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Heridas por contusión

Por Kathryn Colby, MD, PhD, Professor and Chair, Department of Ophthalmology and Visual Science, The University of Chicago Medicine & Biological Sciences

Una contusión directa puede causar una lesión en las estructuras delanteras del ojo (párpados, conjuntiva, esclerótica, córnea, iris y cristalino) y de la parte posterior del ojo (retina y nervio óptico). También puede romper (fracturar) los huesos alrededor del ojo. Este tipo de traumatismo puede, incluso, causar cortes (laceraciones) sobre los tejidos oculares.

En caso de lesión, los ojos pueden inflamarse y abrirse con dificultad. Aun así, es necesario que un profesional examine los ojos y confirme que no existe una lesión que afecte la vista. Casi siempre se pueden abrir los ojos con cuidado, aunque en ocasiones es necesario el uso de algún tipo de instrumental.

Ojo morado

En las primeras 24 horas después de una lesión ocular producida por una contusión, puede producirse la extravasación de sangre hacia el tejido cutáneo de los párpados y áreas circundantes, originando tumefacción y hematoma (contusión), lo que se conoce como «ojo morado» o amoratado. Generalmente, después de 1 o 2 días, la sangre se acumula en la parte inferior del ojo, lo que da lugar a la aparición de tumefacción y cambios en el color de la piel por debajo del párpado inferior. El efecto de ojo morado no tiene por sí mismo repercusión sobre la vista, aunque sí puede resultar grave si va acompañado de otras lesiones oculares.

El moretón del ojo desaparece sin tratamiento en pocos días o semanas. Durante las primeras 24 a 48 horas, la aplicación de compresas frías ayuda a reducir la inflamación y aliviar el dolor. Después de las primeras 24 a 48 horas, se puede aplicar compresas calientes para ayudar a la absorción de la sangre. Si el dolor es considerable, se pueden administrar antiinflamatorios no esteroideos (AINE como el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno) o paracetamol (acetaminofeno). Sin embargo, las personas que han tenido sangrado dentro del ojo probablemente no deben utilizar los AINE, ya que pueden empeorarlo.

Hemorragia subconjuntival

Si se rompe un vaso sanguíneo de la conjuntiva (la capa delgada de tejido que cubre la mayor parte de la superficie ocular) se origina un mancha roja de sangre en la parte blanca del ojo. En ocasiones, la totalidad de la parte blanca del ojo se ve de color rojo. La sangre se acumula debajo de la conjuntiva (hemorragia subconjuntival) y está en la superficie del ojo. Por ello, aunque la presencia de sangre resulte alarmante, el carácter de la lesión es leve y se resuelve sin tratamiento. El área roja puede llegar a ser ligeramente amarilla después de una semana. Por lo general en 1 o 2 semanas desaparece cualquier resto de sangre. A menudo coinciden el ojo amoratado y la hemorragia subconjuntiva.

Hipema

Un hipema es la presencia de hemorragia en la cámara anterior del ojo (el espacio lleno de líquido situado entre la córnea y el iris, ver ver figura Un vistazo al interior del ojo) del ojo. Pueden producirse hemorragias adicionales hasta varios días después de la lesión. Un hipema causa a veces una pérdida de visión permanente, parcial o total. La pérdida de visión puede ser el resultado del aumento de la presión intraocular (glaucoma), de la tinción de la córnea por la sangre, o de ambas.

Los sujetos con hipema a menudo tienen la vista borrosa y molestias cuando se exponen a luz brillante. Si el hipema es lo bastante extenso, es posible encontrar una capa de sangre detrás de la parte inferior de la córnea cuando la persona se encuentra en bipedestación. Sin embargo, esta capa puede ser tan pequeña que solo se observa cuando se amplía la imagen.

Tratamiento

La persona con hipema debe ser examinada por un oftalmólogo tan pronto como sea posible. Algunas personas con hemorragias graves o trastornos de coagulación (que hacen que el sangrado sea más probable) o que toman medicamentos anticoagulantes pueden necesitar tratamiento hospitalario.

El tratamiento consiste en descanso en cama con la cabecera elevada para favorecer que la sangre descienda. Se suele administrar gotas oftálmicas para dilatar la pupila (por ejemplo de atropina) y para reducir la inflamación en el interior del ojo (generalmente con corticoesteroides). Se coloca un parche protector sobre el ojo para prevenir una lesión mayor.

Hay que medir la presión intraocular al menos una vez al día durante los primeros días. Si la presión es alta, las personas pueden tener náuseas, dolor de ojos y disminución de la visión. El oftalmólogo puede proporcionar gotas para los ojos, tales como las utilizadas para tratar el glaucoma para disminuir la presión. Durante algunas semanas hay que evitar la ingestión de aspirina (ácido acetilsalicílico) y de otros antiinflamatorios no esteroideos, puesto que predisponen a la hemorragia. Debido a que el hipema incrementa de por vida el riesgo de desarrollar glaucoma, los sujetos que lo han padecido deben someterse a una revisión oftálmica anual.

Si el sangrado es recurrente, un oftalmólogo puede proporcionar el ácido aminocaproico, un fármaco que acelera la coagulación de la sangre. Raramente, si el sangrado recurrente hace que aumente la presión ocular, habrá que drenar la sangre quirúrgicamente.

Desprendimiento de retina

Una lesión producida por una contusión puede causar que una parte o la totalidad de la retina se desgarre o se separe (desprendimiento) de la superficie subyacente a la parte posterior del globo ocular (ver Desprendimiento de retina). Generalmente, se desprende una parte de la retina (con frecuencia el borde exterior o periférico de la retina), pero si no se trata de forma temprana, puede afectar otras zonas.

Inicialmente, el desprendimiento de retina da lugar a imágenes flotantes de formas irregulares y oscuras (moscas volantes) o destellos de luz. Algunas zonas del campo visual aparecen borrosas o se pierden, generalmente las correspondientes a la visión lateral (periférica). Si el desprendimiento afecta a una zona de la retina más extensa, se pierde o se ve borrosa una mayor extensión del campo visual.

La persona con estos síntomas requiere atención médica lo antes posible. Un oftalmólogo realiza el diagnóstico y examina la parte posterior del ojo con una luz brillante (oftalmoscopia) después de haber dilatado la pupila. Algunas veces se realiza un examen ecográfico. En algunos casos el oftalmólogo puede realizar el anclaje de la retina desprendida o prevenir que la lesión se agrave empleando varios tratamientos como la cirugía, el láser, o la terapia por congelación (criopexia).

Otras lesiones por contusión en el globo ocular

Otras lesiones que pueden presentarse después de una contusión son: hemorragia en la sección posterior del ojo (hemorragia vítrea), desgarro del iris y desplazamiento (luxación) del cristalino. Generalmente, es necesario que se haya producido una contusión muy fuerte para provocar estas lesiones. Las personas afectadas tienden a manifestar lesiones evidentes y graves en el ojo, presentando numerosas anomalías. Todas las personas afectadas tienen la vista alterada. Se recomienda realizar lo antes posible la valoración y aplicar el tratamiento.