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Introducción a la hipófisis

Por Ian M. Chapman, MBBS, PhD, University of Adelaide, Royal Adelaide Hospital

La hipófisis (glándula pituitaria) es una glándula del tamaño de un guisante que se aloja en el interior de una estructura ósea denominada silla turca, en la base del cerebro. La silla turca protege la hipófisis, pero deja muy poco espacio para su expansión.

La hipófisis regula la actividad de la mayor parte de las demás glándulas endocrinas y, por tanto, en ocasiones recibe el nombre de glándula maestra. A su vez, el hipotálamo, una región del cerebro situada justo encima de la hipófisis, controla gran parte de la actividad de esta última. El hipotálamo o la hipófisis determinan la cantidad de estimulación que necesitan las glándulas sobre las que actúan mediante las concentraciones de las hormonas producidas por las glándulas que están bajo el control de la hipófisis (glándulas de actuación).

Hipófisis: la glándula maestra

La hipófisis (glándula pituitaria) es una glándula del tamaño de un guisante, ubicada en la base del cerebro, que produce numerosas hormonas. Cada una de estas hormonas afecta a una parte específica del organismo (un órgano o tejido de actuación). Puesto que la hipófisis regula la actividad de la mayoría de las demás glándulas endocrinas, a menudo se le llama glándula maestra.

Hormona

Órgano o tejido de actuación

Hormona adrenocorticotrófica (ACTH)

Glándulas suprarrenales

Hormona estimulante de los melanocitos beta (beta-melanotropina)

Piel

Endorfinas

Cerebro y sistema inmunitario

Encefalinas

Encéfalo

Hormona foliculoestimulante

Ovarios y testículos

Hormona del crecimiento

Músculos y huesos

Hormona luteinizante (lutropina)

Ovarios y testículos

Oxitocina

Útero y glándulas mamarias

Prolactina

Glándulas mamarias

Hormona estimulante del tiroides (tirotropina)

Glándula tiroidea

Vasopresina (hormona antidiurética)

Riñón

La hipófisis (glándula pituitaria) consta de dos partes definidas: el lóbulo frontal (anterior), que representa el 80% del peso de la glándula, y el lóbulo dorsal (posterior). Ambos lóbulos se conectan con el hipotálamo a través de un tallo que contiene vasos sanguíneos y proyecciones de las células nerviosas (fibras nerviosas o axones). El hipotálamo controla el lóbulo anterior mediante la liberación de hormonas a través de los vasos sanguíneos de conexión; a su vez, controla el lóbulo posterior mediante impulsos nerviosos.

El lóbulo anterior de la hipófisis produce y libera (secreta) seis hormonas fundamentales:

  • La hormona del crecimiento (somatotropina), que regula el crecimiento y el desarrollo físico y determina en gran medida la forma del cuerpo al estimular la formación de los músculos y reducir el tejido graso

  • La hormona estimulante del tiroides (TSH o tirotropina), que estimula la produccción de hormonas por la glándula tiroidea

  • La hormona adrenocorticotrófica (ACTH, por sus siglas en inglés, también llamada corticotropina), que estimula la producción de cortisol y de otras hormonas por parte de las glándulas suprarrenales

  • Las hormonas foliculoestimulante (folitropina) y luteinizante (las gonadotropinas), que estimulan la producción de esperma por los testículos, de óvulos por los ovarios y de hormonas sexuales (testosterona y estrógenos) por los órganos sexuales

  • La prolactina, que estimula la producción de leche por las glándulas mamarias

El lóbulo anterior también produce otras hormonas, incluida la responsable de la pigmentación oscura de la piel (hormona estimulante de los melanocitos beta) y las que inhiben la sensación de dolor y ayudan a controlar el sistema inmunitario (endorfinas).

El lóbulo posterior de la hipófisis solo produce dos hormonas:

  • Vasopresina

  • Oxitocina

La vasopresina (también conocida como la hormona antidiurética) regula la cantidad de agua que los riñones eliminan, por lo que es importante para mantener el equilibrio hídrico del organismo (ver Introducción al agua corporal). La oxitocina provoca las contracciones del útero tanto durante el parto como inmediatamente después, a fin de prevenir el exceso de sangrado. La oxitocina también estimula las contracciones de los conductos galactóforos, que conducen la leche hacia el pezón (la bajada de la leche) en mujeres con bebés lactantes.

No todas las hormonas de la hipófisis se producen de forma continua. La mayoría se liberan en ciclos de entre 1 y 3 horas, con periodos alternos de actividad e inactividad. Algunas de las hormonas, como la adrenocorticotrófica (ACTH, hormona adrenocorticotropa o corticotropina), la hormona del crecimiento (somatotropina) y la prolactina siguen un ritmo circadiano: sus concentraciones suben y bajan de manera predecible durante el día, suelen alcanzar el nivel máximo justo antes del despertar y descienden a los valores más bajos antes de dormir. Las concentraciones de otras hormonas varían en función de otros factores. Por ejemplo, en las mujeres, las concentraciones de las hormonas luteinizante y foliculoestimulante, que controlan la funcionalidad reproductora, varían durante el ciclo menstrual.

La insuficiencia de la hipófisis puede producirse de formas diversas, por lo general, como resultado de la presencia de un tumor benigno (adenoma). El tumor puede segregar un exceso de una o de más hormonas hipofisarias o comprimir las células hipofisarias normales, lo que da lugar a una producción menor de una o de más hormonas hipofisarias. El tumor también puede causar la hipertrofia de la hipófisis, con o sin alteración de la producción hormonal. A veces, existe una producción excesiva de una hormona debido a un tumor hipofisario y, al mismo tiempo, una producción menor de otra por efecto de la compresión. El exceso de una determinada hormona hipofisaria, o su carencia, da lugar a una amplia variedad de síntomas.

Existen diversas técnicas que ayudan a diagnosticar una disfunción de la hipófisis. Las pruebas de diagnóstico por la imagen, como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN), permiten observar posibles aumentos o disminuciones de tamaño de la hipófisis. Por lo general, estas pruebas indican si se da la existencia de un tumor en la glándula.

Las concentraciones de las hormonas hipofisarias se miden con un simple análisis de sangre. La selección de la hormona hipofisaria cuyos valores se desean conocer depende de los síntomas. En ocasiones, estos valores no se pueden interpretar con facilidad, porque varían de forma considerable a lo largo del día y en función de las necesidades del organismo. Medir estas hormonas en una muestra de sangre tomada al azar no proporciona ninguna información útil.

Antes de medir la concentración de determinadas hormonas, se administra una sustancia que en condiciones normales afectaría a la producción. Por ejemplo, si se inyecta insulina, las concentraciones de la hormona adrenocorticotrófica (ACTH, hormona adrenocorticotropa o corticotropina), de la hormona del crecimiento (somatotropina) y de la prolactina deberían aumentar. En vez de obtener directamente los niveles de la hormona del crecimiento, se suele medir otra hormona, el factor de crecimiento insulinoide de tipo 1 (IGF-1). La hormona del crecimiento se produce en ráfagas y sus niveles descienden con rapidez; sin embargo, la concentración del IGF-1 refleja la producción total diaria de la hormona del crecimiento. Por todas estas razones, interpretar los resultados de los análisis de sangre de las hormonas hipofisarias es muy complejo.

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