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Efectos del envejecimiento sobre el sistema nervioso

Por Steven A. Goldman, MD, PhD, Distinguished Professor of Neuroscience and Neurology;Professor of Neuroscience and Neurology, University of Rochester Medical Center;University of Copenhagen Faculty of Medicine

Cerebro

La funcionalidad del cerebro normalmente varía con el paso de la infancia a la vida adulta y posterior senectud. En la infancia, la capacidad de pensar y de razonar aumenta de manera constante, lo que permite al niño aprender habilidades cada vez más complejas.

Durante la mayor parte de la vida adulta, la funcionalidad del cerebro es relativamente estable.

Después de una cierta edad, que varía según la persona, la funcionalidad cerebral declina. Diferentes aspectos de la funcionalidad cerebral se ven afectados en distintos momentos:

  • La memoria a corto plazo y la capacidad de aprender cosas nuevas suelen verse afectadas de manera relativamente precoz.

  • Las habilidades verbales, incluyendo el vocabulario y el uso de las palabras, suelen empezar a declinar alrededor de los 70 años de edad.

  • El rendimiento intelectual, es decir, la capacidad de procesar información, independientemente de la rapidez con que se haga, se mantiene, por lo general, hasta alrededor de los 80 años, siempre que no haya trastornos neurológicos.

El tiempo de reacción y el desempeño de tareas se hacen más lentos, dado que el cerebro procesa los impulsos nerviosos con mayor lentitud.

Sin embargo, es difícil distinguir los efectos del envejecimiento sobre la funcionalidad cerebral de los efectos de otros trastornos frecuentes en las personas mayores, como la depresión, los accidentes cerebrovasculares (ictus), la hipoactividad de la glándula tiroidea (hipotiroidismo) y los trastornos cerebrales degenerativos, como la enfermedad de Alzheimer.

Al envejecer, el número de neuronas del cerebro suele disminuir, aunque la pérdida varía mucho en cada persona dependiendo del estado de salud. Además, el funcionamiento de las neuronas restantes empeora. Sin embargo, el cerebro tiene ciertas características que ayudan a compensar estas pérdidas:

  • Redundancia: el cerebro tiene más neuronas de las que necesita para funcionar con normalidad. Esto es útil para compensar la pérdida de neuronas asociada al envejecimiento y a la enfermedad.

  • Formación de nuevas conexiones: el cerebro compensa activamente la disminución de neuronas relacionada con el envejecimiento creando nuevas conexiones entre las neuronas restantes.

  • Producción de nuevas neuronas: Algunas zonas del cerebro producen nuevas neuronas, especialmente después de una lesión cerebral o de un accidente cerebrovascular (ictus). Estas zonas incluyen el hipocampo (que está implicado en la formación y recuperación de los recuerdos) y los ganglios basales (que coordinan y suavizan los movimientos).

Así, cuando se ha sufrido una lesión cerebral o un accidente cerebrovascular, a veces se aprenden nuevas habilidades, como sucede con la terapia ocupacional.

Podemos influir en la velocidad de disminución de la funcionalidad cerebral. Por ejemplo, el ejercicio físico parece retrasar la pérdida de neuronas en zonas del cerebro relacionadas con la memoria. Dicho ejercicio también ayuda a mantener en funcionamiento las neuronas restantes. Por el contrario, el consumo de dos o más bebidas alcohólicas al día acelera el deterioro de la funcionalidad cerebral.

Al envejecer, el flujo sanguíneo del cerebro disminuye por término medio un 20%. Esta disminución es aún mayor si las arterias cerebrales tienen ateroesclerosis (enfermedad cerebrovascular). Esta enfermedad aparece con mayor frecuencia si se ha fumado durante mucho tiempo, si se tiene la tensión arterial elevada, el colesterol elevado o la glucosa en sangre elevada (diabetes mellitus) y no controlada mediante cambios en el estilo de vida o por medicación. En estos casos se pueden perder neuronas de forma prematura, con una posible afectación de la funcionalidad mental. Como resultado, aumenta el riesgo de demencia a edades relativamente tempranas.

¿Sabías que...?

  • El ejercicio físico puede retrasar la disminución de la funcionalidad cerebral relacionada con el envejecimiento.

  • Tener hipertensión no controlada, diabetes o niveles elevados de colesterol puede acelerar la disminución de la funcionalidad cerebral asociada al envejecimiento.

Médula espinal

Al envejecer, los discos entre las vértebras se vuelven duros y quebradizos, y algunas partes de las vértebras pueden crecer demasiado. Como resultado, los discos pierden parte de su capacidad de amortiguación, por lo que se ejerce más presión sobre la médula espinal y los ramos de los nervios que emergen de ella (raíces nerviosas raquídeas). El aumento de la presión puede dañar fibras nerviosas en la zona donde se separan de la médula espinal. Esta lesión puede a su vez dar lugar a una disminución de la sensibilidad y, a veces, a una disminución de la fuerza y el equilibrio.

Nervios periféricos

A medida que la persona envejece, es probable que los nervios periféricos conduzcan los impulsos más lentamente, produciendo una disminución de la sensibilidad, reflejos más lentos y, con frecuencia, cierta torpeza. La conducción nerviosa puede enlentecerse debido a la degeneración de las vainas de mielina situadas alrededor de los nervios. Las vainas de mielina son capas de tejido que aíslan los nervios y aceleran la conducción de los impulsos (ver figura Estructura típica de una neurona).

Este deterioro también se produce porque, al envejecer, el riego sanguíneo disminuye, los huesos cercanos crecen en exceso y presionan los nervios, o ambas cosas. Los cambios en la funcionalidad asociados a la edad pueden ser más evidentes cuando los nervios ya están dañados a consecuencia de otra condición (por ejemplo, la diabetes).

La respuesta del sistema nervioso periférico a las lesiones disminuye. Cuando se daña el axón de un nervio periférico en personas jóvenes, el nervio es capaz de repararse siempre que el cuerpo de la célula, localizado en la médula espinal o cerca de ella, no esté dañado. Este proceso de autorreparación es más lento e incompleto en las personas mayores, lo que las hace más vulnerables a las lesiones y a las enfermedades.

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