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Aneurismas de las ramas de la aorta

Por John W. Hallett, Jr., MD, Clinical Professor of Surgery;Chief Innovation Officer, Medical University of South Carolina;Roper St Francis Healthcare

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Los aneurismas pueden localizarse en cualquier rama importante de la aorta y son mucho menos frecuentes que los de la aorta abdominal o la torácica.

Los factores de riesgo son la aterosclerosis, la hipertensión arterial, el tabaquismo y la edad avanzada. La infección localizada puede conducir al desarrollo de aneurismas micóticos.

Los aneurismas en la arteria subclavia a veces se asocian con costillas cervicales o con síndrome del opérculo torácico.

Los aneurismas de las arterias esplácnicas son infrecuentes. Alrededor del 60% de los aneurismas de este tipo se encuentran en la arteria esplénica, el 20% en la arteria hepática y el 5,5% en la arteria mesentérica superior. Los aneurismas en la arteria esplénica son más frecuentes en las mujeres que en los hombres (4:1). Las causas incluyen displasia fibromuscular de la media, hipertensión portal, embarazos múltiples, traumatismos penetrantes o no penetrantes, pancreatitis e infección. Los aneurismas de la arteria hepática son más frecuentes en los hombres que en las mujeres (2:1) y pueden ser secundarios a un traumatismo abdominal previo, drogadicción intravenosa, degeneración de la capa media de la pared arterial o inflamación periarterial. Los aneurismas de la arteria renal pueden disecarse o romperse y provocar una oclusión aguda (ver Estenosis y oclusión de la arteria renal : Oclusión aguda de la arteria renal).

Signos y síntomas

Los síntomas varían. Los aneurismas de la arteria subclavia pueden causar dolor localizado, sensación pulsátil, trombosis o edema venoso (debido a la compresión de las venas adyacentes), síntomas isquémicos distales, ataques isquémicos transitorios, accidente cerebrovascular o ronquera o compromiso de la función motora y sensitiva (debido a la compresión del nervio laríngeo recurrente o el plexo braquial). Los aneurismas de la arteria mesentérica superior pueden causar dolor abdominal y colitis isquémica.

Independientemente de su localización, los aneurismas micóticos o inflamatorios pueden ocasionar dolor localizado y secuelas de la infección sistémica (p. ej., fiebre, malestar general, pérdida de peso).

Diagnóstico

  • Ecografía o TC

La mayoría de los aneurismas del arco aórtico no se diagnostican antes de la rotura, aunque los aneurismas calcificados asintomáticos u ocultos pueden identificarse en las radiografías o en otros estudios de diagnóstico por la imagen indicados por otras razones. La ecografía o la TC se solicita típicamente para detectar o confirmar los aneurismas del arco aórtico. La angiografía puede utilizarse para evaluar los síntomas distales que serían secundarios al aneurisma o a una embolia.

Tratamiento

  • Reparación abierta o, en ocasiones, colocación de una prótesis intravascular

El tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica y el reemplazo con un injerto. La reparación intravascular se considera una opción adecuada para algunos pacientes. La decisión de reparar un aneurisma asintomático depende del riesgo de rotura, la extensión y la localización del aneurisma y el riesgo perioperatorio.

En los aneurismas en la arteria subclavia, la cirugía puede consistir en la extirpación de una costilla cervical (en caso de detectarla) antes de la reparación y el reemplazo.

En los aneurismas esplácnicos, el riesgo de rotura y de muerte alcanza hasta 10% y es más alto en las mujeres en edad reproductiva y en los pacientes con aneurismas hepáticos (> 35%). En consecuencia, la reparación electiva de los aneurismas esplácnicos está indicada en las mujeres en edad reproductiva, en los pacientes de otros grupos etarios con aneurismas sintomáticos y en los individuos con aneurismas hepáticos. La reparación de los aneurismas esplénicos puede consistir en la ligadura sin reconstrucción arterial o en la exclusión del aneurisma con reconstrucción vascular. En función de la localización del aneurisma, puede ser necesaria una esplenectomía.

El tratamiento de los aneurismas micóticos consiste en antibioticoterapia agresiva destinada al microorganismo patógeno específico. En general, estos aneurismas también deben repararse quirúrgicamente.