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Ototoxicidad inducida por fármacos

Por Lawrence R. Lustig, MD, New York Presbyterian Hospital/Columbia University Medical Center

Información:
para pacientes

Muchos son los fármacos que pueden ser ototóxicos (véase Algunos fármacos que causan ototoxicidad).

Los factores que afectan la ototoxicidad incluyen la dosis, la duración del tratamiento, la insuficiencia renal concurrente, la velocidad de infusión, la dosis a lo largo de la vida, la administración simultánea con otros fármacos con potencial ototóxico y la susceptibilidad genética. Los fármacos ototóxicos no deben utilizarse para aplicación ótica tópica cuando la membrana timpánica está perforada, porque pueden difundir al oído interno.

La estreptomicina tiende a causar más daño en la porción vestibular que en la porción auditiva del oído interno. Si bien el vértigo y la dificultad para mantener el equilibrio tienden a ser transitorios, la pérdida marcada de la sensibilidad vestibular puede persistir, a veces en forma permanente. Esta pérdida provoca dificultad para caminar, sobre todo en la oscuridad, y oscilopsia (sensación de que el entorno rebota con cada paso). Alrededor del 4 al 15% de los pacientes que reciben 1 g/día durante > 1 semana desarrolla hipoacusia mensurable, que en general sucede después de un período latente breve (7 a 10 días) y empeora lentamente si el tratamiento continúa. Puede llegar a producir sordera completa y permanente.

De todos los antibióticos, la neomicina es el que tiene el mayor efecto cocleotóxico. Cuando se administran grandes dosis por vía oral o por irrigación colónica para la esterilización intestinal, puede absorberse una cantidad suficiente como para afectar la audición, sobre todo si existen lesiones de la mucosa. La neomicina no debe utilizarse para la irrigación de herida ni para la irrigación intrapleural o intraperitoneal, porque grandes cantidades del fármaco pueden ser retenidas y absorbidas, causando sordera. La kanamicina y la amikacina tienen un potencial cocleotóxico cercano al de la neomicina y pueden causar hipoacusia profunda y permanente sin alterar el equilibrio. La viomicina produce toxicidad tanto vestibular como coclear. La gentamicina y la tobramicina tienen toxicidad vestibular y coclear y causan deterioro en el equilibrio y la audición.

La vancomicina puede causar hipoacusia, sobre todo en presencia de insuficiencia renal.

Los fármacos quimioterápicos (antineoplásicos), sobre todo los que contienen platino (cisplatino y carboplatino), pueden causar acúfenos e hipoacusia. Esta última puede ser profunda y permanente, que aparece enseguida después de la primera dosis, o puede retrasarse hasta varios meses después de finalizar el tratamiento. La hipoacusia neurosensorial afecta de manera bilateral, es progresiva y permanente.

El ácido etacrínico y la furosemida administrados por vía IV han causado hipoacusia profunda y permanente en pacientes con insuficiencia renal que han estado recibiendo antibióticos aminoglucósidos.

Los salicilatos en dosis altas (> 12 comprimidos de 325 mg de aspirina por día) causan hipoacusia y acúfenos en forma transitoria. La quinina y sus sustitutos sintéticos también pueden causar hipoacusia transitoria.

Algunos fármacos que causan ototoxicidad

Tipo

Ejemplos

Antibióticos

Aminoglucósidos

Vancomicina

Fármacos quimioterápicos

Fármacos que contienen platino (p. ej., cisplatino)

Diuréticos

Ácido etacrínico

Furosemida

Otros

Quinina

Salicilatos

Prevención

Durante el embarazo, deben evitarse los antibióticos ototóxicos. Los ancianos y las personas con hipoacusia preexistente no deben ser tratados con fármacos ototóxicos si se dispone de otros fármacos eficaces. Debe usarse la menor dosis eficaz de fármacos ototóxicos y las concentraciones deben ser monitorizadas de cerca. Si es posible, antes del tratamiento con un fármaco ototóxico debe medirse la audición y luego, monitorizarla durante el tratamiento; los síntomas no son signos de advertencia fiables.

Conceptos clave

  • Los medicamentos pueden causar pérdida de la audición, desequilibrio y/o acúfenos.

  • Entre los fármacos comunes se incluyen los aminoglucósidos, los quimioterápicos con platino y los salicilatos.

  • Los síntomas pueden ser transitorios o permanentes.

  • Se deben interrumpir los medicamentos si es posible, pero no existe un tratamiento específico.

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