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Alergias a medicamentos

Por Joan B. Tarloff, PhD, University of the Sciences in Philadelphia

Es frecuente la confusión entre las reacciones adversas a los fármacos y las alergias. Por ejemplo, las personas que tienen molestias estomacales después de tomar ácido acetilsalicílico (una de las reacciones adversas más frecuentes) suelen decir que son «alérgicas» a la aspirina (ácido acetilsalicílico), pero no se trata de una verdadera reacción alérgica. Las auténticas reacciones alérgicas implican la activación del sistema inmunitario por el fármaco. El consumo de aspirina (ácido acetilsalicílico) puede causar molestias estomacales porque este fármaco interfiere en la barrera natural de defensa del estómago contra el ácido.

Las reacciones alérgicas (hipersensibilidad) a un fármaco son relativamente poco frecuentes. En comparación con otras clases de reacciones adversas, el número y la gravedad de las reacciones alérgicas no suelen estar relacionados con la cantidad de fármaco consumida. Incluso una pequeña cantidad puede desencadenar una reacción grave en las personas que tienen alergia a un fármaco en particular (ver Introducción a las reacciones alérgicas). Las reacciones son variables, desde leves y simples molestias hasta reacciones graves potencialmente mortales. Algunos ejemplos pueden ser: erupciones y prurito; fiebre; constricción de las vías respiratorias y sibilancias; la inflamación de ciertos tejidos (como la laringe y la abertura entre las cuerdas vocales que se cierra para interrumpir el flujo de aire hacia los pulmones [la glotis]), que dificulta la respiración; y una caída de la presión arterial, que en ocasiones puede llegar hasta niveles peligrosamente bajos.

Las alergias a un fármaco son impredecibles, ya que las reacciones se presentan después de que la persona haya estado expuesta una o varias veces a él (ya sea administrado por vía tópica, oral o intravenosa) sin que se haya observado ninguna reacción alérgica. Una reacción leve puede tratarse con un antihistamínico, mientras que una reacción grave o potencialmente mortal puede requerir una inyección de epinefrina (preparación farmacéutica de adrenalina) o de corticoesteroides como la hidrocortisona.

Antes de prescribir un nuevo fármaco, el médico suele preguntar si se tiene alguna alergia farmacológica conocida. Las personas que han padecido reacciones alérgicas graves deben llevar un collar o una pulsera de alerta médica donde figuren inscritas sus alergias a fármacos. Esta información (por ejemplo, alergia a la penicilina) puede poner sobre aviso a los médicos y al personal paramédico en caso de que la persona tenga que ser atendida de urgencia.