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Placebos

Por Daniel A. Hussar, PhD, Remington Professor of Pharmacy, Philadelphia College of Pharmacy, University of the Sciences, Philadelphia

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para pacientes

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Los placebos son sustancias o intervenciones inactivas que se usan principalmente en ensayos clínicos controlados para comparar sus efectos con los de fármacos presuntamente activos.

En un inicio, el término placebo (del latín, “yo agradaré”) hacía referencia a una sustancia inactiva e inocua administrada a los pacientes para que se sintieran mejor por el poder de la sugestión. Más recientemente, se consideran también placebos a las intervenciones falsas (p. ej., estimulación eléctrica o procedimientos quirúrgicos simulados en ensayos clínicos). El término se utiliza a veces para un fármaco activo que se administra sólo por su efecto placebo en un trastorno para el cual el agente es inactivo (p. ej., un antibiótico en pacientes con una enfermedad viral).

Efectos

Aunque los placebos suelen considerarse fisiológicamente inactivos, a veces pueden presentar ciertos efectos, tanto beneficiosos como nocivos. Estos efectos parecen estar relacionados con la suposición de que el producto funcionará; la anticipación de efectos adversos se denomina a veces efecto nocebo. El efecto placebo suele ocurrir con respuestas subjetivas (p. ej., dolor, náuseas) más que con objetivas (p. ej., tasa de cicatrización de las úlceras de las piernas, tasa de infecciones de quemaduras).

La magnitud de la respuesta varía con muchos factores, que incluyen:

  • La confianza que ha expresado el médico ("esto lo va a hacer sentir mucho mejor" frente a "existe la posibilidad de que esto pueda ayudarlo")

  • La seguridad de la creencia del paciente (el efecto es mayor cuando los pacientes están seguros de estar recibiendo un fármaco activo que cuando saben que existe una posibilidad de que reciban un placebo)

  • La naturaleza del placebo (p. ej., los agentes inyectables tienen mayor efecto que los orales)

No todos responden a los placebos, y no es posible predecir quién responderá; se han postulados teorías acerca de las correlaciones entre las características de personalidad y la respuesta a los placebos, pero no están bien establecidas. Sin embargo, los individuos con una personalidad dependiente que desean agradar a sus médicos es más probable que comuniquen efectos beneficiosos; aquellos con una personalidad histriónica es más probable que no comuniquen ningún efecto, bueno o malo.

Uso en ensayos clínicos

Muchos ensayos clínicos comparan un fármaco activo con un placebo. Entonces deben restarse los efectos aparentes del placebo de los efectos aparentes del tratamiento activo para identificar el verdadero efecto terapéutico; para que sea importante, es necesario que la diferencia sea significativa tanto desde el punto de vista clínico como estadístico. En algunos estudios, el placebo alivia el trastorno en un alto porcentaje de pacientes, lo que hace más difícil demostrar la eficacia del tratamiento activo.

Uso en la práctica clínica

Actualmente, en raras ocasiones puede prescribirse un placebo cuando el médico ha comprobado que el paciente tiene un trastorno leve y autolimitado para el que no está indicado o no existe algún fármaco activo (p. ej., para el malestar o el cansancio inespecífico). El fundamento es que el placebo satisface las demandas de tratamiento del paciente sin exponerlo a los potenciales efectos adversos y a menudo hace que se sienta mejor, debido al efecto placebo o a una mejoría espontánea.

Consideraciones éticas

En los ensayos clínicos, existe el dilema ético acerca de si debe utilizarse un placebo. Cuando existe un tratamiento eficaz (p. ej., analgésicos opioides para el dolor intenso) suele considerarse poco ético privar a los participantes del estudio del tratamiento administrando un placebo; en estos casos, los grupos controles reciben un tratamiento activo. Como los participantes saben por adelantado que pueden recibir un placebo, el engaño no constituye un problema.

Sin embargo, cuando se administra un placebo en la práctica médica, no se les dice a los pacientes que están recibiendo un tratamiento inactivo. Este engaño es controversial. Algunos médicos argumentan que a primera vista no es ético y que, si son descubiertos, se puede dañar la relación médico-paciente. Otros sugieren que es menos ético no dar nada para hacer que los pacientes se sientan mejor. Además, la administración de un tratamiento activo únicamente por su efecto placebo puede ser considerado no ético porque expone a los pacientes a efectos adversos reales (por oposición a los efectos adversos nocebos).