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Rubéola congénita

Por Mary T. Caserta, MD, Professor of Pediatrics, Division of Infectious Diseases;Attending Physician, University of Rochester School of Medicine and Dentistry;Golisano Children’s Hospital at Strong, University of Rochester Medical Center

Información:
para pacientes

La rubéola o rubeola congénita es una infección viral contagiada por la madre durante el embarazo. Los signos consisten en múltiples anomalías congénitas que pueden provocar muerte fetal. El diagnóstico se realiza por serología y cultivo viral. No hay ningún tratamiento específico. La prevención consiste en vacunación sistemática.

Por lo general, la rubéola congénita se debe a una infección primaria materna. Es rara en los Estados Unidos.

Se considera que la rubéola invade las vías respiratorias superiores, con la consiguiente viremia y diseminación del virus a diferentes localizaciones, incluida la placenta. El feto presenta riesgo máximo de anomalías del desarrollo cuando se infecta durante las primeras 16 semanas de gestación, en particular durante las primeras 8-10 semanas. En etapas gestacionales tempranas, se considera que el virus causa una infección intrauterina crónica. Sus efectos son daño endotelial de los vasos sanguíneos, citólisis directa de las células y alteración de la mitosis celular.

Signos y síntomas

La rubéola en una embarazada puede ser asintomática o manifestarse por síntomas de las vías respiratorias superiores, febrícula, conjuntivitis, linfadenopatías (en especial, en las regiones suboccipital y retroauricular) y un exantema maculopapuloso. Esta enfermedad puede ser seguida de síntomas articulares.

El feto puede no presentar ningún efecto, puede ocurrir la muerte dentro del útero o anomalías múltiples denominadas síndrome de rubéola congénita. Los tratornos más frecuentes son retraso del crecimiento intrauterino, microcefalia, meningoencefalitis, cataratas, retinopatía, hipoacusia, cardiopatías (conducto arterioso persistente y estenosis de la arteria pulmonar), hepatoesplenomegalia e imágenes radiolúcidas óseas. Otras manifestaciones son trombocitopenia con púrpura, eritropoyesis dérmica que causa lesiones cutáneas rojo azuladas, adenopatías, anemia hemolítica y neumonía intersticial. Se requiere observación estricta para detectar hipoacusia ulterior, discapacidad intelectual, comportamiento anormal, endocrinopatías (p. ej., diabetes mellitus) o una encefalopatía progresiva rara. Los recién nacidos con rubéola congénita pueden presentar inmunodeficiencias, por ejemplo, hipogammaglobulinemia.

Diagnóstico

  • Títulos séricos maternos de anticuerpos antirrubéola

  • La detección viral a través del cultivo o la transcriptasa inversa-PCR (RT-PCR) de muestras de líquido amniótico, nariz, fauces (preferido), orina, líquido cefalorraquídeo o sangre

  • Títulos de anticuerpos del lactante (medidos en forma seriada) y detección viral como se indicó previamente

En las embarazadas, se determina de manera sistemática un título sérico de anticuerpos IgG antirrubéola en etapas gestacionales tempranas. Se repite el título en mujeres seronegativas que presentan signos y síntomas de rubéola; se realiza el diagnóstico mediante una prueba serológica positiva para anticuerpos IgM, seroconversión de IgG o un aumento 4 veces entre los títulos de IgG de la etapa aguda y de convalecencia. Puede cultivarse el virus a partir de hisopados nasofaríngeos, pero el cultivo es difícil. La RT-PCR se puede utilizar para confirmar los resultados del cultivo o detectar RNA viral directamente en muestras de pacientes, así como permitir la determinación del genotipo y el seguimiento epidemiológico de las infecciones de rubéola de tipo salvaje.

En los recién nacidos en quienes se sospecha síndrome de rubéola congénita, deben determinarse los títulos de anticuerpos y obtener muestras para la detección viral. La persistencia de IgG específica de rubéola en el lactante después de 6 a 12 meses sugiere infección congénita. La detección de anticuerpos IgM específicos contra la rubéola generalmente también indica infección por rubéola, pero pueden ocurrir resultados falsos positivos de IgM. Las muestras de nasofaringe, orina, LCR (líquido cefalorraquídeo), capa leucocítica y conjuntiva de lactantes con síndrome de rubéola congénita generalmente contienen virus; por lo general, las muestras nasofaríngeas ofrecen la mayor sensibilidad para el cultivo, y es preciso notificar al laboratorio que se sospecha la infección por virus de la rubéola. En unos pocos centros, puede efectuarse el diagnóstico prenatal por la identificación del virus en líquido amniótico, detectando IgM específica de rubéola en sangre fetal o aplicando técnicas de RT-PCR en sangre fetal o muestras de biopsia de vellosidades coriónicas.

Otras pruebas son hemograma completo con fórmula leucocítica, análisis de LCR y radiografías óseas para detectar las imágenes radiolúcidas típicas. Asimismo, son útiles el examen oftálmico y una evaluación cardíaca completa.

Tratamiento

  • Asesoramiento

  • Posiblemente, inmunoglobulina para la madre

No se dispone de ningún tratamiento específico para la infección materna ni para la congénita. Las mujeres expuestas a rubéola en etapas gestacionales tempranas deben ser informadas acerca de los posibles riesgos para el feto. Algunos especialistas recomiendan administrar inmunoglobulina inespecífica (0,55 mL/kg IM) en caso de exposición temprana durante el embarazo, pero este tratamiento no previene la infección y sólo debe considerarse la administración de inmunoglobulina en las mujeres que no aceptan interrumpir el embarazo.

Prevención

La rubéola es fácil de prevenir mediante la vacunación. En los Estados Unidos, los lactantes deben recibir vacunación antirrubeólica junto con las vacunaciones antisarampionosa y antiparotidítica a los 12-15 meses de edad, y otra vez en el momento del ingreso escolar o al iniciar la escuela secundaria (ver Cronograma de vacunación recomendado para los 7-18 años). Debe vacunarse a las mujeres pospuberales sin inmunidad contra la rubéola. (Advertencia: la vacunación antirrubeólica está contraindicada en mujeres inmunodeficientes o embarazadas). Después de la vacunación, es necesario recomendar a las mujeres que no queden embarazadas durante los próximos 28 días. Deben hacerse todos los esfuerzos para buscar y vacunar a grupos de alto riesgo, como trabajadores sanitarios y de guarderías, reclutas militares, inmigrantes recientes y estudiantes universitarios. Las mujeres que resultan ser susceptibles durante los estudios prenatales deben ser vacunadas después del parto y antes del alta hospitalaria. En teoría, la vacunación de personas no inmunes expuestas a la rubéola podría prevenir la infección si se hace dentro de los 3 días de la exposición, pero este tratamiento no probó ser beneficioso.