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Generalidades sobre los trastornos mentales en niños y adolescentes

Por Josephine Elia, MD, Professor of Psychiatry and Human Behavior, Professor of Pediatrics, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University, Nemours Alfred I. duPont Hospital for Children

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para pacientes

Aunque a veces se asume que la infancia y la adolescencia son etapas libres de preocupaciones, hasta el 20% de los niños y adolescentes tienen uno o más trastornos mentales diagnosticables. La mayoría de estos trastronos pueden considerarse una exageración o distorsiones de conductas y emociones normales.

Al igual que los adultos, los niños y adolescentes tienen distintos temperamentos. Algunos son tímidos y retraídos; otros son socialmente eufóricos. Algunos son metódicos y precavidos; otros, impulsivos y descuidados. Lo que determina si un niño se comporta como un niño típico o presenta un trastorno es la presencia de alteraciones y el grado de angustia relacionado con los síntomas. Por ejemplo, una niña de 12 años puede estar atemorizada por la perspectiva de presentar el informe de un libro delante de sus compañeros. Este temor se consideraría un trastorno de ansiedad social si fuera lo suficientemente intenso para causar angustia y evitación significativas.

Hay mucha superposición entre los síntomas de muchos trastornos y las conductas y las emociones de niños normales. Por consiguiente, muchas estrategias útiles para manejar problemas conductuales en los niños (ver Revisión sobre los problemas de conducta en niños : Tratamiento) también pueden aplicarse en aquellos que tienen trastornos mentales. Además, el tratamiento apropiado de los problemas conductuales de la infancia puede disminuir el riesgo de que los niños con temperamentos vulnerables evolucionen a un trastorno florido. Además, el tratamiento eficaz de algunos trastornos (p. ej., ansiedad) durante la infancia puede reducir el riesgo de trastornos del estado de ánimo en el futuro.

Los trastornos mentales más comunes de la infancia y la adolescencia caen dentro de las siguientes categorías:

  • Trastornos de ansiedad

  • Trastornos del estado de ánimo

  • Trastornos por comportamientos disruptivos (p. ej., trastorno por déficit de atención/hiperactividad ([TDAH]).

La esquizofrenia y los trastornos relacionados son mucho menos frecuentes.

Sin embargo, con más frecuencia que no, los niños y adolescentes presentan síntomas y problemas que atraviesan límites diagnósticos. Por ejemplo, > 25% de los niños con TDAH también tienen un trastorno de ansiedad, y el 25% cumple con los criterios para un trastorno del estado de ánimo.

Evaluación

La evaluación de las manifestaciones o síntomas mentales en niños y adolescentes varía con respecto a la de los adultos de 3 maneras importantes:

  • El contexto evolutivo es de crucial importancia en los niños. Conductas que son normales a una edad temprana pueden indicar un trastorno mental grave a mayor edad.

  • Los niños existen en el contexto de un sistema familiar, y ese sistema ejerce un profundo efecto sobre sus síntomas y conductas; niños normales que viven en una familia perturbada por violencia doméstica y abuso de sustancias pueden parecer, si se realiza una valoración superficial, afectados por uno o más trastornos mentales.

  • A menudo, los niños no cuentan con la sofisticación cognitiva ni lingüística necesaria para describir con precisión sus síntomas. Por lo tanto, el médico debe basarse mucho en la observación directa, corroborada por observaciones de otras personas, como padres y maestros.

En muchos casos, los problemas del desarrollo y conductuales (p. ej., escaso progreso académico, retrasos en la adquisición del lenguaje, déficits de aptitudes sociales) son difíciles de distinguir de aquellos debidos a un trastorno mental. En estos casos, los estudios de desarrollo y neuropsicológicos formales deben formar parte del proceso de evaluación.

Debido a estos factores, la evaluación de niños con un trastorno mental suele ser más compleja que la de adultos. Sin embargo, la mayoría de los casos no son graves y pueden ser manejados en forma competente por un profesional de atención primaria adecuadamente capacitado. En cambio, lo mejor es manejar los casos dudosos o graves en colaboración con un psiquiatra de niños y adolescentes.