hacia los pulmones (aspiración), como por dolor torácico intenso producido por el espasmo esofágico.

Diagnóstico

Las radiografías realizadas durante la ingestión de un líquido que contiene bario (papilla baritada, ver Estudios radiológicos) pueden mostrar que la solución no se desplaza normalmente por el esófago y que las contracciones de la pared esofágica se producen de forma descoordinada y no propulsan el bario. La medición de la presión con una manometría (una prueba en la que se coloca una sonda en el esófago que mide la presión de las contracciones, ver Manometría) proporciona el análisis más sensible y detallado de los espasmos.

Tratamiento

El espasmo esofágico suele ser difícil de tratar. Los bloqueantes de los canales de calcio (como la nifedipina) alivian los síntomas mediante la relajación de los músculos esofágicos. Algunas veces, puede ser útil la inyección de toxina botulínica en el esfínter esofágico inferior. Otros fármacos como la nitroglicerina, los nitratos de efecto prolongado y los fármacos con efectos anticolinérgicos (como la diciclomina) son menos eficaces. A veces, se necesitan medicamentos contra el dolor (analgésicos) potentes. Algunas personas presentan síntomas que son muy difíciles de tratar. En estos casos, se puede dilatar el esófago inflando un globo en su interior o insertando progresivamente instrumentos de punta roma grandes (sondas de dilatación esofágica). En raras ocasiones, el cirujano puede realizar un corte en la capa muscular a lo largo de todo el esófago (miotomía quirúrgica).