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Introducción a las fracturas, luxaciones y esguinces

Por Danielle Campagne, MD , Assistant Clinical Professor, Department of Emergency Medicine, University of San Francisco - Fresno

Los huesos pueden romperse (lo que se denomina fractura); pueden llegar a separarse en una articulación (lo que se denomina luxación); y se pueden producir roturas en los ligamentos (lo que se denomina esguinces), músculos (denominadas roturas fibrilares), y tendones (denominadas roturas tendinosas).

  • La mayoría de las lesiones de los huesos, los músculos y de los tejidos que los unen entre sí son el resultado de traumatismos o de un uso excesivo.

  • La zona lesionada duele (especialmente cuando se usa), generalmente está hinchada, y puede estar contundida, distorsionada, angulada o fuera de su posición.

  • También pueden estar presentes o desarrollarse con posterioridad otras lesiones, como las lesiones de los vasos sanguíneos y nervios, el síndrome compartimental, infecciones y problemas articulares a largo plazo.

  • A veces los médicos pueden diagnosticar estos problemas basándose en los síntomas, las circunstancias causantes de la lesión y los resultados de la exploración, pero a veces se necesitan radiografías u otras pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • La mayoría de las lesiones cicatrizan bien y ocasionan pocos problemas, pero el tiempo que tardan en curarse varía, dependiendo de muchos factores, como la edad del paciente, el tipo y la gravedad de la lesión y la presencia de otros trastornos.

  • El tratamiento depende del tipo y la gravedad de la lesión y puede incluir analgésicos, PRICE (protección, reposo, hielo -ice-, compresión y elevación), maniobras o procedimientos para colocar las piezas dañadas de nuevo en su posición normal (reducción), inmovilización de la parte lesionada (por ejemplo, con un yeso o una férula), y a veces cirugía.

Los huesos, los músculos y los tejidos que los conectan (ligamentos, tendones y otros tejidos conjuntivos, llamados en conjunto partes blandas) constituyen el sistema musculoesquelético. Proporcionan al cuerpo su forma y su estabilidad, y hacen que pueda moverse.

Los tejidos del sistema musculoesquelético pueden dañarse de diversas maneras:

  • Los huesos se pueden romper y fracturar. Por lo general, los tejidos circundantes también se lesionan.

  • Los huesos de las articulaciones pueden estar totalmente separados unos de otros (lo que se denomina luxación) o sólo parcialmente fuera de su posición (lo que se denomina subluxación).

  • Los ligamentos (que unen los huesos entre sí) se pueden romper (esguince).

  • Los músculos se pueden romper (roturas fibrilares, distensiones o esguinces musculares).

  • Los tendones (que unen el músculo al hueso) se pueden romper.

Las fracturas, luxaciones, esguinces y distensiones (las denominadas lesiones musculoesqueléticas) varían mucho tanto en intensidad como en el tipo de tratamiento necesario. Por ejemplo, las fracturas pueden ir desde una fisura pequeña en un hueso del pie, que fácilmente pasa inadvertida, hasta una importante fractura pélvica que pone en peligro la vida. Una fractura puede romper la piel (denominada fractura abierta) o no (fractura cerrada).

Los esguinces y las distensiones pueden ser de gravedad leve, moderada o severa. Los ligamentos, músculos y tendones pueden estar total o parcialmente rotos. Si un tendón está completamente roto, la parte del cuerpo afectada por lo general no se puede mover. Si sólo una parte del tendón se desgarra, el movimiento no se ve afectado, pero el tendón puede seguir desgarrándose y más tarde puede romperse por completo, sobre todo si el paciente ejerce una fuerza considerable sobre la parte afectada.

Un traumatismo que rompe un hueso también puede dañar seriamente otros tejidos, incluyendo la piel, los nervios, los vasos sanguíneos, los músculos y diversos órganos. Estas lesiones pueden complicar el tratamiento de la fractura y/o causar problemas de forma temporal o permanente.

Muy a menudo, se lesionan las extremidades aunque el traumatismo puede afectar a cualquier parte del cuerpo, como la cabeza (ver Traumatismos craneales), la cara (ver Lesiones faciales), los ojos (ver Introducción a las lesiones oculares), las costillas (ver Traumatismos torácicos), o la columna vertebral (ver Fracturas vertebrales por compresión).

Causas

La causa más frecuente de una lesión del sistema musculoesquelético es un traumatismo. El traumatismo incluye:

  • Un traumatismo directo, como sucede en caídas o accidentes de tráfico

  • Las lesiones por desgaste, como ocurre durante las actividades diarias o como resultado de movimientos vibratorios o sacudidas

  • El uso excesivo, como sucede con el sobreentrenamiento deportivo

La gravedad de la lesión depende en parte de la intensidad del traumatismo. Por ejemplo, una caída desde la propia altura suele causar fracturas menores, pero una caída desde un edificio alto puede causar fracturas graves que afectan a múltiples huesos.

Algunas lesiones se producen durante la actividad deportiva (ver Lesiones deportivas).

Algunas enfermedades, como determinadas infecciones, tumores óseos (que pueden ser cancerosos o no) y la osteoporosis (ver Osteoporosis) pueden debilitar el hueso. Las personas con uno de estos trastornos también son más propensas a romperse un hueso, incluso cuando la fuerza ejercida es leve. Este tipo de fracturas se denominan fracturas patológicas.

Síntomas

El síntoma más claro en la mayoría de las lesiones musculoesqueléticas es:

  • Dolor

La parte lesionada duele, especialmente cuando el sujeto trata de cargar peso o mover la extremidad. La zona que rodea a la lesión es dolorosa al tacto. Otros síntomas incluyen:

  • Hinchazón

  • Una parte que se ve deformada, doblada o fuera de su posición

  • Hematomas o decoloración

  • Incapacidad para usar la parte lesionada con normalidad

  • Posiblemente pérdida de la sensibilidad (entumecimiento o sensaciones anómalas)

La parte lesionada (como un brazo, una pierna, una mano, un dedo o un dedo del pie) a menudo no se puede mover, normalmente porque el movimiento es doloroso y/o una estructura (hueso, músculo, tendón o ligamento) está lesionada, rota o fuera de posición. Cuando los músculos alrededor de la zona lesionada tratan de mantener el hueso fracturado en su posición o compensar otras lesiones, se pueden producir espasmos musculares, causando un dolor adicional.

Se producen hematomas cuando existe un sangrado por debajo de la piel. La sangre puede provenir de los vasos sanguíneos del hueso fracturado o de los tejidos circundantes. Al principio, el moratón es de color negro violáceo y se va tornando entre verde y amarillo a medida que la sangre se descompone y el organismo la reabsorbe. Esta puede desplazarse a bastante distancia de la fractura, lo que causa un hematoma de grandes dimensiones o bien un hematoma a cierta distancia de la zona lesionada. La sangre puede tardar semanas en reabsorberse. La sangre acumulada produce dolor temporal y rigidez en las estructuras circundantes. Por ejemplo, las fracturas del hombro pueden causar moratones en todo el brazo y provocar dolor en el codo y en la muñeca. Un hematoma en la frente puede aparecer más adelante alrededor de los ojos.

Debido a que los movimientos de la parte lesionada son dolorosos, el paciente generalmente no quiere realizar movimientos. Si el paciente no puede hablar (como en niños pequeños o ancianos), la negativa a mover una parte del cuerpo puede ser el único signo de una fractura u otra lesión. Sin embargo, algunas fracturas no impiden a la persona afectada mover la zona lesionada. El hecho de que la zona lesionada pueda moverse no significa que no haya fractura.

Complicaciones

Las lesiones musculoesqueléticas pueden ir acompañadas u ocasionar otros problemas (complicaciones). Sin embargo, las complicaciones graves no son frecuentes. El riesgo de complicaciones graves aumenta si la piel se rompe o si se lesionan los vasos sanguíneos o los nervios. Una luxación, a menos que se reduzca de forma precoz, es más propensa a lesionar los vasos sanguíneos y los nervios que una fractura.

Algunas complicaciones (como la lesión de los vasos sanguíneos y los nervios, el síndrome compartimental, la embolia grasa, y las infecciones) se producen durante las primeras horas o días después de la lesión. Otras (como los problemas con las articulaciones y los defectos de consolidación) se desarrollan con el tiempo.

Lesiones de los vasos sanguíneos

Muchas fracturas y otras lesiones musculoesqueléticas causan un sangrado visible alrededor de la lesión. En raras ocasiones, el sangrado dentro del cuerpo (sangrado interno) o a través de una herida abierta (sangrado externo) es lo suficientemente importante como para causar una disminución peligrosa de la tensión arterial (shock, ver Choque (shock)). Por ejemplo, se puede producir un shock cuando una fractura del fémur causa una hemorragia interna grave o cuando una fractura de la pelvis causa una hemorragia interna masiva. Si una persona está tomando un medicamento para prevenir la formación de coágulos sanguíneos (un anticoagulante), una lesión relativamente menor pueden causar un sangrado importante.

Una luxación de cadera o rodilla puede interrumpir el flujo de sangre a la pierna. Por lo tanto, los tejidos de la pierna no pueden obtener sangre suficiente (lo que se denomina isquemia) y pueden morir (lo que se denomina necrosis). Si muere suficiente tejido, parte de la pierna puede tener que ser amputada. Ciertas lesiones del codo pueden interrumpir el flujo sanguíneo al antebrazo, causando problemas similares. La interrupción del suministro de sangre puede no causar ningún síntoma hasta varias horas después de la lesión.

Lesión neurológica

A veces los nervios se estiran, se lesionan o se aplastan cuando se fractura un hueso o se luxa una articulación. Un traumatismo directo puede contundir o aplastar un nervio. Un aplastamiento provoca una lesión más importante que una contusión. Estas lesiones suelen curarse por sí mismas a lo largo de semanas, meses o años, en función de la gravedad de la enfermedad. Algunas lesiones nerviosas nunca sanan por completo.

En raras ocasiones, los nervios se rompen, a veces debido a la presencia de fragmentos afilados de hueso. Es más fácil que se produzca una laceración nerviosa cuando la piel está rota. Los nervios lacerados no sanan por sí solos y pueden necesitar una reparación quirúrgica.

Embolia grasa

En raras ocasiones se produce una embolia grasa. Por lo general ocurre cuando se fracturan los huesos largos (como el fémur) y se libera la grasa del interior del hueso (médula ósea). La grasa puede desplazarse a través de las venas, alojarse en los pulmones y obstruir allí un vaso sanguíneo. Como resultado, el organismo no recibe suficiente oxígeno, y el paciente puede presentar una sensación de falta de aire y dolor torácico. La respiración puede llegar a ser rápida y superficial, y la piel puede adquirir un aspecto moteado o un color azul.

Síndrome compartimental

En raras ocasiones, se produce un síndrome compartimental (ver Síndrome compartimental). Por ejemplo, cuando los músculos lesionados se hinchan mucho después de una fractura del brazo o de la pierna. Debido a que la inflamación ejerce presión sobre los vasos sanguíneos cercanos, el flujo de sangre a la extremidad lesionada se reduce o se interrumpe. Como resultado, los tejidos de la extremidad pueden lesionarse o morir, y el miembro puede tener que ser amputado. Si no se trata, el síndrome puede ser mortal. El síndrome compartimental ocurre con mayor frecuencia en personas que tienen fracturas de los dos huesos de la pierna (tibia y peroné, ver Fracturas de la pierna) o una fractura de Lisfranc (un tipo de fractura del pie ver Fracturas del pie).

Infecciones

Si al producirse la fractura se desgarra la piel la herida puede infectarse, y la infección puede propagarse al hueso (lo que se denomina osteomielitis, ver Osteomielitis). Esta infección es muy difícil de curar.

Problemas articulares

Las fracturas que afectan a una articulación por lo general lesionan el cartílago articular de los extremos óseos en las superficies de la articulación. Normalmente, este tejido de protección liso y resistente permite que las articulaciones se muevan sin problemas. El cartílago lesionado suele cicatrizar, lo que produce artrosis (ver Artrosis), que a su vez provoca rigidez en las articulaciones y limita su rango de movimiento. La rodilla, el codo y el hombro son particularmente propensos a desarrollar rigidez después de una lesión, especialmente en personas mayores.

Generalmente es necesaria la fisioterapia para prevenir la rigidez y ayudar a que la articulación se mueva lo más normalmente posible. Suele ser necesario el tratamiento quirúrgico para reparar el cartílago dañado. Después de la cirugía, es menos probable que se produzca una incongruencia articular (un escalón), y si se produce tiende a ser menos grave.

Los esguinces graves pueden producir una inestabilidad articular. El tratamiento adecuado, que a menudo incluye un yeso o una férula, puede ayudar a prevenir problemas permanentes.

Problemas relacionados con la curación

A veces, los extremos de un hueso fracturado no cicatrizan como se esperaba. Es posible que:

  • No se unan los extremos (lo que se denomina seudoartrosis)

  • Los extremos cicatricen muy lentamente (lo que se denomina retardo de consolidación)

  • Cicatricen en una posición incorrecta (lo que se denomina consolidación viciosa)

La probabilidad de que aparezcan estos problemas es mayor cuando:

  • Los extremos rotos del hueso no se mantienen uno junto al otro y no se protegen del movimiento (no se mantienen inmovilizados).

  • El suministro de sangre se interrumpe.

Algunos trastornos, como la diabetes y la enfermedad vascular periférica, y ciertos fármacos, como los corticosteroides, pueden retrasar o interferir con la cicatrización ósea.

Embolia pulmonar

La embolia pulmonar (ver Embolia pulmonar) es la complicación mortal más frecuentemente asociada a las fracturas graves de la cadera o la pelvis. Se produce cuando tras formarse un coágulo sanguíneo en una vena, éste se desprende (convirtiéndose en un émbolo), alcanza el pulmón y allí bloquea una arteria. Como resultado, el tejido pulmonar puede morir, y es posible que el cuerpo no reciba suficiente oxígeno.

Una fractura de cadera aumenta en gran medida el riesgo de embolia pulmonar, ya que implica:

  • Un traumatismo en la pierna, donde se forman la mayoría de los coágulos que causan la embolia pulmonar

  • Inmovilidad forzada (obligando al paciente a permanecer en cama) durante horas o días, disminuyendo el flujo sanguíneo, lo que favorece la formación de coágulos

  • Inflamación alrededor de la fractura, lo que también disminuye el flujo de sangre en las venas

Alrededor de un tercio de las personas que mueren después de una fractura de cadera lo hacen a causa de una embolia pulmonar. La embolia pulmonar es mucho menos frecuente en las fracturas de la zona inferior de la pierna y muy poco frecuente en las fracturas del brazo.

Osteonecrosis

Cuando se interrumpe el flujo de sangre a un hueso, parte del hueso puede morir, lo que da lugar a una osteonecrosis (ver Osteonecrosis). Algunas lesiones (como algunas fracturas de muñeca o una luxación de cadera, sobre todo si no se reduce [se vuelve a colocar] rápidamente) son más propensas a causar una osteonecrosis.

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Radiografías para identificar las fracturas

  • A veces resonancia magnética nuclear o tomografía computarizada

Si se produce un problema musculoesquelético de forma brusca, se debe decidir si se acude a un servicio de urgencias, si se avisa al médico de familia, o si se espera para ver si el problema (dolor, hinchazón u otros síntomas) mejora o desaparece.

Se debe llevar al paciente al servicio de urgencias, a menudo en ambulancia, si presenta cualquiera de los siguientes casos:

  • El problema es evidentemente grave (por ejemplo, si es el resultado de un accidente de tráfico o si el paciente no puede mover la parte del cuerpo afectada).

  • Se sospecha que el paciente tiene una fractura (una posible excepción es la sospecha de una fractura del extremo de un dedo del pie).

  • Se sospecha que se ha producido una lesión grave de partes blandas (como una luxación, una rotura tendinosa o un esguince grave).

  • Sufre varias lesiones.

  • Tiene síntomas de presentar alguna complicación, por ejemplo, pérdida de sensibilidad en la parte del cuerpo afectada, incapacidad para mover con normalidad la parte afectada, piel fría o azulada, o pérdida de fuerza en la parte afectada.

  • No puede apoyarse sobre la extremidad afectada.

  • Inestabilidad de la articulación lesionada.

Debe llamarse al médico si:

  • La lesión causa dolor o hinchazón, pero la extremidad lesionada no parece fracturada o gravemente lesionada.

Si nada de lo anterior es aplicable y la lesión parece menor, se puede llamar al médico o esperar y ver si el problema desaparece por sí solo.

Si las lesiones son el resultado de un accidente grave, la primera prioridad del médico es:

  • Comprobar si hay lesiones graves y complicaciones, como una herida abierta, una lesión nerviosa, pérdida importante de sangre, alteración del flujo sanguíneo o un síndrome compartimental (ver Síndrome compartimental)

Por ejemplo, el médico comprueba si existe entumecimiento, mide la tensión arterial (que está baja en las personas que han perdido una gran cantidad de sangre), comprueba los pulsos (que están ausentes o débiles cuando se interrumpe el flujo de sangre), y busca otros signos que indiquen una alteración del flujo sanguíneo, como palidez o frialdad de la piel. Si alguna de estas lesiones y complicaciones están presentes, el médico las trata según sea necesario, y luego continúa con la evaluación.

Descripción de la lesión

El médico pide a la persona afectada (o a alguien que presenciara la situación) que describa lo que pasó. A menudo, el paciente no recuerda cómo se produjo una lesión o no lo puede describir con precisión. Saber cómo tuvo lugar la lesión puede ayudar al médico a determinar de qué tipo de lesión se trata. Por ejemplo, si el paciente comenta que se produjo un chasquido o un estallido, la causa puede ser una fractura o una lesión de un ligamento o de un tendón. Además, el médico pregunta en qué dirección se forzó la articulación en el momento de la lesión. Esta información ayuda a los médicos a determinar qué ligamentos y/o huesos están afectados.

El médico también pregunta cuándo empezó el dolor. Si se inicia inmediatamente después de la lesión, la causa puede ser una fractura o un esguince severo. Si el dolor comenzó horas a días después, la lesión suele ser menor. Si el dolor es más intenso de lo esperado para el traumatismo o si empeora de forma progresiva durante las primeras horas después de la lesión, se puede haber desarrollado un síndrome compartimental o puede haberse interrumpido el flujo sanguíneo.

Exploración física

La exploración física incluye los siguientes aspectos (en orden de prioridad):

  • Comprobar la existencia o no de una lesión de los vasos sanguíneos próximos a la zona lesionada, comprobando por ejemplo el pulso, la temperatura y el color de la piel

  • Comprobar la presencia de lesiones en los nervios (por ejemplo, explorando la sensibilidad) próximos a la zona lesionada

  • Examinar y mover la parte lesionada

  • Explorar las articulaciones situadas por encima y por debajo de la parte lesionada

El médico palpa con cuidado la zona lesionada para determinar si los huesos se han astillado, si se han desplazado de su lugar habitual y si la zona es dolorosa al tacto. El médico también comprueba si hay inflamación y hematomas. Además, pregunta si el paciente puede utilizar, apoyar y mover la parte lesionada.

El médico comprueba la estabilidad articular moviendo suavemente la articulación, pero si existe la posibilidad de que exista una fractura, solicita en primer lugar radiografías para determinar si es seguro mover la articulación. El médico comprueba si existe crepitación cuando se mueve la parte lesionada. Estos sonidos pueden indicar una fractura.

El movimiento de la articulación afectada también puede ayudar al médico a determinar la gravedad de la lesión. Por ejemplo, puede determinar la gravedad de un esguince (una rotura de un ligamento) en función de lo que pueda desplazar la articulación y la intensidad del dolor generado por el movimiento. Cuando un ligamento se desgarra parcialmente, mover la articulación es muy doloroso. Cuando un ligamento está completamente desgarrado, mover la articulación es menos doloroso debido a que el ligamento roto no se estira conforme se mueve la articulación. Una articulación por lo general se puede mover más libremente cuando un ligamento está roto que cuando no lo está, y se puede mover con más libertad cuando un ligamento está completamente desgarrado que cuando se rompe parcialmente.

Debido a que los tendones conectan los músculos a los huesos, el médico a menudo puede determinar la gravedad de una lesión en el tendón al mover el músculo al que se une el tendón. Cuando un tendón está completamente roto, aunque se muevan los músculos que están unidos al tendón no se puede mover el hueso. Por ejemplo, si el tendón de Aquiles (que une los músculos de la pantorrilla con el hueso del talón) está completamente roto, no se puede mover el pie. Las roturas parciales pueden ser difíciles de detectar debido a que la articulación parece moverse con normalidad.

El médico también comprueba las articulaciones localizadas por encima y por debajo de la articulación lesionada.

Si el dolor o los espasmos musculares interfieren con el examen, se puede administrar al paciente un calmante y/o un relajante muscular por vía oral o mediante una inyección, o bien se le puede inyectar un anestésico local en la zona lesionada.

El médico puede comprobar la sensibilidad de la piel y preguntar al paciente si tiene sensaciones anómalas, como una sensación de pinchazos u hormigueo. Si existen sensaciones anómalas puede existir una lesión nerviosa.

El médico puede comprobar los pulsos y el color y la temperatura de la piel para determinar si está dañada alguna arteria o si se ha desarrollado un síndrome compartimental.

Pruebas

Las pruebas de diagnóstico por la imagen utilizadas para el diagnóstico de las lesiones musculoesqueléticas incluyen:

  • Radiografías

  • Resonancia magnética nuclear (RMN)

  • Tomografía computarizada (TC)

Las radiografías son la prueba más importante para diagnosticar una fractura, y en muchas ocasiones la primera y la única prueba que se lleva a cabo para alcanzar el diagnóstico. Las radiografías también son útiles para diagnosticar dislocaciones. Las radiografías no son útiles para detectar lesiones de ligamentos, tendones, o músculos, ya que únicamente muestran los huesos (y el líquido que se acumula alrededor de una articulación lesionada).

Suelen tomarse radiografías desde dos ángulos distintos como mínimo, para mostrar cómo están alineados los fragmentos del hueso. Las radiografías de rutina pueden no mostrar pequeñas fracturas cuando los fragmentos óseos permanecen en su posición (es decir, cuando los fragmentos no se separan). Estas fracturas se denominan fracturas ocultas. Así que a veces se obtienen radiografías adicionales desde diferentes ángulos. De vez en cuando, el médico espera varios días o incluso semanas para hacer nuevas radiografías, porque algunas fracturas ocultas (como las fracturas costales ver Fracturas de las costillas y las fracturas por fatiga ver Fracturas del pie por fatiga) se hacen visibles en las radiografías sólo después de que la fractura ha comenzado a consolidar y se deposita calcio en el hueso nuevo.

Si las radiografías muestran una fractura en un hueso que parece anómala (por ejemplo, si algunas zonas del hueso aparecen adelgazadas), probablemente la fractura se produjo debido a una enfermedad (como la osteoporosis) que debilita el hueso.

Las radiografías no siempre son necesarias, en función de la parte del cuerpo afectada y el diagnóstico supuesto por el médico. Por ejemplo, si la parte del cuerpo lesionada (como los dedos de los pies, con excepción del dedo gordo) se tratara de la misma manera, independientemente de si está o no fracturada, por lo general no son necesarias las radiografías.

Pueden realizarse una TC o una RMN cuando:

  • Los resultados del examen sugieren una fractura pero las radiografías no la ponen de manifiesto.

  • El especialista necesita radiografías más detalladas de la fractura para determinar la mejor forma de tratamiento.

Algunas veces el médico aplica un molde de yeso (escayola) y vuelve a examinar a la persona unos días más tarde; si los síntomas siguen causando molestias, se lleva a cabo otra radiografía.

La TC y la RMN también pueden utilizarse para obtener detalles de una fractura que no podrían detectarse mediante una radiografía convencional. La TC muestra los detalles sutiles en la superficie de una articulación fracturada y zonas de una fractura oculta por una zona ósea no dañada. La TC y la RMN en particular pueden mostrar las partes blandas, que generalmente no son visibles en las radiografías. La RMN muestra los tejidos situados alrededor del hueso, lo que ayuda a detectar lesiones en los tendones, los ligamentos, los cartílagos y los músculos circundantes. Puede mostrar alteraciones causadas por un cáncer. La RMN también puede revelar lesiones (hinchazón o hematomas) en el interior del hueso y de esa forma mostrar pequeñas fracturas visibles antes de que puedan detectarse en las radiografías.

¿Sabías que...?

  • Las radiografías muestran sólo los huesos y por lo tanto por lo general no pueden ayudar al médico a identificar lesiones como esguinces, torceduras y lesiones tendinosas, incluso las más severas.

Otras pruebas pueden incluir:

Tipos de fracturas

Las pruebas de diagnóstico por la imagen permiten a los médicos identificar el tipo de fractura y describirlo con precisión.

Descifrando la terminología médica relacionada con las fracturas

Tipo

Descripción

Angulada

Los fragmentos de hueso no se ajustan a una línea recta. Uno está angulado con respecto al otro.

Avulsión

Un fragmento de hueso se arranca de la parte principal del hueso. Un ligamento puede traccionar de un fragmento óseo si la fuerza externa es lo suficientemente intensa, como puede ocurrir en una caída. Un tendón puede arrancar un fragmento de hueso si el músculo al que está unido se contrae con fuerza suficiente, como puede ocurrir en los deportistas jóvenes.

Las fracturas por avulsión suelen producirse en la mano, el pie, el tobillo, la rodilla o el hombro.

Cerrada

La piel sobre el hueso fracturado no se desgarra.

Conminuta

El hueso se rompe en tres o más fragmentos. A menudo, el hueso se rompe en muchos fragmentos muy pequeños.

Estas fracturas son causadas con frecuencia por un traumatismo de alta energía, como ocurre en un accidente de tráfico. También pueden ocurrir en personas con osteoporosis, que debilita los huesos.

Compresión

El hueso se dobla sobre sí mismo.

Estas fracturas suelen producirse en personas de edad avanzada (por lo general en las que tienen osteoporosis). Las vértebras a menudo se ven afectadas (lo que se denomina fractura por aplastamiento vertebral).

Desplazada

Los fragmentos de hueso roto están separados.

Fractura en tallo verde

El hueso en parte está fracturado y/o doblado pero no completamente roto.

Estas fracturas en tallo verde solo ocurren en los niños.

Placa (o cartílago) de crecimiento

Estas fracturas ocurren en la placa de crecimiento, que está formada por cartílago. Las placas de crecimiento permiten que los huesos crezcan hasta que el niño alcanza su altura máxima. Cuando se completa el crecimiento, las placas de crecimiento son sustituidas por hueso. Cuando se fractura una placa de crecimiento, el hueso puede dejar de crecer o crecer torcido.

Las fracturas de la placa (o cartílago) de crecimiento se producen solo en niños y adolescentes.

Impactado

Uno de los extremos del hueso roto se ha empotrado en el otro. Como resultado, el hueso aparece acortado.

Articular (intraarticular)

Este tipo de fractura se extiende al cartílago de los extremos de los huesos que forman una articulación (llamadas superficies articulares). Normalmente, este cartílago reduce la fricción que se produce cuando los huesos de una articulación se deslizan uno sobre otro. Cuando se fractura este cartílago, la persona afectada no puede mover la articulación, lo que hace más probable que se desarrolle una artrosis.

No desplazada

Los fragmentos de hueso roto continúan en su posición (están alineados normalmente), y no están separados.

Oblicua

El hueso se rompe en una línea de trayecto diagonal al eje mayor (diáfisis) del hueso.

Oculta

Estas pequeñas fracturas son difíciles o imposibles de ver en las radiografías, pero pueden ser vistas en otras pruebas de diagnóstico por la imagen como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN).

Después de unos días o semanas, se producen cambios en la estructura del hueso conforme éste comienza a consolidar. Entonces las fracturas ocultas pueden verse en las radiografías.

Algunas fracturas de estrés son fracturas ocultas.

Abierta

La piel y los tejidos que recubren el hueso fracturado se desgarran, y puede verse el hueso que asoma a través de la piel. Suciedad, desechos o bacterias pueden contaminar fácilmente la herida y pueden provocar una infección en el hueso roto.

Osteoporótica

Estas fracturas son el resultado de la osteoporosis (pérdida progresiva de la densidad ósea), que debilita los huesos y los hace más propensos a quebrarse.

Las fracturas osteoporóticas (en ocasiones denominadas fracturas de fragilidad) se producen en personas de edad avanzada, por lo general en las caderas, las muñecas, la columna vertebral, los hombros o la pelvis.

Espontánea

Este tipo de fractura está producida por un trastorno que debilita un hueso, como la osteoporosis, ciertas infecciones óseas, o los tumores óseos.

Segmentaria

Hay dos fracturas separadas en el mismo hueso. Las fracturas segmentarias son un tipo de fractura conminuta.

Espiroidea (por torsión)

Estas fracturas se producen cuando el hueso se retuerce sobre sí mismo. Como resultado, los extremos de los huesos pueden ser agudos, irregulares, e inclinados.

De estrés o por fatiga

Una fractura por fatiga tiene lugar cuando el hueso sufre presión repetidamente como consecuencia de ciertas actividades, como caminar con una mochila pesada o correr (ver Fracturas del pie por fatiga). Las fracturas por fatiga suelen ser fisuras pequeñas en un hueso (a veces denominadas fracturas fisurarias o fracturas óseas capilares).

Las fracturas por fatiga son habituales en los huesos que cargan peso, como los del pie y los de la zona inferior de la pierna.

Rodete o torus

El hueso se deforma abombándose en lugar de romperse.

Estas fracturas suelen ocurrir únicamente en niños. Los huesos de los niños pueden abombarse (fractura en rodete) en lugar de quebrarse porque sus huesos son más gomosos que los de los adultos.

Transversa

El hueso se rompe en línea recta.

Algunos tipos de fracturas

Tratamiento

  • Tratamiento de las complicaciones graves

  • Alivio del dolor

  • Protección, reposo, hielo, compresión y elevación

  • Realineamiento (reducción) de los fragmentos que están fuera de lugar

  • Inmovilización, por lo general con una férula o un yeso

  • A veces, intervención quirúrgica.

Muchas de las lesiones musculoesqueléticas requieren tratamiento inmediato. Sin tratamiento, las lesiones pueden empeorar, llegando a ser más dolorosas, siendo más probable que ocasionen una pérdida de función. Además, algunas lesiones causan problemas que requieren una atención de emergencia, como el shock o el síndrome compartimental. Sin tratamiento, tales problemas pueden causar problemas graves o incluso la muerte.

Si una persona cree que tiene una fractura u otra lesión grave, debe acudir a un centro de urgencias. Si no puede caminar o presenta varias lesiones, debe ser trasladado en ambulancia. Hasta que pueda conseguirse asistencia médica, se debe hacer lo siguiente:

  • Evitar que la extremidad lesionada se mueva (inmovilizarla) y proporcionarle apoyo con una férula improvisada, un cabestrillo o una almohada

  • Elevar la extremidad, si es posible por encima de la altura del corazón, para limitar la inflamación

  • Aplicar hielo (cubierto por una toalla o un trapo) a la zona lesionada para controlar el dolor y la inflamación

Tratamiento de los niños

Las fracturas en los niños suelen tratarse de manera diferente a las fracturas en los adultos, ya que los huesos de los niños son más pequeños, más flexibles, menos quebradizos y aún están creciendo. Las fracturas en los niños se curan mejor y más rápidamente que las de los adultos. Varios años después, en la mayoría de las fracturas de los niños, el hueso aparece casi normal en la radiografía. En los niños, a menudo es preferible el tratamiento con yeso a la cirugía debido a que:

  • Los niños desarrollan menos rigidez después de llevar un yeso que los adultos.

  • Son más propensos a ser capaces de moverse con normalidad después de llevar un yeso.

  • La cirugía cerca de una articulación puede dañar la parte del hueso que permite a los niños crecer (placa de crecimiento).

Tratamiento de las lesiones graves

En el servicio de urgencias, los médicos determinan la presencia de lesiones que requieran tratamiento inmediato. Si la piel se rompe, la herida se cubre con un apósito estéril, y se le administra al paciente una vacuna para prevenir el tétanos (ver La vacuna de la difteria-tétanos-tosferina) y antibióticos para prevenir la infección. Además, la herida se limpia, por lo general después de utilizar un anestésico local para adormecer la zona.

Para asegurarse de que la parte lesionada no se vea privada de sangre, se reparan quirúrgicamente las arterias dañadas a menos que estas sean pequeñas y el flujo sanguíneo no esté afectado.

También se reparan quirúrgicamente los nervios cortados, pero esta cirugía se puede retrasar hasta varios días después de la lesión, si es necesario. Si los nervios están comprimidos o contundidos, pueden sanar por sí solos.

Alivio del dolor

El dolor se trata, por lo general con analgésicos opioides y/o paracetamol (acetaminofeno). En general, la aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE, ver Analgésicos no opiáceos : Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos), no suelen recomendarse en estos casos porque no suelen ser más eficaces que el paracetamol (acetaminofeno), y en algunas personas pueden empeorar la hemorragia.

PRICE

PRICE hace referencia a la combinación de protección, reposo, hielo (ice en inglés), compresión (presión), y elevación. Este tratamiento se utiliza para tratar los músculos, los ligamentos y los tendones lesionados.

La protección ayuda a prevenir lesiones añadidas que podría empeorar la original. Por lo general, se aplica una férula u otro dispositivo.

El reposo evita una lesión mayor y puede acelerar la curación. La persona afectada debe limitar su actividad y evitar apoyar y/o utilizar la parte del cuerpo lesionada. Por ejemplo, se debe usar muletas y no participar en deportes de contacto.

El hielo y la compresión minimizan la inflamación y el dolor. El hielo se aplica mediante una bolsa de plástico, toalla, o un paño que se mantiene durante 15 a 20 minutos cada vez, tan a menudo como sea posible durante las primeras 24 a 48 horas. Por lo general, la compresión se aplica a la herida mediante un vendaje elástico.

La elevación de la extremidad lesionada ayuda a drenar el líquido de la lesión y por lo tanto a reducir la inflamación. La extremidad lesionada se eleva por encima del nivel del corazón durante los primeros 2 días.

Después de 48 horas, el paciente puede aplicar periódicamente calor (por ejemplo, con una almohadilla térmica) durante 15 a 20 minutos cada vez. El calor puede aliviar el dolor. Sin embargo, no está claro si es preferible aplicar calor o hielo, y lo que funciona mejor puede variar de un sujeto a otro.

Reducción

A menudo, es necesario desplazar ciertas partes lesionadas para colocarlas de nuevo en su posición normal (realinearlas o reducirlas). Por ejemplo, generalmente es necesaria la reducción si:

  • Los fragmentos óseos están separados (desplazados).

  • Los fragmentos óseos están desalineados.

  • Una articulación está luxada.

Ciertas fracturas en los niños no necesitan ser realineadas porque el hueso, que sigue creciendo, puede corregir el defecto de alineación.

Si es posible, la reducción se lleva a cabo sin necesidad de cirugía (lo que se denomina reducción cerrada), mediante manipulación de los fragmentos, por ejemplo traccionando y/o girando de la extremidad. Después de realizar la reducción, el médico suele solicitar radiografías para determinar si las partes lesionadas están en su posición normal.

Algunas lesiones deben ser realineadas quirúrgicamente (lo que se denomina reducción abierta, ver Cirugía).

Debido a que la reducción suele ser dolorosa, antes del procedimiento se suelen administrar al paciente analgésicos, sedantes y/o un anestésico (ver Cirugía : Anestesia). Los tipos de fármacos que se utilizan dependen de la gravedad de la lesión y de cómo se debe llevar a cabo la reducción:

  • Reducción cerrada de fracturas menores (tales como las de los dedos de la mano o del pie): puede que únicamente sea necesario inyectar un anestésico local, como la lidocaína, cerca de la parte lesionada.

  • Reducción cerrada de las fracturas importantes (como las del brazo, el hombro o la pierna): pueden administrarse un sedante y analgésicos intravenosos. El sedante adormila el sujeto, pero no le sumerge en un estado de inconsciencia. También se puede administrar un anestésico local mediante una inyección. Por ejemplo, si el paciente tiene una luxación de hombro, se puede inyectar lidocaína en la articulación del hombro.

  • Reducción abierta: se administra al paciente anestesia general mediante inyección o mediante una mascarilla, de forma que pierda la consciencia. Este procedimiento se realiza en el quirófano.

Inmovilización

Después de realinear la lesión, se debe evitar que esta se desplace (es decir, necesita ser inmovilizada).

Por lo general después de una reducción cerrada de una fractura o dislocación se utiliza un yeso, una férula o un cabestrillo.

Durante una reducción abierta de una fractura a menudo se utiliza material de osteosíntesis, como clavos, tornillos, varillas y placas. Esta intervención se denomina reducción abierta y fijación interna (RAFI, ver Cirugía).

La inmovilización reduce el dolor y ayuda a la curación al prevenir que se produzcan más lesiones en los tejidos circundantes. Si se fractura un hueso de una pierna o un brazo, la inmovilización puede ayudar a prevenir una embolia grasa. La inmovilización es útil para la mayoría de las lesiones moderadas o graves. Se inmobilizan las articulaciones situadas a ambos lados de la lesión.

Si la inmovilización dura demasiado tiempo (por ejemplo, durante más de un par de semanas en adultos jóvenes), la articulación puede volverse rígida, a veces de forma permanente, y los músculos pueden acortarse (provocando contracturas) o disminuir su volumen (atrofiarse). Se pueden formar coágulos de sangre. Estos problemas pueden desarrollarse rápidamente, y las contracturas pueden llegar a ser permanentes, por lo general en las personas mayores. En consecuencia, el médico recomienda que el paciente mueva la parte afectada tan pronto como la fractura consolide. También se tiende a utilizar tratamientos que permiten a las personas mayores caminar tan pronto como sea posible (por ejemplo, la reparación quirúrgica de una fractura de cadera), en lugar de los que les obliga a ser inmovilizados durante mucho tiempo (como el reposo en cama o un yeso).

Si es necesaria la inmovilización y qué técnica se utiliza dependerá del tipo de lesión.

La mayoría de las fracturas se inmovilizan con un molde de yeso (escayola), una férula o un cabestrillo hasta que se curan. Sin inmovilización, los extremos fracturados tienen mayor tendencia a moverse, la curación es más lenta, y puede que la fractura no consolide. Si los huesos rotos se han separado (desplazado) es preciso realinearlos (una intervención llamada reducción) antes de inmovilizarlos.

Si se sospecha una rotura parcial en un tendón o si el diagnóstico no está claro, el médico puede aplicar una férula para inmovilizar la parte lesionada para que el tendón pueda cicatrizar. Algunas roturas tendinosas graves se inmovilizan durante días o semanas, a veces con un yeso.

Los esguinces leves se inmovilizan brevemente o no se inmovilizan. Generalmente el mejor tratamiento suele ser mover la parte lesionada lo antes posible. Los esguinces moderados a menudo se inmovilizan con un cabestrillo o una férula durante unos días. Algunos esguinces severos se inmovilizan durante días o semanas, a veces con un yeso. Sin embargo, algunos esguinces graves deben ser reparados quirúrgicamente y no siempre se inmovilizan.

Algunas luxaciones sólo requieren un cabestrillo o una férula. Se aplica después de volver a situar la articulación en su posición normal. Las articulaciones se inmovilizan para evitar que se muevan y posiblemente causen una lesión mayor.

Los yesos se utilizan generalmente para las lesiones que deben mantenerse inmovilizadas durante semanas.

Para aplicar un yeso, el médico envuelve la zona lesionada en una tela, a la que después aplica una capa de un material de algodón suave para proteger la piel de la presión y el roce. Sobre este vendaje se aplica unas vendas de yeso o de fibra de vidrio que se endurecen cuando se secan. A menudo se utiliza un yeso para inmovilizar las fracturas desplazadas ya que se moldea bien y es menos probable que roce la piel. Las inmovilizaciones con fibra de vidrio son más fuertes, más ligeras y más duraderas. Después de aproximadamente una semana disminuye la hinchazón. A continuación, la férula de yeso a veces puede ser reemplazada por una inmovilización con fibra de vidrio que en esta fase se adapta más fácilmente a la extremidad.

A los pacientes a los que se les coloca un yeso se les proporcionan instrucciones específicas para su cuidado. Si un yeso no se cuida adecuadamente, pueden aparecer problemas. Por ejemplo, si se moja un yeso, el acolchado protector bajo el yeso puede empaparse, siendo imposible secarlo por completo. Como resultado, la piel puede reblandecerse y erosionarse, y pueden formarse úlceras. Además, si un yeso se moja, puede reblandecerse y, por lo tanto, no proteger e inmovilizar la zona lesionada. Es necesario dar instrucciones al paciente para que mantenga le extremidad inmovilizada elevada el mayor tiempo posible, a nivel o por encima del nivel del corazón, sobre todo durante las primeras 24 a 48 horas. También debe flexionar y extender los dedos de forma regular. Estas estrategias ayudan a que la sangre abandone la extremidad lesionada y a prevenir, de esta forma, la hinchazón.

Si se siente dolor, presión u hormigueo constantes o que empeoran con el tiempo, se debe acudir inmediatamente al médico. Estos síntomas pueden deberse a una úlcera por presión o a un síndrome compartimental en desarrollo (ver Síndrome compartimental). En estos casos, el médico puede tener que retirar el yeso y colocar otro.

Se puede utilizar una férula para inmovilizar algunas fracturas, esguinces y otras lesiones, sobre todo si la inmovilización debe mantenerse solo algunos días. La férula permite que el paciente se aplique hielo y que tenga mayor movilidad que el yeso.

Una férula (también llamada tablilla) es una tabla alargada y estrecha fabricada con yeso, fibra de vidrio o aluminio que se aplica con bandas elásticas o cinta adhesiva. Dado que la tablilla no rodea completamente el miembro, permite cierta expansión debida a la hinchazón. Por lo tanto, una férula no aumenta el riesgo de desarrollar un síndrome compartimental. Algunas lesiones que en último término van a necesitar un yeso se inmovilizan en primer lugar con una férula hasta que disminuye la inflamación. En las fracturas de los dedos se utilizan habitualmente férulas (tablillas) de aluminio cubiertas de gomaespuma.

El cabestrillo por sí solo puede proporcionar un apoyo suficiente para muchas fracturas del hombro y del codo. El propio peso del brazo que tira del conjunto hacia abajo ayuda a mantener la mayoría de las fracturas del hombro alineadas. Puede ser útil un cabestrillo cuando la inmovilización completa tiene efectos indeseables. Por ejemplo, si se mantiene una inmovilización estricta del hombro los tejidos alrededor de la articulación pueden llegar a desarrollar una rigidez, a veces en días, impidiendo que el hombro tenga movilidad (lo que se denomina hombro congelado). El cabestrillo limita el movimiento del hombro y del codo, pero permite los movimientos de la mano.

Se puede añadir al cabestrillo una banda de tejido o una tira que pase por la espalda para evitar el vaivén exterior del brazo, especialmente durante la noche. La banda (sistema antirrotatorio) se envuelve alrededor del tronco y del brazo lesionado.

El reposo en cama, que en ocasiones se necesita en algunas fracturas (como en determinadas fracturas de la columna vertebral o de la pelvis), puede causar problemas (ver Problemas debidos al encamamiento), incluyendo la formación de coágulos, y una disminución de las condiciones físicas.

Técnicas habituales para inmovilizar una articulación

Cirugía

Algunas veces las fracturas deben reducirse y repararse mediante tratamiento quirúrgico, como en los siguientes casos:

  • Las fracturas abiertas: Dado que la piel se rompe, las bacterias y los residuos pueden entrar en el organismo. El médico debe limpiar cuidadosamente el área alrededor de la fractura para eliminar cualquier rastro de residuos. Llevar a cabo esta acción reduce el riesgo de infección.

  • Las fracturas desplazadas que no se pueden reducir o mantener reducidas (en su posición) mediante maniobras cerradas: Cuando un fragmento óseo se ha desplazado o queda un tendón interpuesto, el médico puede no ser capaz de realinear los huesos rotos mediante la manipulación desde el exterior (reducción cerrada). O bien, la fractura se puede realinear mediante reducción cerrada, pero los músculos, al traccionar de los fragmentos óseos, impiden que los extremos permanezcan en su posición.

  • Las fracturas superficiales conjuntas: Estas fracturas se extienden hacia la articulación, fracturando el cartílago articular en los extremos óseos. Para evitar que el paciente desarrolle con posterioridad una artrosis, el médico debe reducir casi perfectamente el cartílago fracturado. La reducción puede ser más precisa cuando se hace quirúrgicamente.

  • Las fracturas patológicas en un hueso debilitado por un cáncer: El hueso debilitado por un proceso canceroso puede no consolidar normalmente después de una fractura. La cirugía puede ser necesaria para evitar que los fragmentos óseos se desplacen. Además, la estabilización de la articulación de forma quirúrgica disminuye el dolor y permite al sujeto utilizar la articulación con mayor rapidez que cuando se hacen otros tratamientos.

  • Las fracturas en las que se sabe que necesitan tratamiento quirúrgico: Se sabe que ciertos tipos de fracturas consolidan más rápidamente y tienen mejor resultado cuando se reparan quirúrgicamente.

  • Las fracturas que de otro modo requerirían un largo período de inmovilización o reposo en cama: La cirugía reduce el tiempo que el paciente necesita permanecer encamado. Por ejemplo, el tratamiento quirúrgico permite que los pacientes con fractura de cadera comiencen a levantarse de la cama y caminar poco después de la operación, con frecuencia incluso al día siguiente de la cirugía (con la ayuda de un andador).

  • Fracturas complicadas: La cirugía puede ser necesaria para tratar ciertas lesiones que se producen con la fractura, como una lesión arterial o una sección nerviosa.

Se lleva a cabo una reducción abierta con fijación interna (RAFI), para restaurar la forma y la alineación original del hueso. Los cirujanos utilizan los rayos X para ver cómo alinear los huesos. Después de hacer una incisión para exponer la fractura, el cirujano usa instrumentos especiales para mantener alineados los fragmentos de hueso. Después se fijan los fragmentos en el lugar correspondiente utilizando una combinación de cables metálicos, clavos, tornillos, varillas y placas. Por ejemplo, puede darse forma a las placas metálicas según sea necesario, y estas pueden fijarse con tornillos en la parte exterior del hueso. Las varillas metálicas pueden insertarse desde un extremo del hueso hacia el interior de este (médula ósea). Estos dispositivos implantables son de acero inoxidable, de una aleación metálica altamente resistente o de titanio. Los dispositivos fabricados en los últimos 15-20 años son compatibles con los potentes imanes que se emplean en la RMN. La mayoría de ellos no hacen sonar la alarma de los dispositivos de seguridad de los aeropuertos. Algunos de estos dispositivos se dejan en el hueso de forma permanente, y otros se extraen tras la curación de la fractura. Típicamente, la RAFI se utiliza en todas las fracturas que deben ser reparadas quirúrgicamente (ver más arriba).

Puede ser necesaria una sustitución articular (artroplastia) cuando la fractura lesiona de gravedad la parte alta del fémur, que forma parte de la articulación de la cadera, o del hueso de la parte superior del brazo (húmero), que forma parte de la articulación del hombro.

Cuando el médico utiliza injerto óseo, extrae fragmentos de hueso de otra parte del cuerpo (como la pelvis). Este procedimiento se puede realizar de entrada si el espacio que existe entre los fragmentos óseos es demasiado grande. También se puede hacer más adelante, si el proceso de consolidación es lento (retardo de consolidación) o no se produce (seudoartrosis).

La cirugía artroscópica se utiliza a veces (ver Cirugía mínimamente invasiva). Para este procedimiento, se introduce un tubo de visualización del tamaño de un lápiz en la articulación a través de una pequeña incisión. Este procedimiento se lleva a cabo con mayor frecuencia para reparar los ligamentos o las almohadillas de cartílago (meniscos) de la rodilla (ver Esguinces de rodilla y lesiones relacionadas).

Rehabilitación y pronóstico

La mayoría de las fracturas se curan bien y causan pocas complicaciones. Sin embargo, algunas no se curan por completo a pesar de que se haya hecho un diagnóstico acertado y se haya seguido el tratamiento adecuado.

El tiempo requerido para que la fractura se cure oscila entre semanas y meses, dependiendo de:

  • Tipo de lesión

  • Localización de la lesión

  • La edad del sujeto

  • Otros trastornos presentes

Por ejemplo, los niños se curan mucho más rápido que los adultos, y ciertos trastornos (incluyendo los que causan problemas de circulación, como la diabetes y la enfermedad vascular periférica) retrasan la velocidad de cicatrización. Las roturas parciales de ligamentos, tendones y músculos tienden a curarse espontáneamente, pero las roturas completas a menudo requieren cirugía.

Generalmente el sujeto siente molestias al realizar algunas actividades, incluso después de que las fracturas ya estén lo suficientemente curadas como para cargar todo el peso corporal sobre la zona afectada. Por ejemplo, después de aproximadamente 2 meses, una fractura de muñeca puede ser lo suficientemente fuerte como utilizar la muñeca. Sin embargo, el hueso todavía se está reconstruyendo (remodelado de la fractura). Así, el dolor al apretar con fuerza utilizando la muñeca puede persistir hasta un año. Algunos pacientes también notan dolor y rigidez en la zona lesionada cuando el clima es frío.

La inmovilización aumenta la rigidez articular, y los músculos se debilitan y se atrofian ya que no se utilizan. Si se inmoviliza un miembro con un yeso, la articulación afectada se vuelve más rígida cada semana, y, finalmente, el paciente no puede extender y flexionar completamente su extremidad. Estos problemas pueden desarrollarse rápidamente y convertirse en permanentes, siendo más frecuentes en personas mayores. Después de haber llevado un molde de yeso largo en la pierna (desde la parte superior de la pantorrilla hasta los dedos de los pies) durante unas semanas, los músculos suelen encogerse hasta tal punto que la mayoría de las personas pueden insertar su mano dentro del espacio, antes estrecho, entre el molde y el muslo. Cuando se retira el yeso, los músculos son muy débiles y están notablemente atrofiados.

Para evitar o reducir al mínimo la rigidez y para ayudar al paciente a mantener la fuerza muscular, el médico puede recomendar el tratamiento quirúrgico (RAFI), ya que después de la cirugía, el paciente puede mover la parte lesionada de manera relativamente precoz. El médico también puede recomendar la práctica de ejercicio diario, incluyendo los ejercicios de rango de movilidad y de fortalecimiento muscular (ver Ejercicios de fortalecimiento muscular). Mientras se cura la fractura, la persona afectada puede ejercitar el resto del cuerpo.

Después de que la lesión ha cicatrizado lo suficiente, se puede retirar el yeso, y el paciente puede empezar a ejercitar la extremidad lesionada. Al realizar ejercicios, se debe prestar atención a las sensaciones procedentes del miembro lesionado y evitar realizar ejercicios demasiado enérgicos. Si los músculos están demasiado débiles para que el paciente los ejercite o si los ejercicios pudieran desplazar los fragmentos óseos, un fisioterapeuta puede mover la extremidad (lo que se denomina ejercicios pasivos ver Aumentar el grado de movilidad del hombro). Sin embargo, en última instancia, para recuperar la fuerza plena de una extremidad lesionada, el paciente debe mover sus músculos (lo que se denomina ejercicios activos).

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