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Retinopatía diabética

Por Sunir J. Garg, MD, FACS, The Retina Service of Wills Eye Institute;Thomas Jefferson University

La retinopatía diabética es el daño causado a la retina (la estructura transparente y sensible a la luz situada en la parte posterior del ojo) por la diabetes.

  • Desde los vasos sanguíneos de la retina pueden filtrarse sangre y fluido.

  • Pueden generarse nuevos vasos sanguíneos, lo que a veces da lugar a hemorragias, formación de cicatrices o desprendimiento de retina.

  • El diagnóstico se basa en la exploración ocular después de haber dilatado la pupila con colirios.

  • Es importante controlar el azúcar en sangre y la presión arterial en las personas con retinopatía diabética o con riesgo de desarrollarla.

  • Los tratamientos con láser y las inyecciones en el ojo por lo general pueden reducir la filtración de sangre y fluido de los vasos sanguíneos, previniendo o retrasando así mayores daños.

La diabetes mellitus se encuentra entre las principales causas de ceguera en Estados Unidos y otros países desarrollados, en especial en las personas en edad laboral. Al cabo de algunos años se producen ciertos cambios en la retina prácticamente en todas las personas con diabetes, reciban o no tratamiento con insulina. Las personas diabéticas que también sufran hipertensión arterial tienen un riesgo mucho mayor de desarrollar retinopatía diabética, dado que ambas enfermedades producen daño en la retina. El embarazo puede empeorar la retinopatía diabética.

La exposición repetida a unos niveles elevados de azúcar (glucosa) en sangre provoca que las paredes de los pequeños vasos sanguíneos, incluyendo los de la retina, se debiliten y por lo tanto sean más propensos a lesionarse. Por los vasos sanguíneos de la retina dañados se filtran sangre y líquido hacia el interior de la retina.

El grado de retinopatía y de pérdida de visión se relacionan directamente con:

  • El control de los niveles de azúcar en sangre

  • El control de la presión arterial

  • El tiempo que hace que la persona es diabética

En general, la retinopatía aparece 5 años después de desarrollar una diabetes de tipo 1. Como el diagnóstico de diabetes de tipo 2 puede no establecerse durante años, es posible que la retinopatía ya esté presente cuando se diagnostique la diabetes de tipo 2.

Síntomas

La diabetes mellitus causa dos tipos de cambios en el ojo: primero aparece una retinopatía diabética no proliferativa, y después una retinopatía diabética proliferativa que es más grave.

Retinopatía diabética no proliferativa

En la retinopatía diabética no proliferativa los pequeños vasos sanguíneos de la retina pierden fluido o sangre, y pueden desarrollar pequeñas protuberancias. Las zonas de la retina afectadas por la filtración de sangre pueden inflamarse y dañar zonas del campo visual. Al principio, los defectos visuales pueden ser mínimos, pero gradualmente la vista va empeorando. Es posible que aparezcan puntos ciegos, aunque el afectado no suele advertirlos y solo se descubren al realizar una revisión oftalmológica. Si la filtración se produce cerca de la mácula, la visión central puede volverse borrosa. La hinchazón de la mácula (edema macular), producida por la filtración de líquido de los vasos sanguíneos, evoluciona con una importante pérdida de visión. Sin embargo, la visión puede conservarse incluso con una retinopatía avanzada.

Retinopatía diabética proliferativa

En la retinopatía diabética proliferativa el daño a la retina estimula el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, que crecen de forma anómala y a veces producen hemorragias o cicatrices. Las cicatrices extensas pueden provocar un desprendimiento de retina (ver Desprendimiento de retina). En la retinopatía diabética proliferativa la pérdida de visión suele ser mayor que en la no proliferativa. Puede producirse una ceguera total o casi total, debida a una gran hemorragia en el humor vítreo (la sustancia gelatinosa situada dentro de la parte posterior del ojo, denominada vítreo) o a un tipo de desprendimiento de retina llamado desprendimiento retiniano por tracción. El crecimiento de nuevos vasos sanguíneos también puede conducir a un tipo doloroso de glaucoma (glaucoma neovascular). El edema macular puede causar una importante pérdida de visión. Los síntomas de la retinopatía diabética proliferativa pueden incluir visión borrosa, puntos negros o luces intermitentes en el campo visual y pérdida de visión repentina, importante e indolora.

Diagnóstico

El médico diagnostica las retinopatías diabéticas no proliferativa y proliferativa explorando la retina con un oftalmoscopio. Se realiza una angiografía con fluoresceína (ver Pruebas para detectar trastornos oculares : Angiografía) para ayudar a determinar la localización de la filtración, así como las áreas de flujo sanguíneo reducido y aquellas donde se forman nuevos vasos sanguíneos anómalos, establecer el grado de la retinopatía, decidir un plan terapéutico y monitorizar los resultados del tratamiento. El médico toma fotografías en color de la retina durante la angiografía con fluoresceína. La tomografía de coherencia óptica, una prueba de diagnóstico por la imagen, puede ayudar a evaluar la gravedad del edema macular y la respuesta del paciente al tratamiento.

Prevención

La mejor forma de evitar la retinopatía diabética consiste en controlar la diabetes y mantener la presión arterial en valores normales. Las personas con diabetes deben hacerse un reconocimiento oftalmológico anual, en el cual se dilata la pupila con colirios, de tal manera que pueda detectarse la retinopatía y comenzarse un tratamiento precoz. Las mujeres diabéticas embarazadas deben someterse a este reconocimiento aproximadamente una vez cada 3 meses.

Tratamiento

El tratamiento se dirige a controlar el azúcar en sangre y la presión arterial. A las personas con edema macular se les administran inyecciones oculares de ciertos medicamentos (como ranibizumab, pegaptanib, bevacizumab o a veces triamcinolona). El tratamiento del edema macular puede mejorar la visión. Otros tratamientos incluyen la fotocoagulación con láser, en la cual un haz de láser se dirige hacia el interior del ojo, a la retina, para reducir la velocidad de crecimiento de los vasos sanguíneos retinianos anómalos y disminuir las filtraciones. A veces es necesario repetir la fotocoagulación con láser. Si la hemorragia de los vasos dañados ha sido extensa, puede ser necesario realizar una intervención denominada vitrectomía, que consiste en la extracción de sangre de la cavidad donde está localizado el humor vítreo. La visión suele mejorar después de la vitrectomía realizada por una hemorragia del vítreo, y también puede mejorar si esta intervención se realiza para un desprendimiento de retina por tracción. Es muy poco frecuente que la visión mejore con el tratamiento con láser, pero sí suele impedir un mayor deterioro. Los tratamientos más novedosos que se están investigando implican la inserción de un implante en el ojo que administre cantidades constantes de un corticoesteroide.

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