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Principios del tratamiento oncológico

Por Bruce A. Chabner, MD, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital Cancer Center ; Elizabeth Chabner Thompson, MD, MPH, New York Group for Plastic Surgery

Tratar el cáncer es uno de los aspectos más complejos de la atención médica. Requiere el trabajo conjunto de un equipo formado por distintos especialistas (por ejemplo, médicos de atención primaria, ginecólogos u otros especialistas, oncólogos, radioterapeutas, cirujanos y anatomopatólogos) y muchos otros profesionales de la salud (por ejemplo, personal de enfermería, radioterapeutas, fisioterapeutas, trabajadores sociales y farmacéuticos).

Al tomar decisiones terapéuticas se tienen en cuenta muchos factores, entre los que se incluyen la probabilidad de curación o, cuando esta no es posible, la prolongación de la vida, el efecto del tratamiento en los síntomas, los efectos secundarios del tratamiento y las preferencias personales. Los pacientes sometidos a tratamiento oncológico esperan el mejor resultado y la supervivencia más larga con la calidad de vida más alta. No obstante, se deben entender los riesgos que implica el tratamiento. Los pacientes deben consultar con todos los médicos las preferencias personales en cuanto a la atención médica y participar en las decisiones terapéuticas (ver Voluntades anticipadas).

Una vez establecido el diagnóstico de cáncer, los principales objetivos del tratamiento consisten en eliminar el cáncer en lo posible (mediante un único tratamiento o mediante una combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia). La quimioterapia suele ser la única forma de tratar cualquier tipo de células cancerosas que se hayan diseminado (metastatizado) más allá de la localización original (primaria). Combinar la administración de fármacos antineoplásicos (quimioterápicos) contribuye a eliminar el cáncer primario y, al mismo tiempo, las células cancerosas localizadas en otras partes del organismo, incluso cuando no existen indicios de su existencia.

A menudo, aun cuando la curación no sea posible, se pueden aliviar los síntomas administrando un tratamiento que mejora la calidad de vida (terapia paliativa). Por ejemplo, si no se puede extirpar quirúrgicamente un determinado tumor, someterlo a radiación disminuye su tamaño y reduce temporalmente el dolor y los síntomas en los lugares adyacentes (síntomas locales).

Como los tratamientos son complejos, se han elaborado métodos específicos para la atención del paciente, llamados protocolos de tratamiento, que garantizan que se reciba la atención más segura y eficaz. Los protocolos de tratamiento garantizan la aplicación de un método de calidad derivado de minuciosos experimentos científicos. Estos protocolos se desarrollan y perfeccionan mediante ensayos clínicos. Un ensayo clínico permite comparar nuevos fármacos y combinaciones terapéuticas con el tratamiento estándar para determinar si los nuevos tratamientos son más efectivos. A menudo, cuando se padece cáncer, existe la oportunidad de participar en un ensayo clínico, pero no en todos los casos se cumplen las condiciones de participación requeridas (ver Qué deben saber los participantes sobre los ensayos clínicos).

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