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Evaluación del dolor

Por Russell K. Portenoy, MD, Professor of Neurology and Anesthesiology;Chairman, Department of Pain Medicine and Palliative Care, Albert Einstein College of Medicine;Beth Israel Medical Center

No hay exploraciones ni análisis que puedan demostrar que se siente dolor. Por ello, el médico tiene que preguntar sobre los antecedentes y las características del dolor. Las respuestas le ayudarán a identificar la causa y desarrollar una estrategia de tratamiento. Las preguntas incluyen las siguientes:

  • ¿Dónde se sitúa el dolor? ¿Cómo es el dolor?

  • ¿Cuándo comenzó? ¿Había anteriormente alguna lesión?

  • ¿Cómo comenzó? ¿Se presentó repentinamente o apareció de manera gradual?

  • ¿Está siempre presente, o aparece y desaparece?

  • ¿Se presenta de manera previsible con ciertas actividades (como las comidas, o los esfuerzos físicos) o con ciertas posiciones corporales? ¿Qué lo empeora?

  • ¿Hay algo que lo alivie?

  • ¿El dolor afecta la capacidad para realizar las actividades cotidianas o para las relaciones interpersonales? ¿Afecta el sueño, el apetito o las funciones intestinal y vesical? Si es así, ¿de qué manera?

  • ¿Afecta el dolor al humor y a la sensación de bienestar? ¿Se acompaña de sentimientos de depresión o ansiedad?

Para evaluar la gravedad del dolor, a veces el médico utiliza una escala de 0 (ninguno) a 10 (intenso), o pide a la persona que lo defina como leve, moderado o insoportable. En los niños o en las personas con dificultades para comunicarse (por ejemplo, tras un accidente cerebrovascular), los dibujos de una serie de caras, desde sonriente, pasando por el ceño fruncido hasta el llanto, son útiles para determinar la gravedad del dolor.

El médico siempre procura determinar si hay un trastorno físico causante del dolor. Muchas enfermedades crónicas (como el cáncer, la artritis, la anemia de células falciformes o la enfermedad inflamatoria intestinal) causan dolor, como también algunos trastornos agudos (como las heridas, las quemaduras, los desgarros musculares, las fracturas, los esguinces, la apendicitis, los cálculos renales o los ataques cardíacos). Los médicos utilizan técnicas específicas para comprobar posibles fuentes de dolor. El médico mueve los brazos y las piernas de la persona en su amplitud normal de movimiento, para ver si ello le causa dolor. Una lesión, el estrés repetido, el dolor crónico y otros trastornos hacen que ciertas áreas del cuerpo (llamadas puntos neurálgicos o dolorosos, aunque por influencia del inglés se denominan a veces puntos gatillo) se vuelvan hipersensibles. El médico tocará varias zonas para ver si son puntos gatillo. Tocará la piel con diferentes objetos (como una llave y un alfiler) para buscar pérdida de sensibilidad o percepciones anormales.

También considerará causas psicológicas. Los factores psicológicos (como la ansiedad o la depresión) empeoran el dolor. A veces se determina que el dolor está causado principalmente o en su totalidad por trastornos psicológicos; este tipo de dolor se denomina dolor psicógeno. Como el dolor crónico causa depresión y ansiedad, a veces es difícil distinguir entre causa y efecto.

El médico preguntará sobre los fármacos (incluyendo medicamentos sin receta médica) u otros tratamientos que se hayan usado para el dolor, y si han resultado eficaces.

Algunas personas exageran el dolor que sienten. Sin embargo, los médicos suelen hacer preguntas para estar seguros de que no hay motivos ocultos para quejarse de dolor, como la ausencia laboral injustificada con derecho a sueldo o la atención especial de sus familiares. Estas preguntas se hacen sistemáticamente.