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Trastorno de ansiedad social en niños y adolescentes

(Fobia social)

Por Josephine Elia, MD, Professor of Psychiatry and Human Behavior, Professor of Pediatrics, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University, Nemours Alfred I. duPont Hospital for Children

Información:
para pacientes

El trastorno de ansiedad social es un temor persistente a situaciones embarazosas, ridículas o humillantes en contextos sociales. Por lo general, los niños afectados evitan situaciones que podrían provocar un examen social (p. ej., la escuela). El diagnóstico se basa en la anamnesis. El tratamiento consiste en terapia conductista; en casos graves, se indican ISRS.

Los primeros síntomas en los adolescentes pueden ser preocupación excesiva antes de asistir a un evento social o preparación excesiva para una presentación en clase. Los primeros síntomas en los niños pueden ser las rabietas, el llanto, la congelación, el apego o el aislamiento en situaciones sociales. Pueden seguir las conductas de evitación (p. ej., negarse a ir a la escuela, no ir a fiestas, no comer delante de los demás). A menudo, las manifestaciones son somáticas (p. ej., "Me duele el estómago", "Tengo dolor de cabeza"). Algunos niños tienen antecedentes de muchas consultas y evaluaciones médicas en respuesta a los síntomas somáticos.

Los niños afectados tienen terror de ser humillados frente a sus compañeros por dar una respuesta incorrecta, decir algo inapropiado, pasar un mal momento o, incluso, vomitar. En algunos casos, el trastorno de ansiedad social surge de un incidente desafortunado y embarazoso. En los casos graves, los niños pueden negarse a hablar por teléfono o, incluso, a salir de su casa.

Diagnóstico

La ansiedad debe persistir durante ≥ 6 meses y estar constantemente presente en lugares similares (p. ej., los niños están preocupados por todas las presentaciones en clase en lugar de sólo los ocasionales o los de una clase específica). La ansiedad debe ocurrir en los contextos de pares y no sólo durante las interacciones con los adultos.

Tratamiento

  • Terapia conductista

  • En ocasiones, un ansiolítico

La terapia conductista es el pilar del tratamiento. No debe permitirse que los niños falten a la escuela. La ausencia sólo sirve para que se vuelvan más renuentes a asistir a la escuela.

Si los niños y los adolescentes no están suficientemente motivados para participar en la terapia conductista o no responden de manera adecuada a ella, puede ser útil un ansiolítico, por ejemplo, un ISRS (ver Fármacos para el tratamiento a largo plazo de la ansiedad y otros desórdenes). El tratamiento con un ISRS puede reducir la ansiedad lo suficiente para facilitar la participación de los niños en la terapia conductista.