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Enfermedades infecciosas en el embarazo

Por Lara A. Friel, MD, PhD, Assistant Professor, Maternal-Fetal Medicine Division, Department of Obstetrics, Gynecology, and Reproductive Sciences, University of Texas Health - University of Texas Medical School at Houston

Información:
para pacientes

La mayoría de las infecciones maternas (p. ej., infecciones urinarias, de la piel y respiratorias) en general no son problemas graves durante el embarazo, aunque algunas infecciones genitales (vaginosis bacterianas y el herpes genital) afectan el trabajo de parto o la elección del método de parto. Por lo tanto, el principal problema es el uso y la seguridad de los agentes antimicrobianos. Sin embargo, ciertas infecciones maternas pueden dañar al feto (para infecciones por citomegalovirus congénito o herpes simple, rubéola, toxoplasmosis, hepatitis o sífilis–ver Infecciones en recién nacidos; para la infección por HIV-ver Infección por virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) en lactantes y niños).

La listeriosis es más común durante el embarazo. La listeriosis aumenta el riesgo de aborto espontáneo, trabajo de parto prematuro y mortinatos. La transmisión neonatal es posible.

La vaginosis bacteriana y posiblemente la infección genital por clamidia predisponen a la rotura prematura de membranas y el trabajo de parto pretérmino. Los estudios para estas infecciones se realizan durante la evaluación prenatal de rutina o si aparecen síntomas.

El herpes genital puede ser transmitido al neonato durante el parto. El riesgo es tan alto que en las siguientes circunstancias es preferible la cesárea:

  • Cuando la mujer tiene lesiones herpéticas visibles

  • Cuando una mujer con antecedentes de infección herpética presenta síntomas prodrómicos antes del trabajo de parto

  • Cuando la primoinfección herpética aparece al final del tercer trimestre (cuando la eliminación viral cervical es probable en el momento del parto)

Si no hay lesiones visibles o pródromos, aún en mujeres con infecciones recurrentes, el riesgo es bajo y el parto vaginal es posible. Si la mujer es asintomática, los cultivos preparto seriados no ayudan a identificar a aquellas que presentan riesgo de transmisión. Si la mujer tiene infecciones herpéticas recurrentes durante el embarazo pero no presenta otros factores de riesgo de transmisión, a veces puede inducirse el trabajo de parto de manera que el parto ocurra entre las recidivas. Cuando el parto es vaginal, se realizan cultivos vaginales, cervicales y neonatales para herpesvirus. El aciclovir (oral y tópico) parece ser seguro durante el embarazo.

Antibacterianos

Es importante evitar la administración de antibacterianos a pacientes embarazadas a menos que exista evidencia firme de una infección bacteriana. El uso de antibacterianos durante el embarazo debe estar basado en si los beneficios superan a los riesgos, lo cual varía según el trimestre (ver Algunos fármacos con efectos adversos durante el embarazo para efectos adversos específicos). También deben considerarse la gravedad de la infección y otras opciones terapéuticas.

Los aminoglucósidos pueden usarse durante el embarazo para tratar la pielonefritis y la corioamnionitis, pero el tratamiento debe ser cuidadosamente controlado para evitar el daño materno y fetal.

Las cefalosporinas generalmente se consideran seguras.

El cloranfenicol, aun en grandes dosis, no daña al feto; sin embargo, los neonatos no pueden metabolizar adecuadamente el cloranfenicol, y los niveles sanguíneos elevados resultantes pueden producir un colapso circulatorio (síndrome del bebé gris). El cloranfenicol rara vez se usa en los Estados Unidos.

Las fluoroquinolonas no se usan durante el embarazo; tienden a tener una alta afinidad por el hueso y el cartílago, y por lo tanto pueden tener efectos musculoesqueléticos adversos.

Los macrólidos generalmente se consideran seguros.

El uso de metronidazol durante el primer trimestre solía considerarse polémico; sin embargo, en múltiples estudios, no se observaron efectos teratogénicos o mutagénicos.

La nitrofurantoin no es conocida como causa de malformaciones congénitas. Está contraindicada cerca del término, ya que puede causar anemia hemolítica en los recién nacidos.

Las penicilinas generalmente se consideran seguras.

Las sulfamidas en general son seguras durante el embarazo. Sin embargo, las sulfamidas de acción prolongada cruzan la placenta y pueden desplazar a la bilirrubina de sus sitios de unión. Estos agentes a menudo se evitan después de la semana 34 de gestación debido al riesgo de kernícterus neonatal.

Las tetraciclinas cruzan la placenta y se concentran y depositan en los huesos y dientes, donde se combinan con el calcio y deterioran el desarrollo (ver Algunos fármacos con efectos adversos durante el embarazo); no se usan desde la mitad hasta el final del embarazo.