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Dolor torácico

Por Lyall A. J. Higginson, MD, Professor of Medicine, University of Ottawa Heart Institute

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para pacientes

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El dolor torácico es una molestia muy frecuente. Muchos pacientes son concientes de la amenaza potencial asociada con este síntoma y consultan ante la mínima molestia. Otros, incluso muchos individuos con enfermedades graves, minimizan o ignoran esta advertencia. La percepción del dolor (tanto sus características como su gravedad) varía significativamente en los distintos individuos y también en ambos sexos. Independientemente de la manera en que se describa, no se debe restar importancia al dolor torácico sin explicar su causa.

Fisiopatología

El corazón, los pulmones, el esófago y los grandes vasos proporcionan información aferente a través de los ganglios autónomos torácicos. Un estímulo doloroso que se origina en estos órganos se percibe en general como procedente del tórax, aunque como todas las fibras nerviosas aferentes llegan a los ganglios dorsales, el dolor torácico también puede percibirse (como dolor referido) en algún otro sitio entre el ombligo y el oído, incluidos los miembros superiores.

Los estímulos dolorosos provenientes de los órganos torácicos pueden causar molestias descritas como opresión, desgarro, distensión con necesidad urgente de eructar, indigestión, pirosis, dolor sordo, dolor punzante y, a veces, dolor agudo similar al del pinchazo de una aguja. Muchos pacientes con molestias de origen visceral niegan haber tenido dolor e insisten en que es una simple “molestia”.

Etiología

Muchos trastornos causan dolor o molestias torácicas. Estas enfermedades pueden comprometer el aparato cardiovascular, el aparato digestivo, los pulmones o el sistema musculoesquelético ver Algunas causas de dolor torácico).

Algunas enfermedades inmediatamente mortales:

  • Síndromes coronarios agudos (infarto agudo de miocardio/angina inestable)

  • Disección de la aorta torácica

  • Neumotórax a tensión o hipertensivo

  • Rotura esofágica

  • Embolia pulmonar

Otras causas incluyen desde trastornos graves y mortales hasta otros que simplemente molestos. A menudo, no es posible confirmar una causa, incluso después de una evaluación completa.

Globalmente, las causas más frecuentes son

  • Enfermedades de la pared torácica (que afectan los músculos, las costillas o los cartílagos)

  • Enfermedades pleurales

  • Enfermedades gastrointestinales (p. ej., reflujo o espasmo esofágico, enfermedad ulcerosa, colelitiasis)

  • Idiopática

  • Síndromes coronarios agudos y angina estable

Algunas causas de dolor torácico

Causa*

Hallazgos sugestivos

Abordaje diagnóstico

Cardiovasculares

1Isquemia miocárdica (infarto agudo de miocardio [IAM]/angina inestable/angina)

Dolor compresivo agudo, que irradia a la mandíbula o el brazo

Dolor durante el ejercicio, que se alivia con el reposo (angina de pecho)

S4 galope

A veces soplos sistólicos de insuficiencia mitral

A menudo, signos de alarma

ECG seriados y marcadores cardíacos; internación o conducta expectante

Prueba de diagnóstico por imágenes con estrés o angiotomografía computarizada en pacientes sin hallazgos sospechosos en el ECG ni aumento de las concentraciones de los marcadores cardíacos

Si se identifican signos compatibles, cateterismo cardíaco y angiografía coronaria

1Disección de la aorta torácica

Dolor súbito desgarrante que irradia a la espalda

Algunos pacientes presentan síncope, accidente cerebrovascular o isquemia en las piernas

Pulsos o tensión arterial que pueden ser diferentes en los miembros

Edad > 55

Hipertensión

Signos de alarma

Radiografía de tórax con hallazgos compatibles con el diagnóstico

Tomografía computarizada (TC) con contraste de la aorta para confirmar

Ecocardiograma transesofágico

2Pericarditis

Dolor agudo constante o intermitente, a menudo agravado por la respiración, la deglución de alimentos o el decúbito supino y que se alivia cuando el paciente se sienta inclinado hacia adelante

Roce pericárdico

Distensión de la vena yugular

El ECG suele confirmar el diagnóstico

Marcadores cardíacos séricos (en ocasiones muestran un aumento mínimo en los niveles de troponina y CPK)

Ecocardiografía transtorácica

2Miocarditis

Fiebre, disnea, fatiga, dolor torácico (si hay miopericarditis), infección reciente de etiología viral o de otro tipo

En ocasiones, hallazgos compatibles con insuficiencia cardíaca, pericarditis o ambas

ECG

Marcadores cardíacos séricos

Eritrosedimentación

Proteína C reactiva

En general, ecocardiografía

Gastrointestinales

1Rotura esofágica

Dolor súbito intenso después del vómito o la instrumentación (p. ej., esofagogastroscopia o ecocardiografía transesofágica)

Crepitantes subcutáneos detectados durante la auscultación

Múltiples signos de alarma

Radiografía de tórax

Esofagografía con medio de contraste hidrosoluble para la confirmación del diagnóstico

2Pancreatitis

Dolor en el epigastrio o en la parte inferior del tórax, que a menudo empeora en decúbito y se alivia al inclinarse hacia adelante

Vómitos

Hipersensibilidad a la palpación del hipogastrio

Shock

Con frecuencia, antecedentes de alcoholismo o de enfermedad biliar

Lipasa sérica

En ocasiones, TC de abdomen

3Úlcera péptica

Molestias sordas recurrentes en el epigastrio o el cuadrante superior derecho del abdomen en un paciente que fuma o consume alcohol en forma excesiva; alivio de las molestias con los alimentos, los antiácidos o ambos

Sin signos de alarma

Evaluación clínica

A veces, endoscopia

En ocasiones, prueba para detectar Helicobacter pylori

3Reflujo esofágico

Ardor (pirosis) recurrente que irradia desde el epigastrio hacia la garganta, se exacerba con el decúbito ventral o la flexión hacia abajo y se alivia con antiácidos

Evaluación clínica

A veces, endoscopia

A veces, estudios de motilidad

3Enfermedad biliar

Molestias recurrentes en el cuadrante superior derecho del abdomen o el epigastrio después de las comidas (pero no con los esfuerzos)

Ecografía de la vesícula biliar

3Trastornos de la motilidad esofágica

Dolor de evolución prolongada y comienzo insidioso que puede asociarse o no con la deglución

Usualmente también dificultad para deglutir.

Trago de bario (radiografía de esófago, estómago y duodeno con contraste de bario)

Pulmonares

1Embolia pulmonar

Con frecuencia, dolor pleurítico, disnea, taquicardia

A veces, febrícula, hemóptisis, shock

Más probable cuando hay factores de riesgo presentes ( Regla para la predicción clínica del diagnóstico de embolia pulmonar)

Varía de acuerdo con la sospecha clínica (ver figura Algoritmo para la evaluación de la embolia pulmonar.)

1Neumotórax a tensión

Disnea significativa, hipotensión arterial, distensión de las venas del cuello, disminución del murmullo vesicular e hiperresonancia a la percusión unilateral

En ocasiones, enfisema subcutáneo

En general es clínico

Evidente en la radiografía de tórax

2Neumonía

Fiebre, escalofríos, tos y esputo purulento

A menudo, disnea, taquicardia, signos de consolidación

Radiografía de tórax

2Neumotórax

A veces, disminución unilateral del murmullo vesicular, enfisema subcutáneo

Radiografía de tórax

3Pleuritis

Puede presentarse después de una neumonía, una embolia pulmonar o una infección respiratoria viral

Dolor al respirar, con la tos

Examen normal

En general, evaluación clínica

Otros

3Dolor musculoesquelético en la pared torácica (p.ej., debido a traumatismos, desgaste o costocondritis)

A menudo, sugerido por los antecedentes

El dolor típico persiste (varios días o más tiempo) y empeora con los movimientos pasivos y activos

Hipersensibilidad a la palpación generalizada o localizada

Evaluación clínica

3Fibromialgia

Dolor casi constante, que afecta a múltiples áreas del cuerpo, así como el pecho

Por lo general, fatiga y falta de sueño

Múltiples puntos gatillo

Evaluación clínica

2Diversos cánceres torácicos

Variable

En ocasiones, tos crónica, antecedentes de tabaquismo, signos de enfermedad crónica (pérdida de peso, fiebre), adenopatías cervicales

Radiografía de tórax

TC de tórax si los hallazgos en la radiografía son sospechosos

Considerar gammagrafía ósea para el dolor costal localizado y persistente

3Infección por herpes zóster

Dolor agudo en forma de banda en la región media del tórax unilateral

Exantema vesiculoso lineal clásico

El dolor puede preceder en varios días al exantema

Evaluación clínica

3Idiopático

Diversas características

Sin signos de alarma

Diagnóstico de exclusión

* La severidad de las causas varía según se indica:

1Amenaza inmediata para la vida.

2Amenaza potencial para la vida.

3Molesta, pero en general no peligrosa.

En la mayoría de los pacientes con dolor torácico, debe solicitarse oximetría de pulso, electrocardiograma (ECG) y radiografía de tórax (pruebas básicas). Si se sospecha una isquemia coronaria, también deben medirse las concentraciones séricas de marcadores cardíacos (troponina, creatina cinasa [CPK]).

Las señales de alarma están representadas por los signos vitales anormales (taquicardia, bradicardia, taquipnea, hipotensión arterial), los signos de hipoperfusión (p. ej., confusión, cianosis, sudoración), la disnea, el murmullo vesicular o los pulsos asimétricos, la aparición de soplos nuevos o el pulso paradójico > 10 mm Hg.

S4= cuarto ruido cardíaco.

Evaluación

Anamnesis

Antecedentes de la enfermedad actual: deben investigarse la ubicación, las características y la calidad del dolor. Se debe preguntar al paciente si notó eventos precipitantes (p. ej., esfuerzos o uso excesivo de los músculos torácicos), y también factores que agraven y que alivien el dolor. Los factores específicos que deben buscarse son el dolor que se presenta durante el ejercicio o el reposo, el estrés psicológico, la respiración o la tos, las dificultades durante la deglución, la relación con las comidas y las posiciones que alivian o exacerban el dolor (p. ej., el decúbito, la inclinación hacia adelante). Debe prestarse atención a antecedentes de episodios similares y las circunstancias en que sucedieron, con énfasis especial en las similitudes o las diferencias con el episodio actual. Los síntomas importantes asociados con el cuadro que deben investigarse abarcan disnea, palpitaciones, síncope, sudoración, náuseas o vómitos, tos, fiebre y escalofríos.

Revisión por aparatos y sistemas:, deben investigarse síntomas de posibles causas, como dolor o edema en las piernas (trombosis venosa profunda [TVP] y, por ende, posible tromboembolia pulmonar), y debilidad crónica, malestar y pérdida de peso (cáncer).

Antecedentes médicos: deben documentarse las causas conocidas, en particular trastornos cardiovasculares y gastrointestinales, y deben realizarse otras pruebas o procedimientos cardíacos (p. ej., prueba de estrés, cateterismo). Asimismo, deben examinarse los factores de riesgo para desarrollar enfermedad coronaria (p. ej., hipertensión arterial, hiperlipidemia, diabetes, enfermedad cerebrovascular, tabaquismo) o embolia pulmonar (p. ej., lesión del miembro inferior, cirugía reciente, inmovilización, cáncer documentado, embarazo).

Es preciso registrar el consumo de fármacos que puedan desencadenar un espasmo de la arteria coronaria (p. ej., cocaína, triptanos, inhibidores de la fosfodiesterasa) o una enfermedad gastrointestinal (en forma específica, alcohol, antiinflamatorios no esteroides [AINE]).

Respecto de los antecedentes familiares, deben identificarse miembros de la familia con infarto de miocardio (en particular entre familiares de primer grado y a una a edad temprana, <55 años en hombres y < 60 en mujeres) e hiperlipidemia.

Examen físico

Deben medirse los signos vitales y calcularse el índice de masa corporal (IMC). Hay que palpar los pulsos en ambos brazos y piernas, medir la tensión arterial en los dos brazos y buscar un pulso paradójico.

También debe evaluarse el aspecto general del paciente (p. ej., palidez, sudoración, cianosis, ansiedad).

Luego, debe inspeccionarse el cuello para identificar distensiones venosas y reflujo hepatoyugular y analizar la forma de la onda venosa. El cuello debe palparse para detectar pulsos carotídeos, adenopatías o trastornos tiroideos. Las arterias carótidas deben auscultarse para identificar soplos.

A continuación, es preciso percutir y auscultar los pulmones para confirmar que el murmullo vesicular sea normal y simétrico, detectar signos de congestión (rales secos o húmedos, roncus), de consolidación (pectoriloquia), roces pleurales y derrames (disminución del murmullo vesicular, matidez a la percusión).

El examen cardíaco debe evaluar la intensidad y la ubicación del primer ruido cardíaco (S1) y el segundo ruido cardíaco (S2), el movimiento respiratorio del componente pulmonar de S2, chasquidos y ruidos asociados con la válvula mitral, roces o frotes pericárdicos, soplos y ritmos de galope. Cuando se detectan soplos, deben definirse su localización, duración, tono, forma e intensidad, y también la respuesta a los cambios de posición, sitio de auscultación y maniobras de Valsalva. En el paciente con ritmo de galope, debe distinguirse un cuarto ruido (S4), que a menudo se asocia con disfunción diastólica o isquemia miocárdica, de un tercer ruido (S3), que se manifiesta en individuos con disfunción sistólica.

Luego se inspecciona el tórax para identificar lesiones cutáneas generadas por traumatismos o infección por herpes zóster, que a continuación se palpa en busca de crepitantes (que sugieren un enfisema subcutáneo) e hipersensibilidad a la palpación. El abdomen se palpa en busca de dolor a la palpación, organomegalias y tumores, sobre todo el epigastrio y el cuadrante superior derecho.

Acto seguido, se examinan las piernas para identificar los pulsos arteriales, determinar si la perfusión es adecuada, buscar edema, várices venosas y signos de trombosis venosa profunda (p. ej., edema, eritema, hipersensibilidad a la palpación).

Signos de alarma

Algunos signos hacen sospechar una causa más grave del dolor torácico:

  • Signos vitales anormales (taquicardia, bradicardia, taquipnea, hipotensión arterial)

  • Signos de hipoperfusión (p. ej., confusión, cianosis, sudoración)

  • Disnea

  • Hipoxemia en la oximetría de pulso

  • Murmullo vesicular o pulsos asimétricos

  • Soplos cardíacos de comienzo reciente

  • Pulso paradójico > 10 mm Hg

Interpretación de los hallazgos

Los signos y síntomas de los trastornos torácicos varían mucho, y los de enfermedades graves muchas veces se superponen con los de enfermedades leves. Si bien los signos de alarma indican que el paciente tiene grandes probabilidades de tener una enfermedad grave y muchos trastornos se manifiestan en su forma “clásica” (ver Algunas causas de dolor torácico), muchos pacientes con enfermedades graves no presentan estos signos y síntomas. Por ejemplo, aquellos con isquemia miocárdica pueden presentar síntomas sólo de indigestión o una gran hipersensibilidad a la palpación de la pared torácica. El médico debe tener en mente esta probabilidad cuando evalúa al paciente con dolor torácico. No obstante, es posible realizar algunas distinciones y generalizaciones.

La duración del dolor puede aportar claves acerca de la gravedad de la enfermedad. El dolor de larga data (es decir, de varias semanas o meses de evolución) no es una manifestación de una enfermedad que represente una amenaza inmediata para la vida. Este tipo de dolor suele ser de origen musculoesquelético, aunque también debe considerarse el origen gastrointestinal o un cáncer, sobre todo en pacientes ancianos. De la misma manera, el dolor agudo breve (< 5 segundos) e intermitente rara vez es secundario a una enfermedad grave. Los trastornos graves se manifiestan normalmente con un dolor que dura entre varios minutos y horas, si bien puede recidivar (p. ej., la angina inestable puede causar varios episodios de dolor durante uno o varios días).

La edad del paciente representa un dato útil al evaluar el dolor torácico, dado que cuando aparece en niños y adultos jóvenes (< 30 años) tiene menos probabilidades de proceder de una isquemia miocárdica, aunque ha habido casos de infarto de miocardio en la tercera década de la vida. En estos grupos etarios, las enfermedades del sistema musculoesquelético y pulmonares son las causas frecuentes de dolor torácico.

La exacerbación y el alivio de los síntomas también son cualidades útiles para evaluar el dolor torácico. Aunque el dolor anginoso puede sentirse en cualquier sitio entre la oreja y el ombligo (y a menudo no en el tórax), en general se relaciona consistentemente con un esfuerzo físico o un estrés emocional (es decir, los pacientes no presentan angina al subir un tramo de escaleras un día y toleran tres tramos de escaleras al día siguiente). La angina nocturna es característica de los síndromes coronarios agudos, la insuficiencia cardíaca o del espasmo de la arteria coronaria.

El dolor producido por diversos trastornos, tanto graves como menores, puede exacerbarse con la respiración, los movimientos o la palpación del tórax. Estos hallazgos no indican el origen específico en la pared torácica, aunque alrededor del 15% de los individuos con infarto agudo de miocardio presenta hipersensibilidad a la palpación.

La nitroglicerina puede aliviar tanto el dolor de la isquemia miocárdica como el del espasmo del músculo liso no cardíaco (p. ej., enfermedades esofágicas o biliares); su eficacia o falta de respuesta no debe utilizarse para el diagnóstico.

Los hallazgos asociados también pueden sugerir una causa. La fiebre es inespecífica pero, si se asocia con tos, indica una causa pulmonar. Los pacientes con síndrome de Raynaud o cefaleas migrañosas a veces presentan un espasmo coronario.

La identificación de factores de riesgo para enfermedad coronaria (p. ej., hipertensión arterial, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad, diabetes, antecedentes familiares positivos-ver Revisión de la enfermedad coronaria : Factores de riesgo) inclina al médico hacia una enfermedad coronaria subyacente, pero no ayuda a diagnosticar la causa de un episodio de dolor torácico agudo. Los pacientes con estos factores pueden tener otra causa de dolor torácico y los que no los presentan pueden estar cursando en realidad un síndrome coronario agudo. Sin embargo, en un paciente con dolor y enfermedad coronaria se considera el diagnóstico cardíaco como primera posibilidad (en particular si el individuo describe los síntomas como “parecidos a los de la angina” o “como mi último ataque cardíaco”). Un antecedente de enfermedad vascular periférica también plantea la posibilidad de que la angina de pecho sea la causa del dolor torácico.

Estudios complementarios

En los adultos con dolor torácico agudo, deben excluirse amenazas inmediatas para la vida. En un principio, en la mayoría de los pacientes es necesario realizar una oximetría de pulso, un ECG y una radiografía de tórax. Si los síntomas sugieren un síndrome coronario agudo o no se encuentra otra causa evidente (en particular en pacientes con riesgo elevado), deben medirse las concentraciones de troponina. Si se considera que el paciente puede presentar una embolia pulmonar, debe medirse el dímero-D. La valoración rápida es esencial porque si está presente un infarto de miocardio u otro síndrome coronario agudo, el paciente debe ser considerado para el cateterismo cardíaco urgente (cuando esté disponible).

Algunos hallazgos anormales en estas pruebas confirman un diagnóstico (p. ej., infarto agudo de miocardio, neumotórax, neumonía), mientras que otros sugieren un Otras anormalidades sugieren un diagnóstico o al menos la necesidad de realizar otras pruebas (p. ej., un contorno aórtico anormal en la radiografía de tórax sugiere la necesidad de indicar una prueba para detectar una disección de la aorta torácica). En consecuencia, si los resultados de estas pruebas son normales, lo más probable es que el paciente no presente una disección de la aorta torácica, un neumotórax a tensión o una rotura esofágica. No obstante, en los síndromes coronarios agudos, el ECG puede no sufrir cambios hasta varios horas después o, en ocasiones, puede no modificarse y, en la embolia pulmonar, la oxigenación puede ser normal. En consecuencia, pueden requerirse otros estudios en función de los hallazgos en la anamnesis y el examen físico (ver Algunas causas de dolor torácico).

Dado que una sola serie normal de marcadores cardíacos no excluye una cardiopatía, en los pacientes con síntomas sospechosos de síndrome coronario agudo deben solicitarse mediciones seriadas del marcador cardíaco troponina y ECG seriados al menos cada 6 horas. Algunos médicos solicitan (en la fase aguda o varios días después) un ECG de estrés o una prueba de diagnóstico por la imagen de esfuerzo. El tratamiento farmacológico se inicia mientras se aguardan los resultados de la segunda determinación del nivel de troponina, salvo que el paciente tenga una contraindicación absoluta para recibirlos. Una prueba diagnóstica con nitroglicerina sublingual o un antiácido líquido por vía oral no permite diferenciar en forma adecuada una isquemia miocárdica de un reflujo gastroesofágico o una gastritis. Cualquiera de estos fármacos puede aliviar los síntomas de las dos enfermedades. La troponina aumenta en todos los síndromes coronarios agudos que causan lesión cardíaca y frecuentemente también en otros trastornos que lesionan el miocardio (p. ej., miocarditis, pericarditis, disección aórtica que compromete el flujo en la arteria coronaria, embolia pulmonar, insuficiencia cardíaca y sepsis grave). La concentración de CPK puede aumentar como resultado de la lesión de cuaqluier músculo, pero la elevación de la concentración de CPK-MB es específica de la lesión del miocardio. Sin embargo, la troponina es ahora el marcador estándar de las lesiones del músculo cardíaco. Los trastornos del segmento ST en el ECG pueden ser inespecíficos o deberse a enfermedades previas, de manera que la comparación con ECG previos es importante.

La probabilidad de que el paciente presente una embolia pulmonar depende de numerosos factores (ver Regla para la predicción clínica del diagnóstico de embolia pulmonar), que pueden utilizarse en un algoritmo (ver figura Algoritmo para la evaluación de la embolia pulmonar.) para el diagnóstico.

En los pacientes con dolor torácico crónico, la amenaza inmediata para la vida del paciente es poco probable. La mayoría de los médicos solicitan radiografías de tórax en el momento de la presentación inicial e indican otras pruebas sobre la base de los signos y síntomas del paciente.

Regla para la predicción clínica del diagnóstico de embolia pulmonar

I. Establecer la probabilidad clínica (sumar puntos para determinar la puntuación total y, así, la probabilidad).

Riesgo clínico

Puntos

Signos y síntomas clínicos de TVP (edema objetivo de la pierna, dolor a la palpación)

3

Embolia pulmonar tan probable o más probable que un diagnóstico alternativo

3

Frecuencia cardíaca > 100 latidos/minuto

1,5

Inmovilización 3 días

1,5

Cirugía en las 4 semanas previas

1,5

TVP o EP previa

1,5

Hemoptisis

1

Neoplasia maligna (incluso en pacientes que finalizaron un tratamiento antineoplásico dentro de los 6 meses anteriores)

1

Puntuación total

Probabilidad

> 6

Elevado

2–6

Moderada

< 2

Bajo

II. Utilizar la probabilidad previa a la prueba para determinar los estudios complementarios.

TVP = trombosis venosa profunda; EP = embolia pulmonar; V/Q = ventilación/perfusión.

Algoritmo para la evaluación de la embolia pulmonar.

Usar la probabilidad previa a la prueba en esta evaluación.

Tratamiento

Los trastornos específicos identificados deben recibir tratamiento. Si no es posible confirmar que la etiología es benigna, los pacientes suelen tener que internarse o suele indicarse la observación en una unidad de monitorización cardíaca con el fin de implementar otras pruebas más avanzadas. Los síntomas se tratan con paracetamol u opiáceos según se considere necesario (ver Revisión sobre el dolor), en espera del diagnóstico. El alivio del dolor después del tratamiento con opiáceos no debe disminuir la urgencia de la evaluación para descartar una enfermedad grave y mortal.

Geriatría

La probabilidad de que se produzca una enfermedad grave que ponga en peligro la vida aumenta con la edad. Muchos ancianos se recuperan más lentamente que los más jóvenes, pero sobreviven durante bastante tiempo si reciben un diagnóstico y un tratamiento apropiados. Las dosis de los fármacos que deben recibir suelen ser más bajas y la rapidez con que deben incrementarse las dosis suele ser menor. Estos individuos tienen más probabilidades de presentar enfermedades crónicas (p. ej., disminución de la función renal), que pueden complicar el diagnóstico y el tratamiento.

Conceptos clave

  • En primer lugar, deben excluirse los cuadros que amenazan la vida del paciente.

  • Algunos trastornos graves, en particular la isquemia coronaria y la embolia pulmonar, a menudo no se manifiestan de la manera clásica.

  • En la mayoría de los pacientes, debe solicitarse oximetría de pulso, ECG, marcadores cardíacos y radiografía de tórax.

  • Los pacientes deben evaluarse en forma urgente, de manera que los que presenten un infarto de miocardio con supradesnivel del segmento ST puedan trasladarse al centro de cateterismo (o someterse a una trombólisis) en los siguientes 90 minutos.

  • Si el paciente tiene grandes probabilidades de tener una embolia pulmonar, debe recibir fármacos antitrombínicos mientras se confirma el diagnóstico, dado que otra embolia en un paciente que no recibe anticoagulantes puede ser letal.

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