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Toxinas como armas

El término «toxina» a menudo se utiliza libremente para referirse a cualquier veneno, pero técnicamente solo se refiere a una sustancia química tóxica producida por un organismo (aunque algunas toxinas pueden también ahora producirse de forma sintética). Dado que las toxinas utilizadas como armas que causan víctimas en masa no incluyen los agentes infecciosos de los que se derivan, no son transmisibles de persona a persona. Por lo tanto, las toxinas se parecen más a los agentes químicos que los agentes biológicos porque causan una intoxicación más que una infección.

Se conocen cientos de toxinas. Sin embargo, es difícil producir grandes cantidades de la mayor parte de las toxinas y también lo es distribuir toxinas de un modo lo bastante amplio como para afectar a muchas personas. Por lo tanto, la mayoría de toxinas son más adecuadas para el asesinato que para causar un gran número de víctimas. Solo hay cuatro toxinas consideradas una gran amenaza por parte de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC):

  • Toxina botulínica

  • Toxina épsilon de Clostridium perfringens

  • Toxina ricina

  • Enterotoxina estafilocócica B

De entre las toxinas mencionadas anteriormente, solo la toxina botulínica se clasifica entre los agentes de mayor prioridad. La toxina épsilon de C. perfringens es principalmente de interés histórico como agente supuestamente desarrollado por Irak en la década de 1980.

Toxina botulínica

La toxina botulínica, o neurotoxina botulínica, se refiere a cualquiera de los siete tipos conocidos de neurotoxinas producidas por la bacteria Clostridium botulinum. El botulismo transmitido por los alimentos, el transmitido a través de las heridas y el botulismo infantil se describen en otro lugar (ver Botulismo). Las víctimas en masa de la neurotoxina botulínica podrían producirse debido a una contaminación generalizada de los alimentos o el agua, pero el escenario más probable sería la inhalación de un aerosol.

La neurotoxina botulínica bloquea uno de los tipos de sustancias químicas que las neuronas utilizan para enviar señales a otras neuronas y a los músculos (neurotransmisores). Dado que el neurotransmisor particular, la acetilcolina, no funciona de forma correcta, la persona se debilita o se paraliza. De forma característica, la parálisis comienza en la parte superior del cuerpo alrededor de 12 a 36 horas (intervalo de 2 h a 8 días) después de la exposición a la neurotoxina botulínica y se extiende hacia abajo. La toxina no entra en el cerebro, por lo que el pensamiento no se ve afectado.

Los médicos administran una antitoxina por vena. La antitoxina se vuelve progresivamente menos eficaz a medida que aparecen síntomas y signos.

Ricina y abrina

La ricina proviene de semillas de la planta del ricino y la abrina viene de las semillas de una planta denominada guisante o árbol del rosario o jequirití. Aunque en algunos intentos de asesinato se ha introducido la ricina en el organismo de la víctima mediante inyección, causar víctimas en masa probablemente requeriría que la toxina fuera inhalada en forma de aerosol.

Los síntomas de toxicidad por ricina y abrina varían según la vía de exposición. En un periodo de 4 a 8 horas de exposición por inhalación, las personas experimentan tos, dificultad respiratoria y fiebre. Muchos órganos se ven afectados progresivamente en las siguientes 12 a 24 horas, terminando en insuficiencia respiratoria y, a menudo, la muerte. No se dispone de antídoto ni de antitoxina específicos y el tratamiento se centra en el mantenimiento de la respiración de la persona.

Enterotoxina estafilocócica B

La enterotoxina estafilocócica B es una de las 7 enterotoxinas (toxinas que actúan en el intestino) producidas por una bacteria llamada Staphylococcus aureus; su ingestión provoca una intoxicación alimentaria estafilocócica cuando se ingiere (ver Intoxicación alimentaria por estafilococos). Podría haber víctimas masivas como resultado de la contaminación deliberada de alimentos, pero también por inhalación de la toxina en forma de aerosol.

De modo general, los síntomas se presentan entre 1 y 12 horas después de la ingestión y de 2 a 12 horas (con un intervalo de 1,5 a 24 horas) después de la inhalación. Después de los primeros síntomas de tipo gripal, como fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y dolores musculares, los síntomas que aparecen a continuación dependen de la vía de exposición. La ingestión causa náuseas, vómitos y diarrea durante 1 o 2 días. La inhalación causa tos, dolor torácico y a menudo irritación nasal y congestión; puede darse inflamación de los ojos (conjuntivitis) por el contacto del aerosol con estos. En raras ocasiones, la inhalación puede causar la muerte. En los supervivientes, la fiebre puede durar hasta 5 días y la tos durante 4 semanas. Los análisis clínicos especiales pueden ayudar a los médicos a confirmar el diagnóstico. Los médicos dirigen el tratamiento al alivio de los síntomas de la persona.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan la política oficial del Departamento del Ejército, Departamento de Defensa ni del Gobierno de los EE.UU.