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Trasplante hepático

Por Martin Hertl, MD, PhD, Jack Fraser Smith Chair of Surgery and Director of Solid Organ Transplantation, Rush University Medical Center ; Paul S. Russell, MD, John Homans Distinguished Professor of Surgery;Senior Surgeon, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital

El trasplante de hígado es la única opción cuando este órgano ha dejado de funcionar. Un hígado completo solo puede obtenerse de una persona que haya fallecido, pero los donantes vivos pueden proporcionar una parte. El hígado donado se almacena hasta un máximo de 18 horas. Muchas personas mueren mientras esperan un hígado compatible, pero entre el 86 y el 90% de los receptores de un trasplante hepático sobreviven por lo menos un año.

La mayoría de los receptores tienen el hígado destruido por la cirrosis (reemplazo del tejido del hígado por tejido cicatricial), normalmente debido a la hepatitis C. Otras razones para un trasplante hepático son la colangitis esclerosante primaria (cicatrización de los conductos biliares, que produce cirrosis), los trastornos hepáticos autoinmunitarios, y, en niños, la destrucción parcial o completa de las vías biliares (atresia biliar) y los trastornos metabólicos. Cuando el hígado está destruido debido a alcoholismo, el receptor debe dejar de consumir alcohol antes de someterse a un trasplante. También se realiza este tipo de trasplantes cuando el cáncer hepático no está muy avanzado. Aunque la hepatitis C y los trastornos autoinmunitarios tienden a recidivar en el hígado trasplantado, la supervivencia sigue siendo buena.

El hígado lesionado se extrae a través de una incisión en el abdomen, y el nuevo hígado se conecta a los vasos sanguíneos y a las vías biliares del receptor. Por lo general, se requieren transfusiones de sangre. La intervención suele durar un mínimo de 4 horas y media, y la permanencia en el hospital es de 7 a 12 días.

Complicaciones

Aunque el rechazo de los trasplantes de hígado es menos intenso que el de los de riñón, de corazón o de otros órganos, es necesario administrar inmunosupresores después del trasplante. Si el receptor presenta un hígado agrandado, náuseas, dolor, fiebre, ictericia o una función hepática anómala (detectada mediante análisis de sangre), puede que se realice una biopsia por punción. Los resultados de la biopsia permiten determinar si se está produciendo un rechazo o si es necesario ajustar el tratamiento inmunosupresor.

El rechazo se puede tratar con corticoesteroides o, si no son eficaces, con otros inmunosupresores (como la inmunoglobulina antitimocítica). Si los medicamentos son ineficaces, se trasplantará otro hígado, cuando haya uno disponible.