Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita para el profesional de cuidado de la salud.

Fiebre Q

Por William A. Petri, Jr, MD, PhD, Wade Hampton Frost Professor of Epidemiology and Chief, Division of Infectious Diseases and International Health, University of Virginia School of Medicine

Información:
para pacientes

La fiebre Q es una enfermedad aguda o crónica causada por el bacilo similar a la rickettsia Coxiella burnetii. La enfermedad aguda produce fiebre, cefalea, malestar general y neumonía intersticial, que aparecen en forma súbita. Las manifestaciones de la enfermedad crónica reflejan el órgano comprometido. El diagnóstico se confirma con técnicas serológicas, aislamiento del microorganismo o PCR. El tratamiento se realiza con doxiciclina o cloranfenicol.

La Coxiella burnetii es un bacilo intracelular pleomorfo pequeño que en la actualidad no se clasifica dentro del grupo Rickettsia. Los estudios moleculares lo reclasificaron como una Proteobacteria en el mismo grupo que las especies de Legionella.

La fiebre Q puede ser aguda o crónica. La forma aguda ocasiona enfermedad febril que a menudo afecta el aparato respiratorio, aunque a veces compromete el hígado. La fiebre Q crónica suele manifestarse con endocarditis o hepatitis y también puede desarrollarse osteomielitis.

La distribución es mundial, pero la fiebre Q sigue siendo una infección poco evidente en animales domésticos o de granja. Las ovejas, el ganado y las cabras son los principales reservorios de la infección humana. La C. burnetii subsiste en las heces, la orina, la leche y los tejidos (en especial, la placenta), por lo que los fómites y los aerosoles infecciosos son frecuentes. La C. burnetii también se conserva en la naturaleza gracias al ciclo animal-garrapata, pero los artrópodos no están involucrados en la infección del ser humano.

Etiología

La enfermedad se encuentra en trabajadores que están en contacto estrecho con animales de granja o sus productos. El microorganismo suele transmitirse a través de la inhalación de aerosoles infectados, pero la enfermedad también puede contraerse por la ingestión de leche cruda contaminada. La C. burnetii es muy virulenta, resiste la inactivación y permanece viable en el polvo y las heces durante meses; incluso un solo microorganismo puede causar la infección. Rara vez la enfermedad se transmite de persona a persona.

Signos y síntomas

El período de incubación oscila entre 18 y 21 días (intervalo entre 9 y 28 días). Algunas infecciones provocan pocos síntomas; no obstante, la mayoría de los pacientes experimenta síntomas seudogripales. El establecimiento es abrupto, con fiebre, cefalea intensa, escalofríos, malestar general grave, mialgia, anorexia y sudoración. La temperatura corporal puede aumentar hasta 40°C y persistr entre 1 y > 3 semanas. Los síntomas respiratorios (tos seca no productiva, dolor torácico pleurítico) aparecen entre 4 y 5 días después del inicio de la enfermedad. Estos síntomas pueden ser más graves en ancianos o en pacientes debilitados. Durante la exploración física, suelen auscultarse estertores pulmonares y pueden detectarse hallazgos compatibles con consolidación. A diferencia de las rickettsiosis, la fiebre Q aguda no produce exantema.

El compromiso hepático agudo que se produce en algunos pacientes se asemeja al de la hepatitis viral, con fiebre, malestar general, hepatomegalia con dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen y, en ciertos casos, ictericia. El paciente no suele experimentar cefalea ni signos respiratorios. La hepatitis asociada con la fiebre Q crónica puede manifestarse con fiebre de origen desconocido. La biopsia hepática puede revelar granulomas, que deben distinguirse de otras causas de granulomas hepáticos (p. ej., tuberculosis, sarcoidosis, histoplasmosis, brucelosis, tularemia, sífilis).

La endocarditis se asemeja a la producida por la endocarditis bacteriana subaguda por el grupo Streptococcus viridans (ver Endocarditis infecciosa). La válvula aórtica es la comprometida con mayor frecuencia, pero todas las válvulas pueden presentar vegetaciones. Pueden hallarse hipocratismo digital significativo, embolias arteriales, hepatomegalia, esplenomegalia y un exantema purpúrico.

La tasa de mortalidad es sólo de 1% en los pacientes no tratados, pero es mayor en aquellos con endocarditis. Algunos pacientes con compromiso neurológico desarrollan secuelas.

Diagnóstico

  • Inmunofluorescencia o PCR del tejido infectado

  • A veces, pruebas serológicas en las etapas aguda y de convalecencia

Los síntomas no sugieren el diagnóstico fácilmente. Durante los primeros días, la fiebre Q se parece a muchas infecciones (p. ej., gripe, otras infecciones virales, salmonelosis, paludismo, hepatitis, brucelosis). Más adelante, se parece a varias neumonías bacterianas, virales y por micoplasmas. El contacto con animales o sus productos es una clave importante.

La inmunofluorescencia (IFA) del tejido infectado es el método de diagnóstico de elección; en forma alternativa, puede solicitarse un ensayo de inmunoadsorción ligado a enzimas (ELISA). Se pueden evaluar muestras de suero del período agudo y la convalescencia (típicamente mediante fijación de complemento). La PCR puede identificar el microorganismo en muestras obtenidas con biopsia. La C. burnetii puede aislarse de muestras clínicas, pero sólo en laboratorios de investigación especializados; los hemocultivos y los cultivos de esputo convencionales ofrecen resultados negativos.

Los pacientes con signos o síntomas respiratorios requieren radiografía de tórax, donde es posible identificar atelectasias, opacidades pleurales, derrame pleural y consolidación lobar. El aspecto macroscópico de los pulmones puede simular una neumonía bacteriana, pero el examen microscópico simula una neumonía por psitacosis o por algunos virus.

En la fiebre Q aguda, el hemograma completo puede ser normal, pero alrededor del 30% de los pacientes revela leucocitosis. En los casos típicos, las concentraciones de fosfatasa alcalina, aspartato aminotransferasa (AST) y alanina transaminasa (ALT) están un poco elevadas (hasta 2 o 3 veces el valor normal). Si se obtiene una biopsia hepática, suelen identificarse cambios granulomatosos.

Tratamiento

  • Doxiciclina

El tratamiento primario consiste en 200 mg de doxiciclina por vía oral en 1 sola dosis, seguido de 100 mg 2 veces al día hasta que el paciente mejore, haya permanecido afebril durante 5 días y haya recibido tratamiento durante al menos 7 días. El tratamiento de segunda línea consiste en 500 mg de cloranfenicol por vía oral o intravenosa 4 veces al día durante 7 días. Las fluoroquinolonas y los macrólidos también son eficaces.

En presencia de endocarditis, debe indicarse tratamiento prolongado (de varios meses, años o toda la vida del paciente). Es preciso controlar los signos clínicos, la eritrosedimentación, el hemograma y los títulos de anticuerpos para definir el momento en que se debe suspender el tratamiento. Suele preferirse una tetraciclina con rifampicina o ciprofloxacina. Algunos expertos indican hidroxicloroquina como fármaco adicional. Cuando el tratamiento antibiótico sólo es parcialmente efectivo, las válvulas lesionadas deben reemplazarse en forma quirúrgica, aunque se informaron algunos casos de curación sin cirugía. No se determinaron regímenes terapéuticos óptimos para la hepatitis crónica.

Prevención

Las vacunas son eficaces, y en Australia, donde se dispone de una vacuna contra la fiebre Q, se recomienda la vacunación para proteger a las personas con riesgos laborales (p. ej., trabajadores de mataderos y de la industria láctea, trabajadores con grasas animales, pastores, esquiladores, granjeros). Estas vacunas no se consiguen fácilmente en los EE.UU., pero pueden obtenerse en laboratorios especiales (p. ej., el US Army Medical Research Institute of Infectious Diseases [Instituto de Investigación Médica del Ejército de los Estados Unidos] en Fort Detrick, Maryland). Debe realizarse un control previo a la vacunación con análisis de piel y de sangre para identificar una inmunidad preexistente a la fiebre Q, ya que la vacunación de personas que ya tienen inmunidad puede causar reacciones locales graves.