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Introducción al oído interno

Por Lawrence R. Lustig, MD, Howard W. Smith Professor and Chair, Department of Otolaryngology–Head and Neck Surgery , Columbia University Medical Center and New York Presbyterian Hospital

El oído interno, lleno de líquido (laberinto) es una estructura compleja que consta de dos partes principales:

  • El órgano de la audición (cóclea)

  • El órgano del equilibrio (sistema vestibular)

Interior del oído

Cóclea

La cóclea, un tubo hueco enrollado en espiral (con forma de caracol), está llena de líquido. En su interior se encuentra el órgano de Corti, que consiste, en parte, en unas 20 000 células especializadas, denominadas células ciliadas. Estas células tienen diminutos filamentos (cilios) que se extienden hasta el interior del líquido. Las vibraciones sonoras transmitidas desde los huesecillos del oído medio a la ventana oval en el oído interno hacen que el líquido y los filamentos vibren.

A pesar del efecto protector del reflejo acústico, el ruido intenso puede lesionar y destruir las células ciliadas; cuando una de estas células se destruye, ya no vuelve a crecer. La exposición continua a ruidos intensos causa un daño progresivo, que acaba finalmente en sordera y, a veces, en ruido o zumbido en los oídos (acúfenos).

Sistema vestibular

El sistema vestibular está formado por dos sacos llenos de líquido, el sáculo y el utrículo, y tres tubos llenos de líquido denominados canales semicirculares. Estos sacos y tubos recopilan información sobre la posición y el movimiento de la cabeza, y el cerebro utiliza esta información para ayudar a mantener el equilibrio.

El sáculo y el utrículo contienen células que detectan el movimiento de la cabeza en línea recta; es decir, hacia adelante y hacia atrás (detecta la aceleración) o hacia arriba y hacia abajo (detecta la gravedad).

Los conductos semicirculares son tres tubos llenos de líquido que están en ángulo recto entre sí y que detectan la rotación de la cabeza. El movimiento de la cabeza hace que el líquido de los conductos se mueva. Según la dirección en que se mueva la cabeza, en uno de los conductos el movimiento del líquido será mayor que en los otros. Los conductos contienen células ciliadas que responden a este movimiento del líquido. Las células ciliadas inician impulsos nerviosos que advierten al cerebro de la dirección en que se está moviendo la cabeza, de modo que pueda adoptarse la acción apropiada para mantener el equilibrio.

Si los conductos semicirculares no funcionan bien, como puede ocurrir en una infección de las vías respiratorias altas y en otras enfermedades, ya sean temporales o permanentes, la persona puede perder el sentido del equilibrio o tener la sensación de que todo da vueltas (vértigo).

Los trastornos del oído interno pueden afectar a la audición, al equilibrio o a ambos. Los trastornos del oído medio y del oído interno causan muchos síntomas similares, y un trastorno del oído medio puede afectar al oído interno, y viceversa.

Los trastornos del oído interno incluyen:

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