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Fiebre

Por Allan R. Tunkel, MD, PhD, Professor of Medicine, Associate Dean for Medical Education, Warren Alpert Medical School of Brown University

Información:
para pacientes

La fiebre es la elevación de la temperatura corporal (> 37,8°C por vía oral o > 38,2°C por vía rectal), o la elevación por encima de los valores normales conocidos de una persona. La temperatura corporal elevada que no está causada por una desregulación hipotalámica suele llamarse hipertermia. Muchos pacientes usan la palabra "fiebre" en forma flexible, a menudo con la intención de indicar que sienten mucho calor, mucho frío o sudoración, pero sin haber medido de hecho su temperatura corporal.

Los síntomas se deben principalmente a la enfermedad que causa la fiebre, aunque ésta en sí misma puede poducir incomodidad.

Fisiopatología

Durante un período de 24 horas, la temperatura varía desde un valor mínimo temprano por la mañana hasta un valor máximo al final de la tarde. La variación máxima es de aproximadamente 0,6°C.

La temperatura del cuerpo está determinada por un equilibrio entre la producción de calor en los tejidos, en especial el hígado y los músculos, y la pérdida de calor en la periferia. Normalmente, el centro termorregulador del hipotálamo mantiene la temperatura interna entre 37 y 38°C. La fiebre se produce cuando algo aumenta el punto de regulación del hipotálamo, lo que desecadena la vasoconstricción y el alejamiento de la sangre desde la periferia para disminuir la pérdida de calor; a veces se induce la aparición de escalofríos, que incrementan la producción de calor. Estos procesos continúan hasta que la temperatura de la sangre que irriga el hipotálamo alcanza el nuevo punto de corte fijado. Al modificar este valor de corte del hipotálamo y disminuirlo (p. ej., con un medicamento antipirético), se inicia la pérdida de calor mediante la sudoración y la vasodilatación. La capacidad de generar fiebre está reducida en algunos pacientes (p. ej., los alcohólicos, los ancianos, los niños muy pequeños).

Los pirógenos son sustancias que causan fiebre. Los pirógenos exógenos son por lo general microbios o sus productos. Los más estudiados son los lipopolisacáridos de las bacterias gramnegativas (comúnmente llamados endotoxinas) y la toxina del Staphylococcus aureus, que causa el síndrome de shock tóxico. Los pirógenos exógenos por lo general causan fiebre al inducir la liberación de pirógenos endógenos (p. ej., IL-1, factor de necrosis tumoral [TNF]-α, interferón-γ, IL-6), que aumentan el valor de regulación del hipotálamo. La síntesis de prostaglandina E2 parece tener un papel de especial importancia en este proceso.

Consecuencias de la fiebre

Aunque muchos pacientes temen que la fiebre en sí misma les produzca daños, las elevaciones transitorias modestas de la temperatura central (de 38 a 40°) causadas por la mayoría de las enfermedades agudas son bien toleradas por los adultos sanos. Sin embargo, las elevaciones extremas (típicamente, de > 41°C) pueden causar daños. Este aumento de temperatura es más típico de la hipertermia ambiental grave, pero a veces se produce por exposición a drogas ilegales (como cocaína o fenciclidina), anestésicos o medicamentos antipsicóticos. A esta temperatura, se produce la desnaturalización de proteínas y se liberan las citocinas inflamatorias que activan la cascada de la inflamación. Como resultado, se produce una disfunción celular, lo que lleva a un mal funcionamiento y, en última instancia, a la insuficiencia de la mayoría de los órganos; también se activa la cascada de la coagulación, lo que produce una coagulación intravascular diseminada.

Dado que la fiebre puede incrementar el metabolismo basal en un 10 a 12% por cada 1°C de aumento sobre los 37°C, puede resultar una carga fisiológica para los adultos con insuficiencias cardíacas o pulmonares preexistentes. La fiebre también puede empeorar el estado mental de los pacientes con demencia.

En los niños sanos, la fiebre puede causar convulsiones febriles (ver Convulsiones febriles).

Etiología

Muchos trastornos pueden producir fiebre. Se los clasifica como:

  • Infecciosos (los más comunes)

  • Neoplásicos

  • Inflamatorios (entre ellos reumáticos, no reumáticos y relacionados con drogas)

La causa de una fiebre aguda (es decir, con una duración de hasta 4 días) muy probablemente sea una infección. Cuando los pacientes se presentan con fiebre debida a causas no infecciosas, suele ser casi siempre una fiebre crónica o recurrente. Además, en forma aislada, un cuadro febril agudo en un paciente con una enfermedad conocida inflamatoria o neoplásica muy probablemente sea también de origen infeccioso. En las personas sanas, es muy poco factible que un cuadro de fiebre aguda sea la manifestación inicial de una enfermedad crónica.

Causas infecciosas

Prácticamente todas las enfermedades infecciosas pueden causar fiebre. En general, las causas más probables son

  • Infecciones del tracto respiratorio superior e inferior

  • Infecciones gastrointestinales

  • Infecciones urinarias

  • Infecciones de la piel

La mayoría de las infecciones agudas del tracto respiratorio y del gastrointestinal son de origen viral.

Los factores específicos del paciente y los factores externos influyen en cuál será la causa considerada más probable.

Los factores relacionados con el paciente incluyen el estado de salud, la edad, la ocupación y los factores de riesgo (internaciones hospitalarias, procedimientos invasivos recientes, presencia de catéteres venosos o sondas urinarias, uso de respirador mecánico).

Los factores externos son aquellos que exponen al paciente a enfermedades específicas, p. ej., el contacto con personas infectadas, los brotes locales de enfermedades, los vectores de enfermedades (como mosquitos, garrapatas), un vehículo común (alimentos, agua) o la ubicación geográfica (p. ej., la residencia o un viaje reciente a una zona endémica).

Algunas causas parecen predominar de acuerdo con estos factores (véase Algunas causas de fiebre aguda).

Algunas causas de fiebre aguda

Factor predisponente

Causa

Ninguno (paciente sano)

Infección respiratoria superior o inferior

Infección gastrointestinal

Infección urinaria

Infección cutánea

Internación hospitalaria

Infección del catéter venoso

Infección urinaria (en especial, en pacientes con un catéter permanente)

Neumonía (en especial, en pacientes en respirador)

Atelectasias

Infección del sitio quirúrgico (posoperatoria)

Trombosis venosa profunda o embolia pulmonar

Diarrea (inducida por Clostridium difficile)

Fármacos

Hematomas

Reacción a las transfusiones

Úlceras por decúbito

Viaje a zonas endémicas

Paludismo

Hepatitis viral

Enfermedades diarreicas

Fiebre tifoidea

Fiebre del dengue (menos común)

Exposición a vectores (en los Estados Unidos)

Garrapatas: rickettsiosis, erliquiosis, anaplasmosis, enfermedad de Lyme, babesiosis, tularemia

Mosquitos: encefalitis arboviral

Animales salvajes: tularemia, rabia, hantavirus

Pulgas: peste

Animales domésticos: brucelosis, linforreticulosis benigna, fiebre Q, toxoplasmosis

Aves: psitacosis

Reptiles: infección por Salmonella

Murciélagos: rabia, histoplasmosis

Inmunocompromiso

Virus: infección por varicela-zóster o citomegalovirus

Bacterias: infección debida a microorganismos encapsulados (como neumococos o meningococos), Staphylococcus aureus, bacterias gramnegativas (p. ej., especies de Pseudomonas aeruginosa), Nocardia o de Mycobacteria

Hongos: infección por Candida, Aspergillus, Zygomycetes,Histoplasma, especies de Coccidioides, o Pneumocystis jirovecii

Parásitos: infección por Toxoplasma gondii, Strongyloides stercoralis, Cryptosporidium, microsporidios, o Cystoisospora (anteriormente Isospora) belli

Fármacos que pueden incrementar la producción de calor

Anfetaminas

Cocaína

Metilendioximetanfetamina (MDMA, o éxtasis)

Antipsicóticos

Anestésicos

Medicamentos que pueden desencadenar fiebre

Antibióticos betalactámicos

Sulfamidas

Fenitoína

Carbamazepina

Procainamida

Quinidina

Anfotericina B

Interferones

Evaluación

Dos aspectos generales son importantes en la evaluación inicial de la fiebre aguda:

  • Identificar los síntomas que indican localización (p. ej., cefalea, tos): estos síntomas ayudan a reducir el espectro de causas posibles. Los síntomas que indican localización pueden ser manifestados inicialmente por el paciente en la consulta o identificarse mediante preguntas específicas.

  • Determinar si el paciente tiene una enfermedad aguda o crónica (especialmente si la enfermedad no está reconocida): muchas causas de fiebre en las personas sanas son autolimitadas, y muchas de las infecciones virales posibles son difíciles de diagnosticar con exactitud. Al limitar la realización de pruebas a los pacientes con enfermedades graves o crónicas, pueden evitarse búsquedas costosas, innecesarias y a menudo infructuosas.

Anamnesis

Antecedentes de la enfermedad actual: deben incluir la magnitud y la duración de la fiebre y el método utilizado para medir la temperatura. Los verdaderos escalofríos (temblores intensos acompañados de castañeteo de los dientes, y no simplemente la sensación de tener frío) indican fiebre debida a infección, pero no son específicos. El dolor es un indicio importante en cuanto al posible origen; el paciente debe ser indagado respecto del dolor de oídos, cabeza, cuello, dientes, garganta, pecho, abdomen, flancos, recto, músculos y articulaciones.

Otros síntomas que indican localización son la congestión o las secreciones nasales, la tos, la diarrea y los síntomas urinarios (poliuria, urgencia miccional, disuria). La presencia de una erupción (en concreto, su apariencia, su ubicación y el momento de aparición respecto de los demás síntomas) y de linfadenopatías pueden ayudar. Deben identificarse los contactos infectados y sus diagnósticos.

Revisión de aparatos y sistemas:, deben identificarse los síntomas de enfermedad crónica, entre ellos, fiebres recurrentes, sudoraciones nocturnas y pérdida de peso.

Antecedenetes personales: deben considerarse los siguientes aspectos en especial:

  • Cirugías recientes

  • Tratornos conocidos que predispongan a la infección (p. ej., infección por HIV, diabetes, cáncer, trasplantes de órganos, anemia de células falciformes, alteraciones de las válvulas cardíacas, en especial si hay válvulas prostéticas)

  • Otras enfermedades conocidas que predispongan a la aparición de fiebre (p. ej., trastornos reumáticos, LES, gota, sarcoidosis, hipertiroidismo, cáncer)

Si hubo viajes recientes, debe indagarse sobre los destinos, el tiempo transcurrido desde el regreso, el escenario (si ha visitado el campo o sólo las ciudades), las vacunas recibidas antes del viaje y el uso de medicamentos profilácticos contra el paludismo (si eran necesarios).

Debe preguntarse a todos los pacientes sobre posibles exposiciones a patógenos (p. ej., a través del consumo de alimentos o agua no seguros, las picaduras de insectos, el contacto con animales o las relaciones sexuales sin protección).

Hay que tener en cuenta los antecedentes de vacunación, en especial contra hepatitis A y B, y contra los microorganismos causantes de meningitis, influenza o infecciones por neumococos.

Los antecedentes relacionados con la administración de medicamentos deben incluir información específica sobre los siguientes:

  • Medicamentos que se sabe causan fiebre ( Algunas causas de fiebre aguda)

  • Medicamentos que predisponen a un riesgo aumentado de infección (como corticosteroides, fármacos anti-TNF, medicamentos quimioterápicos o contra el rechazo de injertos, otros inmunosupresores)

  • Drogas inyectables de uso ilegal (que predisponen a sufrir endocarditis, hepatitis, embolia pulmonar séptica e infecciones de la piel y los tejidos blandos)

Examen físico

El examen físico comienza con la confirmación de la fiebre. Ella se diagnostica de manera más exacta determinando la temperatura rectal. Las temperaturas bucales normalmente son alrededor de 0,6°C más bajas, y pueden obtenerse resultados falsamente menores por muchos motivos, como la ingesta reciente de una bebida fría, la respiración bucal, la hiperventilación y el tiempo inadecuado de medición (se requieren hasta varios minutos con los termómetros de mercurio). Las mediciones de la temperatura de la membrana timpánica con sensores infrarrojos son menos precisas que la temperatura rectal. El monitoreo de la temperatura de la piel usando cristales sensibles a la temperatura incorporados en tiras de plástico colocados en la frente no es sensible para detectar elevaciones de la temperatura central

Deben evaluarse otros signos vitales para determinar la presencia de taquipnea, taquicardia o hipotensión.

En los pacientes con síntomas que indiquen la localización del cuadro, el examen continúa según se analiza en otras secciones de EL Manual. En los pacientes febriles sin síntomas que indiquen el origen de la fiebre, es necesaria un examen completo debido a que los elementos para el diagnóstico pueden estar en cualquier aparato u órgano.

Debe registrarse el aspecto general del paciente, incluido cualquier signo de debilidad, letargia, confusión, caquexia y malestar.

La piel debe inspeccionarse en su totalidad en busca de exantemas, en especial de tipo petequial o hemorrágicos, y de cualquier lesión o áreas de eritema o ampollamiento que indiquen infección de la piel o de partes blandas. Deben buscarse adenopatías en las zonas axilar, epitroclear e inguinal. En los pacientes internados hay que considerar la presencia de vías venosas, sondas nasogástricas, catéteres urinarios y cualquier otro tubo o vía colocados en el cuerpo. Si el paciente ha sido sometido a una cirugía recientemente, deben inspeccionarse con cuidado los sitios quirúrgicos.

Para el examen de la cabeza y el cuello, debe realizarse lo siguiente:

  • Membranas timpánicas: examen en busca de infección

  • Senos (frontal y maxilar): percusión

  • Arterias temporales: palpar para excluir dolor con la compresión

  • Nariz: inspeccionar para detectar congestión y secreciones (claras o purulentas)

  • Ojos: inspeccionar para detectar conjuntivitis o ictericia

  • Fondo de ojo: inspeccionar para detectar manchas de Roth (que sugieren endocarditis)

  • Bucofaringe y encías: inspeccionar para detectar inflamaciones o ulceraciones (incluidas lesiones por candidiasis, que indican un posible inmunocompromiso)

  • Cuello: flexionar para detectar molestias o rigidez, que indican meningismo, y palpar en busca de adenopatías

El examen de los pulmones apunta a la búsqueda de crepitaciones o signos de consolidación, y la auscultación del corazón, a la presencia de soplos (que indican una posible endocarditis).

El abdomen debe palparse para detectar hepatoesplenomegalia y dolor al tacto, que indican infección.

La percusión de la región lumbar permite detectar dolor en la zona de los riñones (que indica posibilidad de pielonefritis). En las mujeres se realiza un examen pelviano para evaluar la presencia de dolor a la movilización cervical o de dolor anexial; en los hombres, un examen genital permite detectar secreciones uretrales y dolor local.

En el recto se evalúan cualquier dolor o inflamación, posibles indicadores de la presencia de un absceso perirrectal (que puede estar oculto en pacientes inmunosuprimidos).

En todas las articulaciones principales se evalúa la presencia de hinchazón, eritema y dolor (que pueden indicar una infección o un trastorno reumático). En las manos y pies, se buscan signos de endocarditis, incluidos hemorragias lineales subungueales, nódulos eritematosos dolorosos subcutáneos en las puntas de los dedos (nódulos de Osler) y máculas hemorrágicas indoloras en las palmas o las plantas (lesiones de Janeway).

Signos de alarma

Los siguientes hallazgos son especialmente preocupantes:

  • Estado mental alterado

  • Cefalea o rigidez de nuca

  • Erupción petequial

  • Hipotensión

  • Disnea

  • Taquicardia o taquipnea importantes

  • Temperatura> 40°C o < 35°C

  • Viajes recientes a zonas endémicas para paludismo

  • Administración reciente de fármacos inmunosupresores

Interpretación de los hallazgos

Por lo general, el grado de elevación de la temperatura no predice la probabilidad o la causa de la infección. El patrón de la fiebre, que hace tiempo se consideraba de mucha importancia, de hecho no lo es.

Se debe tener en cuenta la probabilidad de enfermedad grave. Si se sospecha una enfermedad grave, se deben realizar pruebas inmediatas y exhaustivas, y suele ser necesaria la internación hospitalaria.

La presencia de signos de alarma apunta con firmeza a una enfermedad grave. La cefalea, la rigidez de nuca y la erupción petequial o una púrpura indican meningitis. La taquicardia (más allá de la modesta elevación que normalmente se presenta con la fiebre) y la taquipnea, con o sin hipotensión, y cambios del estado mental indican sepsis. Debe sospecharse el paludismo en pacientes que han viajado recientemente a una zona endémica.

También es preocupante el inmunocompromiso, ya sea causado por una enfermedad conocida o por el uso de inmunosupresores, o sugerido por los hallazgos del examen físico (pérdida de peso, candidiasis bucal), así como lo son otras enfermedades crónicas conocidas, el uso de fármacos inyectables y los soplos cardíacos.

Los adultos mayores, especialmente los alojados en residencias geriátricas, tienen un riesgo particular (ver Fiebre : Aspectos particulares en geriatría).

Los hallazgos que indican localización identificados en la anamnesis o en el examen físico deben evaluarse e interpretarse (véanse otras secciones en EL Manual). Otros hallazgos sugestivos son las adenopatías generalizadas y las erupciones.

Las adenoparías generalizadas pueden aparecer en niños mayores y en adultos jóvenes con mononucleosis aguda; suelen estar acompañadas por faringitis marcada, malestar y hepatoesplenomegalia. Debe sospecharse una infección primaria por HIV o una sífilis secundaria en pacientes con adenopatías generalizadas, a veces acompañadas por artralgias o erupciones. La infección por HIV evoluciona en 2 a 6 semanas después de la exposición (aunque los pacientes no siempre informan si tuvieron contactos sexuales sin protección o estuvieron expuestos a otros factores de riesgo). Por lo general, la sífilis secundaria es precedida por un chancro, y los síntomas sistémicos aparecen 4 a 10 semanas después.

La fiebre y la erupción pueden estar causadas por una infección o un medicamento. Las erupciones petequiales y las púrpuras son especialmente preocupantes; indican una posible meningococcemia, una rickettsiosis exantemática (especialmente si están afectadas las palmas de las manos y las plantas de los pies) o, con menor frecuencia, algunas infecciones virales (dengue, fiebres hemorrágicas). Otras lesiones cutáneas indicativas son el exantema migratorio crónico clásico de la enfermedad de Lyme, las lesiones en escarapela del síndrome de Stevens-Johnson y el eritema doloroso de la celulitis y otras infecciones bacterianas de los tejidos blandos. Debe tenerse en mente la posibilidad de una reacción de hipersensibilidad retardada a los medicamentos (incluso después de largos períodos de administración).

Si no hay hallazgos que indiquen localización, los pacientes sanos con fiebre aguda y manifestaciones no específicas (malestar, dolores generalizados) probablemente tengan una enfermedad viral autolimitada, a menos que haya antecedentes de exposición a personas infectadas (incluido un contacto sexual nuevo sin protección), a vectores de enfermedades o a zonas andémicas (incluidos viajes recientes) que indiquen lo contrario.

Los pacientes con trastornos subyacentes importantes pueden tener una infección bacteriana o parasitaria oculta. Los consumidores de drogas intravenosas y los pacientes con válvulas cardíacas prostéticas pueden tener una endocarditis. Los pacientes inmunocomprometidos están predispuestos a sufrir infecciones causadas por determinados microorganismos ( Algunas causas de fiebre aguda).

La fiebre medicamentosa (con exantema o sin él) es un diagnóstico de exclusión que a menudo requiere una prueba en la que se suspende la administración del fármaco. Una dificultad es que si la causa es un antibiótico, la enfermedad que éste trata puede también causar fiebre. A veces es una indicación el hecho de que la fiebre y el exantema aparezcan después de la mejoría clínica de la infección inicial y sin el empeoramiento o la reaparición de los síntomas originales (p. ej., en un paciente tratado por una neumonía, la fiebre reaparece sin tos, disnea o hipoxia).

Estudios complementarios

La realización de estudios complementarios depende de la presencia o no de hallazgos que indiquen localización.

Si hay hallazgos que indiquen localización, las pruebas quedan determinadas por la sospecha clínica y los hallazgos (véase también en otras secciones de EL Manual) de la siguiente manera:

  • Mononucleosis o infección por HIV: pruebas serológicas

  • Rickettsiosis exantemática: biopsia de las lesiones de la piel para confirmar el diagnóstico (los estudios serológicos agudos no son de ayuda)

  • Infección bacteriana o micótica: hemocultivos para detectar posibles infecciones del torrente sanguíneo

  • Meningitis: punción lumbar inmediata y dexametasona y antibióticos por vía intravenosa (debe realizarse una TC de la cabeza antes de la punción lumbar si el paciente tiene riesgo de hernia cerebral; la dexametasona y los antibióticos intravenosos deben administrarse inmediatamente después de la obtención de muestras para el cultivo y antes de la TC)

  • Enfermedades específicas según la exposición (a personas infectadas, a vectores, a zonas endémicas): estudios para esas enfermedades, especialmente un frotis de sangre periférica para paludismo

Si no hay hallazgos que indiquen localización en pacientes por otra parte sanos y no se sospecha ninguna enfermedad grave, suele indicarse la observación ambulatoria sin ningun estudio. En la mayoría de los casos, los síntomas resuelven rápidamente; los pocos que desarrollan síntomas preocupantes o localizados deben ser evaluados nuevamente y sometidos a estudios de acuerdo con los nuevos hallazgos.

Si se sospecha una enfermedad grave en pacientes que no tienen signos que indiquen localización, se necesitan algunos estudios. Los pacientes con signos de alarma que indiquen una posible sepsis deben estudiarse con cultivos (de orina y de sangre), radiografías de tórax y evaluación de las anomalías metabólicas con determinaciones de los electrolitos séricos, la glucosa, el nitrógeno ureico en sangre, la creatinina, el lactato y las enzimas hepáticas. Generalmente se realiza un hemograma completo, pero su sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de una infección bacteriana grave son muy bajos. Sin embargo, el recuento leucocitario es importante para el pronóstico de los pacientes que puedan estar inmunosuprimidos (es decir, un recuento leucocitario bajo puede asociarse con un peor pronóstico).

Los pacientes con determinadas enfermedades de base deben ser estudiados aunque no tengan hallazgos que indiquen la causa de la fiebre o no parezcan gravemente enfermos. Debido al riesgo y a las devastadoras consecuencias de la endocarditis, los adictos a las drogas inyectables suelen ser ingresados en el hospital para la realización de hemocultivos seriados y a menudo ecocardiogramas. Los pacientes que reciben terapia inmunosupresora requieren hemogramas completos; si hay neutropenia, se inician los estudios y se toman radiografías del tórax, así como cultivos de muestras de sangre, esputo, orina, material fecal y de cualquier lesión sospechosa de la piel. Como la bacteriemia y la sepsis son causas frecuentes de fiebre en pacientes con neutropenia, deben administrarse de inmediato antibióticos intravenosos de amplio espectro, sin esperar a los resultados del cultivo.

Los pacientes febriles de edad avanzada requieren estudios (ver Fiebre : Aspectos particulares en geriatría)

Tratamiento

Las causas específicas se tratan con medicamentos antiinfecciosos; es necesaria una terapia antiinfecciosa empírica cuando existe una fuerte sospecha de infección grave.

La necesidad de tratar una fiebre debida a una infección con antipiréticos es un tema controvertido. La evidencia experimental, aunque no los estudios clínicos, indica que la fiebre potencia las defensas del huésped.

Probablemente la fiebre en deba tratarse determinados pacientes con un riesgo particular, como los adultos con insuficiencia cardíaca o pulmonar o los pacientes con demencia. Los medicamentos que inhiben la ciclooxigenasa encefálica reducen la fiebre con eficacia:

  • Paracetamol 650 a 1.000 mg por vía oral, cada 6 horas

  • Ibuprofeno 400 a 600 mg por vía oral, cada 6 horas

La dosis diaria de paracetamol no debe exceder los 4 g, a fin de evitar su toxicidad; debe alertarse a los pacientes de no consumir en forma simultánea medicamentos de venta libre para la tos o el resfrío que contengan paracetamol. Otros AINE (aspirina, naproxeno) también son eficaces como antipiréticos. Los salicilatos no deben utilizarse para tratar la fiebre en niños con enfermedades virales, ya que este uso se ha asociado con el síndrome de Reye.

Si la temperatura es 41°C, deben iniciarse también otras medidas para reducirla (enfriamiento por evaporación con agua templada, mantas refrescantes).

Aspectos particulares en geriatría

En el anciano, más frágil, es menos probable que la infección cause fiebre, e incluso cuando la temperatura está elevada por una infección, puede ser más baja que la definición estandarizada de fiebre. De la misma forma, otros síntomas de inflamación, como el dolor focal, pueden ser menos marcados. Con frecuencia, la alteración del estado mental o la declinación de las funciones cotidianas pueden ser las únicas manifestaciones iniciales de una neumonía o una infección urinaria.

A pesar de sus manifestaciones menos graves, es mucho más probable que el anciano con fiebre tenga una enfermedad bacteriana grave que un adulto joven con igual cuadro. Al igual que en éstos, la causa es frecuentemente una infección respiratoria o urinaria, pero en el anciano también se cuentan entre las causas principales las infecciones de la piel y del tejido blando.

Los hallazgos focales se evalúan de igual manera que en los pacientes más jóvenes. Pero a diferencia de éstos, los pacientes ancianos probablemente requieran análisis de orina, urocultivos y radiografías de tórax. Los hemocultivos deben realizarse para excluir septicemia; si ésta se sospecha o los signos vitales son anormales, los pacientes deben ser internados.

Conceptos clave

  • La mayoría de los cuadros de fiebre en personas sanas se deben a infecciones del tracto respiratorio o del gastrointestinal.

  • Los síntomas localizados sirven de guía en la evaluación.

  • Considérense los trastornos crónicos subyacentes, en especial los que alteran el sistema inmunitario.

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