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Congelación

Por Daniel F. Danzl, MD, Professor and Chair, Department of Emergency Medicine, University of Louisville School of Medicine

La congelación es una lesión producida por el frío en la que una zona del cuerpo resulta congelada completamente.

  • El frío extremo puede congelar los tejidos, destruyéndolos y, a veces, también los tejidos circundantes.

  • El área puede estar entumecida, pálida, hinchada, con ampollas, o negra y coriácea.

  • El área se vuelve a calentar en agua tibia tan pronto como sea posible.

  • La mayoría de las áreas se curan con el tiempo, pero en ciertas ocasiones es necesaria la cirugía para eliminar el tejido muerto (tejido necrótico).

La lesión causada por la congelación es consecuencia de una combinación de factores. La congelación destruye algunas células, pero otras sobreviven. Debido al estrechamiento o constricción de los vasos sanguíneos que causa el frío, el tejido próximo a la zona congelada, a pesar de no estar congelado, puede resultar dañado por efecto de una disminución del torrente sanguíneo. A veces el frío también causa coágulos en los vasos sanguíneos pequeños del tejido. Estos coágulos pueden limitar la circulación sanguínea hasta tal punto que el tejido muere. Cuando el torrente sanguíneo vuelve a la zona afectada, los tejidos lesionados liberan cierto número de sustancias químicas que provocan la inflamación, y esta empeora la lesión causada por el frío. Además, a medida que el tejido congelado se calienta, se liberan sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo.

La exposición a temperaturas por debajo del grado de congelación supone un riesgo de congelación para cualquier parte del cuerpo. El riesgo de una lesión por congelación dependerá del grado de enfriamiento y del tiempo de exposición de esa parte del cuerpo. Las personas sujetas a un mayor riesgo de presentar congelación son las que tienen mala circulación causada por diabetes o arterioesclerosis, espasmos de los vasos sanguíneos (que pueden ser causados por tabaquismo, algunos trastornos neurológicos o ciertos fármacos) o una constricción de la circulación sanguínea debida al uso de botas o guantes demasiado apretados. Las partes más vulnerables son las manos, los pies, la cara y las orejas cuando están expuestos al frío. El contacto con la humedad o el metal acelera la congelación y es particularmente peligroso.

Síntomas de congelación

Los síntomas varían con la profundidad y la cantidad de tejido congelado. Una congelación superficial produce un parche entumecido y blanquecino en la piel que se desprende después del calentamiento. Una congelación ligeramente más profunda causa ampollas y la hinchazón de la zona afectada. Una congelación aún más profunda produce una sensación en la extremidad de insensibilidad, enfriamiento y endurecimiento. La zona está pálida y fría. A menudo, aparecen ampollas. Las ampollas llenas de un líquido claro indican una lesión menor en comparación con las ampollas llenas de líquido sanguinolento.

El tejido muerto puede provocar que la extremidad se vuelva gris y blanda (gangrena húmeda). Cuando aparece una gangrena húmeda, en muchos casos hay que amputar la extremidad. Es más frecuente que el área de tejido muerto se vuelva negra y apergaminada (gangrena seca).

Diagnóstico de congelación

  • Exploración por un médico

  • Antecedentes de exposición al frío

La congelación profunda se diagnostica por su aspecto característico y porque tiene lugar tras una exposición al frío durante mucho tiempo. Algunas veces la congelación profunda aparece durante los primeros días como una congelación superficial. Después de un tiempo, el tejido congelado desarrolla unas características que lo diferencian de las heridas tisulares no provocadas por congelación.

Tratamiento de la congelación

  • Arropar a la persona

  • Sumergir la zona congelada en agua tibia

Extrahospitalario

Una persona que presente una congelación profunda debe ser cubierta con una manta que abrigue porque también puede sufrir hipotermia. Cuando sea posible, la zona congelada debe calentarse inmediatamente. La zona se sumerge en agua caliente a una temperatura que pueda tolerar cómodamente la persona que auxilia (alrededor de 40 °C). Debe evitarse frotar la zona (por ejemplo, con nieve) ya que hacerlo provoca un daño tisular aún más grave. Debido a que el área no tiene sensibilidad, la gente no puede decir si se está desarrollando una quemadura. Por lo tanto, la zona no debe calentarse en frente de un fuego o con una almohadilla térmica o una manta eléctrica.

¿Sabías que...?

  • Un área congelada no se debe frotar (por ejemplo con nieve) ya que el roce produce más daños en el tejido.

Es más perjudicial calentar el tejido y que se vuelva a congelar, que dejar que el tejido permanezca congelado. Así, si una persona con congelación debe ser reexpuesta a condiciones de congelación, en particular si tiene que andar con los pies congelados, el tejido no se debe descongelar. Los pies que han sido descongelados son más vulnerables a sufrir daños al caminar. También se debe evitar frotar y comprimir el tejido lesionado así como evitar que sufra daño adicional. Los pies se suelen limpiar, secar y cubrir. La persona debe mantenerse caliente y, si es posible, se le administran analgésicos. Debe ser trasladada al hospital tan pronto como sea posible.

Hospitalario

En el hospital se debe empezar o continuar con el calentamiento. El recalentamiento completo requiere unos 15 o 30 minutos. Durante el recalentamiento, se recomienda al paciente que mueva la parte afectada con suavidad. El área congelada se vuelve extremadamente dolorosa a medida que se calienta, por lo que puede ser necesario administrar una inyección de analgésicos opiáceos. No se deben reventar las ampollas. Si se revientan las ampollas, hay que cubrirlas con una pomada antibiótica.

Una vez que se haya calentado el tejido, la zona congelada debe lavarse cuidadosamente, secarse, envolverla con vendas estériles y mantenerse meticulosamente limpia para prevenir infecciones. Para aliviar la inflamación, son útiles los fármacos antiinflamatorios como el ibuprofeno por vía oral o la aplicación tópica de gel de aloe vera. La infección requiere un tratamiento con antibióticos, y algunos médicos se los administran a toda persona que tenga una congelación profunda para evitar que aparezca una infección. También se utilizan fármacos administrados en una vena o una arteria para mejorar la circulación de la zona afectada, aunque estas formas de tratamiento son beneficiosas solo durante los primeros días después de la lesión. Si el sujeto no está vacunado, o la vacunación es antigua, se recomienda la administración de la vacuna antitetánica.

Tras el alta hospitalaria

Es necesaria una dieta saludable para garantizar que el cuerpo produce suficiente calor.

Los baños en bañeras con agua caliente (alrededor de 37 °C) 3 veces al día, seguidos de un secado suave, descanso y tiempo son los mejores tratamientos actuales. La mayor parte de las personas se recuperan lentamente al cabo de varios meses, aunque, en ciertos casos, es necesario recurrir a la amputación para extirpar los tejidos muertos. Puesto que las zonas congeladas pueden aparentar mayor extensión y gravedad al principio que en semanas o meses más tarde, la decisión de amputar suele posponerse hasta que la zona ha tenido tiempo para curarse. A veces una prueba de diagnóstico por la imagen como la gammagrafia con radionúclido, la termografía por microondas o la flujometría por láser Doppler ayudan a determinar qué áreas pueden recuperarse y cuáles no lo harán. Las zonas que no se curarán deben ser amputadas. Algunas personas desarrollan entumecimiento o hipersensibilidad al frío después de que la parte congelada se haya curado.

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