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Fiebre de Lassa

Por Craig R. Pringle, BSc, PhD, Emeritus Professor, School of Life Sciences, University of Warwick

Información:
para pacientes

La fiebre de Lassa es una infección por arenavirus, a menudo mortal, que aparece con mayor frecuencia en África Occidental y puede comprometer múltiples sistemas. El diagnóstico se basa en pruebas serológicas y PCR. El tratamiento se realiza con ribavirina por vía intravenosa.

Se informaron brotes de fiebre de Lassa en Nigeria, Liberia y Sierra Leona, con importación de casos a los Estados Unidos y el Reino Unido. El reservorio es la especie Mastomys natalensis, una rata que suele habitar en las casas en África. Es probable que la mayoría de los casos en seres humanos se deban a la contaminación de los alimentos con orina del roedor, aunque la transmisión de una persona a otra puede ocurrir a través de la orina, las heces, la saliva, el vómito o la sangre.

Con base en los datos serológicos, los pueblos indígenas en las zonas endémicas tienen una muy alta tasa de infección muy superior a su tasa de hospitalización por fiebre de Lassa, lo que sugiere que muchas infecciones son leves y autolimitados. Sin embargo, algunos estudios observacionales de misioneros enviados a zonas endémicas demuestran que tienen tasas mucho más altas de enfermedad grave y mortalidad. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estiman que alrededor del 80% de las personas infectadas tiene enfermedad leve y un 20% tiene enfermedad grave multisistémica.

Signos y síntomas

El período de incubación oscila entre 5 y 16 días. Los síntomas comienzan con fiebre que avanza gradualmente, debilidad, malestar general, síntomas gastrointestinales (p. ej., náuseas, vómitos, diarrea, disfagia, epigastralgia), a menudo también con signos y síntomas de hepatitis. Durante los 4 a 5 días subsiguientes, los síntomas progresan y el paciente presenta postración con odinofagia, tos, dolor torácico y vómitos. La odinofagia es más intensa durante la primera semana y pueden verse parches de exudado blanco o amarillo sobre las amígdalas, que con frecuencia coalescen formando una seudomembrana.

En el 60 al 80% de los pacientes, puede detectarse una tensión arterial sistólica < 90 mm Hg, con presiones del pulso < 20 mm Hg y bradicardia relativa. En el 10 al 30% de los pacientes, aparece edema facial, cervical y conjuntival. En ocasiones, los pacientes presentan acúfenos, epistaxis, gingivorragia, sangrado en los sitios de punción, exantema maculopapuloso, tos y vértigo. El 20% desarrolla hipoacusia neurosensorial, que a menudo es permanente.

Los pacientes que se recuperan dejan de tener fiebre en 4 a 7 días. La progresión al cuadro grave produce shock, delirio, estertores, derrame pleural y, en ocasiones, convulsiones generalizadas. A menudo, se encuentra una pericarditis. La magnitud de la fiebre y la concentración de aminotransferasa se correlacionan con la gravedad de la enfermedad. Las secuelas tardías incluyen alopecia, iridociclitis y ceguera transitoria.

Diagnóstico

  • PCR o pruebas serológicas

La fiebre de Lassa se sospecha en pacientes con antecedentes de posible exposición que presentan un prodromo viral seguido por una enfermedad en algún sistema de etiología desconocida. Deben solicitarse hepatograma, análisis de orina, pruebas serológicas y, en ciertos casos, hemograma completo. La proteinuria es frecuente. Las concentraciones de AST y ALT se elevan (hasta 10 veces el valor normal), al igual que las de LDH. La prueba de diagnóstico más rápida es la PCR, pero la identificación de anticuerpos IgM anti-Lassa o un aumento de 4 veces en el título de anticuerpos IgG con inmunofluorescencia indirecta también permite confirmar el diagnóstico.

Si bien el virus puede proliferar en cultivo celular, éstos no se indican en forma sistemática. Dado el riesgo de transmisión de la enfermedad, en particular en los individuos con fiebre hemorrágica, los cultivos sólo deben manipularse en laboratorios con un nivel 4 de bioseguridad.

En los pacientes en los que se sospecha compromiso pulmonar, la radiografía de tórax puede revelar neumonitis basilar y derrames pleurales.

Pronóstico

La recuperación o la muerte sucede entre 7 y 31 días (promedio entre 12 y 15 días) después del comienzo de los síntomas. En los pacientes con enfermedad grave multisistémica, la mortalidad es de 16 a 45%. La enfermedad es grave durante el embarazo , con tasas de mortalidad entre 50 y 92% en mujeres embarazadas o cuyo parto se produjo hace menos de 1 mes. La mayoría de las mujeres embarazadas pierden el embarazo.

Tratamiento

  • Ribavirina

Si la administración de ribavirina se inicia dentro de los primeros 6 días de la enfermedad, puede reducirse la tasa de mortalidad hasta 10 veces. El tratamiento se realiza con una dosis de carga de 30 mg/kg de ribavirina por vía intravenosa (máximo, 2 g) seguida de 16 mg/kg por vía intravenosa (máximo, 1 g/dosis) cada 6 horas durante 4 días y luego 8 mg/kg por vía intravenosa (máximo, 500 mg/dosis) cada 8 horas durante 6 días. El plasma anti-fiebre de Lassa puede emplearse como terapia adyuvante en los pacientes muy graves.

El tratamiento de apoyo, con corrección de los desequilibrios hidroelectrolíticos, resulta imperativo.

En las mujeres embarazadas infectadas, en particular durante el tercer trimestre del embarazo, la evacuación uterina parece reducir la tasa de mortalidad materna.

Prevención

Se recomiendan precauciones universales, aislamiento respiratorio (con gafas, mascarillas de alta eficiencia, habitación con presión negativa y respiradores con aire filtrado a presión positiva) y vigilancia de los contactos. No existe una vacuna contra esta infección.