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Estructura y función del hígado

Por Steven K. Herrine, MD, Professor of Medicine, Division of Gastroenterology and Hepatology ;Vice Dean for Academic Affairs, Thomas Jefferson University;Sidney Kimmel Medical College

Información:
para pacientes

El hígado es un órgano metabólicamente complejo. Los hepatocitos (células parenquimatosas del hígado) desempeñan las funciones metabólicas de este órgano:

  • Formación y excreción de bilis durante el metabolismo de la bilirrubina (ver Generalidades del metabolismo de la bilirrubina)

  • Regulación de la homeostasis de los carbohidratos

  • Síntesis de lípidos y secreción de lipoproteínas plasmáticas

  • Control del metabolismo del colesterol

  • Síntesis de urea, albúmina sérica, factores de coagulación, enzimas y varias otras proteínas

  • Metabolismo o detoxificación de fármacos y otras sustancias extrañas

En la célula, las tríadas portales están compuestas por ramas terminales paralelas y adyacentes de conductos biliares, venas porta y arterias hepáticas que limitan a los hepatocios (ver figura Organización del hígado). Las ramas terminales de las venas hepáticas se encuentran en el centro de los lobulillos hepáticos. Como la sangre fluye desde las tríadas portales a través de los hepatocitos y drena en el centro del lobulillo a través de ramas venosas, el centro del lobulillo es el área más susceptible a experimentar isquemia.

Organización del hígado

El hígado está formado por lobulillos que rodean a las ramas terminales de la vena hepática. Entre los lobulillos se encuentran las tríadas portales. Cada tríada consta de ramas de un conducto biliar, una vena porta y una arteria hepática.

Fisiopatología

Los trastornos hepáticos pueden producirse como consecuencia de diversas noxas, como por ejemplo infecciones, fármacos, toxinas, isquemia y trastornos autoinmunitarios. En ocasiones, los trastornos hepáticos se desarrollan después de una cirugía (ver Disfunción hepática posoperatoria). La mayor parte de las hepatopatías causa cierto grado de lesión y necrosis hepatocelular, que se asocia con alteraciones en las pruebas de laboratorio y, a veces, síntomas que podrían ser el resultado de la hepatopatía propiamente dicha (p. ej., ictericia secundaria a hepatitis aguda) o complicaciones de la hepatopatía (p. ej., hemorragia digestiva aguda causada por cirrosis e hipertensión portal).

A pesar de la necrosis, el hígado puede regenerarse a sí mismo. Incluso la necrosis extensa en parches podría recuperarse por completo (p. ej., en la hepatitis viral aguda). No obstante, las lesiones que se extienden a través de todo el lóbulo o menos pronunciadas pero persistentes pueden ocasionar regeneración incompleta y fibrosis.

Ciertas enfermedades específicas afectan de manera predominante estructuras o funciones hepatobiliares específicas (p. ej., la hepatitis viral aguda se manifiesta en forma principal con lesión de los hepatocitos o daño hepatocelular, cirrosis biliar primaria, compromiso de la secreción biliar y cirrosis criptogénica, fibrosis hepática e hipertensión venosa portal resultante). La porción del sistema hepatobiliar afectada determina los síntomas, los signos y las alteraciones de las pruebas de laboratorio (ver Pruebas para trastornos hepáticos y biliares). Algunas enfermedades (p. ej., hepatopatía alcohólica grave) afectan múltiples estructuras hepáticas, lo que produce una combinación de patrones de síntomas, signos y alteraciones de las pruebas de laboratorio.

El pronóstico de las complicaciones graves es peor en los adultos mayores, que son menos capaces de recuperarse del estrés fisiológico intenso y de tolerar la acumulación de productos tóxicos.

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