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Fracturas del pie

Por Danielle Campagne, MD , Assistant Clinical Professor, Department of Emergency Medicine, University of San Francisco - Fresno

Las fracturas del pie pueden darse en los dedos, en los huesos del tercio medio del pie (metatarsianos, ver Fracturas de los metatarsianos), en los dos huesos pequeños y redondos que están justo debajo del dedo gordo (sesamoideos, ver Fractura de los huesos sesamoideos) o en los huesos situados en la parte posterior del pie, incluyendo el hueso del talón (calcáneo, ver Fracturas de calcáneo).

Las fracturas del pie son frecuentes. Pueden estar causadas por caídas, torceduras o impactos directos del pie contra objetos duros. Las fracturas del pie causan un dolor considerable, que casi siempre empeora al intentar caminar o al colocar peso sobre el pie.

Localización de las fracturas del pie

Las fracturas del pie son frecuentes. Pueden ocurrir en:

  • Los dedos (falanges), en particular en el dedo gordo, como se muestra a continuación

  • En los huesos de la parte media del pie (metatarsianos)

  • En dos pequeños huesos redondeados que se sitúan en la base del dedo gordo del pie (huesos sesamoideos)

  • En los huesos de la parte posterior del pie: cuneiforme, escafoides, cuboides, astrágalo, y el hueso del talón (calcáneo)

Diagnóstico

  • Por lo general, radiografías

Para el diagnóstico generalmente se requieren radiografías, excepto en ciertas fracturas de los dedos. Rara vez es necesario realizar una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética nuclear (RMN).

Tratamiento

  • Un yeso o un calzado especialmente diseñado

  • A menudo se indica al paciente que no puede cargar peso sobre el pie durante un tiempo

  • Fisioterapia

El tratamiento depende del hueso fracturado y del tipo de fractura, pero por lo general consiste en inmovilizar el pie y el tobillo con un yeso o un calzado especialmente diseñado, con los dedos libres, cierres de velcro, y una suela rígida para proteger el pie de una lesión mayor.

A la persona afectada generalmente se le aconseja que no apoye el pie durante un período de tiempo. El tiempo que tiene que esperar depende de la lesión y puede prolongarse hasta varios meses. A menudo, el médico recomienda al afectado que mueva el pie y el tobillo tan pronto como pueda hacerlo sin excesivo dolor.

Suele requerirse fisioterapia. Consta de ejercicios específicos para mejorar la flexibilidad y el movimiento del pie afectado y para fortalecer los músculos.

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