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Aterosclerosis

Por Jules Y. T. Lam, MD, FRCP(C), Associate Professor of Medicine;Cardiologist, University of Montreal;Montreal Heart Institute

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La aterosclerosis se caracteriza por la formación de placas en forma de parches (ateromas) en la capa íntima que rodean la luz de arterias de mediano y gran tamaño; las placas contienen lípidos, células inflamatorias, células musculares lisas y tejido conectivo. Los factores de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad son la dislipidemia, la diabetes, el tabaquismo, los antecedentes familiares, el estilo de vida sedentario, la obesidad y la hipertensión arterial. Los síntomas aparecen cuando el crecimiento o la rotura de la placa disminuye u obstruye el flujo sanguíneo y varían de acuerdo con la arteria afectada. El diagnóstico se basa en la evaluación clínica y se confirma con angiografía, ecografía u otros estudios de diagnóstico por la imagen. El tratamiento requiere la modificación de los factores de riesgo, estilos de vida y dieta, la práctica de actividad física, la administración de antiagregantes plaquetarios y fármacos antiaterógenos.

La aterosclerosis puede afectar a todas las arterias grandes y medianas, como las coronarias, las carótidas y cerebrales, la aorta y sus ramas y las arterias principales de los miembros. Es la causa principal de morbimortalidad en los Estados Unidos y en la mayoría de los países desarrollados. En los últimos años, la tasa de mortalidad relacionada con la edad atribuible a la aterosclerosis ha ido reduciéndose, aunque en 2008, la enfermedad cardiovascular, sobre todo la aterosclerosis coronaria y la cerebrovascular, aún produjo casi 812.000 muertes en los Estados Unidos (más que el cáncer y casi 7 veces más que las lesiones traumáticas). La prevalencia de la aterosclerosis aumenta rápidamente en los países en vías de desarrollo y, dado que los habitantes de los países desarrollados viven más tiempo, la incidencia también se encuentra en ascenso en esas regiones. Para 2020, se calcula que la aterosclerosis será la causa principal de muerte en todo el mundo.

Fisiopatología

La lesión visible más temprana de la aterosclerosis es la estría grasa, que es una acumulación de células espumosas cargadas de lípidos en la capa íntima de la arteria. El sello distintivo de la aterosclerosis es la placa aterosclerótica, que es una evolución de la estría grasa y tiene 3 componentes principales:

  • Lípidos

  • Células inflamatorias y musculares lisas

  • Una matriz de tejido conectivo que puede contener trombos en diversas etapas de organización y depósitos de Ca

Todos los estadios de la aterosclerosis, desde el inicio de la formación y el crecimiento de las placas hasta sus complicaciones, se consideran parte de una respuesta inflamatoria a la lesión mediada por citocinas específicas. Se cree que la lesión endotelial cumpliría un papel primario como iniciador o desencadenante.

La aterosclerosis afecta de manera preferencial algunas áreas del árbol arterial. El flujo sanguíneo no laminar o turbulento (p. ej., en las ramificaciones de las arterias) promueve la disfunción del endotelio e inhibe la producción endotelial de óxido nítrico, un vasodilatador y antiinflamatorio potente. Este tipo de flujo sanguíneo también estimula a las células endoteliales para que sinteticen moléculas de adhesión, que reclutan y fijan células inflamatorias. Los factores de riesgo para el desarrollo de aterosclerosis (p. ej., dislipidemia, diabetes, tabaquismo, hipertensión arterial), los factores de estrés oxidativo (p. ej., radicales superóxido), la angiotensina II y las infecciones e inflamaciones sistémicas también inhiben la síntesis de óxido nítrico y estimulan la producción de moléculas de adhesión, citocinas proinflamatorias, proteínas quimiotácticas y vasoconstrictores, aunque se desconocen los mecanismos exactos que provocan estos eventos.El efecto neto es la unión de los monocitos y las células T al endotelio, la migración de estas células al espacio subendotelial y la promoción y mantenimiento de una respuesta inflamatoria vascular localizada. Los monocitos presentes en el subendotelio se transforman en macrófagos. Los lípidos presentes en la sangre, en particular el colesterol unido a la lipoproteína de baja densidad (LDL) y a la lipoproteína de muy baja densidad (VLDL), también se unen a las células endoteliales y se oxidan en el subendotelio. La incorporación de los lípidos oxidados y la transformación de los macrófagos en células espumosas cargadas de lípidos producen las lesiones ateroscleróticas tempranas típicas, denominadas estrías grasas. Las membranas degradadas de los eritrocitos que quedan tras la rotura de los vasos vasculares (vasa vasorum) y la hemorragia dentro de la placa pueden ser una fuente adicional importante de lípidos dentro de las placas.

Los macrófagos elaboran citocinas proinflamatorias que reclutan a las células musculares lisas que migraron desde la media y atraen y promueven el crecimiento de macrófagos adicionales. Varios factores estimulan la replicación de las células musculares lisas y aumentan la síntesis de matriz extracelular densa. El resultado es la formación de una placa fibrosa subendotelial cubierta por tejido fibroso y formada por células musculares lisas de la íntima rodeadas por tejido conectivo y lípidos intra y extracelulares. Un proceso similar a la formación del hueso produce calcificaciones dentro de la placa.

Las placas ateroscleróticas pueden ser estables o inestables. Las placas estables involucionan, permanecen estáticas o crecen lentamente durante varias décadas hasta que causan estenosis u oclusión de los vasos. Las placas inestables son vulnerables a la erosión, la fisura o la rotura espontánea, lo que puede ocasionar trombosis, oclusión e infarto bastante tiempo antes de generar una estenosis hemodinámicamente significativa. La mayoría de los eventos clínicos son secundarios a complicaciones de las placas inestables, que no impresionan de gravedad en la angiografía, lo que implica que la estabilización de la placa puede reducir la morbimortalidad.

La fuerza de la cubierta fibrosa y su resistencia a la rotura dependen del balance relativo entre el depósito y la degradación del colágeno. La rotura de la placa estimula a los macrófagos activados dentro de la placa a que secreten metaloproteinasas, catepsinas y colagenasas. Estas enzimas digieren la cubierta fibrosa, en particular sus bordes, y promueven su afinamiento y su posterior rotura. Las células T presentes en la placa también secretan citocinas, responsables de la inhibición de la síntesis y el depósito de colágeno a cargo de las células musculares lisas, que en condiciones normales fortalece la placa.

Una vez que la placa se rompe, sus contenidos se exponen a la sangre circulante, con producción de trombosis; los macrófagos también estimulan la trombosis porque contienen factor tisular, que a su vez estimula la síntesis de trombina in vivo. Estos eventos pueden conducir a 5 evoluciones diferentes

  • El trombo resultante puede organizarse e incorporarse en la placa, con modificación de su tamaño y crecimiento rápido de ella.

  • El trombo puede ocluir rápidamente la luz vascular y desencadenar un evento isquémico agudo.

  • El trombo puede embolizarse.

  • La placa puede llenarse de sangre, sobresalir en la luz y ocluir de inmediato la arteria.

  • Los contenidos de la placa (en lugar de un trombo) pueden embolizarse y ocluir los vasos distales.

La estabilidad de la placa depende de numerosos factores, como su composición (proporción relativa de lípidos, células inflamatorias, células musculares lisas, tejido conectivo y trombos), la tensión mural (fatiga de la cubierta), el tamaño y la localización del núcleo y la configuración de la placa en relación con el flujo sanguíneo. Al contribuir al crecimiento rápido y al depósito de lípidos, la hemorragia dentro de la placa puede cumplir un papel importante en la transformación de una placa estable en inestable. En general, las placas inestables en la arteria coronaria tienen un contenido elevado de macrófagos, un núcleo lipídico espeso y una cubierta fibrosa delgada; en general, reducen la luz vascular < 50% y tienden a romperse en forma impredecible. Las placas inestables en la arteria carótida presentan la misma composición pero causan problemas típicos como resultado de la estenosis significativa y la oclusión o el depósito de trombos plaquetarios, que embolizan en lugar de romperse. Las placas asociadas con un riesgo bajo tienen una cubierta más gruesa y menos lípidos; a menudo, estrechan la luz vascular > 50% y pueden provocar angina estable inducida por el ejercicio.

Las consecuencias clínicas de la rotura de la placa en las arterias coronarias dependen no sólo de la anatomía de la placa, sino también del balance relativo entre la actividad procoagulante y anticoagulante presente en la sangre y de la vulnerabilidad del miocardio al desarrollo de arritmias.

Se observó una relación entre la infección y la aterosclerosis, específicamente una asociación entre las evidencias serológicas de ciertas infecciones (p. ej., Chlamydia pneumoniae, citomegalovirus) y el desarrollo de enfermedad coronaria. Los mecanismos responsables de estos eventos pueden ser efectos indirectos de la inflamación crónica sobre la corriente sanguínea, los anticuerpos que reaccionan en forma cruzada y los efectos inflamatorios de los microorganismos patógenos sobre las paredes arteriales.

Factores de riesgo

Se identificaron numerosos factores de riesgo (véase Factores de riesgo para el desarrollo de aterosclerosis). Algunos de ellos tienden a agruparse en el denominado síndrome metabólico, cuya prevalencia es cada vez mayor. Este síndrome se caracteriza por obesidad abdominal, dislipidemia aterógena, hipertensión arterial, resistencia a la insulina, estado protrombótico y proinflamatorio en pacientes sedentarios (ver Síndrome metabólico). La resistencia a la insulina no es sinónimo de síndrome metabólico, pero puede ser fundamental en su etiología.

Factores de riesgo para el desarrollo de aterosclerosis

Estado

Factor de riesgo

No modificables

Edad

Antecedentes familiares de aterosclerosis prematura*

Sexo masculino

Modificables, establecidos

Algunas dislipidemias (aumento del colesterol total o unido a LDL, disminución del colesterol unido a HDL, aumento del índice entre el colesterol total y el unido a HDL)

Consumo de tabaco

Diabetes mellitus

Hipertensión

Modificables, en evaluación o emergentes

Consumo de alcohol (más que moderado)

Trasplante cardíaco

Infección por Chlamydia pneumoniae

Aumento de la concentración de PCR

Aumento de la concentración de las pequeñas partículas densas de LDL

Aumento de la concentración de lipoproteína (a)

Hiperhomocisteinemia

Hiperinsulinemia

Hipertrigliceridemia

Polimorfismos en la 5-lipoxigenasa

Baja ingesta de frutas y verduras

La obesidad o el síndrome metabólico

Estados protrombóticos (p. ej., hiperfibrinogenemia, aumento de la concentración de inhibidor del activador de plasminógeno)

Factores psicosociales (p. ej., personalidad tipo A, depresión, ansiedad, tipo de empleo, nivel socioeconómico)

Radioterapia torácica

Insuficiencia renal

Estilo de vida sedentario

*La ateroesclerosis es prematura cuando se presenta en un familiar de primer grado menor de 55 años (hombre) o de 65 años (mujer).

No se definió con precisión la contribución relativa de este factor, independientemente de otros factores de riesgo asociados con frecuencia (p. ej., diabetes, dislipidemia).

PCR  =  proteína C reactiva, HDL  = lipoproteína de alta densidad, LDL =  lipoproteína de baja densidad.

La dislipidemia (aumento del colesterol total y del colesterol unido a LDL o disminución del colesterol unido a la lipoproteína de alta densidad ([HDL]), la hipertensión arterial y la diabetes promueven el desarrollo de aterosclerosis al estimular la generación o aumentar el grado de disfunción endotelial y activar vías inflamatorias en el endotelio vascular.

En la dislipidemia, la absorción subendotelial y la oxidación de LDL se incrementan y los lípidos oxidados estimulan la síntesis de moléculas de adhesión y de citocinas inflamatorias, además de ser antigénicos, es decir que inducen una respuesta inmunitaria mediada por células T y una respuesta inflamatoria en la pared arterial. El colesterol unido a HDL protege contra la aterosclerosis a través del transporte inverso de colesterol (ver Generalidades sobre el metabolismo de los lípidos : Metabolismo de los lípidos exógenos (de la dieta)) y también puede proteger al cuerpo a través de la movilización de enzimas antioxidantes, responsables de la degradación y la neutralización de los lípidos oxidados. El papel de la hipertrigliceridemia en la aterogénesis es complejo, aunque puede producir un pequeño efecto independiente.

La hipertensión arterial puede estimular la inflamación vascular a través de mecanismos mediados por la angiotensina II, que a su vez estimula a las células endoteliales, las células lisas musculares vasculares y los macrófagos para que sinteticen mediadores proaterógenos, como citocinas proinflamatorias, aniones superóxido, factores protrombóticos, factores de crecimiento y receptores de LDL oxidados semejantes a la lectina.

La diabetes induce la síntesis de productos avanzados de la glucosilación, que aumentan la producción de citocinas proinflamatorias en las células endoteliales. El estrés oxidativo y los radicales de O2 reactivos que se sintetizan durante esta enfermedad lesionan directamente el endotelio y promueven la aterogénesis.

El humo del cigarrillo contiene nicotina y otros compuestos químicos tóxicos para el endotelio vascular. El tabaquismo, incluso pasivo, aumenta la reactividad de las plaquetas (lo que puede a su vez estimular la trombosis plaquetaria), las concentraciones plasmáticas de fibrinógeno y el hematocrito (con incremento consiguiente de la viscosidad de la sangre). El tabaquismo eleva las concentraciones de LDL y desciende las de HDL, además de promover la vasoconstricción, que es nociva en particular para las arterias ya estrechadas por la aterosclerosis. La concentración de colesterol unido a HDL aumenta entre 6 y 8 mg/dL (entre 0,16 y 0,21 mmol/L) al mes de dejar de fumar.

La hiperhomocisteinemia se asocia con un riesgo más alto de desarrollar aterosclerosis, aunque no tanto como los factores de riesgo mencionados. Esta asociación puede ser el resultado de una deficiencia de folato o de un defecto metabólico genético. El mecanismo fisiopatológico se desconoce, pero puede comprometer una lesión endotelial directa, estimulación del reclutamiento de monocitos y células T, aumento de la absorción del colesterol unido a LDL por los macrófagos y proliferación de las células musculares lisas.

La lipoproteína(a) es una forma modificada de LDL que contiene una región rica en cisteína homóloga al dominio fijador de fibrina del plasminógeno. Las concentraciones elevadas de lipoproteína(a) pueden competir con la fibrina en la unión con el plasminógeno e interferir sobre la trombólisis, lo que predispone al desarrollo de aterotrombosis (ver Metabolismo de los lípidos endógenos).

Las concentración elevada de colesterol unido a las pequeñas partículas densas de LDL, característica de la diabetes, es muy aterógena. Los mecanismos subyacentes pueden ser la mayor susceptibilidad a la oxidación y la unión endotelial inespecífica.

El hallazgo de una concentración elevada de proteína C reactiva (PCR) no refleja en forma fiable la magnitud de la aterosclerosis, pero puede predecir la mayor probabilidad de que se desarrollen eventos isquémicos. En ausencia de otros trastornos inflamatorios, puede indicar un riesgo más alto de rotura de la placa aterosclerótica, generación de una úlcera o una trombosis progresiva en la placa o puede correlacionarse con un aumento de la actividad de los linfocitos y los macrófagos. La PCR puede ejercer un efecto directo sobre la aterogénesis a través de numerosos mecanismos, como la disminución de la síntesis de óxido nítrico y el aumento del número de receptores de angiotensina tipo I y de la síntesis de proteínas quimiotácticas y moléculas de adhesión.

La infección por C. pneumoniae u otras infecciones (p. ej., viral, por Helicobacter pylori) pueden causar disfunción endotelial por infección directa, exposición a la endotoxina o al estimular la inflamación sistémica o subendotelial.

La insuficiencia renal promueve el desarrollo de aterosclerosis a través de varios mecanismos, como el agravamiento de la hipertensión arterial y la resistencia a la insulina, la disminución de las concentraciones de apolipoproteína A-I y el aumento de las concentraciones de lipoproteína(a), homocisteína, fibrinógeno y PCR.

La aterosclerosis coronaria acelerada se observa a menudo después de un trasplante de corazón y está probablemente relacionada con una lesión endotelial mediada inmunológicamente. La aterosclerosis coronaria acelerada también se observa después de la radioterapia torácica y es probablemente el resultado de la lesión endotelial inducida por radiación.

Los estados protrombóticos (ver Reseña de los trastornos trombóticos) aumentan el riesgo de aterotrombosis.

Los polimorfismos de la 5-lipoxigenasa (deleción o adición de alelos) pueden promover la aterosclerosis al aumentar la síntesis de leucotrienos dentro de las placas, lo que a su vez incrementa la permeabilidad vascular y la migración de los monocitos-macrófagos y estimula una mayor inflamación y disfunción subendotelial.

Enfermedad vascular documentada

El hallazgo de enfermedad aterosclerótica en un territorio vascular aumenta la probabilidad de identificarla en otros territorios vasculares. Los pacientes con enfermedad vascular aterosclerótica no coronaria presentan tasas de eventos cardíacos comparables con las de aquellos con enfermedad coronaria documentada y en la actualidad se considera que tienen un riesgo equivalente al de la enfermedad coronaria, por lo cual se justifica un tratamiento igual de agresivo.

Signos y síntomas

La aterosclerosis temprana permanece asintomática, a menudo durante varias décadas. Los signos y síntomas aparecen cuando las lesiones obstruyen el flujo sanguíneo. Los síntomas isquémicos transitorios (p. ej., angina estable durante el ejercicio, ataques isquémicos transitorios, claudicación intermitente) pueden aparecer a medida que las placas crecen y se reduce la luz arterial > 70%. La vasoconstricción puede transformar una lesión que no limita el flujo de sangre en una estenosis grave o completa. Cuando las placas se rompen y ocluyen en forma aguda una arteria grande, con trombosis o embolia sobreimpuesta, el paciente puede experimentar síntomas de angina inestable, infarto o accidente cerebrovascular isquémico o dolor en reposo en los miembros. La aterosclerosis también puede ocasionar muerte súbita sin angina estable o inestable previa.

El compromiso aterosclerótico de la pared arterial puede promover la formación de aneurismas y la disección arterial, que puede manifestarse con dolor, palpación de un tumor pulsátil, ausencia de pulsos o muerte súbita.

Diagnóstico

La aproximación al diagnóstico depende de los síntomas identificados.

Pacientes sintomáticos

Los pacientes con signos y síntomas de isquemia deben evaluarse para determinar la localización y el grado de oclusión vascular mediante diversos estudios invasivos y no invasivos, cuya selección depende del órgano comprometido (véanse otras secciones de The Manual). En dichos pacientes, también deben buscarse factores de riesgo para el desarrollo de aterosclerosis a través de

  • Anamnesis y examen físico

  • Perfil lipídico en ayunas

  • Glucemia y concentración plasmática de hemoglobina glucosilada (HbA1c)

Los pacientes con enfermedad documentada en un sitio (p. ej., arterias periféricas) deben someterse a pruebas para identificar la misma enfermedad en otras regiones (p. ej., arterias coronarias y carótidas).

Dado que no todas las placas ateroscleróticas se asocian con el mismo riesgo, en la actualidad se evalúan varias tecnologías de diagnóstico por la imagen que permiten identificar las placas más vulnerables a la rotura. La angiografía por TC se utiliza a menudo como pureba de tamizaje inicial, pero también se usan otras pruebas como las que se realizan a través de catéteres, que incluyen la ecografía intravascular (que emplea un transductor de ultrasonido en la punta de un catéter para obtener imágenes de la luz y la pared arterial), la angioscopia, la termografía de la placa (para detectar el aumento de la temperatura en las placas con inflamación activa), la tomografía de coherencia óptica (que emplea un haz de láser infrarrojo para obtener las imágenes) y la elastografía (que identifica placas blandas con abundante cantidad de lípidos). La inmunogammagrafía es una alternativa no invasiva que emplea radionúclidos para localizar las placas vulnerables.

Algunos médicos miden la concentración sérica de marcadores de la inflamación. Las concentraciones de PCR > 3 mg/dL (> 3.000 μg/L) predicen con intensidad el desarrollo de eventos cardiovasculares. Las concentraciones elevadas de fosfolipasa A2 asociada con la lipoproteína parecen indicar una probabilidad elevada de que se desarrollen eventos cardiovasculares en pacientes con concentraciones normales o bajas de LDL.

Pacientes asintomáticos (pruebas de cribado)

No pudo definirse el papel de las pruebas auxiliares (salvo el de la medición del perfil lipídico en ayunas) en los pacientes con factores de riesgo para aterosclerosis sin signos ni síntomas de isquemia. Si bien algunos estudios de diagnóstico por la imagen como la tomografía computarizada (TC) con haz de electrones o con multidetectores, la resonancia magnética (RM) y la ecografía (ver Principios de estudios por la imagen radiológicas) pueden detectar la placa aterosclerótica, es probable que no predigan una mayor cantidad de eventos isquémicos respecto de la evaluación de los factores de riesgo o las herramientas predictivas con eficacia documentada (p. ej., índice de riesgo de Framingham, ver Cuadros de riesgo de Framingham para los varones y ver Cuadros de riesgo de Framingham para las mujeres).

La microalbuminuria (> 30 mg albúmina/24 horas) se considera un marcador de nefropatías y de su progresión, además de un factor predictivo importante del desarrollo de morbimortalidad cardiovascular y no cardiovascular; no obstante, no se confirmó una relación directa entre la microalbuminuria y la aterosclerosis.

Tratamiento

  • Cambios en el estilo de vida (dieta, tabaquismo, actividad física)

  • Tratamiento farmacológico de los factores de riesgo identificados

  • Antiagregantes plaquetarios

  • En ciertos casos, estatinas, inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA) y betabloqueantes

El tratamiento requiere una modificación agresiva de los factores de riesgo con el fin de reducir la velocidad de progresión e inducir la regresión de las placas ya formadas. Hay evidencia reciente que sugiere que la concentración de colesterol unido a LDL debe ser < 70 mg/dL (< 1,81 mmol/L) en los pacientes enfermos o con riesgo elevado de desarrollar eventos cardiovasculares. Los cambios en el estilo de vida incluyen modificaciones de la dieta, cese del tabaquismo y práctica regular de actividad física. Con frecuencia deben indicarse fármacos para el tratamiento de la dislipidemia, la hipertensión arterial y la diabetes. Estos cambios en el estilo de vida y los fármacos mejoran directa o indirectamente la función endotelial, disminuyen la inflamación y posibilitan una mejor evolución clínica. Las estatinas pueden reducir la tasa de morbimortalidad asociada con la aterosclerosis, incluso aunque la colesterolemia sea normal o algo elevada. Los antiagregantes plaquetarios son beneficiosos en todos los pacientes con aterosclerosis. Los individuos con enfermedad coronaria pueden beneficiarse más con inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA) y betabloqueantes.

Dieta

Varios cambios son beneficiosos:

  • Menos grasas saturadas

  • No consumir grasas trans

  • Más frutas y verduras

  • Más fibra

  • Consumo moderado (o nulo) de alcohol

Se recomienda una reducción significativa del consumo de grasas saturadas y de hidratos de carbono refinados y procesados y un aumento del consumo de carbohidratos con fibras (p.ej., frutas, verduras). Estos cambios en la dieta se consideran un prerrequisito para el control lipídico y la reducción del peso y son fundamentales en todos los pacientes. La ingesta calórica debe limitarse para mantener el peso dentro del rango normal.

Pequeñas disminuciones en la cantidad de grasa ingerida no parecen disminuir ni estabilizar la aterosclerosis. Para lograr cambios significativos, debe limitarse la ingesta de grasas a 20 g/día, con 6 a 10 g de grasas poliinsaturadas ω-6 (ácido linoleico) y ω-3 (ácidos eicosapentaenoico y docosahexaenoico) en proporciones equivalentes, 2 g de grasas saturadas y el resto en grasas monoinsaturadas. También deben evitarse las grasas trans, que son muy aterógenas.

El aumento de la ingesta de hidratos de carbono para compensar la disminución de las grasas saturadas en la dieta incrementa la trigliceridemia y reduce las concentraciones de colesterol unido a HDL. En consecuencia, la deficiencia calórica debe compensarse con proteínas y grasas insaturadas en lugar de con hidratos de carbono simples. Debe evitarse el consumo excesivo de grasa y azúcar refinado, en especial en personas con riesgo de diabetes, aunque la ingesta de azúcar no se relacionó directamente con un riesgo más alto de desarrollar complicaciones cardiovasculares. En cambio, debe alentarse el consumo de hidratos de carbono complejos (p. ej., verduras, cereales enteros).

Las frutas y las verduras (5 porciones al día) parecen disminuir el riesgo de aterosclerosis coronaria, pero no se comprobó si este efecto es producido por fitoquímicos o por un descenso proporcional de la ingesta de grasas saturadas y un aumento de la ingesta de fibras y vitaminas. Los fitoquímicos denominados flavonoides (presentes en las uvas verdes y rosadas, el vino tinto, el té negro y la cerveza negra) confieren una protección notable; las concentraciones elevadas en el vino tinto pueden ayudar a explicar la incidencia relativamente baja de aterosclerosis coronaria en los franceses, a pesar de que consumen más tacaco y grasas que los estadounidenses. Sin embargo, no hay datos clínicos que confirmen que la ingesta de comidas ricas en flavonoides o suplementos en lugar de alimentos sea eficaz para prevenir la aterosclerosis.

El mayor consumo de fibra reduce la colesterolemia total y puede ejercer un efecto beneficioso sobre la glucemia y la concentración de insulina. Se recomienda consumir al menos 5 a 10 g de fibra soluble (p. ej., salvado de avena, habas, productos de soya, psilio) todos los días con el fin de reducir alrededor de 5% la concentración sanguínea de colesterol unido a LDL. La fibra insoluble (p. ej., celulosa, lignina) no parece afectar la colesterolemia, aunque puede producir otros beneficios en la salud (p. ej., reducción del riesgo de cáncer de colon, tal vez a través de la estimulación de la peristalsis intestinal o de la reducción del tiempo de contacto con los carcinógenos presentes en la dieta). No obstante, el consumo excesivo de fibra también interfiere sobre la absorción de ciertos minerales y vitaminas. En general, los alimentos ricos en fitoquímicos y vitaminas también poseen abundante cantidad de fibras.

El alcohol incrementa la concentración de HDL y tiene propiedades antitrombóticas, antioxidantes y antiinflamatorias que no se definieron con precisión. Estos efectos parecen presentarse en proporciones similares cuando se consume vino, cerveza y bebidas blancas y se producen cuando el consumo es moderado; alrededor de 30 mL de etanol (1 oz, contenido en aproximadamente 2 medidas promedio de las bebidas alcohólicas típicas-ver Fisiopatología) 5 a 6 veces a la semana protege contra la aterosclerosis coronaria. No obstante, el alcohol puede producir problemas de salud significativos. En consecuencia, la relación entre el alcohol y la tasa de mortalidad global adopta una forma de J, con una tasa de mortalidad de valores mínimos en los hombres que consumen < 14 tragos a la semana y en las mujeres que consumen < 9 tragos a la semana. Las personas que consumen grandes cantidades de alcohol deben reducir su consumo. Sin embargo, los médicos no se atreven a recomendar que los no bebedores comiencen a consumir alcohol sobre la base de cualquier aparente efecto protector.

Muy poca evidencia parece confirmar que el suplemento dietético con vitaminas, fitoquímicos y oligoelementos sea capaz de reducir el riesgo de aterosclerosis. Una excepción está constituida por los suplementos de aceite de pescado (ver Hipertrigliceridemia). Si bien los medicamentos alternativos y los alimentos saludables son cada vez más populares y algunos pueden influir sobre la tensión arterial o la colesterolemia, no se confirmó que estos tratamientos sean seguros en todos los casos y, en realidad, pueden interactuar de manera negativa con fármacos de acción comprobada. Las concentraciones de coenzima Q10, necesaria para el funcionamiento celular básico, tienden a disminuir con el paso de los años y pueden ser bajas en pacientes con ciertas cardiopatías y otras enfermedades crónicas, por lo que se implementó o se recomienda el empleo de suplementos de esta coenzima aunque sus efectos terapéuticos sigan siendo controvertidos.

Actividad física

La actividad física regular (p. ej., entre 30 y 45 minutos de caminata, carrera, natación o cliclismo 3 a 5 veces a la semana) reduce la incidencia de algunos factores de riesgo (hipertensión arterial, dislipidemia, diabetes), de enfermedad coronaria (p. ej., de infarto de miocardio) y de muerte, todas complicaciones asociadas con la aterosclerosis en pacientes que experimentaron o no eventos isquémicos previos. No pudo definirse si la asociación es causal o sólo indica que las personas sanas tienen más probabilidades de ejercitarse en forma regular. Tampoco se estableció la intensidad, la duración, la frecuencia y el tipo óptimo de ejercicio que debe realizarse, pero la mayor parte de la evidencia sugiere una relación lineal inversa entre la actividad física aeróbica y el riesgo. La caminata regular aumenta la distancia que los pacientes con enfermedad vascular periférica pueden recorrer sin experimentar dolor.

Se comprobó que el diseño de un programa de ejercicio con componente aeróbico resulta útil para prevenir la aterosclerosis y promover la pérdida de peso (ver Panorama general del ejercicio). Antes de comenzar un nuevo programa de ejercicios, tanto las personas mayores como las que tienen factores de riesgo para desarrollar aterosclerosis o que experimentaron eventos isquémicos en etapa reciente deben someterse a un examen médico. examen médico, con anamnesis, examen físico y evaluación del control de los factores de riesgo.

Antiagregantes plaquetarios

Los antiagregantes plaquetarios que se consumen por vía oral son fundamentales porque la mayor parte de las complicaciones son secundarias a la fisura o a la rotura de la placa, que llevan a la activación plaquetaria y la trombosis. Pueden indicarse los siguientes fármacos:

  • Aspirina

  • Medicamentos derivados de la tienopiridina como clopidogrel, prasugrel y ticagrelor

La aspirina es el antiagregante plaquetario empleado con mayor frecuencia, aunque a pesar de sus beneficios documentados, sigue sin indicarse en todos los pacientes que la necesitan. Debe prescribirse para la prevención secundaria y se recomienda para la prevención primaria de la aterosclerosis coronaria en todos los pacientes con riesgo elevado (p. ej., diabetes con aterosclerosis o sin ella, pacientes con un riesgo 20% de desarrollar eventos cardíacos en los siguientes 10 años). No se estableció la dosis ni la duración óptima del tratamiento, pero en general se indican entre 81 y 325 mg por vía oral 1 vez al día de por vida para la prevención primaria y secundaria. Sin embargo, se prefiere la dosis de 81 mg porque puede minimizar el riesgo de sangrado, en particular cuando se utiliza la aspirina en combinación con otros fármacos antitrombóticos. En el 10 al 20% de los pacientes que toman aspirina para la prevención secundaria, los eventos isquémicos recurren, lo que puede deberse a resistencia al medicamento. La razón puede ser la resistencia a la aspirina; en la actualidad, se evalúan pruebas para detectar pacientes en los que no se suprime el tromboxano (lo que se refleja a través del aumento de la concentración urinaria de 11-dehidrotromboxano B2) para su aplicación clínica.

Cierta evidencia sugiere que el ibuprofeno puede interferir sobre el efecto antitrombótico de la aspirina, de manera que deben recomendarse otros antiinflamatorios no esteroides (AINE) en los pacientes que consumen aspirina con fines preventivos. No obstante, todos los AINE, algunos más que otros, incluso los inhibidores selectivos de la cicloxigenasa-2 (COX-2) (p. ej., rofecoxib), parecen aumentar el riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares.

El clopidogrel (en general, 75 mg/día) puede sustituir a la aspirina cuando el paciente experimenta eventos isquémicos recidivantes tras haberla tomado como medio preventivo o en individuos que no la toleran. La combinación de clopidrogrel con aspirina es eficaz para el tratamiento del infarto agudo de miocardio con supradesnivel del segmento ST y sin supradesnivel de este segmento (ver Clasificación); esta combinación también puede administrarse durante 9 a 12 meses tras una intervención coronaria por vía percutánea para reducir el riesgo de recidiva de los eventos isquémicos. La resistencia a clopidogrel también ocurre. Prasugrel y ticagrelor son medicamentos nuevos y más eficaces que el clopidogrel para la prevención de la enfermedad coronaria en determinados grupos de pacientes.

La ticlopidina ya no se indica ampliamente porque causa neutropenia grave en el 1% de los pacientes y efectos gastrointestinales significativos.

Otros fármacos

Los inhibidores de la ECA, los bloqueantes del receptor de angiotensina II, las estatinas y las tiazolidinedionas (p. ej.,pioglitazona) tienen propiedades antiinflamatorias que reducen el riesgo de aterosclerosis independientemente de sus efectos sobre la tensión arterial, los lípidos y la glucosa.

Los inhibidores de la ECA bloquean los efectos de la angiotensina sobre la disfunción y la inflamación endotelial.

Las estatinas estimulan la síntesis de óxido nítrico, estabilizan las placas ateroscleróticas, reducen la acumulación de lípidos en la pared arterial e inducen la regresión de las placas. El consumo habitual de estatinas para la prevención primaria de eventos isquémicos es controvertido. No obstante, varios estudios controlados respaldan su empleo en pacientes con riesgo muy alto (p. ej., pacientes con diabetes que tienen tensión arterial y lipidemia normal y pacientes con varios factores de riesgo, entre ellos hiperlipidemia o hipertensión arterial). También hay aval para el uso de estatinas en pacientes con LDL normal, pero con PCR aumentada.

Las tiazolidinedionas pueden controlar la expresión de genes proinflamatorios, aunque en estudios recientes se sugirió que pueden aumentar el riesgo de eventos coronarios.

En el pasado, se indicaban 0,8 mg de folato (ácido folínico) por vía oral 2 veces al día para el tratamiento de hiperhomocisteinemia, pero se cree que no reduciría el riesgo de desarrollar eventos coronarios agudos. Las vitaminas B6 y B12 también disminuyen las concentraciones de homocisteína, aunque los datos actuales no justifican su administración aislada ni combinada con folato.

Los antibióticos macrólidos y de otras clases administrados para tratar infecciones crónicas subclínicas por C. pneumoniae (y que pueden así inhibir la inflamación y teóricamente modificar las manifestaciones de la aterosclerosis) no han demostrado ser de utilidad.

Conceptos clave

  • Los factores de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad son la dislipidemia, la diabetes, el tabaquismo, los antecedentes familiares, el estilo de vida sedentario, la obesidad y la hipertensión arterial.

  • Las placas inestables que a menudo causan estenosis < 50% son aún más propensas a romperse y causar trombosis aguda o fenómenos embólicos que las placas estables, que son más grandes.

  • En los pacientes asintomáticos, los estudios de diagnóstico por imágenes para detectar aterosclerosis probablemente no ayuden a predecir eventos isquémicos mejor que la evaluación estándar de los factores de riesgo.

  • Dejar de fumar, hacer ejercicio, comer una dieta baja en grasas saturadas y carbohidratos refinados y alta en fibra y, posiblemente, el consumo de ácidos grasos omega-3 y cantidades moderadas de alcohol ayudan en la prevención y el tratamiento.

  • Los fármacos antiplaquetarios, y dependiendo de los factores del paciente, las estatinas y/o los inhibidores de la ECA también son útiles.

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