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Tiroiditis subaguda

(Tiroiditis granulomatosa; tiroiditis de Quervain; tiroiditis de células gigantes)

Por Jerome M. Hershman, MD

La tiroiditis subaguda es una inflamación aguda de la glándula tiroidea, probablemente causada por un virus.

Por lo general, comienza de forma repentina. En este trastorno, la inflamación provoca que la glándula tiroidea libere cantidades excesivas de hormonas tiroideas, lo que origina hipertiroidismo (ver Hipertiroidismo), casi siempre seguido de hipotiroidismo (ver Hipotiroidismo) transitorio y, finalmente, de la normalización de las funciones tiroideas.

Síntomas

La tiroiditis subaguda suele aparecer después de una infección vírica y comienza con lo que muchos refieren como un dolor de garganta, pero que en realidad se trata de un dolor en el cuello, localizado en la glándula tiroidea. A menudo, se siente mucho cansancio. La glándula tiroidea se vuelve extremadamente sensible y la persona, por lo general, presenta febrícula (entre 37 y 38 °C). El dolor puede desplazarse de un lado del cuello al otro, extenderse a la mandíbula y a los oídos, y hacerse más fuerte al girar la cabeza o al tragar. Al principio, la tiroiditis subaguda se suele confundir con un problema dental o con una infección de la garganta o del oído.

Diagnóstico

El diagnóstico de la tiroiditis subaguda se basa en los síntomas de la persona en cuestión y en los resultados de la exploración física y de las pruebas para determinar el funcionamiento de la tiroides (ver Pruebas de función tiroidea).

Tratamiento

En la mayoría de los casos, la recuperación es completa. Por lo general, la dolencia remite por sí sola en unos pocos meses, pero a veces se producen recaídas o, con escasa frecuencia, provoca una lesión lo bastante importante en la glándula tiroidea como para causar un hipotiroidismo permanente.

La aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) alivian el dolor y la inflamación. En casos graves, se recomienda administrar corticoesteroides, como la prednisona, cuya dosis se reduce de forma gradual a lo largo de 6 u 8 semanas. Cuando los corticoesteroides se interrumpen bruscamente o demasiado pronto, los síntomas suelen reaparecer con más intensidad. Si los síntomas del hipertiroidismo son graves, se recomienda administrar un beta-bloqueante.