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Reacciones anafilácticas

Por Peter J. Delves, PhD, Professor of Immunology, Department of Immunology, Division of Infection and Immunity, University College London, London, UK

Las reacciones anafilácticas (anafilaxia) son reacciones alérgicas repentinas, generalizadas, potencialmente graves y con riesgo de muerte.

  • Estas reacciones suelen comenzar con una sensación de inquietud, seguida de hormigueo y mareo.

  • A continuación, aparecen rápidamente síntomas graves, como prurito y urticaria generalizados, hinchazón, sibilancias y dificultad para respirar, desmayos y/o otros síntomas alérgicos.

  • Estas reacciones pueden poner la vida en peligro con rapidez.

  • El mejor tratamiento consiste en evitar el factor que las desencadena.

  • Las personas afectadas deben llevar siempre consigo antihistamínicos y una jeringa autoinyectable de adrenalina (epinefrina).

  • Las reacciones anafilácticas requieren tratamiento de urgencia.

Las causas más frecuentes son:

  • Fármacos (como la penicilina)

  • Picaduras de insectos

  • Ciertos alimentos (sobre todo, huevos, marisco y frutos secos)

  • Inyecciones antialérgicas (inmunoterapia alergénica)

  • Látex

Pero pueden ser causadas por cualquier alérgeno. Al igual que otras reacciones alérgicas, las reacciones anafilácticas no suelen suceder tras una primera exposición al alérgeno, sino después de exposiciones subsiguientes. Sin embargo, muchas personas no recuerdan haber tenido una primera exposición. Es probable que cualquier alérgeno que haya provocado una reacción anafiláctica vuelva a causarla en las exposiciones posteriores, a menos que se tomen medidas para evitarlas.

Síntomas

Las reacciones anafilácticas suelen comenzar en un plazo de 15 minutos después de la exposición al alérgeno. En contadas ocasiones, las reacciones comienzan al cabo de una hora. Los síntomas varían de una persona a otra, pero suelen repetirse en cada una de ellas.

El corazón palpita con rapidez. La persona afectada se siente incómoda y agitada. La presión arterial puede descender y provocar un desmayo. Otros síntomas incluyen sensación de hormigueo, mareo, prurito y rubor, tos, goteo nasal, estornudos, urticaria e hinchazón del tejido bajo la piel (angioedema). La respiración se vuelve difícil y sibilante porque la garganta o las vías respiratorias se contraen o se hinchan. Se pueden tener náuseas, vómitos, cólicos abdominales y diarrea.

Las reacciones anafilácticas pueden evolucionar tan rápidamente que la persona puede sufrir un colapso, interrupción respiratoria, convulsiones y pérdida de la consciencia en 1 o 2 minutos. Pueden ser mortales a menos que se proporcione un tratamiento de urgencia.

Los síntomas pueden reaparecer entre 4 y 8 horas después de la exposición inicial o posteriormente.

Diagnóstico

El diagnóstico suele ser evidente al basarse en los síntomas. Dado que los síntomas pueden convertirse rápidamente en un peligro para la vida, el tratamiento se inicia de inmediato. Si los síntomas son leves, el diagnóstico se puede confirmar mediante análisis de sangre o de orina, que miden las concentraciones de sustancias producidas durante las reacciones alérgicas. Sin embargo, estas pruebas no suelen ser necesarias.

Prevención

El mejor tratamiento consiste en evitar el alérgeno. Las personas alérgicas a ciertos alérgenos inevitables (como las picaduras de insectos) se pueden beneficiar de la inmunoterapia alergénica a largo plazo (ver Inmunoterapia alergénica (desensibilización)).

La personas que padecen estas reacciones deben llevar siempre consigo una jeringa autoinyectable de adrenalina (epinefrina) y pastillas de antihistamínicos para un tratamiento inmediato. Si entran en contacto con un desencadenante (por ejemplo, si les pica un insecto) o si empiezan a aparecer síntomas, deben inyectarse inmediatamente ellas mismas el contenido de la jeringa y tomar los antihistamínicos. Por lo general, este tratamiento detiene la reacción. Sin embargo, después de una reacción alérgica grave e inmediatamente después de haberse inyectado la adrenalina, deben acudir al servicio de urgencias de un hospital para ser examinadas y tratadas adecuadamente. Las personas afectadas también deben llevar una pulsera de alerta médica en el que se mencionen las alergias que padecen.

Tratamiento

En el servicio de urgencias, se administra adrenalina mediante inyección subcutánea, intramuscular o intravenosa. Si existe una dificultad grave para respirar, se puede insertar un tubo de respiración en la tráquea a través de la boca o de la nariz (intubación) o practicar una pequeña incisión en la piel que se encuentra sobre la tráquea; se administra oxígeno a través del tubo de respiración. La presión arterial baja casi siempre vuelve a la normalidad después de administrar epinefrina. Si no lo hace, se administran líquidos por vía intravenosa para aumentar el volumen de sangre. En ciertas ocasiones, a algunas personas pueden administrárseles fármacos que provocan el estrechamiento de los vasos sanguíneos (vasoconstrictores) y, de esta forma, contribuyen a que la presión arterial suba. Se administran antihistamínicos (como la difenhidramina) y bloqueantes de la histamina (H2) (como la cimetidina) por vía intravenosa hasta que los síntomas desaparezcan. En caso necesario, se administran beta-agonistas inhalados (como el salbutamol) para dilatar las vías respiratorias y facilitar la respiración.

A veces se administra un corticoesteroide para ayudar a prevenir que los síntomas se repitan varias horas después.

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