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Linfomas primarios cerebrales

Por Roy A. Patchell, MD, , Director, Neuro Oncology, National Brain Tumor Center, Capital Institute for Neurosciences at Capital Health

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Los linfomas primarios cerebrales se originan en el tejido nervioso y suelen ser tumores de células B. El diagnóstico requiere técnicas de neuroimagen y, en ocasiones, un análisis del LCR (que incluye títulos de virus de Epstein-Barr) o una biopsia cerebral. El tratamiento incluye corticoides, quimioterapia y radioterapia.

La incidencia de linfomas encefálicos primarios está aumentando, sobre todo entre los pacientes inmunodeprimidos y en los ancianos. Los linfomas suelen infiltrar el encéfalo en forma difusa, a menudo como masas multicéntricas adyacentes a los ventrículos, pero pueden aparecer también como masas encefálicas solitarias. Los linfomas también pueden aparecer en las meninges, la úvea o el humor vítreo. La mayoría son tumores de células B, a menudo inmunoblásticos. El virus de Epstein-Barr puede contribuir al desarrollo de linfomas en los pacientes inmunocomprometidos. La mayoría de los pacientes no desarrollan un linfoma sistémico posterior.

Diagnóstico

  • RM

  • A veces, análisis del LCR o biopsia

La RM puede sugerir el diagnóstico. Esta técnica no siempre es capaz de distinguir un linfoma de la toxoplasmosis cerebral (que es frecuente en los pacientes con sida).

Si existen signos meníngeos, se examina el LCR; puede contener células linfomatosas. En los pacientes inmunodeprimidos, puede detectarse DNA del virus de Epstein-Barr en el LCR. Si no suceden ninguna de estas dos cosas, es necesario realizar una biopsia a cielo abierto o por punción y aspiración. Como en sus primeras fases el linfoma es muy sensible a los corticoides, la administración de estos fármacos inmediatamente antes de la biopsia puede hacer que desaparezca la lesión y dar lugar a un resultado falso negativo.

Tratamiento

  • Corticoides

  • Quimioterapia

  • Radioterapia

La mayoría de los linfomas primarios cerebrales son difíciles de curar porque infiltran el cerebro de forma difusa. Habitualmente, los corticoides producen una rápida mejoría al inicio. Muchos regímenes quimioterápicos, sobre todo los que contienen metotrexato (administrado en infusión IV en altas dosis), son eficaces; con el metotrexato, la mediana de la supervivencia puede aproximarse a los 4 años. También se puede usar la vía intratecal, en general mediante un dispositivo intraventricular (reservorio de Ommaya). A veces, se realiza una infusión del fármaco en la arteria carótida después de inducir una anestesia general y administrar manitol al 25% para abrir la barrera hematoencefálica.

Los regímenes quimioterápicos pueden ser seguidos de radioterapia, habitualmente después de 12 a 16 semanas, pero a veces se difiere hasta que el tumor recidive. Este diferimiento ayuda a reducir la toxididad por radiación.