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Alergias estacionales

(Fiebre del heno; rinitis alérgica)

Por Peter J. Delves, PhD, Professor of Immunology, Department of Immunology, Division of Infection and Immunity, University College London, London, UK

Las alergias estacionales se deben a la exposición a sustancias suspendidas en el aire (como el polen) que aparecen solo durante ciertas épocas del año.

  • Las alergias estacionales causan prurito en la piel, goteo nasal, ojos llorosos e inyectados en sangre y estornudos.

  • Se diagnostican cuando aparecen los síntomas típicos (como nariz pruriginosa que gotea y ojos también pruriginosos) en una estación determinada.

  • Los aerosoles nasales con corticoesteroides, los antihistamínicos y los descongestionantes alivian los síntomas.

Las alergias estacionales (a menudo denominadas fiebre del heno) son frecuentes. Aparecen solo durante ciertas épocas del año, especialmente en primavera, en verano o en otoño, dependiendo de la sustancia que cause la alergia. Los síntomas se presentan principalmente en la membrana que recubre internamente la nariz, lo que da lugar a rinitis alérgica, o en la membrana que recubre los párpados y la parte blanca de los ojos (conjuntiva), lo que provoca conjuntivitis alérgica (ver Conjuntivitis alérgica).

El término "fiebre del heno" es algo engañoso, ya que los síntomas no aparecen solo en verano, que es la época en que se cosecha el heno, y nunca incluyen fiebre. Suele consistir en una reacción al polen y a las gramíneas. El polen que da lugar a la fiebre del heno varía en cada estación:

  • Primavera: generalmente de árboles, como el roble, el olmo, el arce, el aliso, el abedul, el enebro y el olivo

  • Verano: gramíneas (como la Bermuda, el fleo, la grama dulce, el pomar y la hierba de Johnson) y malezas (como el cardo ruso y el plátano inglés)

  • Otoño: la ambrosía

Del mismo modo, en una misma estación se pueden encontrar distintos tipos de polen en las diferentes regiones de un país. Por ejemplo, en el oeste de Estados Unidos, el cedro de montaña (un tipo de enebro) es una de las principales fuentes de polen de árboles desde diciembre hasta marzo. Pero en las regiones áridas del suroeste, las gramíneas polinizan durante mucho más tiempo, y en el otoño, el polen de las malezas, como la artemisa y el cardo ruso, pueden causar fiebre del heno. Se puede tener alergia a uno o a más tipos de polen, por lo que la temporada de alergia se extiende desde el inicio de la primavera al final del otoño. Las esporas de hongos, presentes en el aire durante largos periodos en la primavera, en el verano y en el otoño, también causan alergia estacional.

Si algunas sustancias suspendidas en el aire, como el polen, entran en contacto con los ojos, se produce conjuntivitis alérgica.

Síntomas

La fiebre del heno puede ocasionar prurito en la nariz, en el paladar, en la parte posterior de la garganta y en los ojos. El prurito puede comenzar de forma gradual o súbita. La nariz gotea, con una secreción acuosa y transparente, y se congestiona. En los niños la congestión nasal puede dar lugar a una infección de oído (otitis). La mucosa de la nariz se hincha y se vuelve de color rojo azulado.

Los senos paranasales también pueden estar congestionados, lo que da lugar a cefaleas y, en ocasiones, a infecciones (sinusitis). Es frecuente que haya estornudos.

Los ojos lagrimean, a veces profusamente, y pican. Se observa enrojecimiento en la zona blanca de los ojos y en los párpados, que también pueden estar hinchados. El uso de lentes de contacto aumenta la irritación.

Otros síntomas son tos, sibilancias y, en algunos casos, irritabilidad y dificultades para dormir.

La intensidad de los síntomas varía en cada estación.

Muchas personas con rinitis alérgica también sufren asma (lo cual produce sibilancias), posiblemente causada por los mismos desencadenantes de la alergia (alérgenos) que contribuyen a la rinitis alérgica y a la conjuntivitis.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en los síntomas y en las circunstancias en las que ocurren, es decir, si se producen solo durante ciertas estaciones. Esta información también ayuda a los médicos a identificar el alérgeno.

No suele ser necesario realizar ninguna prueba, pero, en ocasiones, se examina la secreción nasal para determinar si contiene eosinófilos (un tipo de glóbulos blancos (leucocitos) que se produce en grandes cantidades durante una reacción alérgica). Las pruebas cutáneas pueden ser útiles para confirmar el diagnóstico y para identificar el alérgeno (ver Diagnóstico).

Tratamiento

Síntomas nasales

Los aerosoles nasales con corticoesteroides suelen ser muy eficaces, por lo que es lo primero que se administra. La mayoría de estos aerosoles tienen pocos efectos secundarios, aunque pueden provocar hemorragias nasales y dolor.

También se puede administrar un antihistamínico, por vía oral o como aerosol nasal, en lugar del aerosol nasal con corticoesteroides o junto con él. Los antihistamínicos se utilizan a menudo con un descongestionante, como la pseudoefedrina, tomado por vía oral. Existen muchas combinaciones sin receta médica de descongestionantes con antihistamínicos en un solo comprimido. Sin embargo, si se padece hipertensión arterial, no se deben tomar descongestionantes a menos que el médico lo recomiende y supervise su uso. Además, las personas que toman inhibidores de la monoaminooxidasa (un tipo de antidepresivo) no pueden tomar un producto que combina un antihistamínico y un descongestionante.

Los descongestionantes se pueden adquirir sin receta médica como gotas nasales o como aerosoles. No deben utilizarse durante más de unos pocos días a la vez porque el uso continuo durante una semana o más puede empeorar o prolongar la congestión nasal (efecto rebote) y dar lugar a una congestión crónica.

Los antihistamínicos también tienen otros efectos secundarios, sobre todo, aniticolinérgicos. Entre estos se incluyen somnolencia, boca seca, visión borrosa, estreñimiento, dificultad para orinar, confusión y mareo.

Tiende a haber menos efectos secundarios y menos graves con los aerosoles nasales que con los medicamentos que se toman por vía oral.

Existen otros fármacos que son útiles en algunos casos. El cromoglicato, que alivia el goteo de la nariz, se puede obtener con receta médica en forma de aerosol nasal. Para ser eficaz, debe utilizarse de forma periódica. También son eficaces la azelastina (un antihistamínico) y el ipratropio, que se pueden adquirir con receta médica en forma de aerosol nasal. Sin embargo, estos medicamentos pueden tener efectos anticolinérgicos similares a los de los antihistamínicos orales, sobre todo, la somnolencia.

El montelukast, un modificador de leucotrienos disponible con receta médica, reduce la inflamación y alivia el goteo nasal, pero aún no se ha determinado cuál es la mejor manera de utilizarlo.

El lavado periódico de los senos paranasales con una solución de agua templada y sal (solución salina) ayuda a movilizar y expulsar el moco al tiempo que hidrata la mucosa nasal. Esta técnica se denomina irrigación nasal.

Cuando estos tratamientos no resultan eficaces, se administra un corticoesteroide por vía oral o mediante inyección durante un tiempo corto (por lo general, menos de 10 días). Si se administran por vía oral o se inyectan durante mucho tiempo, los corticoesteroides pueden tener efectos secundarios graves.

Síntomas oculares

El lavado de los ojos con colirios sencillos (como las lágrimas artificiales) contribuye a aliviar la irritación. Debe evitarse cualquier sustancia que pueda estar causando la reacción alérgica. Durante los episodios de conjuntivitis no se deben usar lentes de contacto.

A menudo son eficaces los colirios que contienen antihistamínicos y un fármaco que provoca el estrechamiento de los vasos sanguíneos (un vasoconstrictor). Estos colirios se pueden adquirir sin receta médica. Sin embargo, pueden ser menos eficaces y tener más efectos secundarios que los colirios con receta (ver Conjuntivitis alérgica : Diagnóstico y tratamiento). Los colirios que contienen cromoglicato, que se adquieren con receta médica, se utilizan para prevenir más que para aliviar la conjuntivitis alérgica. Por lo tanto, se administran cuando se prevé una exposición al alérgeno. Si los síntomas son muy graves, se utilizan colirios que contienen corticoesteroides, disponibles con receta médica. Durante el tratamiento con este tipo de fármaco, es necesario que un oftalmólogo revise los ojos de forma periódica por si aumenta la presión intraocular o se produce una infección.

Inmunoterapia alergénica (desensibilización)

Cuando otros tratamientos no son eficaces, la inmunoterapia alergénica puede ayudar (ver Inmunoterapia alergénica (desensibilización)). La inmunoterapia es necesaria en las siguientes situaciones:

  • Cuando los síntomas son graves

  • Cuando no se puede evitar la exposición al alérgeno

  • Cuando los fármacos que se utilizan habitualmente para tratar la rinitis o la conjuntivitis alérgicas no logran controlar los síntomas

  • Cuando se desarrolla asma

La inmunoterapia alergénica para la fiebre del heno debe comenzar después de la temporada de polen, con el fin de prepararse para la temporada siguiente. La inmunoterapia tiene más efectos secundarios cuando se inicia durante la temporada de polen, debido a que los alérgenos han estimulado el sistema inmunitario. Es más eficaz cuando se mantiene durante todo el año.

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