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Caídas en los ancianos

Por Laurence Z. Rubenstein, MD, MPH, Donald W. Reynolds Professor & Chairman, DW Reynolds Department of Geriatric Medicine, University of Oklahoma College of Medicine

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para pacientes

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Una caída se define cuando una persona aparece en el suelo o en un nivel inferior; en ocasiones, una parte del cuerpo golpea contra un objeto que interrumpe la caída. Típicamente, un evento causado por un trastorno agudo (p. ej., un accidente cerebrovascular o una convulsión) o riesgos ambientales desmedidos (p. ej., golpe contra un objeto en movimiento) no se considera una caída.

Todos los años, entre el 30 y el 40% de las personas ancianas que viven en la comunidad y el 50% de los que viven en hogares experimentan caídas. En los Estados Unidos, las caídas son la causa principal de muerte accidental y la séptima causa de muerte en las personas 65; el 75% de las muertes asociadas con caídas ocurre en el 13% de la población 65 años. En 2000, los costos médicos directos para las lesiones por caídas fueron de $ 20 mil millones. Hacia el 2020, se calcula que los costos alcanzarán $44 mil millones.

Las caídas ponen en riesgo la independencia de los ancianos y causan una cascada de consecuencias individuales y socioeconómicas. No obstante, los médicos muchas veces no advierten caídas en un paciente que no presenta lesiones porque la anamnesis y el examen físico en general no incluyen la búsqueda específica de este evento. Muchas personas ancianas se muestran reticentes a informar una caída porque la atribuyen al proceso de envejecimiento o porque tienen miedo de que limiten sus actividades o las internen.

Etiología

El mayor factor predictor de una caída es el antecedente de otra caída. Sin embargo, las caídas en las personas ancianas rara vez tienen una sola causa o factor de riesgo. Una caída suele ser el resultado de una interacción compleja entre los siguientes elementos:

  • Factores intrínsecos (deterioro de la función relacionado con la edad, trastornos y efectos adversos de fármacos)

  • Factores extrínsecos (riesgos ambientales)

  • Factores situacionales (relacionados con la actividad que realiza el paciente, p. ej., correr al baño)

Factores intrínsecos

Los cambios relacionados con la edad pueden afectar los sistemas comprometidos en mantener el equilibrio y la estabilidad (p. ej., mientras el paciente está de pie, camina o está sentado). La agudeza visual, la percepción de los contrastes y la profundidad y la adaptación a la oscuridad se reducen. Los cambios en los patrones de activación muscular y la capacidad de generar suficiente potencia y velocidad muscular pueden afectar la habilidad de mantener o recuperar el equilibrio en respuesta a los cambios (p. ej., dar pasos sobre una superficie irregular, recibir un golpe). De hecho, la debilidad muscular de cualquier tipo es un importante predictor de caídas.

Las enfermedades crónicas y agudas ( Algunos trastornos que contribuyen a aumentar el riesgo de sufrir una caída) y el uso de fármacos ( Algunos fármacos que contribuyen a aumentar el riesgo de sufrir una caída) son factores de riesgo importantes para el desarrollo de caídas. Este riesgo aumenta en función del número de medicamentos que recibe el paciente. Los psicotrópicos son los fármacos asociados con mayor frecuencia al riesgo de caídas y lesiones relacionadas.

Factores extrínsecos

Los factores ambientales pueden aumentar el riesgo de caídas en forma independiente o, lo que resulta más importante, a través de la interacción con los factores intrínsecos. El riesgo es máximo cuando las condiciones del medio requieren un mayor control postural y del movimiento (p. ej., al caminar sobre una superficie resbaladiza) y cuando el entorno no resulta familiar (tras una mudanza a un nuevo domicilio).

Factores situacionales

Algunas actividades o decisiones pueden aumentar el riesgo de caídas y de lesiones relacionadas. A modo de ejemplo, se menciona caminar y hablar simultáneamente o distraerse con múltiples tareas concurrentes y no poder prestar atención a los riesgos del ambiente (p. ej., el final del camino o de un escalón), correr al baño (en especial durante la noche, cuando el individuo no está bien despierto o cuando la iluminación puede no ser adecuada) y apurarse para atender el teléfono.

Complicaciones

Las caídas, en particular las repetidas, aumentan el riesgo de lesiones, hospitalizaciones y muertes, sobre todo en ancianos debilitados, con enfermedades preexistentes (p. ej., osteoporosis) y dificultades para realizar las actividades de la vida cotidiana (p. ej., incontinencia). Las complicaciones a largo plazo pueden incluir una reducción de la capacidad física, el miedo de caer y ser institucionalizado; se informó que las caídas contribuyen a más del 40% de los ingresos en los hogares de ancianos.

Más del 50% de las caídas que suceden en ancianos provocan lesiones. Si bien la mayoría de ellas no son graves (p. ej., contusiones, abrasiones), son la causa de alrededor del 5% de las internaciones en pacientes 65 años. Aproximadamente el 5% de las caídas genera fracturas del húmero, la muñeca o la pelvis. Alrededor del 2% produce fractura de cadera Y alrededor del 10% genera otras lesiones graves (p. ej., en la cabeza y los órganos internos, laceraciones). algunas lesiones relacionadas con caídas son fatales. Cerca del 5% de las personas ancianas con fractura de cadera muere durante la hospitalización; con una tasa de mortalidad global de entre 18 y 33% dentro de los 12 meses de la fractura de cadera.

Alrededor del 50% de las personas ancianas que sufren una caída no logra levantarse sin ayuda. La permanencia en el suelo durante > 2 horas después de una caída aumenta el riesgo de deshidratación, úlceras por decúbito, rabdomiólisis, hipotermia y neumonía.

La función y la calidad de vida pueden deteriorarse significativamente tras una caída; al menos el 50% de las personas ancianas capaces de deambular antes de fracturarse la cadera no recupera su nivel previo de movilidad. Después de caer, las personas ancianas pueden tener miedo de volver a sufrir un accidente, de manera que su movilidad muchas veces disminuye debido a la pérdida de la confianza. Algunos individuos pueden incluso evitar ciertas actividades (p. ej., ir de compras, limpiar) como resultado de este miedo. La disminución de la actividad puede aumentar la rigidez articular y la debilidad, lo que reduce la movilidad en forma adicional.

Algunos trastornos que contribuyen a aumentar el riesgo de sufrir una caída

Compromiso funcional

Trastorno

Regulación de la tensión arterial

Anemia

Arritmias

Hipersensibilidad del seno carotídeo cardioinhibidor

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica

Deshidratación

Infecciones (p. ej., neumonía, sepsis)

Enfermedades metabólicas (p. ej., diabetes, enfermedades tiroideas, hipoglucemia, estados hiperosmolares)

Inhibición neurocardiogénica después de la micción

Hipotensión postural

Hipotensión posprandial

Enfermedad de las válvulas cardíacas

Procesamiento central

Delirio

Demencia

Accidente cerebrovascular

Marcha

Artritis

Deformidades del pie

Debilidad muscular

Función postural y neuromotora

Degeneración cerebelosa

Mielopatía (p. ej., debido a espondilosis cervical o lumbar)

Enfermedad de Parkinson

Neuropatía periférica

Accidente cerebrovascular

Insuficiencia vertebrobasilar

Propiocepción

Neuropatía periférica (p. ej., debido a diabetes mellitus)

Deficiencia de vitamina B12

Función otorrinolaringológica

Laberintitis aguda

Vértigo posicional paroxístico benigno

Pérdida auditiva

Enfermedad de Meniere

Visión

Catarata

Glaucoma

Degeneración macular (relacionada con la edad)

Algunos fármacos que contribuyen a aumentar el riesgo de sufrir una caída

Fármacos

Mecanismo

Aminoglucósidos

Lesión vestibular directa

Analgésicos (en especial opioides)

Disminución del estado de alerta o procesamiento central lento

Antiarrítmicos

Compromiso de la perfusión cerebral

Anticolinérgicos

Confusión/delirio

Antihipertensivos (en especial vasodilatadores)

Compromiso de la perfusión cerebral

Antipsicóticos

Síndromes extrapiramidales, otros efectos antiadrenérgicos

Diuréticos (en especial cuando los pacientes están deshidratados)

Compromiso de la perfusión cerebral

Diuréticos de asa (dosis elevadas)

Daño vestibular directo

Psicotrópicos (en especial antidepresivos, antipsicóticos y benzodiazepinas)

Disminución del estado de alerta o procesamiento central lento

Evaluación

  • Evaluación clínica

  • Prueba de desempeño

  • En ocasiones, pruebas de laboratorio

Después del tratamiento de las lesiones agudas, la evaluación intenta identificar los factores de riesgo y las intervenciones apropiadas con el fin de reducir la incidencia de futuras caídas y de lesiones relacionadas.

Algunas caídas se reconocen fácilmente al hallar una lesión evidente relacionada con ella o ante la sospecha de una posible lesión. Sin embargo, dado que las personas ancianas a menudo no informan haberse caído, se les debe preguntar sobre caídas o problemas de movilidad al menos 1 vez al año.

Cuando un paciente informa que se cayó 1 sola vez, debe evaluarse si presenta problemas de equilibrio o de la marcha con la prueba básica de "Get-Up-and-Go Test" (Levántate y ve). Esta prueba consiste en la observación del paciente mientras se levanta de un sillón común, camina 3 m (alrededor de 10 pies) en línea recta, gira, vuelve a caminar hacia la silla y vuelve a sentarse. La evaluación puede identificar debilidad de los miembros inferiores, trastornos de equilibrio al pararse o sentarse o marcha inestable. A veces la prueba es cronometrada. Un tiempo de > 12 s indica un aumento significativo del riesgo de caídas.

Los pacientes que requieren un análisis más completo de los factores de riesgo de caer abarcan

  • Los que tienen dificultades en la prueba "Get-Up-and-Go Test"

  • Los que informan múltiples caídas durante la prueba de cribado

  • Los que se evalúan después de una caída reciente (tras la identificación y el tratamiento de lesiones agudas)

Anamnesis y examen físico

Cuando se requiere una evaluación más completa de los factores de riesgo, ésta debe centrarse en la identificación de los factores intrínsecos, extrínsecos y situacionales que pueden reducirse mediante intervenciones específicas.

Se les debe formular a los pacientes preguntas amplias acerca de caídas recientes y luego preguntas más específicas sobre el momento y el lugar donde se produjeron las caídas y lo que estaban haciendo en ese momento. A continuación, deben realizarse las mismas preguntas a testigos. Asimismo, los pacientes deben informar si percibieron síntomas premonitorios o asociados (p. ej., palpitaciones, disnea, dolor torácico, vértigo, mareos), y si perdieron la conciencia. Se debe preguntar también al paciente si pueden identificar factores extrínsecos o situacionales evidentes. La anamnesis debe incluir preguntas sobre enfermedades pasadas y presentes, consumo de fármacos que se adquieren bajo prescripción médica y de venta libre, y consumo de alcohol. Dado que puede ser imposible la eliminación de todos los factores de riesgo de sufrir caídas en el futuro, debe preguntarse al paciente si pudo levantarse sin ayuda después de caer y si experimentó alguna lesión; el objetivo es disminuir el riesgo de complicaciones generadas por caídas en el futuro.

El examen físico debe ser bastante completo para excluir causas intrínsecas evidentes de caídas. Si la caída fue reciente, debe medirse la temperatura para determinar si la fiebre contribuyó al accidente. También es preciso determinar la frecuencia y el ritmo cardíaco con el fin de detectar bradicardia, taquicardia en reposo o arritmias. La tensión arterial debe medirse con el paciente en decúbito supino y después de permanecer de pie durante 1 y 5 minutos para excluir hipotensión ortostática. En la auscultación, pueden detectarse varios tipos de trastornos valvulares. La agudeza visual debe examinarse con lentes correctoras en caso de necesitarlas. El paciente con disminución de la agudeza visual requiere un examen visual más detallado a cargo de un optometrista o un oftalmólogo. El cuello, la columna vertebral y los miembros (en especial, las piernas y los pies) deben evaluarse para identificar debilidad, deformidades, dolor y limitación de la amplitud del movimiento.

Debe llevarse a cabo un examen neurológico (ver Evaluación del paciente neurológico : Examen neurológico) que incluya una evaluación de la fuerza y el tono muscular, la sensibilidad (incluso la propiocepción), la coordinación (función cerebelosa), el equilibrio estático y la marcha. El control postural básico y los sistemas propioceptivo y vestibular se evalúan con la prueba de Romberg (en la cual el paciente se para con los pies juntos y los ojos abiertos y luego cerrados). Las pruebas para examinar el equilibrio son la permanencia en un pie y la marcha en línea recta. Si el paciente puede permanecer parado en un pie durante 10 segundos con los ojos abiertos y lograr caminar en línea recta a través de una distancia de 3 m (10 pies) sin tambalear, lo más probable es que la deficiencia del control postural intrínseco sea mínima. Los médicos deben evaluar la función vestibular posicional (p. ej., con la maniobra de Dix-Hallpike, ver Nistagmo) y el estado mental (ver Evaluación del paciente neurológico : Estado mental).

Pruebas de desempeño

La Evaluación de la Movilidad Orientada al Desempeño o la prueba Get-Up-and-Go (Levántate y ve) permiten identificar problemas de equilibrio y estabilidad durante la marcha y otros movimientos que pueden indicar un mayor riesgo de caídas. Estas pruebas son especialmente útiles si el paciente tuvo dificultades para hacer la prueba básica Get-Up-and-Go.

Pruebas de laboratorio

No existe ninguna evaluación diagnóstica convencional. La selección de las pruebas debe basarse en la anamnesis y el examen físico. Estos estudios contribuyen a descartar varias causas: un hemograma completo para detectar anemia o leucocitosis, medición de la glucemia para identificar hipoglucemia o hiperglucemia y medición de los electrolitos para detectar deshidratación. Se recomiendan algunas pruebas como electrocardiograma (ECG), monitorización cardíaca ambulatoria y ecocardiografía sólo cuando se sospecha una causa cardíaca. El masaje carotídeo en condiciones controladas (con una vía intravenosa y monitorización cardíaca) se propuso para identificar hipersensibilidad carotídea y, en definitiva, para detectar a personas que pueden responder al tratamiento con un marcapasos. Las radiografías vertebrales y la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética (RM) de cráneo sólo se solicitan cuando la anamnesis y el examen físico detectan trastornos neurológicos nuevos.

Prevención

El objetivo es prevenir o reducir el número de caídas y lesiones relacionadas en el futuro y evitar sus complicaciones, aunque manteniendo la función y la independencia del paciente tanto como sea posible. Para obtener más información, véanse Cochrane review abstract interventions for preventing falls in older people living in the community, (El Resumen de la revisión de Cochrane sobre prevención de caídas en ancianos que viven en la comunidad), las American Geriatrics Society guideline for the prevention of falls in older persons, (directrices de la American Geriatrics Society para la prevención de caídas en ancianos) y las British Medical Journal interventions for the prevention of falls in older adults, (Intervenciones para prevenir las caídas en los ancianos del British Medical Journal).

Los pacientes que informan haberse caído 1 sola vez y no presentan problemas de equilibrio o marcha en la prueba "Get-Up-and-Go" u otra similar deben recibir información general para reducir el riesgo de sufrir otra caída. Esta debe incluir el modo de consumir fármacos en forma segura y de reducir los riesgos ambientales ( Listado para la evaluación del domicilio en busca de peligros que aumentan el riesgo de sufrir caídas).

Listado para la evaluación del domicilio en busca de peligros que aumentan el riesgo de sufrir caídas

Localización

Riesgo

Corrección

Fundamento

Artefactos generales

Iluminación

Demasiado tenue

Iluminación amplia en todas las áreas

Mejora la agudeza visual y la percepción del contraste

Demasiado directa, que produce brillo

Reducir el brillo con iluminación pareja, luz indirecta o sombras translúcidas

Mejora la agudeza visual y la percepción del contraste

Interruptores de luz inaccesibles

Colocar luces nocturnas automáticas o que se activen al tacto

Instalar interruptores accesibles en el ingreso a la habitación o sensores de movimiento que activan la luz

Reduce el riesgo de tropezar o chocarse con obstáculos no advertidos en una habitación oscura

Carpetas (pequeñas alfombras), alfombrados, pisos de linóleo (papel vinílico para tapizar el suelo)

Rotura

Reparar o reemplazar la alfombra rota

Reduce el riesgo de tropezar y resbalarse, en especial las personas con dificultades para caminar

Resbaladizo

Colocar alfombras con refuerzo trasero antideslizante

Reduce el riesgo de resbalar

Bordes enrollados

Clavar o pegar las alfombras o los pisos de linóleo para prevenir que se despeguen

Reemplazar alfombras o linóleo

Reduce el riesgo de tropezar

Sillas, mesas, otros muebles

Inestables

Colocar muebles bastante estables para soportar el peso de una persona que se apoya sobre los bordes de la mesa o los apoyabrazos y el respaldo de la silla

No usar sillas con ruedas o giratorias

Reparar las patas flojas

Aumentar los sitios de donde las personas con compromiso del equilibrio puedan sostenerse y ayudar en los traslados

Sillas sin apoyabrazos

Usar sillas con apoyabrazos que se extiendan hacia adelante lo suficiente para servir como palanca cuando el paciente quiere levantarse o sentarse

Ayuda a personas con debilidad muscular proximal y en los traslados

Caminos obstruidos

Disponer los muebles para que el camino no quede obstruido

Ordenar los pasillos

Reduce el riesgo de tropezar o de chocar con obstáculos, facilitando y asegurando los movimientos en el hogar, en especial en personas con compromiso de la visión periférica

Cables y cordones

Expuestos en los corredores

Fijar cables y cordones al suelo o pasarlos por conductos debajo del suelo

Reduce el riesgo de tropezar

Cocina

Armarios, estantes

Demasiado altos

Mantener los objetos usados con mayor frecuencia al nivel de la cintura

Instalar estantes y armarios a una altura accesible

Reduce el riesgo de caídas debido a intentos frecuentes de alcanzar objetos altos o al subir a escaleras o sillas

Suelos

Húmedos o encerados

Colocar una alfombra de goma sobre el suelo cerca del fregadero

Usar zapatos con suela de goma en la cocina

Usar cera antideslizante

Reducir el riesgo de deslizamiento, en especial en personas con trastornos de la marcha

Baño

Bañera o ducha

Suelo resbaladizo

Instalar franjas o alfombras de goma antideslizantes

Usar zapatos o un asiento en la ducha (un asiento para el baño les permite a las personas con problemas de equilibrio sentarse mientras se duchan)

Reduce el riesgo de deslizarse en una tina húmeda

Necesita usar la pared junto a la bañera para sostenerse o trasladarse

Instale barras de apoyo en la ducha

Instalar una barra portátil para sostenerse al costado de la tina

Llevar la barra en viajes

Ayuda en los traslados

Soportes de toallas, lavabos

Inestable como sostén durante un traslado desde el excusado, la tina o la ducha

Reforzar los medios de fijación de los soportes a la pared

Ayuda en los traslados

Asiento del excusado

Demasiado bajo

Usar asientos elevados en el excusado

Ayudar con el traslado hacia y desde el baño

Puertas

Trabas

Eliminar las trabas de las puertas del baño o usar trabas que puedan abrirse desde ambos lados

Permite que otras personas ingresen si la persona se cae

Escaleras

Altura

Escalones demasiado altos

Corregir la altura de los escalones a < 15 cm

Reduce el riesgo de tropezar, en especial en las personas con dificultades para subir escalones

Barandas

Ausentes

Instalar y fijar bien las barandas a ambos lados de la escalera

Usar barandas cilíndricas colocadas a una distancia de entre 2,5 y 5 cm de la pared

Brinda apoyo y permite que la persona se tenga de la baranda con cualquiera de las manos

Demasiado bajas y con extremos sin topes

Extender la baranda más allá de los escalones superior e inferior y enrollar los extremos hacia adentro

Señalizar los escalones superior e inferior

Configuración

Demasiado aguda o larga

Crear descansos en las escaleras

Permite que el paciente descanse, en especial si tiene cardiopatías o enfermedades pulmonares

Trastorno

Resbaladizo

Revestir todos los escalones con una tela antideslizante

Evita el deslizamiento

Iluminación

Inadecuada

Instalar una iluminación adecuada tanto en la parte superior como en la inferior de la escalera

Colocar luces nocturnas automáticas o franjas adhesivas de colores brillantes que señalen con claridad los escalones

Define la ubicación de los escalones, en particular para las personas con compromiso visual o perceptivo

Ejercicio

Los pacientes que se caen más de 1 vez o los que, en la evaluación inicial, revelan inconvenientes para mantener el equilibrio y caminar, deben ser derivados a un fisioterapeuta o a un programa de ejercicios. Ambas medidas pueden llevarse a cabo en el domicilio del paciente si su movilidad es limitada. Los fisioterapeutas adaptan los programas de ejercicios para corregir problemas específicos que contribuyen a aumentar el riesgo de sufrir una caída. Los programas de ejercicios más generales que se implementan en instituciones de atención de la salud o en ámbitos comunitarios también pueden mejorar la marcha y el equilibrio. Por ejemplo, la práctica de tai chi puede ser eficaz y puede realizarse en forma individual o grupal. Los programas de ejercicios más eficaces para reducir el riesgo de caer son los adaptados a la deficiencia del paciente, a cargo de un profesional entrenado, con un componente suficiente de desafío al equilibrio y duración prolongada (p. ej., 4 meses). Muchos centros de la tercera edad, YMCA, u otros gimnasios ofrecen clases de ejercicios grupales gratuitas o a bajo costo, adaptados a la tercera edad, y estas clases pueden ayudar con la accesibilidad y la adherencia.

Dispositivos de asistencia

Algunos pacientes se benefician con el uso de un dispositivo de asistencia (p. ej., bastón, caminador). Los bastones pueden ser adecuados para pacientes con compromiso muscular o articular unilateral mínimo, pero los caminadores, en particular los que tienen ruedas, son más apropiados para pacientes con mayor riesgo de caer debido a debilidad en ambas piernas o a un trastorno de la coordinación (los caminadores con ruedas pueden ser peligrosos en pacientes incapaces de controlarlos en forma apropiada). Los fisioterapeutas pueden ayudar a los pacientes a usar o a elegir el tamaño adecuado del dispositivo y pueden enseñarles a usarlo (ver Dispositivos terapéuticos y de ayuda).

Tratamiento médico

Los fármacos que pueden aumentar el riesgo de caer deben suspenderse o ajustarse su dosis a la mínima efectiva. Debe buscarse osteoporosis y, en caso de diagnosticarse, tratarse para reducir el riesgo de fracturas en futuras caídas. Si se identifica algún otro trastorno específico como factor de riesgo, es preciso implementar intervenciones adecuadas. Por ejemplo, los fármacos y la fisioterapia pueden disminuir el riesgo en pacientes con enfermedad de Parkinson. La vitamina D, en especial cuando se consume con calcio, puede disminuir el riesgo de sufrir una caída, sobre todo en individuos con disminución de las concentraciones sanguíneas de vitamina D. El tratamiento del dolor, la fisioterapia y, en ocasiones, el reemplazo de la articulación en forma quirúrgica pueden disminuir el riesgo en pacientes con artritis. La adquisición de lentes apropiadas (un solo par en lugar de lentes bifocales o trifocales) o la cirugía, en especial para corregir cataratas, pueden ser útiles en pacientes con compromiso visual.

Manejo ambiental

La corrección de los factores de riesgo ambientales en el domicilio puede reducir el riesgo de caída ( Listado para la evaluación del domicilio en busca de peligros que aumentan el riesgo de sufrir caídas). Debe asesorarse a los pacientes para reducir el riesgo asociado con factores situacionales. Por ejemplo, el calzado debe tener taco plano, algún tipo de refuerzo en el tobillo y suelas firmes antideslizantes. Muchos pacientes con limitación crónica de la movilidad (p. ej., causada por artritis grave, o paresia) se benefician con estrategias médicas, de rehabilitación y ambientales combinadas. Las adaptaciones de las sillas de ruedas (p. ej., apoyapies rebatible para disminuir los tropiezos durante los traslados, frenos posteriores para prevenir el desplazamiento hacia atrás), cinturones removibles y asientos con cuñas pueden ser útiles para evitar que el paciente con escaso equilibrio en posición sedente o con debilidad significativa se caiga mientras permanece en esa posición o durante los traslados.

Las barreras para proteger al paciente de no caer pueden provocar más caídas y otras complicaciones, por lo cual no deben utilizarse. La vigilancia a cargo del cuidador es más eficaz y segura. Pueden emplearse detectores de movimiento, pero en presencia de un cuidador que responda a la alarma cuando ésta suene.

Los protectores de la cadera (almohadillas cosidas a ropa interior especial) pueden disminuir el riesgo de fracturas de cadera en pacientes con alto riesgo, aunque numerosos pacientes son reticentes a emplearlos de manera indefinida. Un suelo adecuado (p. ej., firme de goma) puede ser útil para disipar la fuerza del impacto, pero un suelo demasiado blando (p. ej., de gomaespuma) puede desestabilizar al paciente.

Asimismo, debe enseñarse al paciente los pasos por seguir si cae y no puede levantarse. Algunas técnicas útiles consisten en girar de la posición en decúbito supino a la de decúbito prono, levantarse con las rodillas y las manos apoyadas ("en cuadripedia") , arrastrarse hasta alcanzar una superficie firme de donde sostenerse y tirar de ella para levantarse. El contacto frecuente con miembros de la familia o amigos, la colocación de un teléfono que pueda alcanzarse desde el suelo, una alarma a control remoto o un dispositivo integrante de un sistema de respuesta a la emergencia fácil de llevar pueden disminuir la probabilidad de permanecer en el suelo durante un período prolongado después de una caída.

Conceptos clave

  • Todos los años, entre el 30 y el 40% de las personas ancianas que viven en la comunidad y el 50% de los que viven en hogares experimentan caídas.

  • Falls contribuyen a> 40% de los ingresos a un hogar de ancianos y son la séptima causa de muerte en las personas ≥ 65.

  • Las causas son múltiples, e incluyen el deterioro de la función relacionado con la edad, riesgos ambientales, y efectos adversos de fármacos.

  • Se debe evaluar los factores predisponentes en el paciente y evaluar los peligros en el hogar.

  • En la medida de lo posible, tratar los trastornos causales, cambiar o suspender los fármacos causantes, y corregir los peligros ambientales.

  • Los pacientes que se caen más de 1 vez o los que, en la evaluación inicial, revelan inconvenientes para mantener el equilibrio y caminar, deben ser derivados a un fisioterapeuta o a un programa de ejercicios.

  • Enseñar técnicas para levantarse del piso y considerar el uso de un dispositivo de respuesta de emergencia portátil.

Recursos en este artículo